09 - Para entrar al discurso del psicoanális
Norberto Ferreyra
10 de Junio de 2005
Voy a continuar con el Curso Para entrar al discurso del psicoanálisis, a partir de lo que se desarrolló en la clase anterior, y fundamentalmente tomando dos referencias: cómo funciona la función del olvido, y la cuestión de la ley, en el análisis.
Las referencias son todo lo que uno puede llegar a saber, la experiencia, el texto de Freud Construcciones en el análisis, y de Lacan el Seminario I Los escritos técnicos de Freud, en el capítulo XVI del 19 de Mayo del ´54.
Me parece que la cuestión fundamental es la preocupación de Lacan en este Seminario en particular, que es del año `54, de destacar en la práctica analítica la función que tiene la palabra. Es decir, no es que se haya desconocido después de Freud la función de la palabra, pero no tiene el lugar que tiene para Lacan la función de la palabra en lo que ha sido el postfreudismo. No porque no la usaran, sino que depende si la función de la palabra hace al lazo social que se constituye en el análisis o no, es decir si se hace discurso cuando se hace el análisis.
Lacan en toda su obra destacó también, la función de la palabra como tercer elemento, la función de la palabra en tanto constituyente de un nuevo lazo social que es el análisis. Es en ese sentido que el curso se llama como se llama.
Es un punto muy importante, situándonos en la obra de Lacan que es del año ´54, hace ya 51 años y no por antiguo el texto pierde su importancia.
Voy a tomar para destacar algunos puntos respecto de la función del olvido y cómo esta función del olvido estaba fundada, no porque tenga una esencia, sino por cómo funcionaba este olvido cuando se trataba del fetichismo. ‘el estar y no estar’ del pene en la madre, está en cierta relación al olvido, es decir a una cierta negación respecto de lo que existe; uno de los mecanismos es la represión, en la neurosis en general; otro la denegación como en la perversión, y otro la forclusión en la psicosis. Es decir que forma parte de la denegación y que por eso también tiene su relación a lo que puede ser sustituido, porque después de todo en el fetichismo aparecía algo donde no había nada, lo cual nos dice también de que ha habido una sustitución.
Con respecto de qué la palabra por el sujeto es sentida, esos son términos de Lacan, que nunca habló de los afectos, es sentida en el análisis por la conjunción con la palabra. La función de la palabra para Lacan, que es el valor que tiene en la obra de Lacan por más que tiene otro lugar la función de la palabra en los últimos seminarios que en los primeros, la función siempre es la misma. La orientación de Lacan es que para el análisis la función de la palabra, como para cualquier otro lazo social, pero esto es lo que descubre y evidencia Lacan, es que en el análisis la función de la palabra es sostén del lazo social que se realiza.
Por un lado está la cuestión técnica de la palabra que es en el análisis necesaria e imprescindible, y otra cuestión es la función de sostener y crear el lazo social que es el análisis mismo, porque el psicoanálisis se sostiene de eso y no de ningún otro lazo social.
En cuanto a la cuestión de la palabra son importantes dos cuestiones, que no es lo mismo la palabra en boca del analista que en boca del analizante, pero en ambas la función está determinada porque tiene la misma función: sostener ese lazo social.
Después voy a leer el ejemplo de Freud donde se muestra esto.
Teniendo en cuenta que al psicoanálisis no le interesa por qué se comenzó a hablar, el origen del lenguaje, lo que sí le interesa es cómo es que hablamos, a partir de cuándo, pero no como origen, sino cuáles son las condiciones para poder hablar, aparte de las transmutaciones genéticas de las especies vivientes que fueron necesarias para esto. O sea, las transmutaciones biológicas, genéticas concretamente, aparte de esto, qué otras condiciones una vez que existe la posibilidad de la función de la palabra y del lenguaje.
Hay una función fundamental, que es algo que tiene un tinte heideggeriano, que es conservar. Conservar quiere decir acá recordar, es decir no olvidar algo que es una función fundamental para que la palabra funcione en el sentido que estamos hablando que es “no olvidar el olvido”.
