Curso: Para entrar en el discurso del psicoanálisis - Número 3 - 05/05/06
Bueno, vamos a continuar en un lineamiento que me parece lógico, lo que no quiere decir que consideremos que el trabajo respecto de algunas cuestiones que tratamos, fundamentalmente respecto del sueño de la inyección de Irma, esté terminado. Vamos a seguir un lineamiento lógico para volver en las clases sucesivas sobre las cuestiones que ya tratamos o mencionamos.
- 5 de mayo de 2006 -
Me parece bastante lógico porque es de la repetición que surgen los resultados, y es en ese apres coup, en ese volver sobre lo que ya trabajamos que podremos poner en juego una cantidad de cuestiones que no puedieron tratarse en la primera presentación de la cuestión. Para el caso, la primera presentación del sueño de la inyección de Irma.
Como coordino este curso con otras personas que van a dar clases aquí y que van a retomar distintos puntos, también yo voy a retomar en cada momento lo que se ha ido trabajando anteriormente. Quizás de esa manera se pueda transmitir cuál es el efecto de repetición y el efecto que resulta de la repetición. Es decir, la forma en que la repetición pone en juego un cambio de dimensión, pone en juego de hecho una dimensión, y a veces, de una manera redoblada, más de una dimensión. Es un poco prematuro decirlo así, pero no hay dimensión sin repetición. Cuando Lacan habla del gran Otro como lugar de la verdad o como lugar de la palabra, habla de una dimensión.
La dimensión, como la dimensión de la palabra, de la función y campo de la palabra, en definitiva, es la dimensión del Otro que es el lenguaje. Cuando hablamos en estos términos hablamos de dimensión, y sería imposible sin haber reconocido el campo del inconsciente como tal, junto con las leyes que estructuran ese campo del inconsciente y la repetición.
En la clase anterior, Norberto Ferreyra tomó un ejemplo de Freud en el que habla de su interés en ese momento, respecto de qué relación mantiene el ataque histérico con una resistencia a reconocer algo que hay que reconocer, que está en el fundamento de ese ataque histérico. Y Freud, entonces, habla de una paciente cuya madre pensaba saber, o al menos tener un dato, sobre la causa del ataque histérico. No sé si la palabra ‘causa’ es mencionada, pero está dentro del sentido de lo que se decía, y que era un episodio en la vida de esta joven, un episodio de la pubertad.
No vamos a decir qué es lo que Freud piensa porque sería absurdo, pero se ve que Freud tiene puesto su interés en la relación que guarda el ataque histérico con la resistencia a reconocer algo por parte de la paciente. Y lo que hace es decirle a su paciente, con toda naturalidad, lo que él sabe que la madre sabe. Hay este redoblamiento, que digo con toda intencionalidad, Freud lo estaba descubriendo. Y cuando se lo dice se produce un ataque histérico, un ataque de histeria... no, un ataque histérico, no es lo mismo. Cada vez que Freud le dice lo que sabe se produce esa suerte de confirmación de que hay una resistencia a reconocer eso de lo que se trata. Y hasta tal punto que, según es dicho, la paciente llega a fingir una pérdida total de memoria al no haber sido suficiente el ataque histérico para que Freud se detuviera, como él mismo dice, en tratar de imponerle un saber. Un saber que, es claro, Freud lo presentaba como algo a reconocer.
Bien, la cuestión es que no hay posibilidad de reconocimiento respecto de algo de lo cual el sujeto no es el sujeto. Que haya reconocimiento supone la necesidad de que sea el sujeto quien diga lo que tiene que decir, y nunca podríamos saber si lo que la paciente en cuestión tenia para decir era lo que la madre decía considerando que era la causa del ataque de su hija, por un lado. Pero, por otro, si queremos podemos pensar en términos de repetición este mismo ejemplo que Norberto Ferreyra empleaba para transmitirnos otra cuestión.
