04: Para entrar al discurso del psicoanálisis
Vamos a continuar con el trabajo que estamos introduciendo desde el comienzo a partir de dos textos de Freud que son El fetichismo y La escisión del Yo en el proceso de defensa.
Recordarán que iniciamos el trabajo hablando acerca de la significación, hablando de lo que es la relación del signo con la Cosa en el texto de San Agustín, De Magistro, para poner en juego el lugar que tiene el lenguaje en el discurso del psicoanálisis, y se establece una diferencia al decirlo de esta manera, una diferencia entre lenguaje y discurso, y efectivamente es una diferencia que podemos establecer a partir de plantearnos la pregunta de San Agustín: “¿Qué hacemos cuando hablamos?”
Una pregunta que es una buena entrada en el discurso porque precisamente, en el análisis se trata de hablar. Y ¿qué hacemos cuando hablamos? La respuesta más inmediata es que cuando hablamos significamos o queremos significar algo, de donde vienen las preguntas de siempre: ‘qué quiere decir’, o ‘qué quiero decir’. De esa pregunta partimos para aclararnos sobre la función del lenguaje en el discurso del psicoanálisis, no sólo la función del lenguaje en el análisis, es decir, lo que sucede. Y digo digo lo que sucede, porque en el análisis sucede algo cuando hablamos; se espera que suceda algo cuando se habla, y en función de eso, de que algo sucede cuando hablamos, la práctica del análisis tiene su sentido. Es decir, hay hechos que tienen lugar cuando en el análisis hablamos.
Se podría llamar a estos hechos que tienen lugar en el análisis cuando hablamos: ‘hechos de discurso’, pero no únicamente a lo que ocurre cuando hablamos. Cuando hablamos está el intento de significar, y es respecto del intento de significar alguna cosa que surge, en el diálogo de Agustín con su hijo, la pregunta acerca de la verdad puesta en juego en la relación del signo con la Cosa.
La pregunta es qué signo puede realmente significar a la Cosa.
Si el signo no puede significar a la Cosa no estamos, en lo que se refiere al signo, en un terreno toquemos la cuestión de la verdad. Es lo que había planteado en esta primera serie de clases de las que estamos llegando a hacer el cierre para continuar con un segundo punto. Si bien la próxima clase no va a estar a mi cargo, les puedo decir los próximos textos que trabajaremos: Recuerdo, repetición y elaboración y Recuerdos encubridores.
Con esos textos vamos a retomar esta orientación en una segunda serie. Sin duda van a encontrar varias cuestiones en común respecto de lo que venimos planteando en relación con la significación del falo. Hay otros textos que están en juego, uno es La organización genital infantil, un texto muy importante para lo que estamos tratando porque es donde Freud introduce la fase fálica, que constituye un fundamento muy importante para lo que ha planteado después. Nosotros hemos empezado por el final, hemos empezado por El fetichismo y por La escisión del Yo en el proceso de defensa, porque resumen todo un recorrido escrito por Lacan en La significación del falo.
De la pregunta por qué hacemos cuando hablamos, es decir, significar, a través del texto del fetichismo y de la función del falo llegamos a poner en juego el hecho de que esta función de significar está en relación, tal como aparece en El fetichismo, con una inexistencia que es la inexistencia del pene de la madre, a partir de lo cual se produce un fetiche. El falo surge en su función cuando cae la suposición de su existencia, que proviene de lo que antes fue una atribución. Entonces, si diferenciamos un juicio de existencia -tal cosa existe o no existe-, y un juicio de atribución, el juicio de atribución no considera nada respecto de la existencia.
Están en el pizarrón todos los términos relativos a la negación, de los que ya hablamos un poco en la clase pasada porque estamos constantemente trabajando con estos términos.
