05: Para entrar al discurso del psicoanálisis
Hoy vamos a trabajar, siguiendo con la línea planteada, respecto de las cuestiones que hacen a la continuidad y discontinuidad entre la trasmisión de Freud y la enseñanza de Lacan; esa común medida que tratamos de encontrar en el discurso del análisis, con respecto a ¿qué decimos cuando hablamos del análisis?, y eso que ocurre, sucede, en el momento de decir.
Hoy voy a trabajar un texto que en términos de los ¨modernos¨ se podría considerar una antigüedad. Una antigüedad que sin embargo tiene toda la actualidad respecto a lo que ocurre en los análisis, es un texto que Freud se plantea para interrogarse sobre algunas cosas que le ocurren en los análisis.
El texto es Recuerdos encubridores junto con otro texto que Freud escribe dos años después, que es Recuerdos infantiles y Recuerdos encubridores; en el que prácticamente insiste con algunas cuestiones del primer artículo.
Tomaremos tembien, si nos da el tiempo, el texto Recuerdo, repetición y elaboración.
Una idea que se me ocurrió respecto del trabajo que venimos haciendo y que lo he propuesto al grupo que esta a cargo de estas clases, es que cada uno de los textos, -de acuerdo a las referencias que cada uno de nosotros vaya tomando-, se podría comparar con una partitura resonando en distintas claves. Las claves que tomé hoy para trabajar el texto Recuerdos encubridores, se las voy a decir para que ustedes puedan reconstruir el trayecto.
Los textos que para mí fueron clave, porque fui encontrando que Lacan toma el texto de Recuerdos encubridores en distintos momentos son: Seminario II en la página 176, el Seminario IV en las clases del 21 de Noviembre y del 30 de Enero, el Seminario XIII en la clase del 8 de junio. Para el texto de Recuerdo, repetición y elaboración, los textos que me fueron de referencia son: el del Seminario I en la página 141, Seminario XI la página 57 y 135, y en el Seminario XIII la clase del 23 de febrero.
Voy a tratar de explicar este texto teniendo en cuenta los desarrollos que vino haciendo Anabel Salafia en las clases anteriores, espero que encuentren coincidencias.
El interés de tomar este texto es porque Freud aquí se interroga sobre algunas de las cuestiones que suceden en los tratamientos analíticos, estas cuestiones tienen que ver con lo fragmentario del recuerdo y la importancia patógena que tiene esta fragmentariedad del recuerdo. Freud hace una comparación entre lo que ocurre en los tratamientos y los recuerdos infantiles. Es decir, entre aquel bagaje de recuerdos con el que puede contar un adulto y la diferencia con los recuerdos infantiles. Freud dice que lo que sucede en la infancia nos procura huellas indelebles pero la memoria no es fiel, no responde a la pregunta sobre esas huellas indelebles, o lo hace fragmentariamente. La posibilidad de recordar, en una concatenación coherente de recuerdos, no comienza sino a partir de los seis, siete años. Sabemos que es a partir de la operación de represión, de la represión del Edipo.
Freud todavía aquí no cuenta con los desarrollos respecto de complejo de Edipo, es un texto de año 1899, un año anterior a la Interpretación de los sueños, es el tiempo de la experiencia germinal del psicoanálisis, del nacimiento de psicoanálisis.
Freud todavía se encuentra preguntándose, teniendo la influencia de lo que son los desarrollos de la psicología de conciencia, por esa diferencia, ese proceso que se produce entre lo que se percibe y la conciencia, entre percepción y conciencia.
En realidad el problema para Freud es ¿qué pasa con la conciencia que no coincide con la percepción?, ¿qué pasa con eso que no se puede recordar y sin embargo está ahí a la mano? Freud dice que hay momentos en los que las histéricas no saben la causa de lo que les pasa y sin embargo a poco de andar comienzan a incluir recuerdos que estaban ahí, próximos, cercanos.
La diferencia que va a encontrar Freud, y por eso empieza preguntándose por la memoria en la infancia, es que entre la claridad con la que recuerdan los niños y esa amnesia que se produce en la histeria, hay un indicio que le permitiría relacionar la vida infantil con la neurosis.
