08 - Para entrar al discurso del psicoanális
Anabel Salafia
3 de Junio de 2005
En principio quería decir que seguramente los que reciben las noticias de la Escuela vía Internet esperaban que Norberto Ferreyra estuviera aquí hoy, pero está con faringitis y no pudo venir.
Voy a continuar hoy con el recorrido que se está trabajando a partir de la cuestión del fetichismo y la escisión del Yo, en lo que tiene que ver con el lenguaje, de la palabra instaurando la dimensión de la verdad. Ya estuvimos desarrollando estos artículos fundamentales de Freud; de allí fuímos al artículo sobre recuerdos encubridores, donde se estableció una relación entre el recuerdo, como recuerdo pantalla, es decir con una función equivalente a lo que es la función del fetiche, en el sentido de que efectivamente esta función de velo, de pantalla del recuerdo va a conducir en un análisis a lo mismo, exactamente va a conducir a reconocer esa función de velo.
¿Qué es lo que hay detrás de este velo?
En este mismo sentido es como si dijéramos ¿qué es lo que hay detrás del fetiche?
Pues bien, detrás de ese velo no hay absolutamente nada. Es esa función significante del velo o del fetiche que no indica que haya algo detrás de eso, o mejor dicho, que indica que pueda haber algo detrás, algo que en efecto no está o no hay. Lo cual lo hemos traducido como que esta falta, esto que no hay, esta falta que se puede descubrir a partir de que se supone que hay algo, o que algo debe haber, esto es algo muy frecuente respecto de la sospecha de enfermedades, o de cualquier tipo de cuestión que implique la posibilidad de una sospecha, se dice, algo debe haber aquí. Es decir, hay la posibilidad de que haya este algo. Algo debe haber allí donde no hay nada, es decir, es esta función de falta que se pone en juego a partir de suponer que hay algo. La clase de esta función del recuerdo como recuerdo encubridor, estuvo a cargo de Noemí Sirota.
Luego la siguiente clase estuvo a cargo de Marta Nardi, y fue acerca de la función del olvido. Se refería al ejemplo del olvido del nombre propio, del olvido de Freud de Signorelli.
Es decir, que ha venido estableciéndose una relación o una articulación a partir del fetichismo que nos llevó a la cuestión del recuerdo, y la cuestión del recuerdo llevó, con una cierta metonimia, a la cuestión del olvido, en definitiva, -hace un momento pensando y reflexionando sobre esto y por eso escribí esta palabra en el pizarrón-, es decir que no nos hemos movido demasiado respecto de la cuestión de la verdad.
En el pizarrón hemos escrito con nuestro alfabeto y con el alfabeto griego la palabra aletheia. Aletheia es la palabra para decir verdad, ‘verdad’ en griego.
Las letras del alfabeto nuestro corresponden dentro de lo posible a las letras del alfabeto griego; la letra A indica que es una privativa, porque constituye una palabra, formando parte de aletheia, la palabra alethe es olvido, de manera que la palabra verdad contiene la palabra olvido y con una letra privativa nos lleva al ‘no olvido’. Hay una conexión directa de la verdad con el olvido y de la verdad con una falta que funciona como una negación, como una privación, de donde la verdad estaría en relación con el ‘no olvido’.
Esta disquisición tienen un origen netamente heideggeriano. Es Heidegger quien pone en juego todo un desarrollo respecto de la verdad en su carácter de ‘no olvido’, en su carácter de descubrimiento, porque esto a su vez supone que la verdad sea algo que se descubre, o algo que se revela, incluso podríamos decir que está cubierto por algo y supone un descubrimiento que es el que se produce cuando leemos. Cuando leemos ponemos en juego esta función de descubrimiento; y esa función de descubrimiento está en relación a justamente esta relación de la palabra con la verdad.
En este sentido, ¿qué es lo que se descubre?
Puede descubrirse un sentido, pero está allí a la vista, no hay nada detrás de eso que se presenta a la vista que se descubra, salvo el descubrimiento que se produce cuando se lee. De manera tal que se puede reconocer una función de la represión bajo la forma de la censura. Es un funcionamiento de la represión, la censura.