Verdichtung - Dichter - Dichten
Verdrangung
Verneinung
Verleugnung
Estamos trabajando lo que concierne a la función del falo en lo que respecta a esa inexistencia; y estamos trabajando con la función del falo en esa atribución: que la madre tiene pene, y se trata de una suposición. Es bastante interesante esta suposición que se formula como un juicio de carácter universal —Freud lo dice hablando de Juanito muchos años antes, la suposición de que todo ser vivo tiene pene o todo ser animado tiene pene, es un juicio universal—, considerando que tiene que construirse la suposición para que la operación de significar cuando hablamos, funcione. Tiene que constituirse la significación, y tiene que constituirse algo que suponga, en un punto, la caída de esa suposición.
En la última parte de La escisión del yo en el proceso de defensa, Freud habla de un paciente en quien se constituye un síntoma fóbico correlativamente a la segregación del fetiche. Este síntoma fóbico es el temor a ser devorado por el padre, la fobia se constituye siempre en una relación en una relación fundamental con la oralidad. Es una versión oral que se apoya en un mito, y es muy importante el apoyo en los mitos para que se pueda significar lo que presenta una falta, un agujero, respecto de la significación, ahí los mitos cumplen una función. En este caso es el mito de Cronos y Zeus, el padre tiempo que devora a su hijo.
En la clase anterior decía que hay un correlato entre la función escópica o escoptofílica —como se encuentra en el exhibicionismo vouyerismo— y la segregación del fetiche. Fobia y fetichismo los podemos considerar como dos lados de la misma estructura, del lado de la fobia también podemos decir que hay una correlación estricta entre la pulsión oral y la constitución del síntoma fóbico, pero más estrictamente de una fobia.
Un síntoma fóbico no siempre indica que estemos hablando de una fobia, pero sí en este caso. Podemos hablar de un síntoma fóbico en una psicosis o en una neurosis donde la fobia puede no ser lo predominante. Si hablamos de una neurosis lo predominante es la obsesión y no la fobia, de manera tal que cuando decimos fobia y fetichismo nos referimos a una correlación entre el síntoma y el fetiche referida a lo que aparecería como la misma cuestión con un efecto distinto porque concierne a distintos puntos de la estructura. Entonces, hablamos del fetichismo no en el sentido que la psiquiatría le da a la perversión, sino del fetichismo como algo que hace a la división del Yo y que, por lo tanto, nos hace suponer un sujeto de esa división. Es un hecho estructural pues no habría ser hablante que escapara a esta división entre fetichismo y fobia en su constitución como sujeto que habla. Es decir, que habla y que por lo tanto afronta la cuestión relativa al significante, al tener que significar.
Esta fobia, en términos por ahora sin demasiadas precisiones pero que nos permiten entender de qué se trata, se corresponde con un fantasma de devoración por el padre. Este caso tiene un correlato relativo a otra pulsión y se conforma como un fantasma de sodomización por el padre, y en cualquiera de los dos casos la diferencia es relativa a la pulsión que está en juego. En ambos casos se trata de un fantasma en determinada relación con la pulsión, en términos orales o en términos sádico-anales, pero es claro que este fantasma de devoración por el padre lo podemos apoyar en este mito del padre tiempo devorando a su hijo dado que es muy apropiado porque lo que está en juego es precisamente la función del tiempo. Hay algo respecto del tiempo, que tiene que ver con algo ocurrido en el tiempo, que se trata de significar.
Del artículo El fetichismo se puede deducir una relación de la castración en la madre con la castración del propio sujeto desde el punto de vista de lo que tiene que ver con la amenaza, pero la amenaza nunca tiene eficacia sino cuando el sujeto encuentra que no puede ser verdad que la madre tiene pene. Cualquier tipo de amenaza que no se junte con esta revelación, este descubrimiento, que bien se puede calificar de traumático porque se presenta con ese carácter de revelación, de sorpresa, y va a constituir la base y el fundamento de la amenaza y del temor. Se ve cómo va estableciéndose la relación entre la fobia y el temor.