Esta es una frase de un lingüista interesado en las cuestiones del psicoanálisis que se llama Jean Claude Milner, que copió literalmente sin decir de donde venía. No olvidar el olvido es una frase que dice Lacan en este Seminario hace 51 años.
Este no olvidar el olvido, no es de Lacan sino de Heidegger. Lo que es claramente dicho es que hay una función necesaria para que la palabra funcione, en el sentido que digo, no quiere decir que comunique, es que pueda ser olvidada. Es decir que estamos en un mundo de palabras que nos recibe, un discurso, donde para poder hablar hay algo que necesita ser olvidado. Esto lleva a problemas con la conciencia y demás, que no se tratan en este momento. Se trata de que para hablar hay un olvido constitutivo, un olvido fundamental que es nombrado por Heidegger, pero esto no quiere decir que no haya sido escrito o descubierto por Freud a través de la diferencia que él hace entre lo que es la represión primaria y la represión secundaria, o más claramente a esta altura de la enseñanza de Lacan es introducido como prägung y lo que es reprimido.
En esta masa discreta, diferenciada, esta diferencia es una operación del lenguaje en lo que se escucha, pero también es una diferencia que el sujeto puede hacer o no, es decir cortar las palabras. Alguien puede leer la ventana cerrada, creer que es una sola palabra, si tiene un año y pico; pero a los dos años a lo mejor dice la ventana cerrada; Por ejemplo un amigo de mis hijos decía el nombre, después decía el segundo nombre y el apellido todo junto como si fuera todo el apellido. Estos son detalles de cómo discriminar, cortar, funciones de corte, en lo que se escucha, que permite antes o luego con la escritura. En ese sentido para que esto ocurra algo tiene que ser olvidado.
La prägung dice Freud son aquellas que existen como representación pero que no alcanzan a ser representaciones porque no han tenido los efectos de la represión secundaria.
La represión primaria es el abismo que hay entre nosotros, como especie hablante, y las cosas. La no coincidencia de la palabra que nombra y la cosa, esto es la represión primaria.
Aquello que queda de la represión primaria y puede ser verbalizado, es decir orientado por la lógica del lenguaje, significante o fálica, es algo que sufre la represión secundaria. Es algo que para acceder a la conciencia es necesario levantar, sacar, como dice Freud, la represión que cae sobre esas determinadas representaciones por distintos motivos, por ser cuestiones prohibidas, malos pensamientos, etc. en el sentido más sencillo.
Hay otro tipo de representaciones que no pueden llegar a ser verbalizadas pero que sin embargo existen en tanto hubo una represión primaria.
El olvido fundamental está referido a esta existencia de esta represión primaria y esta división entre aquello que va a ser posible de levantar la represión, es decir que va a ser el retorno de lo reprimido.
Lacan le pregunta a Hyppolite que es un filósofo francés, ¿ustedes entienden esto que dice Freud que la represión coincide con el retorno de lo reprimido? Si se entiende ésto, se entiende casi un tercio del psicoanálisis.
En ese sentido el psicoanálisis sólo puede actuar en relación a la función de la palabra con aquello que retorna de lo reprimido. Pero aquello que retorna de lo reprimido, es lo reprimido mismo, está hecho de la misma cosa, de la misma estofa, lo reprimido y lo que retorna de lo reprimido. Es como una variante de lo mismo con lo cual se crea una diferencia en esa identidad.
Otra cosa son las prägung donde las prägung quedan ahí sin poder ser verbalizadas.
Estas, las que Freud conoce más claramente, Lacan también conoce, y cualquiera de nosotros como psicoanalistas tiene que reconocer, no son de posible acceso a la conciencia, o hacerlas concientes en relación al inconsciente porque es imposible de ser verbalizada. En ese sentido no quiere decir que no haya modo de que esto se haga presente.
Sin embargo, es importante tener en cuenta que respecto de esto, que la interpretación, que es otro de los modos de funcionamiento de la palabra, a parte del working through que es la asociación libre, que es lo que se le propone al que va a consultar, que asocie libremente y diga lo que se le ocurra, lo cual todo parece muy libre pero es un infierno porque está todo determinado sin que uno lo sepa; es de eso de lo que se va a ir enterando.