Vamos a encontrar que se puede no leer algo, en lo que estamos leyendo, podemos leer otra cosa, podemos hacer lapsus de lectura cambiando el orden de las sílabas que forman una palabra, o el orden de las letras que forman esa palabra y formar en el acto instantáneo de leer otra palabra, que en general advertimos después que hemos hecho esta operación. Es así como funciona la censura y es en relación a este funcionamiento de la censura que funcionan las formaciones del inconsciente. Es decir, los lapsus, los fallidos y fundamentalmente lo mismo ocurre con la formación de los sueños. Sin esta función de la censura los sueños no se formarían tal como se forman, dados a una legibilidad que no es sólo el desciframiento de lo que hay de simbólico en el sueño, me refiero a los elementos que realmente funcionan como símbolos en el sueño. Por ejemplo, la aparición de determinados elementos, una cartera, un zapato, un paraguas, un impermeable, son los elementos que Freud consideraba como símbolos respecto del falo, estableciendo estos símbolos en función de algún tipo de analogía, por su función o por su forma, y a veces por ambas cosas a la vez. Además de este tipo de lectura hay la posibilidad y la necesidad con respecto a los sueños de producir otro tipo de lectura. De hecho, la primera lectura del sueño se produce cuando el sueño es relatado, es decir cuando ese trabajo del sueño es puesto en palabras. Una condición de la formación del sueño, es la censura, que es una función de la represión.
¿Por qué decimos que el olvido es una función?
¿Es qué hay alguna relación entre lo que es el olvido como función, y lo que es el recuerdo, por ejemplo, tal como se ve en el caso de los recuerdos encubridores?
La relación no es evidente, porque cuando se trata de recuerdos encubridores se trata de algo que se presenta como siendo del orden de la memoria.
Cuando se trata del olvido como una formación del inconsciente, ya que sabemos lo que son las formaciones del inconsciente; porque Freud en Psicopatología de la vida cotidiana, en La interpretación de los sueños, y en El chiste nos transmite una concepción del inconsciente completamente ligada a la función de la palabra. Fuera de la función de la palabra ninguno de estos fenómenos resulta interpretable, o sea que conocemos al inconsciente por sus formaciones, y sus formaciones tienen estas formas, las del fallido, o la del síntoma en un sentido general, el sueño, el lapsus. En ese sentido el fallido es un acto, pero como acto es legible de la misma manera que es legible un sueño, o que es legible un chiste.
Entonces en cualquiera de estos casos, hay algo equivalente al olvido como función que está en juego.
¿Cuál es la función del olvido?
La función del olvido es la de permitir el retorno de lo reprimido. Es por eso por lo que decimos que se trata de una función. Si no está el olvido, no está el recuerdo, entonces el recuerdo encubridor es en este sentido el opuesto de lo que Freud consideraba que era recordar, si lo vemos desde el punto de vista de ‘Recuerdo, repetición y elaboración’. Es exactamente el opuesto el recuerdo encubridor, es algo que se presenta precisamente como un recuerdo dado. Es en esto que está la función de pantalla. No es algo que se presenta como en el olvido del nombre de Signorelli, porque es el único ejemplo que Freud da de olvido del nombre propio donde nosotros podemos captar perfectamente lo que es la dimensión del sujeto como diferente de lo que es el lugar del Yo. Es el único ejemplo que tenemos en la Psicopatología de la vida cotidiana, donde el nombre olvidado tiene una partícula que mantiene una identidad perfecta con el propio nombre de Freud.
En este sentido ¿sería abusivo decir que Freud olvida su nombre?
En cierto sentido sí, y en cierto sentido no.
Sí sería abusivo, porque si decimos Freud olvida su nombre estamos hablando desde el punto de vista de la consciencia. Desde el punto de vista de la conciencia Freud no olvida su nombre. Entonces hay algo que ocurre en una dimensión que un olvido que ocurre en una dimensión que no es la de la conciencia, que es la que Freud llama inconsciente.
Lacan se refiere a esto muchísimas veces. Se refiere al inconsciente, y al inconsciente en el sentido freudiano. Cuando Lacan se refiere a esto en este Seminario I Los Escritos técnicos de Freud, que tenemos como referencia, nos da una definición del inconsciente.