¿Por qué la amnesia infantil?, ¿Por qué los recuerdos en la infancia son a partir de los seis años? Se va a apoyar en unos textos de Henry, en una investigación que Henry hace, a la manera como se investigaba en ese momento, relevando casos en los que alguien no recuerda lo que ha ocurrido. Por ejemplo, sabiendo que alguien ha muerto, un niño que sabe que su abuela ha muerto; no recuerda nada, y lo único que aparece es el recuerdo de un plato con hielo. A Freud le llamó la atención esta sustitución y es de ahí que va a decir que a diferencia de lo que se podría afirmar, que ese recuerdo ha sido olvidado, que la muerte de esa abuela ha sido olvidada; Freud va a decir que ese recuerdo ha sido omitido.
Pero también se pregunta ¿cómo se hace la selección para omitir?, ¿qué es lo que hace que se conserve lo indiferente y se omita lo importante? Freud va a decir que hay dos fuerzas psíquicas que se oponen, una que se basa en la importancia del suceso, y la otra que resiste a que se registre, a que se fije la importancia del suceso.
Estas dos fuerzas, y ahí va a dar las condiciones de lo que es la configuración del síntoma, no desaparecen; una no elimina la otra, sino que se componen como un paralelogramo de fuerzas; es decir va a apelar a una metáfora de la física.
Es interesante el trabajo que podemos encontrar en Freud en este momento respecto de lo que es el encuentro con el lenguaje, porque Freud no cuenta con la teoría del significante. El algoritmo sauserriano,que unifica al campo de la lingüística, con estatuto cientifico surge 50 años después.
Es decir, los procesos de los cuales Freud está dando aquí cuenta respecto del encuentro con el lenguaje, de cómo este encuentro con el lenguaje va a determinar el estado de memoria, lo que se conserva, lo que se fija, lo que se puede decir de aquello que ocurrió, que aconteció, es precisamente lo que con la lingüística y con el algoritmo sauserriano podemos decir 50 años después y con Lacan podemos leer como la operación del significante.
Uds seguramente recordarán que Anabel Salafia se refirió a San Agustin, en su texto De Magíster, para poner en relación la operación de enseñar con la mismisima constitución de los signos (ensignare).
Nos importa subrayar esta correlación ya que entendemos que la enseñanza del psicoanáisis no se puede desentender del hecho de que el inconsciente es un saber hablado, se pone en juego cuando hablamos
Ahora bien, eso que ocurre entre la percepción y la conciencia, ese proceso por el cual hay una selección,cuando hablamos, por la cual se se omite algún suceso, es producto de una transacción, de una composición de fuerzas. En estos recuerdos que vamos a desarrollar, que Freud va a llamar Recuerdos encubridores, que hoy podríamos decir también con Freud, que son recuerdos descubridores, va a ocurrir algo particular con el suceso, la importancia del suceso, aquello que se omite, y la imagen que queda sustituida por contigüidad, por un elemento asociativo, como lo llama Freud en ese momento.
Entonces la imagen del suceso de la infancia es sustituida por un elemento desplazado, cercano, vecino a ese suceso, y va a aparecer en el recuerdo con una característica acentuada, con hiperclaridad.
Podemos decir hoy que Freud está hablando allí de la entrada a la dimensión de lo simbólico, la relación que se va a establecer entre esa imagen omitida y sustituida por otra contigua, cercana, vecina, es una simbolización. Para dar cuenta de esa operación de simbolización, que es lo me interesa destacar.
Ahora bien; si bien estamos hablando de la entrada del significante en lo real, y estamos hablando de la composición del símbolo, esto no es sin la intervención de lo imaginario y de lo real. Esto lo podemos decir hoy a partir de Lacan, pero lo podemos encontrar en Freud en el análisis, en esta distinción respecto de este pequeño fenómeno que intenta describir acá Freud que es el de los Recuerdos encubridores.