La interpretación y algo que se llama la construcción son modos de presentación de la función de la palabra por parte del analista, es decir que forman parte de lo que hace el analista al escuchar, son netamente diferentes. Es importante tomar esto en el sentido estrictamente freudiano porque destaca cuestiones muy interesantes respecto de la técnica de la palabra puesta en relación a esta función de la palabra.
En la clase de hoy voy a desarrollar ‘traumatismo y castración’.
Hay un caso de Freud que es El hombre de los lobos que es el Historial de una neurosis infantil, que es objeto de estudio de Lacan en otros seminarios, aparte también de estar en este Seminario I.
Es el momento en que Freud está preocupado, interesado desde el punto de vista de la teoría, en ubicar por qué pasa lo que pasa. Es decir si esta orientación sexual, que ya se había hecho evidente, son los primeros años de la obra de Freud 1905 aproximadamente., si bien esta orientación sexual que podía tener todo acto sintomático o todo olvido estaba probada., si podía tratarse simplemente que el hecho correspondía a un trauma efectivamente sucedido en la empiria de las cuestiones de violaciones y demás; si aún podía ser una fantasía. ¿Por qué ésto era efectivo?, este es el problema de Freud.
En ese sentido Freud piensa que hay algo que hace respecto de lo que es traumático que tendría que ver con lo que ocurre.
Acá no hay que desviarse, porque si bien el trauma parece como desencadenante o punto de apoyo para la constitución del sujeto, o de cierto sufrimiento particular, no es que el trauma sea causa de nada. No hay relación entre el trauma y la causa.
En esos momentos del desarrollo freudiano sí se puede decir que Freud está buscando el trauma como apoyo para encontrar una causa, aunque a veces le coincide el trauma y la causa, lo cual lo desvía.
¿Qué es traumático?
En el caso del Hombre de los lobos, a una edad muy temprana, a los seis meses; (hay una discusión si realmente fue a los seis meses, o al año, o al año y medio), ha visto una relación sexual de los padres a tergo, es decir desde atrás. A los seis años, este Hombre de los lobos, tiene una pesadilla , sueña que ve siete lobos en una rama y esto da el comienzo a la investigación en el análisis que hace Freud acerca de ¿dónde está lo traumático? Respecto de esto que le pasa que es una neurosis obsesiva, casi ligada posteriormente a la paranoia.
Después con Rumas Rugmy, otra psicoanalista de la época freudiana, desarrolla el caso en referencia casi a una paranoia.
Me parece importante que en este momento Freud guiado por èsto va a tratar de situar desde cuando está lo traumático, que oscila entre seis meses y un año y medio. Hay singularidades que pueden tener otra suerte, no hablan o no se habla, sí están bajo la función de la palabra pero no están bajo las leyes del lenguaje, no construyen bien las frases, se nombran: tengo tres hermanos, yo, Pablo y Pedro. Están en la palabra pero no están bajo las leyes del lenguaje.
En este punto es esto lo que aparece como escena traumática, pero he aquí que no es una escena traumática en el sentido de algo recordado por el paciente, no es algo que él ha dicho, ha reconstruido. Es algo que Freud ha ‘forzado’, porque una cosa es hablar por el otro, o contar uno mismo, y otra cosa es forzar a alguien para que llegue a una construcción que va a hacer el analista. Freud lo ha llevado a construir la posibilidad de este recuerdo, construyó la posibilidad de que existiera este recuerdo. Pero apenas se construye esta posibilidad, esto pasa a existir.