Lacan dice: “El inconsciente es nuestra alienación a lo simbólico, es decir es nuestra alienación al lenguaje, es nuestra alienación a la palabra”. Es decir que en este sentido, eso es el inconsciente como dimensión de la palabra, Lacan dice que si esto es el inconsciente, esto constituye Otro, un Otro del sujeto, un Otro del que habla, y escribe esta palabra para dar la idea de esta dimensión con una A, Otro en francés empieza con A, y nosotros lo escribimos con O, hemos traducido esto y es lógico porque todavía se trata de una palabra, es decir no se trata de un algoritmo, no se trata de una escritura matemática, cuando decimos el Otro; como hay una diferencia entre lo escrito y lo hablado, y lo que podemos indicar con una mayúscula en el escrito, no lo podemos indicar como mayúscula en lo que hablamos. Una manera de decirlo es decir, el ‘Gran Otro’ o el ‘Otro grande’, es decir el Otro del sujeto, el Otro del que habla, el otro que es en el que habla su alienación al hecho del que habla, es decir su alienación a la palabra, su alienación al lenguaje. Entonces, Lacan decide usar y además es necesaria la diferencia entre mayúscula y minúscula, para hablar de esta dimensión que se crea por el hecho de que cuando hablamos nos escuchamos. Habría que decir, cuando hablamos nos oímos, lo cual es relativamente soportable por la mayor parte de las personas.
Hay quienes no lo pueden soportar, y hay efectos desagradables de este retorno que tenemos cuando hablamos de lo que decimos. A veces es molesto escucharse en el grabador, de molesto a insoportable. Conozco pocas personas que disfruten de escucharse, pero no es imposible de ninguna manera.
Hay en relación a eso un efecto de extrañamiento y un efecto de esa alienación que resulta desagradable.
Es una manera que nos muestra bien que el lenguaje es una dimensión, en el ejemplo de Freud del olvido, o en cualquier otro ejemplo de olvido, esto está en juego. Hay algo singular, particular, cuando se trata del olvido del nombre propio, porque el olvido del nombre propio está en una determinada relación con el Yo del sujeto. El ejemplo de Freud es un ejemplo privilegiado que da la regla para todo olvido de nombre propio.
¿qué es lo que produce el olvido?, Es una identidad la que produce el olvido de manera tal que el olvido del nombre propio de cualquier otra persona sólo es posible si el nombre propio de esa otra persona es en un punto, el punto no es siempre evidente, idéntico al mío propio.
Sabemos que para que esto pueda salir a la luz, que pueda descubrirse esta identidad que es la que produce el olvido, es necesario que haya, que surjan asociaciones. Freud comienza a asociar, a escribir sus asociaciones, y puede recomponer todas las partículas que han estado en juego, formar otros nombres que le aparecen como sustitutivos del nombre que él no puede recordar. Puede captar el sentido de lo que determinó ese olvido, es decir de lo que determinó que a él le faltara ese nombre, y que en cambio se le hiciera patente esa imagen del pintor, que tiene la misma función del recuerdo dentro de la función del olvido. Esta cautivación por la imagen es un obstáculo al recuerdo, pero también se ve que Freud no puede de ningún modo llegar por estas asociaciones a darse cuenta, a leer en su olvido el Sig de Sigmund en cuanto a que es común al Sig de Signorelli.
Freud no puede de ninguna manera hacer esto porque se necesita al otro, al otro presente en este caso algún otro presente, algún otro que escuche esto que a él se le va ocurriendo. Si hubiera este otro escuchando, y este otro no interfiriera dándole el nombre del que se trata, este descubrimiento sería posible. De hecho es Lacan repitiendo el ejemplo, que quiere contar el ejemplo del olvido del nombre de Signorelli, y azarosamente va a hablar del signo, y se da cuenta de esta coincidencia. Lacan en el Seminario Problemas cruciales del psicoanálisis, es en ese momento que va a hablar del signo, Lacan está hablando y efectivamente hay quien lo escucha, en el sentido de que está hablando para una audiencia, y se produce esta contingencia del hecho de que Lacan quiera hablar del signo, está hablando del olvido del nombre propio, y dice: “Sig, Sig...”, y es ahí donde aparece Sig, Sig por primera vez, nunca había aparecido antes.
Había aparecido todo el sentido, toda la relación relativa a sexualidad y muerte a partir del significante ‘Herr, señor’, pero en ningún momento esta identidad que da la dimensión inconsciente del olvido, inconsciente en el sentido de que concierne al sujeto en tanto que habla, en tanto que habla alienado a esta función de lo simbólico. Entendemos por simbólico lo que es la función de la palabra.
Es en relación a esto que se puede establecer el olvido como una función que es la condición de posibilidad del retorno de lo reprimido.
¿En qué momento algo es reprimido?