¿Quién era Freud y qué efectos podía producir diciendo que lo que podía aclarar la cuestión era algo que la madre sabía? Se entiende que, por el mismo procedimiento, por el mismo hecho de que él dijera algo que la madre sabia, remitía automáticamente a esa misma escena homosexual que se suponía ser la causa del ataque de histeria. Al decirlo, es la palabra de la madre la que rige. Pensemos en la triangulación que hay allí en juego: Freud, la madre y la hija. Es fácil ver que Freud tiene allí todas las chances del mundo, por una razón de estructura, de estar en el lugar del padre. Si lo que él dice es verdad, hay que dar crédito a la palabra de la madre, porque él no tiene ningún saber al respecto. Es simplemente algo que le fue comunicado por la madre.
En el mismo momento que se lo comunica a la hija, la liga con la madre, y efectivamente es la cuestión homosexual la que está en juego, en el mismo momento en que la madre le dice a Freud lo que “sabe” acerca de la hija. Es decir, hay que calcular el propio lugar, es lo que Freud debió haber hecho, porque el lugar desde el cual habla hace a lo que dice y a sus efectos. En este sentido, podemos hablar de repetición, que es correlativa de lo que ocurre con los lugares que están en juego, respecto de lo que funciona como una estructura para el caso.
Lo que nos ocupa, respecto del campo del inconsciente y las leyes que lo estructuran, teniendo en cuenta no sólo el desarrollo de Lacan en el seminario II, esa articulación va surgiendo en el sueño de la inyección de Irma. Habíamos quedado en el final del sueño, con la fórmula que aparece y con las palabras que ahí coloca Lacan en exordio, haciendo hablar a Freud cuando, al mismo tiempo, dice que el sujeto ya no está ahí, que lo que queda son letras y estas letras son el ejemplo de algo que habla en el sujeto y que no es el sujeto. Algo que habla en mi, más allá de mi, creo que era lo que Lacan le hacía decir al inconsciente de Freud. Esta palabra que habla en mi más allá de mi, es la palabra que está en el sujeto sin ser la palabra del sujeto.
Hay una palabra que pasa en el síntoma, que el síntoma hace pasar tanto como el sueño. Podemos decir, una palabra con una función de mensaje, porque precisamente es algo que pasa, que es pasado. (Lacan creó un dispositivo al respecto muchos años después, que es lo que se llama el dispositivo del pase, que no carece de relación con estas cuestiones). Una palabra que pasa, que está en el sujeto y no es del sujeto. ¿Qué quiere decir que está en el sujeto? ¿Una palabra que habita el sujeto? Puede ser, pero no es su palabra. En esta vía, Freud descubrió el campo del inconsciente.
Esta palabra que está en el sujeto y que no es la del sujeto, la palabra que pasa como en el síntoma, es una palabra que surge, al mismo tiempo, de una determinación y de un azar. El azar y la determinación se conjugan y no se contradicen. Recuerden que cuando comenzamos a hablar del automatismo de repetición, decíamos que no se trata de la repetición de una necesidad sino de una necesidad de repetición. A esa necesidad de repetición obedecen el azar y la determinación. Es más, la coincidencia del azar con la determinación. Lo cual responde a las leyes que estructuran el campo del inconsciente. Y nos podemos preguntar, ¿cuál es el lugar que tiene el acto en este campo del inconsciente?
En este punto vamos a empezar con la lectura y el trabajo que hace Lacan respecto del cuento de Edgard Allan Poe, cuyo titulo está traducido como ‘La carta robada’, al igual que en francés. Vamos a ver qué lugar ocupa el acto del sujeto dentro de estas leyes que rigen la estructura. Si ya lo leyeron se van a dar cuenta en seguida, y si no, quizás no, pero si leyeron el cuento y el seminario podrán darse cuenta, también si empezaron a leer el libro que les recomendé de Oscar Masotta. Tienen que leerlo para seguir este trabajo, es de una ayuda enorme, no es fácil pero es claro. Y justamente, ¿qué dice Masotta cuando se refiere al ministro? El acto del Ministro es el de robar la carta, de apoderarse de la carta. ¿Qué dice Masotta? El ministro desencadena la estructura y cae en la estructura que desencadena, porque sin el acto del Ministro, no hay nada.