Entonces, en Recuerdo, repetición y elaboración, y otras formaciones del inconsciente, que eso exista no depende sólo que se hable, sino que tenga una existencia que sea sancionada donde coincida que existe por decirlo. Es decir, no es que existió tal cosa y entonces por eso yo la digo, sino que mi decirlo es de un modo que hace que eso exista; y esto no es un invento porque lo único que tenemos es lo que podemos decir. Nadie va a rememorar, en el sentido de acordarse excepto cuestiones que son preconscientes, va a recordar aquello que fue olvidado. Esta es la función pasaje de lo inconsciente a la consciente, pero hay cuestiones que quedan fuera de este pasaje y sin embargo se presentan, se afirman para ayudar la existencia de algo que sólo existe por ser dicho; y es este decir lo que las hace existir. Pero es por estos decires que nosotros existimos, no por otra cosa, porque los recuerdos son siempre tomados según las leyes de lo que uno ha visto y oído. Por ejemplo, oigo esto o veo esto, y se construye este recuerdo por las ruinas. Freud después en Construcciones en psicoanálisis plantea todo un paralelismo entre el arqueólogo y el analista, cómo va reconstruyendo de lo que sólo hay ruinas, pero ruinas no tanto por la imagen de viejo, sino ruinas como aquello que apunta que algo ha existido. Este algo que ha existido siempre es algo visto y oído, no ha existido otra cosa. Y para decir algo visto y oído tenemos que decirlo, entonces es claro que todo lo que decimos existe cuando lo decimos; no existe antes, no está guardado en el bolsillo del caballero ni en la cartera de la señora, no está guardado; existe porque uno avanza en lo que dice. Avanza no quiere decir un progreso sino en el sentido que cada vez va diciendo más, más no es una medida sino más en función de la palabra.
Lacan acá, siguiendo a Freud paso a paso, dice que este recuerdo del coito a tergo de los padres que es traumático porque produce una efracción, una división imaginaria en el yo del sujeto, es decir que sufre esto, una pérdida, una efracción imaginaria; esto no se realiza en el momento en que esto es vivido, (sino estaríamos contradiciendo lo que estamos diciendo); sino que se realiza siempre a posteriori. Es decir, es algo que después, cuando se está efectivamente bajo las leyes del lenguaje, significa a apres coup, a posteriori, un Nachträglichkeít, eso que no tuvo ningún significado porque no es posible de recordar. Se reconstruye, entonces, un recuerdo por aquellos que sí han sufrido la represión, es decir por ese retorno de lo reprimido.
En ese sentido esta escena primaria fue reprimida, pero reprimida en el sentido casi de las prägung, es decir que es algo que quedó sin verbalización. La prueba está que es construida por Freud.
Es muy importante esta cuestión para entender que el análisis siempre es en la actualidad.
Con respecto a la edad, en la clase anterior se dijo de entre los tres y seis años, que es cuando se sitúa el efecto de aquello que sucedió a los seis meses; habría que decir que es cuando se sitúa aquello que fue dicho que ocurrió a los seis meses, cuando esto tiene efecto que es entre los tres años y seis años que es cuando el sujeto entra en aquello que es una ley universalizante, que es la relación al lenguaje, y a la castración.
En ese sentido se dice que es la castración porque en la castración no hay otra cosa que aquello que decimos y hablamos, no hay otra cosa. Llegar a estar en posición de poder creer esto, no por algún convencimiento o alguna sugestión importante, sino porque uno se da cuenta que está hecho de eso, de eso que es lo único que existe en cuanto a aquello que nos hace seres hablantes, este discurso, estas palabras, es ahí cuando el sujeto entra en esto, que aquel trauma, en este caso construido por Freud, toma su significación.
Me parece importante tener en cuenta que cuando decimos que no hay que olvidar el olvido, no hay olvido del olvido, una cosa es una recomendación moral ‘no hay que olvidarlo’, y otra cosa es comprobar la existencia de esta lógica donde no hay olvido del olvido, como una condición necesaria para que alguien hable en el campo del lenguaje por la función de la palabra, es una condición no una recomendación moral, no hay que olvidar el olvido.
Estamos trabajando el trauma y la castración. Más allá de las particularidades que se presentan, el caso del Hombre de los lobos es importante, porque hay algo que a él le sucede en el análisis. En un momento él tiene lo que se llama una alucinación; -alucinación es ver algo que no existe y sostener que existe. – ilusión es poder ver algo que no existe para poder corregirlo- En el caso del Hombre de los lobos lo que él ve que existe y no existe es su dedo cortado. Aparte de los significantes o cuestiones que hacen a la anécdota, que son de por más significativos, es importante cómo Freud va a situar esto que es la alucinación, ¿a qué responde?
Freud dice y lo da a entender en el texto Construcciones en psicoanálisis, corresponde a aquello que no ha sido verbalizado.
