02: Para entrar al discurso del psicoanálisis
En el texto que está en la cartilla propuse el comentario del texto del San Agustín, donde hay un punto que dice: “El que aprende orienta al que enseña”. Tomé esta frase porque que me parece claro que es así, y para que pueda practicarse tiene que haber un momento, un tiempo, al fin de cada clase, en el que se puedan hacer preguntas o comentarios que orienten el trabajo que vamos haciendo, a fin de poner en práctica esta sugestiva frase de San Agustín.
Con respecto a los grupos de participación, van a comenzar la primera semana de mayo, y el próximo viernes van a estar los nombres de las personas que los van a coordinar, y también el título bajo el cual cada una de esas personas va a trabajar. Estos grupos de participación están pensados como lectura de algunos textos de Freud fundamentales para el desarrollo que haremos este año.
Por ejemplo: El yo y El Ello, Más allá del principio del placer, y otros. Estos textos van a ser trabajados en los grupos de participación con la coordinación de un miembro de la Escuela que trabajará según esta orientación particular. Es así que cada una de estas personas va a titular el trabajo que va a desarrollar, un título al que se subsume el texto o los textos de Freud a trabajar, de manera tal de dar una idea aproximada de la orientación que va a tener este trabajo. Entonces, el viernes próximo van a estar los nombres de las personas, los títulos de los textos a trabajar en los grupos de participación, y sus diferentes horarios.
Hoy voy a continuar con lo que había propuesto, la lectura de dos textos cortos de Freud que llevan por título El fetichismo y La escisión del yo en el proceso de defensa. A lo largo del desarrollo se van a dar cuenta del por qué de la elección de estos textos, cuál es el tipo de relación que mantienen con lo desarrollado en la reunión anterior. Poco a poco vamos a encontrar las articulaciones en relación con estas cuestiones, es decir, qué tienen que ver con lo que Freud dice en El fetichismo y en La escisión del yo en el proceso de defensa, porque son textos que dan una articulación muy precisa respecto de la relación entre el signo y La Cosa en términos de significación.
La relación entre la palabra y lo que la palabra significa, o el signo y el poder o la impotencia para significar, son cuestiones con respecto al signo. Algo permite la significación, obtener un significado, y es algo que plantea la necesidad lógica de resolver el problema de la significación. Es un problema que a la lógica se le escapa, de hecho, Freud habla del fetichismo desde el texto de Los tres ensayos para una teoría sexual, cuya primera versión es de 1905. El artículo El fetichismo es de 1927, y hay otras referencias de Freud al fetichismo, aunque se podría pensar que esta es la primera vez que Freud habla acerca del fetichismo por lo asombrado que se muestra respecto de lo que encuentra. Freud habla como si acabara de hacer un descubrimiento, y lo de mayor interés es entender por qué se le presenta de ese modo.
Lo mismo en La escisión del yo en el proceso de defensa, que es el último artículo que Freud escribe poco antes de morir, donde vuelve a plantear en gran parte lo que ya está en El fetichismo, pero de nuevo con un asombro enorme. Dice al comienzo: “No sé si esto que voy a decir es una obviedad o es algo que me impacta en este momento. Por un momento me encuentro en la interesante posición de no saber si lo que voy a decir debería ser considerado como algo familiar y evidente desde hace mucho tiempo o como algo completamente nuevo y sorprendente; me siento inclinado a pensar esto último”.
Ya vamos a hablar de La escisión del yo en el proceso de defensa, pero si leyeron los dos textos se darán cuenta que es muy interesante confrontarlos, ver sus diferencias y ver por qué Freud se vuelve a asombrar. En principio, hay aquí algo que se borra en la conciencia de Freud cada vez que escribe al respecto, y cada vez le retorna, particularmente cuando se trata de El fetichismo y La escisión del yo en el proceso de defensa. Parecería que un fenómeno de esta naturaleza hubiera tenido lugar, una captación, un borramiento y un reencuentro, un redescubrimiento que despierta sorpresa cada vez, y que es inherente a lo mismo que se plantea en el problema lógico de la verdad y la significación, en la estructura misma de lo que Freud está nombrando.
Freud, en 1906, cuando escribe El delirio y los sueños en la “Gradiva” de W. Jensen, texto que no es muy citado ni comentado, donde se plantea algo que podría ser tomado como un delirio o un sueño, pero que es una pieza de literatura, también tiene ahí un ejemplo que podría haber tenido en cuenta, sin embargo, Freud no lo menciona en su artículo sobre El fetichismo. Y me parece que es el texto que más se le aproxima. En los otros casos donde Freud habla del fetichismo como perversión, de la existencia en lo que respecta al objeto sexual de algo que funciona como un fetiche, lo hace para mostrar la no connaturalidad de la pulsión sexual y su objeto. El hecho de que el objeto de esta pulsión puede ser un objeto en el sentido literal del término, puede ser un órgano, una parte del cuerpo. Hay otras cuestiones respecto de lo que es el fetiche.