Habrán visto que en la estructura, incluso literaria del cuento, todo gira en torno a la sustracción de una carta, todo gira en torno de ese acto. No se puede componer nada de lo que constituye la estructura sino a partir de ese acto, y ese acto que desencadena la estructura, incluye en la estructura al Ministro mismo, es determinante de su propia posición en lo que se organiza a partir de este acto.
Eel titulo del cuento en inglés es ‘The purloined letter’ y es Butler quien lo tradujo al francés, que era un apasionado de las oscuridades esplendorosas de ese mundo, porque Poe es todo un mundo y hay cuestiones relativas al estilo de Poe que son inherentes a la estructura. Masotta y Lacan también lo destacan. Poe dice esta famosa frase que se traduce como: El ladrón sabe que el otro sabe quién es el ladrón. Es esta relación doblemente tramposa que se arma entre la Reina y el Ministro.
El Ministro roba la carta, lo cual le da un poder, supuestamente mientras no la use, y la Reina sabe que él le robó esta carta, pero no puede decir nada porque denunciaría el hecho mismo de que ella la ha recibido. El Ministro y la Reina están entrampados. El Ministro tiene una carta en la manga pero no puede usarla, significa un poder a condición de que no lo use. Tiene un poder respecto de la Reina pero si él mostrara la carta su poder desaparecería, se desvanecería. Se parece al ‘puro prestigio’, y esta situación no tiene salida, no se estructura sin tener en cuenta el lugar del Rey.
Esta cuestión dual entre el Ministro y la Reina toma su sentido en relación al hecho de que está el Rey, que representa, por un lado, la ley, la máxima investidura, y por el otro, la imbecilidad y la ceguera. La ceguera porque lo que ocurre se le sustrae, y tenemos ahí otro sentido de la sustracción que tiene que ver con purloined. Se sustrae a la vista del Rey, porque el Rey no ve, todo el asunto está sustraído de la mirada del Rey. Hay una doble sustracción que tiene que ver con el término inglés que fue traducido como ‘robada’. Y el término purloined excede la traducción, en primer lugar, pur, de purloined, remite al pro en latín y Lacan nos advierte que tenemos que considerar que pro es lo que va adelante, no lo que está antes, sino lo que va delante de algo que viene atrás, que tiene algo por detrás, y lo que va adelante garantiza lo que viene atrás, lo que se viene.
Entonces, el pur (pro) está en muchas palabras en castellano. ‘Propósito’ es un buen ejemplo; pro está antepuesto al opósito, del opuesto, que ya está puesto pero viene delante de eso para garantizarlo. Todo lo que está adelante y tiene un efecto respecto de lo que está atrás, y lo modifica, nos interesa en relación con el efecto de retroacción, el efecto de nachtralich o de aprés coup, de la misma manera que decimos que de una frase no podemos tener su sentido sino cuando la frase está terminada, que se lee de atrás para adelante.
Por otra parte el loined es una palabra que existe en francés, y que remite a long, no a loin, no a ‘lejos’ como uno podría pensar, sino algo que ocurre a lo largo de, en un transcurso. Y tiene una connotación relativa al tiempo, a lo que está suspendido en el tiempo, y también a lo que es puesto de lado. Es un poco dificil encontrar la traducción exacta de purloined, si se quiere ser fiel a todo esto, de ahí el problema de los traductores al respecto, pero todo esto hace a eso de lo que se trata. La carta es la carta robada a la Reina y sustraida a la mirada del Rey.
Es el primer movimiento y lo que permite establecer la primera tríada en el comienzo del armado de la maqueta del cuento que encontramos en el libro de Masotta. Esta primera tríada recuerda la que la clase pasada intenté hacer respecto del sueño de la inyección de Irma. Quizás sea posible construir una maqueta con las tríadas de los personajes tal como aparecen. Quedó medio inconcluso y hay que ver si se puede hacer, pero está en el sentido de lo que se trata.
Entonces, tenemos el Rey, la Reina y el Ministro, la primera tríada que se corresponde con el robo de la carta. Ahora, es interesante lo que hace el Ministro con la carta, pues le cambia la fachada. Algo ocurre cuando el Ministro roba la carta, un efecto transformador. La carta hace un recorrido a lo largo, hace un trayecto, un viaje. Ahora bien, resulta que la carta, que es simple y singular según dice Poe, Lacan la va a considerar como el sexto personaje del cuento. Pero el sexto en tanto que la carta es el ejemplo de lo que es la función del significante en cuanto toca al sujeto.