Entonces, el síntoma fóbico se constituye y constituye al mismo tiempo una determinada relación con el deseo. La relación que el síntoma tiene con el deseo la vemos del lado del fetichismo, no la vemos del lado de la fobia. Es decir, la función del fetiche nos dice algo acerca de cómo alguien puede constituirse para otro en objeto del deseo. La condición erótica en cuestión, el brillo en la nariz o cualquier otra cosa por el estilo surgida de la lengua, es lo que nos dice que el síntoma que se presenta como fobia tiene una relación con el deseo. Y Lacan tiene una definición muy buena del deseo fóbico como tal, lo define como un deseo prevenido.
¿Qué quiere decir un deseo prevenido?
En los términos en que nos estamos manejando quiere decir que el sujeto no reconstituirá la suposición. La prevención es no suponer. La condición de la suposición es la posibilidad, y es la condición de la caída de esa suposición. Es la condición de posibilidad de establecer una relación con esa verdad relativa a la castración en la madre; donde no se reconstituye la suposición y no se supone nada, nada puede sorprender. En definitiva, la fobia es una barrera de protección que en términos lógicos tiene que ver con prevenir, donde prevenir es equivalente a no suponer. Y no suponer puede traducirse en muchas cosas: en la desesperanza, en la melancolía, en el escepticismo, en el cinismo. Son formas del deseo prevenido como tal, desde el punto de vista de la fobia.
Freud dice también en el artículo La escisión del Yo..., que una vez constituido el fantasma en el caso al que se refiere, lo que queda del fetichismo es una ansiedad, una susceptibilidad, un temor, un prurito respecto de ser tocado en los dedos de los pies. Freud lo interpreta como la cicatriz que produjo la escisión en el Yo. Entonces, hay esta correlación entre el fetiche y la fobia.
El fetiche es el objeto que va a significar, en el sentido fuerte del término, la caída de esa suposición. Es decir, lo que la hace significable, lo que hace a la significación. Pero resta un objeto, un objeto que tiene esa característica fundamental que es la de ser un objeto inanimado. ¿Por qué que es fundamental? Porque como objeto inanimado vehicula a la muerte; es la correspondencia muy clara que mantiene el fetiche, como el pene desplazado que la madre no tiene, con la suposición. Es decir, si la suposición es que todo ser vivo o animado tiene pene, la caída de la suposición da lugar a la segregación de un fetiche que necesariamente, en el sentido lógico, es un objeto inanimado, un objeto no viviente.
Entonces, hay una correlación entre fetiche y fobia, aunque a sus objetos les corresponde un lugar diferente en la estructura. Cuando Lacan habla del fetichismo como producto de la escisión del Yo, en La significación del falo, dice que es preciso distinguir el síntoma. La fobia es un síntoma cuya lógica no puede encontrarse en la función del falo sin lo que Freud dice respecto de la fase fálica en el niño. Lacan hace un pequeño comentario diciendo que es cierto que se presentan interesantes transmutaciones de un objeto fetiche en un objeto fóbico o viceversa. Se refiere, a nuestro entender, a un artículo publicado en la revista Scilicet que lleva por título Fetichización de un objeto fóbico. Lo pueden encontrar en la Biblioteca, las Carpetas de Enseñanza están completamente agotadas, pero pueden hacerse una fotocopia. Este ejemplo fue tratado en una clase hace muchos años por Norberto Ferreyra en la Carpeta III, donde se encuentra un desarrollo interesante sobre cómo un objeto puede cumplir una función de fetiche y al mismo tiempo la función de objeto fóbico.
El interés es la coincidencia en la identidad del objeto, el objeto es el mismo y nos permite captar muy bien el sentido de lo que es la escisión o división del Yo. Freud se refiere a cómo el Yo se organiza respecto de una división entre el juicio de creencia que se refiere al pene en la madre y lo que podemos llamar el juicio de realidad, que se opone a la creencia. El hecho es que estos dos juicios, aunque contradictorios, se mantienen al mismo tiempo.