Freud se preocupa de situar el momento en que algo se produce como represión. Freud tiene que hacer una construcción, cualquier formación del inconsciente supone un retorno de lo reprimido, pues bien lo reprimido debe retornar en relación a algo anterior, o sea que Freud tiene que suponer una represión originaria, una represión primaria, una represión que funcione como núcleo de atracción a lo que va a reprimirse cada vez que se habla. En el mismo sentido que el olvido es una función, esta función es correlativamente a la represión. Si yo no hablo no puedo olvidar, si no hablo tampoco la represión funciona, es decir, tampoco funciona como retorno de lo reprimido. Si no hablo, no hay la posibilidad de que haga un lapsus, no hay la posibilidad de que me olvide una palabra que quiero decir, no hay posibilidad de que diga otra cosa de lo que pretendo decir. Si no hablo no hay retorno de lo reprimido, lo cual quiere decir que la represión se produce en la medida en que hablo. De hecho, para hablar tengo que reprimir porque hay algo que digo, y cuando digo algo, dejo de decir otra cosa. Cada vez que digo algo podría decir otra cosa que lo que estoy diciendo, pero lo que digo hace que tenga que reprimir otra cosa para continuar hablando.
La represión es intrínseca a esta dimensión que es la del inconsciente.
Freud se preocupa en establecer bajo qué condiciones la represión se produce, bajo qué condiciones la represión es posible.
A propósito del núcleo de lo reprimido, Lacan hace una referencia a un caso, que es el Caso del Hombre de los lobos, para dar precisiones con respecto a la forma en que la represión se produce.
El Caso del Hombre de los lobos ya lo hemos mencionado cuando vimos La escisión del Yo en el proceso de defensa.
El ejemplo que Freud no explicita allí, pero que toma del paciente que tiene esa especial susceptibilidad que le toquen los dedos de los pies, y que al mismo tiempo pasa por un período de temor a ser comido por el padre. El ejemplo pasó a la historia del psicoanálisis con la denominación de El Hombre de los lobos.
Hay otro hombre que es El hombre de las ratas.
En alguna clase habría que hablar de estos ‘hombres’. No me refiero al caso, sino a por qué estos casos recibieron estos nombres que vinculan al hombre con el animal.
Me parece que resultaría bastante interesante hacer un trabajo de ese orden.
Retomando con el caso de este hombre, que es especialmente apto para tratar la cuestión del trauma. Freud hace mención también de esta cuestión del trauma cuando habla del fetichismo. El trauma hablando del fetichismo o de la escisión del Yo en el proceso de defensa se pone directamente en relación con la castración en el Otro. Es lo que estaría en el fundamento lógico de toda cuestión traumática.
Freud escribe el historial, es una construcción el historial del ‘hombre de los lobos’. ,en un momento bastante anterior al artículo sobre el Fetichismo. Hay observaciones que remiten tanto a la fobia, como al fetiche, en el caso del hombre de los lobos.
Freud está tratando de darle al psicoanálisis un estatuto científico, de poder apoyar la existencia del inconsciente en algo que efectivamente se pueda construir como una verdad en el orden científico.
En el Caso del Hombre de los lobos, Freud está ante el hecho de que hay un sueño, que podríamos considerar un sueño traumático o una pesadilla muy singular, y que da las características de lo que es en realidad un fantasma. Es esta pesadilla en la que el sujeto, ‘el niño’ una noche de Navidad, tiene un sueño en donde ve enmarcado en su ventana, un árbol, y en las ramas del árbol un número de lobos, que se discute si es cinco o siete lobos, que lo miran fijamente, eso es todo.
Recordarán también que cuando hablamos del fetichismo, en algún momento decía, que hay que considerar que lo que llamamos el sujeto puede reducirse a una mirada. A la función de la mirada que en lo que respecta al fetichismo, es esto que está ocurriendo, que lo que llamamos el sujeto, se reduce a una función de la mirada, algo que podríamos llamar un punto de vista. Desde ese punto de vista, o en una determinada perspectiva, la madre tiene pene. En otra perspectiva lo que antes estaba ahí ya no está. Si lo consideramos desde este punto de vista, el sujeto en cuestión está reducido a esta función de la mirada, y es esto lo que aparece en este marco de la ventana. Para el niño en cuestión no es el sujeto, sino ‘tal’, un nombre propio, el sujeto es ruso, tiene un nombre X. Sabemos que es ruso, y no sabemos muchísimas cosas más que sería interesante saber. A lo mejor tendrá que tener alguna importancia, que su nombre es en ruso, él se está tratando con Freud en alemán, etc., en ese sentido hay muchas cosas en juego.