Freud no es el primero que habla del fetichismo como perversión, de la elección de un fetiche como objeto sexual, Binet es anterior y Freud lo cita, dice que en 1888, en el catálogo de las perversiones que presentaba la psiquiatría, Binet habla del fetiche como objeto sexual.
Ahora bien, hay muchas consecuencias que se derivan del artículo de Freud sobre el fetichismo. ¿Por qué Freud dice otra cosa aquí que lo que dijo antes? Porque si bien Freud está considerando el fetichismo en términos clásicos, como perversión, es evidente que habla de algo mucho más estructural, de una relación particular que presenta la elección de este tipo de objeto con la palabra, una relación con la estructura de la significación, con el estatuto de la verdad, y es en este sentido que nos interesa. ¿Cuál es el estatuto de la verdad a partir del discurso del psicoanálisis?
Voy a tratar de seguir el desarrollo de Freud lo más puntualmente posible, porque no suele haber, ni en Freud ni en Borges, palabras de más. Hoy trataba de sintetizarlo y me daba cuenta que, si bien no es imposible, el grado de condensación que Freud alcanza en este artículo lo hace difícil. Es un trabajo en el que decantan todos los desarrollos que Freud, no sólo hizo sino que los atravesó, o que lo atravesaron a él. Y son cuestiones para leer a la letra.
Freud dice que va a hablar del fetiche como elección de objeto, y lo primero que se le plantea es si el tipo de selección que se produce para que un objeto funcione como fetiche es accidental, pues si no lo fuera tendría que tener alguna determinación mayor.
Lo primero que se le revela a Freud en 1927, es que el fetichismo del que va a dar cuenta no es el de personas que lo consulten porque son fetichistas. La función del fetiche, en lo que se refiere a la perversión, supone un tipo de satisfacción que, aparentemente, no conlleva angustia, y por lo tanto, no hay posibilidad de que un verdadero fetichista se analice. El fetichismo es incompatible con el análisis, y esta incompatibilidad es más que interesante, porque el análisis se hace de estas incompatibilidades, es el desarrollo de estas incompatibilidades.
El caso que parece haber impactado a Freud en este momento es el fetichismo de alguien donde lo que se presenta como fetiche no tiene en sí mismo nada que implique un descubrimiento, si se tratara de que la nariz es el fetiche. Freud dice que la nariz es el fetiche, pero la forma en que lo descubre es a partir de una frase, una cuestión de lenguas. Su paciente tiene como lengua materna el alemán, completamente olvidada, pues tempranamente sus padres emigraron con él a un país de habla inglesa, y él olvidó la lengua de su lugar de nacimiento, sustituida por completo por el inglés.
Pero en lo que se refiere a la contingente y accidental segregación de este fetiche, se trata de una expresión en alemán: Glanz auf der Nase, que resuena en inglés de una manera bastante homofónica: Glance on the nouse. Esta consonancia permite que se pueda filtrar esta sutileza propia del fetichismo. Freud dice que Glanz significabrillo, en alemán, mientras que Glance, en inglés, es mirada. Entonces, a partir de esta lengua materna olvidada se puede fundamentar por qué el fetiche sería la nariz, el brillo en la nariz que bien puede ser una mirada. De manera tal que la elección de objeto —que no es el fetiche—, una mujer por ejemplo, aparece regida por el fetiche.
En ese sentido, Freud dice que el fetichista encuentra una solución que le evita la homosexualidad, no en todos los casos pero sí en los que intrínsecamente corresponden al fetichismo. Freud, cuando hace esta relación, dice incluso que el fetichista se ahorra un trabajo muy esforzado para el resto de los hombres.
El fetiche, Freud dice que es la nariz, pero lo que hace al funcionamiento de la nariz como fetiche es el brillo o la mirada que debe encontrarse en el objeto para que el objeto sea tal, para que una mujer se constituya en objeto sexual. Es decir, no es que el fetichista adore al zapato en sí mismo, en su inermidad, en su carácter de objeto inanimado, fuera de la vida y dentro del mundo como un signo particular. Pero es una característica del fetiche la inermidad y sobre todo el hecho de ser un objeto inanimado. Se podría considerar que hay cierta posibilidad de fetichización de los animales, habría que dejar un espacio para tratarlo. En realidad, es intrínseco al fetiche su carácter de objeto, desde un punto de vista óntico, como inerte o inerme. No es así en este caso.