La imagen que desaparece del campo perceptivo es sustituida por algo nimio, algo de poca monta, de poca importancia, algo indiferente, y sin embargo en el trabajo que hacemos a partir del recuerdo encubridor, y esto ocurre en los análisis, sabemos que esa imagen, que eso hiperclaro que aparece en el recuerdo encubridor alude, es vecino, es cercano, se ha fijado en un momento particular respecto de la importancia del acontecimiento reprimido.
Entonces, estamos hablando de la entrada del significante en lo real, de la constitución del símbolo, y estamos refiriéndolo a la operación de represión. Pero especificamos la operación de represión, que sabemos que funda al aparato, esa operación que separa la representación, y el afecto, y que por eso permite que algo se fije, porque está desligado de aquel afecto que lo compromete.
Esa representación, que por la represión es omitida y sustituida, y ese afecto que es suprimido; tienen como condición que algo desaparezca del campo perceptivo; que la percepción se vea despojada de esa imagen, privada.
Es porque alguien puede ser privado que puede acceder al símbolo y es porque opera la privación en el cual sabemos que se desencadena la alucinación, el objeto no está en el campo perceptivo, y por eso, porque alguien me ha privado de la percepción de ese objeto es que puedo considerar que ese objeto entra en el campo de la demanda y es sostén del deseo.
Con respecto a lo que ocurre en los recuerdos encubridores es el mismo proceso. Freud va a encontrar un mecanismo común entre lo que es la composición de ese recuerdo encubridor, sustitutivo, y los síntomas neuróticos. Es decir que hay una equivalencia, una homología, respecto del valor de verdad que el síntoma conlleva respecto de aquel suceso importante reprimido. Con el recuerdo encubridor ocurre exactamente el mismo proceso, eso que sustituye, eso que aparece con hiperclaridad, le podemos dar el mismo valor que al síntoma. Entonces, decimos que la entrada en la dimensión de lo simbólico, la posibilidad de acceso al símbolo es que el recuerdo se ve privado de la imagen.
Considerar, a partir de Freud, las cosas de esta manera hace una gran diferencia con lo que podría ser los desarrollos de Hume, incluso de Descartes, respecto de aquello que, porque es percibido, impresiona y es registrado, es aprendido, y es conocido.
Con la operación de privación, con esta indicación de que es necesario que algo sea despojado de la imagen, sea desaparecido de la percepción, estamos indicando absolutamente lo contrario. Es decir, la condicion de posibilidad , de un saber hablado y no sabido, va tener que ver con la privación y la simbolización, y no con la impresión de ¨aquellos estímulos que desencadenen la orientación de la mente¨, como diría Hume.
Esta operación de la sustitución sobre la cual insisto, y esta necesariedad de que algo desaparezca del campo de la percepción para acceder al símbolo, introduce como dimensión la distancia y el tiempo. Una distancia y un tiempo con aquello, -que como diría Freud-, le es penoso, con lo que afecta. Entonces, las imágenes, los recuerdos, lo que conservamos y fijamos en la memoria, no van a surgir de la impresión y de la experiencia con la percepción sino justamente con lo que falta en el orden de la percepción. Es la privación de esa impresión lo que permite que ocurra un tiempo y un espacio, con lo cual se constituye el símbolo.
Cuando estamos diciendo que el significante entra en lo real, que habida cuenta de la represión, el sujeto se ve despojado del objeto en el campo de la percepción, estamos articulando, estamos poniendo en conexión, estamos haciendo depender esa constitución del símbolo de la operación del significante, pero además justamente por la operación del significante, de la operación de privación respecto de la imagen. Es aquí donde ubicamos esa articulación simbólico-imaginario que ocurre con una efectividad real.
En el análisis esto opera, y por eso nos interesa, cuando hay una omisión, una discordancia, una vacilación. Por ejemplo, entre la primera y la segunda versión del relato de un sueño. Ese detalle mínimo, esa glosa del sueño que aparece como sin importancia, esa discordancia temporal, entre ¨no sé si ocurrió antes o después, no sé si fue ayer o la semana pasada, no sé si lo que recuerdo que está en conexión con este sueño ocurrió el día anterior o posterior¨; en esa discordancia, en eso que aparece claramente como una duda, es en ese punto que encontramos esta sustitución; ocurre entre percepción y conciencia, este despojamiento que hace entrar al orden de lo inconsciente.