En todo caso lo que nos interesa es lo que sucede con este sueño, es que con toda nitidez él es mirado, mirado desde los lobos, la mirada de los lobos confluye sobre él. Él es el objeto, es decir sobre él en el sentido del niño; y el sueño mismo, toda la composición del sueño, es precisamente el sujeto. Es el sueño que lo despierta, y es el punto en que surge la angustia.
Es a partir de esto que Freud construye la escena del coito de los padres que él habría observado, lo de observado es relativo a esta función de la mirada, a la edad de un año o cosa por el estilo. Lacan dice que le parece que esto se corresponde con los seis meses de edad. No aclara, dice que en algún momento va a aclarar por qué propone esta edad y no lo hace después.
Sin duda es que esto sucede en un momento en que el niño está aún fuera de todo sistema de verbalización posible. Es decir, que esto no entra dentro de ningún orden simbólico relativo a la palabra, por lo tanto la escena correspondiente al coito de los padres que él observa, es algo de lo cual él no puede hablar y la represión va a producirse esa noche en que se produce este sueño. Es allí que Freud va a ubicar la represión. Es decir la noche que surge la angustia en correspondencia con este sueño. Es a partir de este sueño que Freud va a hacer esa construcción. En el análisis hay una referencia a esto, que lo va a conducir a decir, esto efectivamente sucedió, se puede asegurar que esto efectivamente sucedió. Con lo cual se puede afirmar científicamente, que está esta escena en la fundamentación de lo que van a ser los síntomas de este sujeto.
Freud sitúa la represión a la edad de tres o cuatro años en coincidencia con esta noche de Navidad y la espera de los regalos de Navidad.
Freud va a establecer una relación entre la espera de los regalos y el hecho de que el coito que él habría observado de los padres es un ‘coito a tergo’, donde el padre está atrás.
Es decir que partir de que la represión interviene, intervienen un par de cuestiones bastante importantes en relación a esto, que Freud hace mención, hay una seducción donde él podría ser un sujeto pasivo por parte de la niñera, pero hay otra seducción por parte de la hermana mayor que, como dice Lacan es más viril que él. Es frecuente la seducción por la hermana mayor y es frecuente obviamente si hay una seducción de un niño menor por una hermana mayor, es porque la hermana es más viril. Pero no necesariamente porque sea mayor es más viril, puede serlo también si es menor.
En cualquiera de los dos casos cuando esto ocurre no podemos dudar en decir que el niño resulta pasivizado, y hay que decir que esto suele tener un lugar absolutamente fundamental, cuando sucede en la vida de un sujeto.
En todos los ejemplos que conozco, en cada uno es diferente, pero siempre este tipo de seducción por una hermana deja un tipo particular de trauma, y tiene un estatuto propio. No es equivalente a la seducción por el padre, o la seducción por sustitutos del padre cuando se trata de la niña, no es realmente equivalente. También en algún momento podemos hablar de eso.
No es equivalente ¿por qué? Aquí Lacan no dice nada acerca de eso.
No es equivalente porque los hermanos están, en lo que respecta al imaginario de cada uno, en el mismo nivel, entonces ya marca una diferencia respecto de la seducción por un adulto. En ese sentido no quiere decir que es mejor o peor. Quiere decir, que los hermanos ocupan un lugar en lo que es el imaginario del sujeto, que no es el mismo lugar que ocupa el padre o la madre.
En relación a lo que es la formación de la imagen del Yo, y su correlación con la imagen del semejante, hay un espejo propio de la relación con el hermano-hermana que en la constitución del imaginario del sujeto, esto que decía respecto de la seducción por la hermana, tiene consecuencias diferentes que la seducción en el caso de un adulto respecto de un niño o de una niña.
Está la ocurrencia de este hecho que va a ligarse, con una posición pasiva del niño respecto de la hermana, luego pasa a ser esta posición pasiva respecto del padre, el temor a ser comido por él. Lacan subraya aquí
que esto es relacionable con un mito, entra dentro de lo que es algo que tiene un carácter universal para el sujeto que es el mito de Cronos. El hecho de que se integre a un mito, permite al sujeto un grado de elaboración de lo que es traumático por el hecho de integrarse a algo que tiene un carácter universal.,desempeña la misma función de lo que puede ser la religión, incluso se menciona un período, el sujeto empieza a armar su pensamiento, y se incluye a través de un mito, o de la historia, o de la religión, o del conjunto de todas estas cosas, en una universalidad. Hay una universalidad que lo incluye en este sentido.