Hay cartas de amor, cartas de protesta, cartas de perdón o arrepentimiento, de lo que fuere, y siempre son cartas. Como dice Lacan: una carta es siempre una carta, y aunque se la rompa, sigue siendo una carta. Aunque esté en pedazos sigue siendo una carta. ¿Por qué? Porque, como dice Freud en un texto que después vamos a trabajar, ‘Nuevas lecciones introductorias al psicoanálisis’: cuando arrojamos al suelo un cristal se rompe, mas no caprichosamente, se rompe con arreglo a sus líneas de fractura en pedazos cuya delimitación, aunque invisible, estaba predeterminada por la estructura del cristal, también los enfermos mentales son como estructuras agrietadas y rotas.
Esto nos da una idea de estructura: cuando se rompe un cristal se rompe de acuerdo a sus líneas de fractura. Y estas líneas de fractura son las que constituyen la estructura, invisibles pero predeterminantes de la estructura del cristal, que no se rompe por cualquier parte. Es lo que pasa respecto de las leyes de la estructura y su relación con el inconsciente. Eso se rompe por donde se tiene que romper.
La carta es una carta aunque se rompa, es un significante en este sentido y cuando cumple la primera parte del trayecto ‘toca’ al ministro y cuando lo ‘toca’ produce un efecto de transformación que es el de feminizarlo. Porque la carta es de la Reina, y el robo ubica al Ministro —en la segunda parte de la maqueta— en el lugar donde, en la primera parte de la maqueta, estaba la Reina. El Ministro le cambia la fachada a la carta con una escritura de trazos femeninos y es de esta forma que la carta toca al ministro, la carta ejerce una transformación equivalente al efecto del significante sobre el sujeto, y en el momento en que determina esta transformación también determina su lugar en la estructura. Por eso decía que el Ministro va al lugar en el que antes estaba la Reina.
¿Quién entra entonces en juego? Entra en juego el Prefecto de policía, a quien acude la Reina. ¿Dónde va a esconder el Ministro la carta? En un lugar bastante interesante, porque es sobre una chimenea. Lacan ve esa chimenea como las piernas abiertas de un gran cuerpo de mujer, y la carta va a parar a esa entrepierna en la chimenea.
Lacan no lo dice, pero es evidente que una carta es también un mapa, y la carta está puesta en un lugar evidente, o como se dice ahora, obvio, que quiere decir que no lo veo, que lo paso por encima, lo salteo. Eso quiere decir ‘obvio o evidente’ en este caso. Es porque es tan evidente el escondite que el Prefecto, que va a usar todos los métodos científicos habidos y por haber para detectar la ubicación de la carta, recorriendo centímetro a centímetro el lugar y buscando en absolutamente todos los rincones de un espacio métrico, pero resulta que la carta no está en un espacio medible, la carta está en otro tipo de espacio que el espacio que se puede medir. La carta está en un espacio topológico, en un espacio que es como el incorporal para los estoicos. Por eso el lugar de esta carta no puede ser descubierto por el Prefecto, a quien se le oculta tanto como al Rey, aunque no de la misma manera. Al Rey se le oculta la carta porque es el Rey, hay una otra razón para que la carta se le oculte.
¿Qué es lo que ciega al rey? Su investidura, su propia investidura que lo convierte en un imbécil, pues lo sea o no, su investidura lo convierte, de hecho, en un imbécil. Seguramente, todos los reyes no son igualmente imbéciles, pero es indudable que existe una relación con la imposibilidad humana de soportar el símbolo y la posibilidad de responder de manera acorde.
Es decir, el Rey es ciego en tanto que es el Rey, que soporta esa investidura, lo cual lo hace imbécil y ciego. Por otra parte, el Prefecto está en la misma imposibilidad de ver, pero no se trata de la misma investidura, pero él tiene que hacer lo que hace la policía, por lo cual no encuentra nada en lo que se refiere al orden de la verdad. Ningún Prefecto de policía podría encontrar algo en lo que es el orden de verdad, en el orden de lo que se dice, porque no está al alcance de un prefecto, lo cual evidentemente tiene que ver con el lugar de la verdad en la estructura, y también con la estructura de la verdad, porque si hay algo que se esconde, hay algo de la verdad que se pone en juego en toda la armazón.