En el ejemplo de Fetichización de un objeto fóbico el objeto es el botón. Cualquier objeto puede constituirse en fetiche, pero debe satisfacer determinadas condiciones estructurales. Ante la producción de un objeto fetiche tenemos que ser capaces de encontrar su lógica, las condiciones estructurales del objeto, no sólo de la contingencia por la que este objeto se estableció como fetiche y como objeto en una fobia. De hecho, el objeto es un botón y es paradigmático.
Freud tiene un par de casos para explicar esta división, cuando lo hace se refiere fundamentalmente al Hombre de los lobos, cuyo historial pueden ir consultando porque lo vamos a ver cuando tratemos cuestiones relativas a las construcciones en el análisis. El ejemplo que toma en La escisión del Yo en el proceso de defensa se corresponde, con algunas modificaciones, con el Hombre de los lobos que Freud ha resumido y acomodado para poder explicarse bien.
Entonces, tenemos en el historial la posibilidad de ver cómo esa fobia y ese fetichismo constituyen la división del sujeto, y Freud nos lo transmite. No hay demasiados ejemplos de fetichización de un objeto fóbico, y dicho artículo no tiene la enorme dignidad de los artículos de Freud, pero es no obstante un trabajo paradigmático y muy útil para transmitir, para ilustrar, de lo que habla Lacan cuando se trata de la significación del falo.
En el ejemplo, el botón es el objeto y en determinadas condiciones funciona como fetiche y en otras condiciones funciona como fobígeno, y produce una cantidad de reacciones correlativas de este síntoma, como pueden ser las náuseas, las arcadas, en otros casos los mareos. La conexión con la oralidad es puntual.
¿Cuándo el objeto es un objeto fobígeno? Cuando está aislado, cuando se presenta aisladamente. Es interesante porque quien nos comunica este caso se apoya, para dar cuenta de lo que le ocurre, en un texto de un escritor francés que se llama Michel Leiris, un texto donde se trata de la misma cuestión. El autor, es un dato autobiográfico, tiene náuseas al ver los fideos botones, con forma de botón, que los hay desde que existen los botones, que no siempre han existido, y tiene que ver con que los hace un objeto apto para la fetichización y la fobia. Entonces, las náuseas y las arcadas surgen de ver flotando en la sopa esos botoncitos aislados.
Es un texto de Michel Leiris, que describe sus náuseas, sus arcadas y su horror frente a este objeto. El paciente ha encontrado ese texto para decir exactamente lo mismo, lo que muestra un grado de generalidad. Pero el objeto también le funciona como un objeto fetiche cuando se presenta como colección en una hilera de botones, como multiplicidad. Cada botón es un uno, la hilera es multiplicidad. Si una mujer lleva una prenda con una hilera de botones, automáticamente causa su excitación y despierta su deseo inmediatamente, de la misma manera que solo le significa la castración como tal. Podemos considerar que se trata de una identidad y una diferencia que coincide en el mismo objeto. Además, el botón aislado es el que falta en la hilera. O sea, entre la hilera de botones donde no falta ninguno y el botón aislado, hay un borde donde un botón falta en la hilera.
No se dice, pero esto tiene una lógica, interesante y sutil. No es que la fobia se produce cuando falta el botón en la hilera, cuando falta el botón en la hilera de botones no funciona como fetiche. La fobia aparece cuando el botón está sólo, aislado, cuando se presenta en su carácter de unidad aislada, o de individualidad aislada y aislable.
Hay dos cosas que me interesan al respecto. Una es señalar la función de esta falta, es decir, la función del uno que falta. La función de ese agujero que vemos entre la hilera completa y el botón aislado, porque es una función de la falta correlativa de la división de la que Freud habla, correlativa de la función significante del falo. Esta función de la falta sirve para mostrarnos que cuando hablamos de la falta en lo que se refiere a la significación, nos referimos a la falta del pene en la madre. Es una falta que concierne al ser del sujeto la de ese uno que falta en la hilera de botones.