Sin embargo hay algo en relación con el trauma que permanece inasimilable. En relación a lo inasimilable, Lacan sitúa la función del superyó a partir de algo que funciona como ley y dentro de lo que es la ley aparece como inadmisible o incomprensible. Una vez que algo entra en este orden universal está en relación con una determinada ley y pone al sujeto en relación con una determinada ley y lo habilita de esta manera para moverse hasta donde puede. Este inasimilable hará sus inhibiciones, -por eso dije moverse hasta donde puede-, y hace su síntoma. Hay una parte de lo que tiene que ver con la ley que resulta inasimilable o que resulta incomprensible.
Lacan da el ejemplo de un paciente que tiene en ese momento, que presenta una serie de síntomas que le han sido interpretados por otro analista en relación con la masturbación, con la culpabilidad por la masturbación, etc., etc., cuestiones que ponen en juego algo que sucede con la mano y por eso han sido interpretados de esta manera.
Se podría considerar que aparece como muy clásico, pero parece ser, por lo que Lacan transmite que su paciente tiene un recuerdo de haber pasado una situación pública muy traumática en un momento en que su padre es acusado de ser un ladrón, de robar. En ese sentido fundamentalmente está en juego que el paciente es musulmán. Lacan subraya muy bien algo muy importante, que la ley jurídica ahí coincide con lo que es algo del orden religioso. Es evidente que esto es algo que en el orden de otras culturas están separados. Es algo que hace al fundamentalismo la coincidencia de lo que es jurídico y lo que es religioso, la ley es la misma, esto es para que después podamos hablar de que es lo que vamos a considerar de la ley en relación con el deseo. Si la ley es la misma en el orden jurídico y en el orden religioso, hay un margen en esta diferencia que hace a una parte de la ley inasimilable.
Ahora bien, la ley coránica enuncia esto que por otra parte se dejó de cumplir concretamente, no sabemos si se dejó de cumplir literalmente, y hay cosas que se cumplen a la letra que solamente cuando se las leen se descubren, de manera que esa ley se puede estar cumpliendo aunque no se le corte la mano a alguien que haya robado. Hay una parte de la ley inasimilable, inadmisible, Lacan no lo dice pero es lo fundamental, nos ha enseñado él a pensar así., concierne a su nombre propio, porque se trata de que ha habido un escándalo público, se aclara, es decir donde el padre es acusado de ladrón, donde el nombre del padre ha sido puesto en cuestión de manera que lo que hay de inasimilable es que este sujeto no puede circular por el mundo sin producir una cantidad de síntomas, síntomas que son el resultado, -(por lo que se entiende ahí, Lacan no lo dice directamente)- de órdenes, de respuestas, son síntomas que se sugieren, pueden ser perversos, más o menos perversos, etc., que obedecen, y la palabra aquí es esta, a los dictados del superyó. Entonces, el superyó es esa instancia ciega, constituida justamente por lo que es inasimilable de esa ley.
En ese sentido es una correspondencia, que es relativa a una relación que siempre va a establecerse a través del olvido, o a través de cualquier otro síntoma, respecto de lo que es el nombre propio.
Se podría decir que es respecto de lo que es el nombre del padre, pero respecto de lo que es el nombre, en tanto es en relación a ese nombre que se juega esa relación con la ley. Hay una relación que se juega entre el nombre del padre y la ley.
Lacan propone un ejemplo, es como excesivamente claro en este sentido, y parece abusivo decir que existe siempre, y decir que un sujeto se mueve más acá o más allá, en el sentido que antes me refería, el síntoma o la inhibición, en relación al lugar del nombre del padre respecto de un algo que funciona como una ley, o algo que funciona como una falta que tiene estatuto de ley.
Hay siempre en la ley una parte absolutamente inadmisible, absolutamente incomprensible, absolutamente inasimilable, o imposible de integrar simbólicamente, y donde ésto es imposible de integrar simbólicamente hay algo que viene a resolver esta integración simbólica, hay algo que es una posibilidad de integración simbólica, que es lo que llamamos síntoma.
Bueno, me voy a detener acá hoy, hay unos minutos para unas preguntas, según las dudas que puedan haber quedado o no, o comentarios, o lo que fuese.