Es en este despojamiento que el objeto que viene a sustituir esa imagen desaparecida del campo de la percepción adquiere un valor simbólico y una valor de don. Es la imagen que fija el don de amor, es lo que anota que el objeto buscado será el que hay que reencontrar, el objeto perdido.
Para ubicar todas estas cuestiones, Freud hace en este texto un trayecto, da un ejemplo, -si bien Bernfeld hizo alusión a que este recuerdo o este desarrollo tenía que ver con una cuestión autobiográfica de Freud, lo cual tiene y no tiene importancia-; lo interesante es que Freud allí prefiere un modo de relatar que es a través del diálogo.
Freud está hablando de un paciente, un hombre de 38 años. Relata el diálogo con este analizante respecto de la preocupación acerca de los recuerdos de esta persona, alguien que parece ser, en la ficción que Freud arma; y esto es lo interesante, porque Freud le hace decir a la ficción del diálogo. Con esto yo entiendo que debemos tomarlo com una indicación de que es en ese preciso momento, en el diálogo cuando, se dicen las cosas, dónde podemos encontrar las claves para poder ubicar qué decimos cuando, por ejemplo, hablamos de símbolo, de recuerdos encubridores. El tiempo y el espacio que ocurre, sucede, cuando hablamos.
Haya o no acontecido, Freud arma allí un diálogo; este hombre de 38 años había leído los trabajos de Henry, estaba preocupado por sus recuerdos infantiles; dice que tiene recuerdos muy visuales antes de los 3 años, y que después de los 3 años los recuerdos ya no son visuales; que los de antes de los 3 años los recuerdos son hiperclaros respecto de las imágenes.
Quería adelantar aquí una cuestión que me parece importante, y que esto en lo que insisto en relevar y subrayar, que es la cuestión de la desaparición del campo de la percepción, es lo que hace la diferencia entre lo que sería el campo de la percepción y el campo escópico que implica la intervención de la pulsión.
¿Por qué?
Porque lo recordado es tendencioso, está afectado por las tendencias, por los intereses, por las pulsiones, por ese cuerpo pulsionado que no basta para que conozca con que se dirija a los objetos del campo de la percepción, que es precisamente cuando se ve privado de estos objetos que se desencadena este recuerdo tendencioso, ese recuerdo pulsionado, que remite a una experiencia del cuerpo.
Con respecto a lo que decía este supuesto analizante de Freud es que los recuerdos después de los 3 años eran lacunarios, imprecisos, afectados por la duda.
Hay en este ejemplo que Freud desarrolla, en este ensayo, una escena que el analizante propone a la discusión, al diálogo con Freud, y que dice de esta manera: “La escena me parece indiferente e incompresible su fijación, permítame usted que se la describa. Veo una pradera cuadrangular, algo pendiente, verde, muy densa. Entre la hierba resaltan muchas flores amarillas de la especie llamada vulgarmente diente de león. En lo alto de la pradera, una casa campestre, a la puerta de la cual conversan apaciblemente dos mujeres, una campesina con pañuelo en la cabeza, y una niñera. En la pradera juegan tres niños, yo mismo”. Es una de las características del recuerdo encubridor, que aparece el sujeto en la escena que recuerda. “Yo mismo representando 2 ó 3 años, un primo mío, un año mayor que yo, y su hermana, casi de mi misma edad. Cogemos las flores amarillas y tenemos un ramito cada uno, el más bonito es el de la niña, pero mi primo y yo nos arrojamos sobre ellas y se las arrebatamos. La chiquilla echa a correr, llorando, pradera arriba, y al llegar a la casita, la campesina le da para consolarla un gran pedazo de pan de centeno. Al advertirlo, mi primo y yo, tiramos las flores, corremos hacia la casa pidiendo también pan. La campesina nos lo da, cortando las rebanadas con un largo cuchillo. El resabor de esepan en mi recuerdo es verdaderamente delicioso y con ello termina la escena”. Este sujeto se pregunta qué es lo que justifica que él haya recordado esa escena aparentemente sin sentido, sin importancia, indiferente, esos elementos que aparecen en esa escena; y por qué tienen tanta acentuación, ese recuerdo, tanta claridad. Dice: “Tengo la impresión de que hay algo falso. El amarillo de las flores resalta demasiado del conjunto y el buen sabor del pan parece también exagerado, como en una alucinación”. Entonces, resalta flores amarillas, el yo mismo representado, de 2 ó 3 años, el sabor del pan, y las representaciones intermedias que son el haberle arrebatado a la niña las flores, la caída de las flores, el abandonar las flores para ir a buscar el pan.
