Aún el psicoanálisis....
Conclusiones
No hay como quedar disconforme de lo que se escribe para reanudar el deseo de decir.
Es con el lenguaje como herramienta que el sujeto pasa a otra cosa, a una existencia que no sea de objeto, a decidir, desear, autorizarse.
Si la función del dispositivo del pase es extender el discurso del psicoanálisis y que pase el psicoanálisis, es también lo que da cuenta que el psicoanálisis es un orden, un discurso distinto que hace que un sujeto pueda inventar algo diferente para si mismo, pueda inventarse como sujeto.
El psicoanálisis da cuenta de un hacer algo nuevo con el lenguaje y a la vez parte de aquello con lo que se cuenta. Es hacer algo verdaderamente particular y a la vez con otros.
Eso que llamo pasar a otra cosa es a una escritura que del dolor de existir mismo saca su propia fuerza para decir, para este pasaje. Quizás eso es ese incomprensible.
El psicoanálisis, solamente si alguien está decidido, si cuenta consigo mismo, puede ofrecer esa posibilidad de una escritura nueva. El analista solo constata, orienta, hace semblante, lee. Ese es todo su poder.
Metáforas que alguna vez escuché pueden dar cuenta del deseo del analista: tender una mano, abrir puertas, enseñar otra lengua, una cara de tonta que permite que tránsito sea el nombre, operar donde una falla es estructura.
La lógica es su arte para producir desde lenguaje un discurso y el lenguaje mismo es la herramienta.
Es en eso que el psicoanálisis es el “negativo de la religión”.
Hace herejía con el Nombre de Dios, es solo un nombre del padre. Esa herejía que es inventarse, hacer uso del lenguaje singularmente. Cada uno es hereje de una lengua recibida, el analista solo constata la herejía, si la hay.
Si la falla es estructura, es estructura también lo que se hace con ella.
Cómo pensar esa falla de estructura?
No sin alguna clase de anudamiento también de estructura que haga suplencia al error, repare, corrija, transforme, rearme, en el mismo lugar, con la misma fuerza de lo pulsional. El sujeto se puede sustraer al goce del dolor de existir, solo si es tomado por la decisión, si se decide.
La reparación, suplencia o restitución, el acto, es esa creación de una nueva lengua que testimonia de la carencia de un padre, de la falta de garantía fálica de un padre, de los nombres que escribe un sujeto orientado por el analista.
Es entonces, a partir de lo que desfallece, de lo que no hay que el sujeto puede producirse como consecuencia.
El analista es entonces quien orienta el discurso hacia ese pasaje a otra cosa que a la sexualidad infantil, a otra cosa que a esa falla del nombre del padre.
Orienta a hacer algo con el lenguaje que no sea religión. El analizante, el pasante, da testimonio de ese pasaje.
La Escuela de Lacan solo propicia el dispositivo del pase para practicarlo.
Señores lectores me disculpo entonces si anteriormente se me quedó en el tintero este decir. Los analistas a veces estamos tomados por la resistencia al discurso, desorientados revoloteando aquí y allá diciendo: - aquí hay discurso del amo!, -allá el analista usa su poder! De lo que se trata es del discurso del psicoanálisis y “los principios de su poder”y que sí, se trata de someterse (con el sentido sexual incluido), dejarse tomar por el discurso del psicoanálisis y aprender a hacer con las propias marcas, hacer uso, saber hacer con los nombres, con lo mas particular, solo así un deseo decidido hace posible la existencia. Existimos si aprendemos de lo que sabemos hacer, si inventamos en el mismísimo lugar de la falla que es estructura.
Verónica Cohen