Por ejemplo, las prägung, aquello que no ha accedido a lo simbólico, que no ha sido moldeado por el símbolo, en relación al símbolo que necesitamos para poder hablar, y que sin embargo ha existido sin llegar a ser verbalizado porque hay que tener en cuenta que esto lo decimos porque hablamos, y que eso no es que no ha sido una palabra, sino que es algo que no ha llegado a ser verbalizado, pero no por represión como es la neurosis, donde hay algo que se opone por el sentido anudado a cada letra de lo que está reprimido, sino por otra cosa. En ese sentido Freud dice es un inconsciente no reprimido. No reprimido pero sí con la represión primaria o fundamental que hace al olvido, porque el olvido va a cubrir la hiancia que hay entre nosotros y la Cosa, es decir entre nosotros y lo que fuera; es decir, que nombramos algo y esto no tiene nada que ver a la referencia que tiene.
Este es el abismo que nos trae el hecho de hablar, pero para que podamos hablar es necesario este olvido del olvido, no olvidar eso. Si hay algo que no puede ser simbolizado, no hay tampoco olvido. Es importante eso para que no se trate solamente de una labor con la representación.
Freud comienza este texto, Construcciones en psicoanálisis, diciendo cosas que parecen simples, por ejemplo dice de lo que se trata cuando el paciente recuerda algo, no que el analista recuerde algo; es una tontería pero es verdad y es difícil a veces darle la amplitud que tiene esto.
Ahora, ¿cuál es la tarea del analista para Freud?
Hacer surgir lo que se ha olvidado; lo que se ha olvidado como efecto de esto de la represión en cuanto esta represión coincide con el retorno de lo reprimido, es decir aquello que no es prägung.
¿Cómo hacer para que esto pueda ser dicho?
Cómo es para aquel al cual yo le he dicho que para curarse de tal cosa, o por lo que él dice, tiene que decirme todo lo que se le ocurre, cómo hacer para que ese llegue a decir de un modo que pueda recordar aquello que ha olvidado, es decir que no sabe lo que va a recordar.
Alguno puede pensar que si yo reprimo dejo de decir algo, eso es otra cosa, es la censura. Si yo estoy hablando, por ejemplo con Diana Aberbuj, y tengo algo que no se lo quiero decir a ella y sin embargo se me hace presente, no lo digo, ella no se entera, yo sí me entero que hice eso; eso sí es censura porque yo tacho algo que ya está escrito.
La emergencia de lo reprimido, el retorno de lo reprimido es algo que se construye en su escritura, yo no lo tengo ya escrito.
La censura tiene la particularidad de ser una situación que convoca a los dos, con el tercero que es la palabra, convoca a los dos del lazo social porque es algo que yo le dejo de decir al otro.
En vez en la represión, yo no sé lo que dejo de decir cuando digo lo que digo, no es que no digo, en lo que digo estoy diciendo algo que no sé, entonces no es algo que está dirigido al otro.
Sabemos que ese otro semejante cumple una función en esta situación de la represión, pero ese es otro tramo de la cuestión, es decir, no es que es interna o es psíquica, el lazo social se constituye con lo que decimos y ninguno de nosotros sabe que dejamos de decir cuando decimos, ni a veces lo que decimos cuando hablamos. Debemos considerar la distancia que hay con aquello que sabemos que sí dejamos de decir. cuando yo dejé de decirle tal cosa, entonces eso no es represión. Por ejemplo cuando alguien dice, empecé a contar y después me acordé de contarle tal chisme pero lo reprimí, no lo reprimí nada, eso no es represión.
Es muy importante tener en cuenta que la actitud de la represión no es algo consciente, no se sabe lo que es y ocurre sin que uno lo sepa.
Freud dice que el analista tiene básicamente dos instrumentos para operar respecto de hacer consciente lo inconsciente, que es la máxima freudiana que se puede citar para ejemplificar en este punto, y que hay dos maneras: una es la interpretación y otra la construcción.
La interpretación se dirige sobre todo a fragmentos de discurso, de palabras, o de lapsus que pueden tener sus derivados.