En el ejemplo que da Freud, la producción del fetiche se plantea en un campo de impresiones visuales relativas a una cierta percepción. Freud habla de la percepción en todo el artículo. Por ejemplo, Freud habla de la percepción de la existencia de un pene en la madre. ¿Cómo se debe concebir esta percepción? El campo en el que se produce esta segregación del fetiche es un campo esencialmente escópico. En este caso se trata del brillo, pero el brillo despierta la atención al hecho de que aparece en un determinado campo donde la percepción funciona. Este campo en el cual la percepción funciona de una manera tan particular, como nos muestra la lógica del fetichismo, es un campo que va a encontrar su delimitación y su desarrollo, a partir de Lacan, como campo escópico, el campo que funda la mirada.
Se podría plantear en términos de percepción, pero es algo que ocurre en el campo de la mirada, donde lo que tiene que ver con la percepción se presenta en términos de manifestación y desaparición. Manifestación quiere decir lo que se muestra, y manifestar es lo que se da a ver, lo que se muestra y es capaz de desaparecer de la misma manera. Freud dice que le recuerda los problemas de la memoria que ocurren en las neurosis traumáticas, donde lo que queda es la última impresión antes de que el sujeto atraviese el trauma. Freud lo presenta de esta manera porque el olvido está en juego, y hay ahí una detención en lo que se refiere a la memoria.
Freud lo dice así porque hace equivaler la desaparición al olvido. Se trata de una percepción que se produce en determinado momento, que puede preguntarse si se trata de un delirio o un sueño, no siendo ni un sueño ni tampoco un delirio. Esto tiene su importancia, porque Freud no menciona La Gradiva y se le pierde algo que tenía muy precisado respecto de la diferencia entre neurosis y psicosis, que es lo que, hacia el final, va a presentar. Me parece que, en este sentido, hay algo que se desliza por debajo del texto.
Entonces, al estar planteado el fetichismo en el campo escópico hace entrar ese aspecto de aparición y desaparición de algo en el orden de la percepción, que responde a lo que es la función de la mirada, no de la visión sino de la mirada. Es una diferencia que establecer, y Freud, a continuación, dice que si dijera que el fetiche es un sustituto del pene todo el mundo quedaría desencantado, y no, se trata del sustituto de un pene en particular que tuvo suma importancia en los primeros años de la niñez pero que luego se perdió. En otros términos, normalmente ese pene hubo de ser abandonado, pero el fetiche está destinado a preservarlo de su desaparición.
Y agrega Freud: “Para decirlo con mayor claridad: el fetiche es el sustituto del falo de la mujer (de la madre) en cuya existencia el niño pequeño creyó otrora”. Esta creencia está basada en este particular orden de la percepción que se va a aclarar más en La escisión del yo en el proceso de defensa. Freud presenta al niño frente a la realidad, y cuando Freud dice “la realidad” sabemos que se trata de la realidad de la inexistencia de ese pene en la madre, que es la realidad que se trata de repudiar. Freud introduce el término, Verleugnung, traducido como renegación, repudio o desmentida.
En La escisión del yo en el proceso de defensa Freud se refiere a la herida que infringe la realidad, la realidad de esta inexistencia, la realidad que afecta a esta creencia establecida, realidad que tiene la connotación de una amenaza. En este sentido, Freud dice que hay razones en el fetichismo para no querer renunciar y abandonar esta creencia. Al sujeto en cuestión se le plantea la necesidad de resolver lógicamente un problema: algo le ha hecho hacer la suposición de la existencia de este pene en la madre, y una realidad, revelada a partir de un acontecimiento cualquiera, tan accidental como la segregación del fetiche pero de carácter traumático, afecta a esta creencia.
De manera tal que Freud va a decir que el Yo va a dividirse entre la realidad y la creencia,y es por eso que el texto se llama La escisión del yo en el proceso de defensa. El yo se divide y el encuentro con esa realidad le deja un estigma imborrable. Freud dice que hay algo que se organiza como una defensa, de manera tal de aceptar la realidad y repudiarla al mismo tiempo.