De manera, entonces, que el Prefecto va al lugar del Rey y el Ministro va al lugar que era de la Reina, y Dupin es el que aparece como el que va a descubrir dónde está la carta en su evidencia, y recordarán que se dice que es en la oscuridad que Dupin llega a descubrir dónde está la carta. ¿Por qué en la oscuridad? Porque no necesita la luz para descubrir dónde está, y que no necesita la luz significa lo que él dice al final, que procedió de la misma manera que la Reina y el Ministro. Es decir, calculó lo que había sucedido y como había sucedido, para lo cual no necesitaba la luz. Evidentemente, es un cálculo que no requiere ninguna visión, pero resulta que él también engaña a aquél a quien le dice cuál fue su método para descubrir el método que usó el Ministro y que él usó a su vez el mismo método. Engaña al que se lo dice porque, efectivamente, él descubrió las leyes del juego, pero no son las que ha usó, porque si no, no podía haber descubierto donde estaba la carta.
La primera cuestión era la correspondencia. El Rey con el Prefecto, la Reina con el Ministro, el Ministro con Dupin, o sea, la imbecilidad y la feminidad, y el Ministro. Masotta hace corresponder esto con la primera triada y con la primera fachada de la carta. La segunda, con la segunda...
Bueno, estamos entrando de lleno en la cuestión, ¿qué es lo que hace que este cuento de Poe entre aquí en el seminario de Lacan?
Lacan hace un seminario y un escrito sobre La carta robada, y lo lógico sería que el escrito fuera posterior al desarrollo de Lacan en el seminario, porque siempre es de esa manera, pero se corresponde con el seminario III, dice acá Noemí Ciampa, y es muy probable por las fechas. Siempre el escrito es posterior al dictado del seminario, de manera tal que podemos considerar que este seminario relativamente corto sobre La carta robada, contiene el escrito. Hay toda una serie de cuestiones muy interesantes y hay que considerar que si todo lo que está en el escrito está en el seminario II.
¿Por qué tiene que introducirlo? Lacan está haciendo un seminario sobre el yo y la técnica en el psicoanálisis, muy centrado en establecer, precisar y revisar la teoría del yo en Freud, y establecer, no sólo el yo en lo imaginario, sino la forma en que lo simbólico toca al yo, la relación entre el yo y el orden simbólico.
Cuando Lacan termina este desarrollo muy completo sobre el sueño de la inyección de Irma dice: Es claro que esta palabra que está en el sujeto, y que no es del sujeto, implica un más allá, ese más allá es relativo a un más allá que se pone en juego como repetición y a partir de la pulsión de muerte. La pulsión de muerte, en tanto que explica ese más allá del principio del placer y que va a ser el fundamento de lo que es la estructura.
El conjunto de clases que sigue a esto podría reunirse bajo el título de ‘Más allá de lo imaginario, lo simbólico; o del pequeño al gran Otro’. Lo que Lacan trata de mostrarnos y, al mismo tiempo, de establecer, es qué de lo que se presenta en el sueño de la inyección de Irma responde a una estructura simbólica. Esta estructura simbólica, esta dimensión del gran Otro, hace que Lacan pase a trabajar sobre una introducción a La carta robada, con la cual sitúa el juego de par-impar. En el cuento de Poe se habla del juego de chicos donde se trata de adivinar cuántas son las bolitas que el otro tiene en la mano, y cuenta de un chico que le gana a todos los otros en esto de adivinarles cuántas bolitas tienen en la mano, y que se queda con todas la bolitas.