La construcción es aquello que se puede apoyar en todo lo que fue descubierto por efecto de las interpretaciones, es decir que el otro dice algo porque hay una interpretación; es posible que al comenzar un análisis, la sola presencia del analista funcione como interpretación. A veces el silencio también, cuando el silencio dice algo y no tiene el valor de muerte de la mudez, un silencio puede decir y no trae la muerte como una presentificación que trae la mudez.
El analista provoca y convoca, y no de una manera consciente y sugestiva, aquello que dice el analizante. También, a la vez, lo que dice el paciente va a ser hacer al analista determinadas cuestiones; está determinado el analista también por lo que el analizante dice.
Para Freud se trata siempre en el análisis de lo que falta por descubrirse.
Acá habría que hacer un paréntesis, porque descubrirse puede querer decir tanto lo que se descubre como nuevo; como descubrirse en el sentido de lo que se descubre de la verdad. Hay que anotar que en Freud, en esta relación particular que él ha descubierto, inventado, creado, y fundamentado, que es el análisis, en Freud, no en el psicoanálisis, Freud no coincide con el psicoanálisis, en un principio sí pero ya no; hay una cuestión del amor a la verdad que es importante. Este descubrir para Freud es descubrir la verdad, es como si la verdad fuera el traumatismo, es decir el amor a la verdad en el sentido más productivo que pueda escucharse.
Freud dice la construcción sería algo así como que estos elementos tomados, producidos por lo que ha dicho el paciente, por aquello que ha surgido por efecto de las interpretaciones, que no es lo mismo que lo que ha dicho sin interpretación, son dos dimensiones diferentes, con todo eso el analista en un momento puede decir algo, que no se trate que sea extenso o no, algo donde va a llenar, va a cubrir algo de la historia del sujeto. En ese sentido no se refiere a historia cronológica, sino a la historia significativa, en los términos que decía yo que es significativo que algo de un año o tres, se signifique a los seis. La significación no es cronológica sino que puede ser a apres coup, vuelve para atrás, es decir va a contar algo.
Por ejemplo, esto que a usted le pasó, la rubéola que tuvo, que estuvo al borde de la muerte, eso fue porque vio por primera vez a su hermanito. Esto no es una interpretación. El otro puede decir que sí o que no, pero está perdido si es verdad. Está perdido, porque Freud dice, ‘que cuanto más verdaderas son las construcciones, peor se siente después el sujeto’. Más allá de esto, lo que es importante es que el efecto de la construcción, dice Freud, si no es verdadera, si no hay un elemento de verdad, porque no hay ningún elemento de verdad en esta construcción que hace alguien acerca de lo que fue el hermano, las circunstancias, etc. y que tuvo determinados síntomas o sufrimientos. Esto efectivamente, en su mundo, en su relación al mundo, a la palabra y lo que determina, si esto no fue así, le es totalmente indiferente. Indiferente es importante, no le crea ninguna diferencia y por lo tanto no tiene ningún perjuicio; no es iatrogénico, como se diría médicamente, no hay iatrogenia si eso está equivocado. Equivocado no quiere decir que tenga muchos o pocos elementos de verdad, con que haya uno basta, para que el otro pueda decir que sí o que no.
Ahora, entramos en otra temática, que el paciente puede decir que sí o que no, tanto diga que sí o que no es distinto a que sea indiferente. Si dice no, no es que sea indiferente; si dice sí es más evidente que no es indiferente.
Por ejemplo, cuando no hay ni un sí ni un no, se trata de esta indiferencia en tanto no le afecta al sujeto en tanto a su verdad histórica, que llama Freud en este texto, y la verdad histórica es aquello que hace a su “historia” en relación a la castración.
En relación a la castración quiere decir cómo él se ha arreglado, fetichismo mediante como etapa constitutiva del sujeto, con eso que es la castración en la madre. Esa la historia, no la castración en la madre, la historia está hecha con la relación que cada sujeto hace con esta castración en la madre, sin que esto sea insuficiencia o impotencia por parte de la madre. La castración es otra cosa, es decir, que no le falta nada, pero no porque tiene todo, sino porque está hecha como está hecha, como una mujer.
Freud dice cosas muy interesantes, porque seguramente nos ha ocurrido a todos, que alguien puede estar acertado en la construcción pero toma el tono de: ‘sí usted tiene razón acerca de mi inconsciente’, es cuando alguien dice: ‘sí lo habré hecho pero inconscientemente’.