Me parece muy importante tener en cuenta la simultaneidad de la caída de la creencia, el encuentro con la realidad que determina esa caída, y la segregación de un fetiche, todo en un único acto. Freud en El fetichismo habla de repudio, que supone la conservación de la satisfacción que soportaba la creencia. Esa satisfacción, desde el punto de vista de La escisión del yo..., está ligada a la masturbación que el chico debe abandonar ante el reconocimiento de que la niña no tiene pene, o de que la madre no tiene falo. Entre una cosa y la otra hay una diferencia. Cuando Freud habla de la escisión del yo se refiere a que la madre no tiene falo, que la niña no tiene pene no escinde al Yo, la creencia está referida a la madre, y las mujeres tienen pene porque la madre tiene falo.
En La escisión del yo..., el encuentro con esta realidad referida a la madre es lo que determina la escisión, el estigma, y desencadena la defensa. En efecto, supondría una renuncia a la satisfacción masturbatoria, que no se encuentra amenazada si no se produce este encuentro. Freud dice que por más que se amenace al niño con castigos que se refieran de una manera directa a la posibilidad de la castración, las amenazas no son creíbles. El chico no cree en ellas de ninguna manera y no tiene ninguna razón para hacerlo, tampoco tiene alguna razón para considerar prohibida la satisfacción que comporta la masturbación hasta que se produce esta coincidencia de la amenaza con el reconocimiento de esa realidad.
Hasta que no se produce esta coincidencia, la amenaza no tiene ningún tipo de eficacia. En el orden de la vigilia no podría verificarse su eficacia, sólo se verifica en los sueños o en el síntoma. Lo que indica que la amenaza tuvo efecto es algo que sólo puede encontrarse en los sueños o en los síntomas. Es la forma de verificación de la verdad de lo que ha verdaderamente ocurrido, en lo que se refiere al carácter intrínsecamente traumático de esta experiencia, que puede formar parte de la psicopatología de la vida cotidiana.
Freud lo sitúa como algo ocurrido en la infancia, pero este orden de sorpresa es algo a lo que estamos cotidianamente sujetos y que constantemente se manifiesta en lo que llamó la psicopatología de la vida cotidiana. Es decir, algo de esta relación con la verdad se pone en juego en el lapsus, en el chiste, en un acto fallido, en un sueño, en el síntoma.
Continuando con el texto, una función se plantea respecto del sentido que tiene este descubrimiento que fuerza un reconocimiento de esta inexistencia.
Freud dice que el reconocimiento de esta inexistencia —la permanencia de la creencia—, no se debe a lo que Laforgue, un psicoanalista francés, denominó escotomización. Freud dice que no se trata de un escotoma. Un escotoma es una mancha, un borramiento que equivale a la función de una mancha, porque la función de una mancha bien puede ser la función de borrar. Es precisamente como si el reconocimiento de esta realidad fuera a caer en una mancha en la retina. Freud tiene especial interés en discutirlo, y se podría decir que todo el desarrollo está hecho para decir que no se trata de una escotomización.
Freud retoma este término más adelante con cierto tono irónico, refiriéndose a dos jóvenes que no se dieron por enterados de la muerte del padre, y dice que no tratándose de un proceso alucinatorio que corresponde al orden de la percepción, se trataba de una escotomización. Pero se pregunta para qué inventar una palabra nueva si ya tenemos el concepto para ver de qué se trata. Freud dice que ya existe el término represión en lo que se refiere a este proceso patológico. Todavía habla en estos términos. Y dice que si la represión concierne a los diferentes destinos de la representación y del afecto ligado a ella, es decir, si la represión tiene relación con algo que podemos plantear como una disociación entre el afecto y la idea, se puede considerar esto en el orden de la represión. Y agrega quepodemos reservar el término represión para el afecto, y en tal caso, el término que más cuadra al destino de la idea o representación sería renegación, repudiación o desmentida, Verleugnung.
Entonces, Freud dice que no se trata de un escotoma, que lo que está en juego es la represión, lo cual equivale, en Freud, a que es una cuestión que tiene que ver con la palabra, con la significación, con una determinada relación con la verdad. Sabemos que lo que define a la represión es el hecho de que se produce en la medida en que hablamos. Freud no lo dice de este modo, pero cuando habla del brillo en la nariz, muestra que el sujeto puede decir y no decir, al mismo tiempo, lo que dice. Al decirlo en alemán, si su lengua es el inglés, él no está diciendo lo que dice. Hay una reserva de una lengua con respecto a la otra. Es frecuente encontrarnos con que alguien, repentinamente, para decir algo que le resulta incómodo, lo resuelva diciendo eso mismo en otra lengua, haciendo exactamente la misma operación a la que me refiero. Enmascara, adorna, vela las cosas de manera tal de poder decir algo y, al mismo tiempo, no decirlo. Esta operación la encontramos descripta en el artículo de La negación de Freud de 1925.