En el caso del del brillo en la nariz no podemos decir la forma en que el fetiche fue segregado. Sabemos sí que se segregó respecto de la lengua materna, entre la lengua materna y la lengua adoptada después. O sea, una lengua sirve de superficie encubridora de lo que aparecería en la lengua materna, pero no sabemos cómo fue segregado. En cambio, en el caso del botón, sí sabemos la forma en que el botón se constituyó en fetiche contingentemente. Siempre hay una contingencia, es de una manera accidental que ocurre, siempre pero contingentemente. En este caso el sujeto tiene recuerdos de cómo el objeto adquiere la máxima importancia en su subjetividad. Tiene algunos recuerdos bastantes precisos reconstruidos en el análisis, recuerda a su madre llamándolo para abotonarle su vestido con una larga hilera de botones. La persona que transmite el ejemplo es un psicoanalista francés, y el analizante también, y se puede ver que hay una cantidad de significantes relacionados. El botón es el botón, pero es también el cabo, el pedazo o el pedacito, y es la forma en que su padre nombra al pene del chico.
Entonces, se puede ver esta correlación significante en francés donde surgen distintas significaciones en la línea de bouton: el pedazo, la bota, el tapón, y por supuesto, boucheque es boca. Toda la serie se constituye a partir de un cabo en la lengua materna. Hay relación incluso con el nombre, y también entre el apodo que el padre utiliza para nombrar el pene del chico y esta función del fetiche, y por supuesto, nos damos cuenta también que el nombre propio es fetichizable, por eso hay sobrenombres, apodos. Los nombres se acortan, se transforman, se deforman.
Sobre la aptitud del objeto para constituirse en fetiche, parece ser que hasta el siglo XII no existían los botones, lo que quiere decir que antes de ese momento la ropa, la vestimenta, las prendas, se cerraban con costuras. Esas cicatrices desaparecieron cuando se inventó el botón y el ojal, que es lo que figura o prefigura un cierre. La metáfora de Freud de la cicatriz es sumamente afortunada, es evidente que si uno piensa en un cierre relámpago, es algo que tiene exactamente las puntadas de una costura, más exactamente, de una sutura.
Siempre recuerdo a una persona muy inteligente, hace muchos años, con una neurosis obsesiva de las que suelen hacer dudar que haya esa incompatibilidad, que por el momento está afirmada entre la neurosis obsesiva y la psicosis, que tenía —es frecuente en la neurosis obsesiva— un horror inconmensurable respecto de la posibilidad de que algo se rasgara. Se torturaba con fantasías de pasar por una puerta, enganchar su saco en el picaporte y que el saco se rasgara. Como posibilidad de armar un esquema de tortura, ¿cuál es la relación que esto mantiene con algo del orden de lo que es sexual y con algún goce? Este síntoma es imposible de aclarar sin la significación del falo y su relación con la castración.
Lo recuerdo porque era efectivamente un paradigma. No recuerdo cómo surge una cuestión respecto de las prendas de vestir en relación a su temor al rasgado, y este muchacho —lo era en ese tiempo— llega a decir algo de lo que se deduce que lo sacos vienen con botones de la misma manera que los duraznos vienen del duraznero. Es decir, la idea de la costura y del agregado de algo mediante una costura a una tela, le era absolutamente inconcebible, no podía ni siquiera significar la construcción de algo en esos términos. Era una prenda de vestir pero podría ser cualquier otra cosa que pusiera en juego ese tipo de relación entre un tajo, una costura y algo que se puede despegar, obviamente se trataba concretamente del botón, algo que se puede cortar, que se puede desprender, sobre todo, desprender.
Dos cuestiones con respecto a la segregación del fetiche. Freud menciona el ejemplo del cortador de trenzas y dice que es un fetichista. La trenza se supone un fetiche y es él quien hace el corte. Freud dice que como él supone que la madre tenía un pene del cual fue desposeída, o que le fue cortado por el padre, en esta identificación con el padre, él cumple la acción que significa esta falta de pene en la madre. Es decir, el acto es una repetición de una significación que está a cargo del acto mismo. Hay allí una función de corte que está en juego, y Freud dice que tiene que ver con esta identificación al padre.