Lacan hace un trabajo acerca del pase, que es un procedimiento en la Escuela del psicoanálisis. Un psicoanalista francés decía: ‘lo importante es que el inconsciente es el de cada uno’. Desde ya que es importante, pero la experiencia en transferencia de darse cuenta de que el inconsciente es el de uno, está en bastante relación a la castración.
En el comentario: ‘es mi inconsciente quiere decir no soy yo’, es cierto, el yo no coincide con el inconsciente en este punto; es la posibilidad de imaginarse esta existencia libre del yo.
Cito un ejemplo que sería de la castración en el discurso. Hay una amigo de Freud, que es un colega que tiene problemas con la mujer porque la mujer no accede tan fácilmente o tan a menudo como él quisiera a los requerimientos sexuales que el amigo de Freud tiene hacia ella. Entonces el amigo de Freud le va a hablar a Freud a ver si él puede hacer algo en semejante situación. Le cuenta el problema que tiene, Freud habla con la mujer y le dice que esto le va a traer problemas a su marido, es algo que no le conviene seguir haciéndolo, va a traer problemas para el matrimonio. Es una tontería lo que dice, lo cual ya es obvio porque ya están con el problema. Pero, en qué punto no es una tontería, Freud dice que es un ejemplo extra analítico, la mujer le dice a Freud: “el inglés que usted diagnosticó ha muerto también”. Entonces Freud se ocupa del ‘también’, y dice más allá que pueda estar referido al deseo de muerte, lo cual es más que obvio, el ‘también’ tiene que ver con: “es tan exacto esto que me decís que puede ocurrir con mi marido, como cuando fue exacto el diagnóstico que hiciste con el inglés”. Ese es el inconsciente, enterarse de eso es un efecto que tiene que ver con la castración.
Ahora, un ejemplo con respecto a qué es una interpretación. Hay uno que soñaba todo el tiempo con la palabra jauner, Freud se anima a decir: “¿no será gauner?” Y el tipo dice: “Usted está loco, ¿qué tiene que ver esto?” Después usa otra palabra alemana que es jewagt, entonces cuando la usa suena gewagt, que quiere decir: ‘arriesgado’. El tipo está hablando de esto, tiene sueños, lo cual no es poca cosa, porque la lectura del analista está en lo que escucha que se escribe jauner y tiene que escribirse gauner, tiene que estar escrito y ahí lee lo que el otro le está diciendo. Nombrar todo el tiempo estafador, esto puede estar seguramente dirigido al analista. El tipo dice no, y dice gewagt, entonces dice que es arriesgado esto que le pasó a él, porque era decirle al analista estafador. Es arriesgado esto que dice, pero al decir arriesgado comete el mismo lapsus que había cometido antes, con lo cual confirma la interpretación.
En este ejemplo se puede ver lo que es una interpretación, lo que es una construcción, lo que es la interpretación en la transferencia. Sabemos que hay, hubo y habrá personas o analistas que van a interpretar esto pero dando un saber sobre esto.
Freud lo que dice no es un saber, él dice este puntito que dijiste acá me interesa, este hilito que dijiste acá me interesa. El tipo se queja, objeta; si objeta está él, en el pero ya está el sujeto. Al objetar ya está el sujeto, se afirma el sujeto; se afirma en repetir la equivocación. Es decir, en crear esa diferencia en la identidad de lo que está diciendo.
Me parece muy importante tener en cuenta la diferencia entre interpretación y construcción, que plantea Freud. También acá siempre lo que está funcionando es la palabra en la función de crear ese lazo social.
Si este lazo social no fuera como es, si fuera simplemente médico, o religioso, el cura diría: usted me llamó estafador, es pecado. Pero acá el otro, el analista nunca enuncia lo que le está dirigido, excepto en casos muy excepcionales en momentos del análisis, no se denuncia el contrato, pero sin embargo eso hace saltar toda la relación donde se sostiene. ¿En qué se sostiene? En que el otro pueda decirle estafador sin saber que le está diciendo estafador, y el otro se dé cuenta que le está diciendo estafador, no lo acuse, no piense que está enfermo porque dice estafador, y le dé la oportunidad de encontrarse que está diciendo, el hecho de que él es arriesgado para él, decirle al otro estafador; o bien que es arriesgado él por ser un estafador. Es porque es posible ésto que ese lazo es el análisis.