Aquí también está en juego la simultaneidad de decir algo y no decirlo, ‘lo digo pero no lo digo’. La renegación o repudio opera en el discurso corriente bajo la forma ejemplar de la adversación, con el ‘pero’, el ‘aún así’, el ‘sin embargo’, el ‘no obstante’, etc. Por ejemplo: ‘esto es asi, sin embargo voy a hacer una salvedad’, ‘estoy de acuerdo en todo, pero voy a hacer una salvedad’. El término salvedad es muy claro, sucede que en el discurso hay algo que se salva, que se rescata, que se mantiene a un lado. Tiene todo el sentido plantear el término de represión en relación con esto y no el de escotoma, porque el escotoma no dice de lo que se trata con esta realidad traumática de la inexistencia del falo en la madre. La existencia del falo en la madre es una existencia lógica, responde a un orden completamente lógico de realidad.
En el texto La organización genital infantil o en el Historial de Juanito, se trata de una existencia de orden lógico, hay una necesidad lógica de suponer que todos los seres animados tienen pene, que todos los seres que hablan tienen falo. La diferencia entre el pene y el falo es a partir del lenguaje, a partir de la función de la palabra y el lenguaje. Freud dice que se constituye como una premisa universal del falo, en relación con la cual se establece una creencia.
En ese sentido, la suposición está en el hecho de que se hable, y el hecho de que se hable hace a la suposición de un ser. Hablar es poner en juego un orden de ser, donde está la función de la palabra y el lenguaje en juego. Por ejemplo, el niño por lo que él es para la madre, necesariamente tiene que suponer que la madre tiene algo a partir de su ser, esta creencia no podría no establecerse. Se podría pensar que como orden lógico de suposición puede no existir como premisa lógica, es todo un problema lógico, porque si no está esta premisa tampoco está la castración, y tampoco la relación a la significación establecida. Si algo puede significar la amenaza, para funcionar como amenaza tiene que significar; para que signifique tiene que darse esta conjunción, si no, no significa, no tiene absolutamente ningún significado y ninguna significación que implique, que comprometa al sujeto.
Me parece muy importante que Freud resista la idea de la escotomización, porque es la represión lo que da el fundamento de la relación con la palabra, con la función del símbolo. Freud lo vuelve a hacer al final del artículo, cuando da otros dos ejemplos de fetichismo. Luego de establecer la diferencia entre neurosis y psicosis, dice que pensábamos que en el caso de la neurosis el Yo se oponía al Ello, y le oponía al Ello la realidad. La realidad de la que Freud está hablando es la del principio de realidad. De manera tal que las cosas se han desplazado, la realidad de la que Freud está hablando es la realidad de esta falta, de la inexistencia, como una realidad que afecta al Yo y hace a la constitución del imaginario, o sea, a la función del yo en el sujeto. Freud no está partiendo de un Yo constituido, está partiendo de la constitución de un Yo a partir de una escisión.
Hay otros dos ejemplos que Freud da para decir que hay una diferencia respecto de neurosis y psicosis. Hay una corriente, la de la realidad, que en la psicosis no funciona, y es perfectamente posible que en la neurosis funcionen las dos simultáneamente.
Uno de los ejemplos es del pantaloncito de baño. Se trata de una prenda masculina, no femenina como en los otros ejemplos, y esta prenda oculta cualquier diferencia, por lo tanto puede estar en un hombre. No se sabe si él lo tiene o no lo tiene, por lo tanto, un hombre también es castrable. Y si es así, nada distingue a un hombre de una mujer, de manera tal que la premisa se mantiene perfectamente.
El otro ejemplo, en relación con la verdad, es el del cortador de trenzas. Freud dice que el fetichista se identifica con el padre, considera que el padre es el agente de la castración de la madre, y el cortador de trenzas realiza en este acto su identificación con el padre como agente de la castración de la madre. Freud dice que es una contradicción, pues se mantienen al mismo tiempo dos proposiciones supuestamente contrarias, desafiando el principio de contradicción.
En la clase anterior quedó planteado que el límite de discurso corriente es el principio de contradicción, y lo que Freud introduce pasa el límite del discurso corriente. Freud dice que la madre tiene pene y que está castrada, para el cortador de trenzas, porque el padre la castró. Si el padre la castró, la madre tiene pene, por lo tanto, al decir la madre está castrada, está diciendo la madre tiene pene, no hay ninguna contradicción, sin embargo son dos proposiciones que se contradicen.
Me detengo aquí. Si hay preguntas..