Vamos a ver esta función del corte con respecto al fetiche, cómo está en juego. En el caso del botón se trataba del horror de un desprendimiento. Se podría decir que ese desprendimiento no es exactamente lo mismo que el corte en el caso del cortador de trenzas.
¿A qué se debe el horror en lo que tiene que ver con ese desprendimiento? El horror que tiene que ver con ese desprendimiento es que el botón aislado, el que falta en la hilera, es el uno que falta, y en este caso hay que escribir la palabra uno, no el número, porque es un uno que se cuenta como tal y que se cuenta cada vez: uno. Por eso me referí a una multiplicidad de unos cuando hablaba de la hilera de botones.
¿Qué se trata de significar? Se trata de significar una falta que concierne al ser, en el sentido de ser el falo en lo que respecta a la madre. La función significante del falo es para Lacan la función que en el lenguaje tiene la cópula, el es, la función de la cópula que en el lenguaje cumple el verbo ser: de algo significo que es, digo que es tal cosa o tal otra. Es allí donde voy a decir lo que la Cosa es, ahí está la cuestión. Pero no puedo decir que la verdad es, en la medida en que si bien hay una dimensión de la verdad, no puedo asegurar que lo que diga sea la verdad. Si puedo asegurar que lo que se dice establece la dimensión de la verdad en tanto puede ser mentira.
¿Qué tiene que significar? Tiene que significar que ‘él no es’, esta falta en ser que proviene de no ser el falo. Para el chico hay un pasaje necesario del ser al tener. Lacan hace notar que el pasaje por la castración pone en juego este pasaje del ser al tener. Pero significar esa falta en ser es al mismo tiempo poner en juego algo que respecto del deseo tiene una función de causa. Significar algo que respecto del deseo tiene una función de causa, una función de causa que introdujo el sujeto como tal. Es una función de la falta que el sujeto, con su aparición, con su nacimiento, introduce. Es decir, hay una correlación entre lo que le falta a la madre, lo que él no es, y la causa de esa falta, que es introducida por su propia aparición de sujeto.
Me parece que explica el horror que está en juego en la fobia, un horror en relación con lo que causa, con lo que tiene una función de causar, con una función de la falta que el sujeto introduce, que su existencia introduce como tal. Tenemos, en este sentido, una función de la falta que es relativa a la causación, considerándola en relación al sentido, después seremos más estrictos, más estrictamente lógicos para hablar de esta función de la causa. Creo que da bien la idea de lo que es la función de la castración en la madre; o la función causa de la castración en la madre, pero es una función introducida por el sujeto. Y da el sentido de lo que es la base de la constitución, tanto de la fobia como del fetiche, así como de la división.
Decir división es decir causa, la división del Yo en el proceso de defensa está relacionada con la función de falta que introduce el sujeto por su existencia. Cuando lean aquí el caso de fetichización de un objeto fóbico van a encontrar algunos referentes que tienen que ver con qué era este chico para la madre. Pero en definitiva le puede suceder a cualquier chico, hay ciertas peculiaridades para que se constituya de esta manera, pero el asunto es la coincidencia de la falta con la función de la causa.
Lacan va a decir con respecto de la verdad que es como causa material. Es decir, el desarrollo que hasta acá hicimos respecto de la verdad y la Cosa, partiendo de que hay una división, tiene que ver con el hecho de que Lacan mismo planteaba ni él ni nadie podría decir lo verdadero sobre lo verdadero, o la verdad sobre la verdad, porque en el hecho de hablar está la división, cuya función coincide en este caso con lo que es causa.
En ese sentido, en el fetiche vimos una determinada expresión de una función causa del deseo, una ilustración en el fetiche de la función de la causa en lo que tiene que ver con el deseo, y hablamos durante un tiempo del fetiche como una función causa del deseo. Es así y no lo es, al mismo tiempo. Porque la función de la causa no es la misma que la función del falo.
Bueno, por ahora nada más.