Freud va esgrimiendo algunas interpretaciones, y el sujeto se pregunta ¿por qué la intensa acentuación?, ¿por qué este recuerdo tan hiperclaro? Si es por el mal comportamiento con la niña, por haber gustado del color amarillo, cuando ahora ya no le gusta; por el sabor del pan, mejor que nunca, indeleble. Freud dice que solamente encuentra este sujeto la solución a estas preguntas cuando Freud le pregunta: “¿A partir de cuándo tiene ese recuerdo?” Es ahí cuando el sujeto recuerda, o cree, o supone, que es desde los 17 años, cuando vuelve al lugar que tuvo que abandonar a los 3 años. Recuerda que en ese viaje, a los 17 años, dice: “Provocó su despertar”, se está refiriendo al recuerdo; pero por lo que dice después...
Fin Lado A
...Dice: “Yo sé de la plenitud de las emociones que ocurrían en ese momento”, pero refiere el sujeto, a aquello de lo que se vio privado por tener que emigrar de ese lugar, de ese campo cuando su padre pierde la posibilidad de sustentar a la familia. Habla de ese origen adinerado, de la crisis, de la pérdida, de la mudanza de ciudad, y de la añoranza por ese lugar (esos son sus enunciados).
Cuando Freud le dice que seguramente ese recuerdo está asociado, está causado por las fantasías a lo que estaba relacionado, el sujeto introduce otro recuerdo que es otro viaje que hace a los 20 años. Una de las cosas que ocurre en ese viaje es que está la hija de unos amigos de los padres de la cual él se enamora y la pierde; esta chica se va a la universidad. Y asocia el amarillo de las flores al vestido de esta mujer de la cual él se había enamorado. Asocia entonces la fantasía de haberse quedado con esa niña, de haber permanecido en esa ciudad, haberse casado con esa niña y no haber padecido las faltas económicas que padeció su familia en la ciudad.
En este segundo recuerdo al cual el sujeto se refiere, vuelve a incluir otro de los términos de ese que llamamos el recuerdo encubridor, de esa escena que él recordaba con hiperclaridad. Introduce un encuentro con los primos, la presencia de una prima, de la cual Freud le pregunta si tambien se enamoró. Él dice que no se enamoró, pero que su padre había pensado con su tío que seguramente podrían casarse,los primos, , y que sería conveniente que el sujeto abandonara sus estudios abstractos para dedicarse a algo más práctico para ganar dinero.
Freud ahí va estableciendo en estas representaciones que aparecen con hiperclaridad, el enlace simbólico que estas representaciones tienen con las fantasías reprimidas, con aquello de lo cual el sujeto se vio privado, con esa pérdida respecto de la cual estas fantasías permanecieron, pero sólo a condición de ser recordadas en este recuerdo encubridor.
Freud a estas imágenes hiperclaras, las va a llamar: “palabras puentes”.
Entonces, vamos a tener: flores amarillas que podrían ser el posible casamiento con esta chica, el buen pan podría ser la fantasía de tener una vida serena. Y ahí el sujeto introduce una tercer cuestión que nos da claramente la dimensión sexual que este símbolo implica. Este sujeto asocia el arrancar las flores, el tirar las flores con la desfloración.
Freud lo que dice entonces es que estas ‘palabras puentes’ operan como sustitutos que velan, que ocultan, que son cercanos, que son próximos, que revelan y ocultan a la vez estas fantasías. Freud va a decir que esas dos fantasías son proyectadas sobre esa imagen.