El analista nunca habla como sujeto de la cuestión aunque indique algo.
Voy a leer el ejemplo, Freud dice: “Entre en la materia y le expliqué que su negativa probablemente tendría desgraciados efectos sobre la salud de su marido que lo expondrían a tentaciones que la llevarían a la ruptura de su matrimonio”. En este punto me interrumpió súbitamente con la observación: “El inglés que usted diagnosticó de un tumor cerebral ha muerto también”.
Freud utiliza varias veces frases de Nestroy que era un escritor, comediante del siglo pasado, también lo cita en el texto Análisis terminable e interminable, la frase es: “La posición del analista es todo se aclarará en el curso de los acontecimientos futuros”.
Se podría pensar que, quién dice esto, qué es un mago, un engañador; depende de cómo lo diga. Pero en realidad lo que está diciendo es algo que es así y que también se le va a aclarar a él, una apuesta del deseo de cada uno, depende de qué se hace con esto.
Voy a comentar una cuestión que es importante sobre las prägung y aquello que no estaba simbolizado, que Freud lo llama: “inconsciente no reprimido”, también Lacan lo llama así. Es decir, que la represión y lo reprimido coinciden y no es prägung lo que no fue simbolizado. Ese algo vuelve como alucinación, por eso citaba el ejemplo del Hombre de los lobos. Aquello que no puede ser simbolizado, como las prägung, o aquello que está en una relación al trauma, se puede entender al trauma como aquello que es imposible de asimilar psíquicamente en términos de excitación, se puede entender el trauma en cuanto el trauma lo pone al sujeto en relación a la castración en la madre. Pero la coartada para cualquiera es decir la castración de la madre, ese pene que no tiene, ese es el trauma. No, el trauma es el no poder ver que no tiene.
Freud al final de este artículo plantea sobre las alucinaciones algo que es muy importante. Aquello que no fue simbolizado y le aparece al sujeto como real, porque el sujeto ve el dedo, no que es un sueño, como el sueño de los siete lobitos del hombre de los lobos; el dedo que ve, existe. En el fetichismo, la creencia está en la posibilidad de pensar que existe y no existe; acá no puede haber creencia de que existe, porque sólo existe. Existe como no simbolizado. Es decir, ese fondo de ausencia sobre lo cual es necesario que se dé la creación del símbolo, no tiene lugar respecto de aquello que ha sido prägung.
Freud dice: “Puede ser que los delirios a los que esas alucinaciones se hayan incorporado...”, hay un sistema delirante y puede estar o no a veces acompañado de alucinaciones, “...se hayan incorporado con tanta frecuencia que puedan a su vez ser menos independientes del resurgimiento del inconsciente y del retorno de lo reprimido que lo que usualmente pensamos”. Acá Freud está diciendo que estas desviaciones que entendemos como los delirios en el contexto de los cuales encontramos alucinaciones, estos delirios que son construcciones discursivas, aún estos mismos les puede pasar que están menos en relación al inconsciente de lo que nosotros pensamos, es algo que ya es con palabras.
Por ejemplo, alguien tiene un delirio con palabras, esto ya está simbolizado? No, no está simbolizado. No es tan simple, si no es palabra no está simbolizado, no depende de un delirio que es algo que en cuanto palabra, no funciona como palabra; entonces no está simbolizado. Si no está simbolizado, es lo que da lugar a la alucinación, es el texto de la alucinación.
A veces la alucinación es solitaria, es decir algo que veo, como si uno tuviera una asociación de la imagen, pero la imagen uno puede querer cerrar los ojos y no verla más, puede desmentirla; pero en la alucinación eso existe, eso es, pero con un valor de creencia que ya no es una creencia porque la creencia está tomada por la posibilidad de no existir, la suposición, que vemos como empieza en parte con el fetichismo.
Ahora, tenemos unos minutos para las personas que quieran preguntar...