Este breve relato está dentro del cuento de Poe, y Lacan compara ese juego con un juego de par e impar, que se puede pensar como las tiradas de una moneda. De lo que se trata es de ver qué ocurre con el azar y la determinación. En el cuento de Poe se supone que el chico calcula lo que hace su partenaire, y el ganador el que mejor calcula identificándose con el partenaire, identificándose incluso mímicamente con el partenaire. Si hace tal cosa y yo perdí, si es un tonto, va a insistir con la misma jugada. Si con una tirada no se resuelve nada, se necesita más de una. Si es un tonto va a insistir con lo mismo, si es más vivo va a cambiar. Es un juego de cálculo sobre la base de la imitación, el cálculo de la posición del otro sobre la base de mimar al otro, es decir, ponerse en consonancia con el otro. Esto supone una circularidad, un íntersubjetividad, es un juego de subjetividades, y del juego se puede extraer la lógica que se pone en juego en la serie que se establece a partir de las tiradas sucesivas.
Se puede calcular, no sobre la base de lo que el otro va a hacer, sino teniendo en cuenta la capacidad del ser humano de fingir que finge. Se puede fingir en términos de estrategia, se puede fingir que se va a atacar, y se puede fingir que se finge y atacar efectivamente. Es así como entra el asunto del azar y la determinación respecto de la tirada de la moneda.
Hoy no vamos a tener tiempo de desarrollar este punto. Una vez que se tira una moneda puede ser ‘par o impar’, cara (+) o ceca (-), y en una sucesión de tiradas se supone que si bien las probabilidades son 50 y 50% en cada tirada, disminuirían teóricamente con la repetición, sin embargo, no hay nada de lo real que determine que haya más probabilidades de que salga cara o ceca, o + o -. Es decir, se trata de obtener de una serie de tiradas algo de lo cual se pueda desprender una lógica. Evidentemente, es el azar lo que determina que cada tirada sea cara o ceca. Pero si se establecen determinadas leyes del juego en una serie, por ejemplo:
1. la simetría: (+ + +), (- - -);
2. la disimetría: (- - +), (+ - -), (+ + -), (- + +);
3. la alternancia: (+ - +), (- + -).
Tenemos una simetría, una disimetría y una alternancia, consideradas en relación con grupos de tres tiradas. Estas son las combinaciones posibles, y es el puro azar en cada tirada. Y eso no dice nada, esa es la cuestión, hasta que no hay reglas del juego, y un código a partir del cual se agrupan los signos que se corresponden a cada secuencia, donde cada secuencia es de tres tiradas.
A partir de ahí, si tenemos:
+ + + - + + - - + - , etc.
1 2 3 2 2 2 2 3
A la simetría le corresponde el número 1, a la disimetría le corresponde el 2, y a la alternancia el 3. A la primera triada le corresponde el 1, a la segunda le corresponde el 2, a la tercera el 3, a la cuarta el 2, etc. Como ven es muy fácil hacerlo. Pero entonces, si lo hacemos se comprueba que aparecen determinadas reglas, y que hay ciertas cosas que pueden suceder y ciertas cosas que no pueden suceder.
Y si bien los + y – podían sucederse sin ningún orden, los 1, 2 y 3 ya no pueden sucederse en cualquier orden. Por ejemplo, es imposible que a un 1 le suceda un 3; jamás un 1 va a suceder a un 3. Pero después de un número par de 2 es posible que salga un 1, en los otros dos casos es imposible que ocurra. Y un número indefinido de dos es posible entre tres y uno.
Es decir, hay dos cosas que son posibles y otras dos que son imposibles. Hay una interdicción interior al funcionamiento de la serie de una tirada de dados, que se tiran al azar, pero ahí el azar ya tiene sus reglas, en este sentido, hay cosas que pueden suceder, que son posibles y hay cosas que no pueden suceder de ninguna manera. Lo cual quiere decir que hay cosas que habrá que considerar que necesariamente han ocurrido. También se puede pensar que hay cosas que no pueden ocurrir, pero pueden ocurrir o no, de acuerdo a la ley que organiza la serie de la que se trata, es decir, rige una estructura.