Ahora voy a volver al desarrollo que hacía al principio, porque es justamente algo que aparece ahora en el campo escópico, y remite, simboliza aquello que ha sido perdido, aquello de lo cual el sujeto se ha visto privado en el campo de la percepción. Sustituye simbólicamente porque está interesado, pulsionado, tendenciado, y por eso ha sido reprimido.
Entonces, el tiempo respecto de lo regresivo de aquello a lo cual la escena recordada va a encontrar su materia, es un tiempo anterior pero resignificado por aquello que implica la experiencia corporal que la excitación de los17 años le permite construir a este sujeto respecto de la incidencia de lo sexual en lo simbólico. Simboliza porque está afectado por una experiencia corporal.
Del mismo modo que podemos decir que Juanito le teme al caballo porque hay erección, es decir, es la experiencia corporal lo que enlaza al significante reprimido y encuentra un sustituto, un símbolo, un ídolo. Un ídolo velado, que se puede suponer a través de una cortina.
Estas ‘palabras puentes’ o representaciones intermedias que muestran y ocultan a la vez, constituyen un punto, va a decir Lacan en el Seminario IV, un punto donde la historia se detiene, se fija, pero a su vez puede continuar. Un momento en el que algo se interrumpe; en el que algo interviene, se fija la imagen, y esta imagen es el indicador, el signo del punto de represión.
Lacan en esta referencia, en el Seminario IV, que es precisamente donde va a desarrollar la función del velo, y que va a hacer una relación entre lo que es esta entrada del símbolo a partir de la operación de privación, la constitución del fetiche, y también lo hace equivaler con el recuerdo encubridor, Lacan hace ahí una precisión que me parece importante porque justamente nos lleva a ubicar ¿qué de la dimensión simbólica está en juego?, ¿qué de la dimensión imaginaria? y ¿qué de lo real?
Hace una distinción Lacan ahí de la articulación que está en juego en la privación como operación, que implica la sustitución, pero esta sustitución requiere de una imagen. Lo simbólico no es lo abstracto, lo simbólico opera porque hay fijación en una imagen, y es esta imagen hiperclara que va a aparecer en el recuerdo encubridor para simbolizar, signalizar el punto de represión.
Hay una diferencia entre lo que es la relación al objeto de amor, que es lo que permite la simbolización por la privación, es lo que constituye que ese objeto simbolizado sea un don de amor, sea un objeto simbólico, y la relación diversa que implica lo que es la Versagung, la frustración con el objeto. Es primera la operación de privación respecto del campo de la percepción para poder instaurar, en el campo escópico, el símbolo porque ahí es la madre la que se constituye en objeto simbólico. Es la madre que va a ser el agente de la frustración respecto de esta segunda operación de la cual el sujeto va a quejarse del daño imaginario.
En este sentido estamos hablando de dos niveles, es fundante esta operación de privación para poder entrar a la dimensión simbólica, no es sin la imagen, o sea no es sin la dimensión imaginaria porque es operando sobre la imagen que el sujeto se va a frustrar; que la promesa va a estar rota, incumplida, es respecto de esa imagen.
Anabel Salafia decía en clases anteriores, -esto hace al eje del desarrollo-, es respecto del complejo de castración que opera esta posibilidad de sustitución que hace a la función del falo.
Entonces, así como en el fetichismo y en el recuerdo encubridor, la imagen o el fetiche velan y señalan que allí hay un interés del sujeto; que el objeto es un objeto ilusorio, pero que se constituyó, que se formó, que se compuso, ahí, cercano, contiguo al punto de carencia.
Anabel Salafia decía que el fetiche se constituye en relación al pene que la madre no tiene, y hace falta introducir esta diferencia en la percepción de la diferencia sexual anatómica, es allí que opera la amenaza de castración que da a la constitución del fetiche.
Entonces la constitución del fetiche es condición de estructura porque es esa imagen que se compone y que va a velar y al mismo tiempo señalar la falta.
Me voy a detener acá.