Ahora bien, el sujeto es un elemento de la cadena, como ocurre en la maqueta, y como elemento de la cadena él no puede ver la ley que lo determina, su propio lugar en ella. Ven que esto tiene muchísimas implicancias que ya vamos a ver mejor y con más detalle, pero una importante es que nos permite entender qué quiere decir Lacan cuando dice que la censura es algo que cae sobre lo incompresible de la ley. Lo incomprensible de la ley surge en la medida en que el sujeto forma parte de la estructura, por lo cual no puede reconocer el lugar que como sujeto ocupa en ella. Entonces, esto es un ejemplo para mostrar lo que Lacan está tratando de mostrarnos respecto de la estructura simbólica, y de la repetición y de la pulsión de muerte en relación con esto, la serie funcionando en el sentido de la repetición.
Es decir, la relación entre un orden simbólico y el funcionamiento de una estructura. Quizás así se entienda un poco más por qué yo decía que, en Freud, en su idea de estructura entran la pulsión de muerte y la repetición, y que es volviendo desde allí a ‘La interpretación de los sueños’ que se puede captar, en el sueño, su estructura simbólica.
Desde este punto de vista una cuestión plantea que el azar es imposible dentro de un azar posible, en cuanto la tirada puede dar un más o un menos. Es imposible en cuanto que lo que se trata de leer, lo que allí se constituye, cada cosa, está donde tiene que estar, hay cosas que pueden suceder y hay cosas que no pueden suceder en absoluto, que son imposibles.
Vamos a verlo respecto de lo que Freud llama ‘memoria’ y de lo que está en juego en la rememoración, es lo mismo. Lacan dice que la serie recordará el rasgo par o impar de los dos, y traerá lo que tiene que traer. ¿Se entiende un poquito más la idea de un automatismo? No tiene ninguna relación con algo de orden mecánico, este automatismo es también lo que Aristóteles llamaba automaton. La cadena misma, y luego, lo que ocurre en términos del azar. Es lo que Freud va a llamar memoria inconsciente, que está en el fundamento de la repetición. No quiere decir que “inconscientemente se recuerde algo subjetivamente”. En la ‘Psicopatología de la vida cotidiana’ Freud dice que ningún número que se diga o que aparezca en un sueño es consecuencia del azar, sino de esta memoria inconsciente. Esta memoria inconsciente es lo que funciona como esta serie de tiradas, quiere decir que, efectivamente, un número, una cifra que aparece en un sueño, es evidentemente debida al azar, en un sentido, pero no aparece porque sí.
Esa cifra está determinada, ¿en qué sentido? Podría ser esa o cualquier otra, pero una vez que es ésa… Es lo mismo que el número que sale del bolillero, sale uno al azar, pero no se puede sacar del bolillero un número que no se hizo entrar en el bolillero, así como un mago no saca de la galera un conejo que antes no haya puesto. Ese número supone un cálculo, el inconsciente calcula, y no es algo que subjetiva o inconscientemente sea recordado. Ocurre lo mismo que con esa palabra que está en el sujeto y que no es la del sujeto. Quiere decir que es frente al Otro que está el sujeto cuando está en la apuesta, y frente al Otro, efectivamente, el sujeto no sabe qué es lo que va a salir. Pero lo que va a salir es una palabra que está en él, y que no es la de él, una palabra en la que tiene que reconocerse como sujeto, y reconocerse como sujeto es reconocerse como otro, otro que es él, el sujeto.
Y la asociación libre es tan “libre” como esto que estamos empezando a ver. Que el analizante diga cualquier cosa, quiere decir que no importa lo que salga del bolillero, pues está en el bolillero. Después vamos a ver cómo Lacan va pasando de nivel, desde un planteo muy simple a una estructura más compleja, primero la tirada de dados, después la agrupación de las tiradas, y después, directamente, los términos van a ser simetría, disimetría y alternancia. O sea, la lógica se va independizando de los signos primeros a los que estuvo atada, y cada operación redobla la cuestión, repite el Otro pero en otra dimensión.
Lean en las ‘Nuevas conferencias de introducción al psicoanálisis’, la lección 31, ‘Disección de la personalidad psíquica’. Es un texto que hay que agregar a la bibliografía y que se va a trabajar, en congruencia con lo que vamos desarrollando aquí, en los grupos de participación.
La próxima clase retornaremos al sueño de la inyección de Irma, y Verónica Cohen va a estar a cargo de esa clase.