Clase 20 de Junio, Osvaldo Arribas
Osvaldo Arribas: Bueno, vamos a comenzar. Hoy vamos a seguir el trabajo sobre el Seminario “El deseo y su interpretación”, si Verónica nos deja, y vamos a tratar de puntuar algunas cosas antes de continuar.
Ustedes recordarán que la vez pasada Anabel Salafia cerró un cierto desarrollo acerca del análisis de un sueño de Ella Sharpe, que es la clase 12 creo, y después ya Lacan arranca con el desarrollo acerca de Hamlet.
La idea hoy es, la idea que tengo es tratar un poco de puntuar algunas cuestiones a partir de un término que toma Lacan ya en varios Seminarios, de distinta manera, es un término que se ve que a Lacan se le va imponiendo. Quiero decir, él lo vuelve a tomar de distintas formas, en distintos Seminarios, a veces simplemente lo menciona, a veces con disgusto, es algo que le molesta, hasta logra darle una cierta elaboración que termina incluyéndolo, y de una manera bastante importante, en el discurso del propio Lacan. Este término en cuestión es el término afanisis, que es un término griego que significa literalmente `desaparición´ pero Lacan lo toma de Jones, de Ernest Jones, y lo toma, como les decía, en distintos momentos. Recuerdo una primera mención, me parece que no lo menciona antes, que es en el Seminario 4, porque es un término que Jones ubica respecto de la fase fálica, en la discusión que se da en los años ´30 respecto de la fase fálica y especialmente en el desarrollo de la mujer. Es ahí que Jones introduce este término, afanisis, y lo introduce respecto de lo que él considera común a ambos sexos que es el temor a la desaparición del deseo. Que no es una cuestión nada infundada, quiero decir, es una cuestión que se puede registrar en la fenomenología de muchas neurosis. A Lacan le interesa el término pero lo que le choca es que, bueno, justamente lo que hace Jones con ese término es homologarlo al complejo de castración. Es decir que para Jones el complejo de castración es este temor a la desaparición del deseo, entonces para Jones castración y afanisis es lo mismo. Bueno, para Lacan en absoluto.
Lo importante de este término afanisis es que tiene todo que ver con el problema del deseo. Con el problema del deseo en cuanto, justamente, lo que venimos viendo es que el deseo implica una dificultad muy grande para el sujeto, una dificultad tanto en lo que hace a ubicar el objeto a que ese deseo apunta, tanto en ubicar cuál es ese deseo, como también el problema de sostenerlo, ¿no?, de poder ubicarlo y sostenerlo. Es así que Lacan en la clase VI comenta algo de Jones, un caso que si no recuerdo mal es un caso de Jones, sobre impotencia. Lacan señala que hablar de la impotencia para ubicar la cuestión del deseo está bastante bien orientada, que justamente la cuestión de la impotencia pone en cuestión, en primer plano, el problema del deseo. Y tiene que ver con lo que les decía respecto del falo y el objeto, y del sujeto. Ustedes se dan cuenta que son todos términos que están en el grafo. Lacan ubica en uno de los grafos, en una de las formas que lo escribe, en los dos pisos, en uno ubica la lógica significante y en el otro pone al falo, al falo como significante, ¿no? Ustedes saben que esos dos pisos son un despliegue pero que en realidad estos dos pisos se superponen. Es decir que el falo como significante nombra algo que es propio de la cadena significante en el ser hablante. El falo como significante articula la lógica misma del significante con el deseo del Otro. Ustedes saben que una definición lingüística del significante, que Lacan no abandona, es que el significante no se significa a sí mismo, esa es toda la diferencia que tiene el significante con el signo, ¿no? El significante no se significa a sí mismo. Esto quiere decir que el significante es distinto de sí mismo, ¿se entiende? Esto es fundamental y es una cuestión de estructura y es lo que hace que podamos hablar, ¿no?, porque si nacemos todos a las palabras de la lengua en la que nacemos, para que podamos decir algo que no sea una repetición de las palabras gastadas que heredamos cuando nacemos, es justamente porque esas palabras son significantes, ¿si?, vale decir nunca son iguales a sí mismas. Es por eso que cada vez que las usamos podemos decir otra cosa, si no hablar sería imposible. Quiero decir, seríamos simplemente radio parlantes que es un poco el caso que se da en algunas psicosis. Pero si nosotros podemos hablar, es decir, decir algo con esas palabras gastadas que heredamos, que no son nuestras, que nosotros no inventamos, que heredamos; si podemos decir algo es porque esas palabras son significantes. Que son significantes es lo que tiene que ver, justamente, con esta distinción entre la línea del significante y la línea del falo. ¿Por qué digo esto?, porque el falo nombra esta definición que les acabo de dar respecto del significante. Quiero decir que el significante no se significa a sí mismo, bueno, el falo es lo que del deseo del Otro va a hacer de un significante uno y no otro.
Ustedes saben que algo en lo que Freud insiste siempre es que si hay algo que es fundamental para el sujeto es el hecho de haber sido deseado, que el deseo de los padres es fundamental en la historia de cualquier sujeto. Ese haber sido deseado remite al falo, ¿no? Remite al falo quiero decir que el falo nombra ese significante del deseo del Otro. Es por eso, digamos, esto no es un invento de Freud ni es un invento de Lacan, esto es un invento de la neurosis, es un invento del inconciente. Quiero decir, la inscripción en el discurso del psicoanálisis, en el discurso del analista, del significante fálico se debe a Freud, se debe a Lacan, pero esto proviene de las fantasías sexuales infantiles, ¿no? Las fantasías infantiles, quiero decir, ustedes recordarán la fase fálica, el artículo de Freud de 1923, donde, bueno, también esto lo subraya Lacan en un texto, en el escrito “La significación del falo”, el carácter universal de la fantasía de la madre con pene, ¿si? Es el carácter universal de esta fantasía donde la madre tiene pene, que a primera vista es una fantasía ya sea diurna o del sueño realmente extraña, responde a una lógica que tiene que ver con la lógica de la fase fálica en su articulación con el complejo de castración, porque la pregunta es ¿por qué la madre tiene que tener? Evidentemente tiene que tener y a eso responden esos sueños o esas fantasías. Ahora, ¿qué es lo que dice que la madre tiene que tener?
Bueno, en la fase fálica se explica, o bien, el complejo de castración, justamente dice Freud en esta “Adición a una teoría sexual” del ´23, el complejo de castración se explica a partir de la fase fálica. La fase fálica tiene que ver con esta adjudicación a la madre de un pene y esta adjudicación es una cosa que se puede leer con cierta lógica, Lacan la despeja con claridad, en el hecho de que... En realidad es más compleja la fantasía porque esta fantasía es el hecho de que la madre tenga un pene, pero es siempre como fantasía. Quiero decir, digo, esto de que la madre tenga un pene puede terminar siendo una pesadilla, ¿si? Con lo cual se puede despejar más claramente que más que el hecho de que la madre tenga un pene, se trata de lo que la madre no tiene y debería tener. Es esto, a este lugar va la cuestión del falo en el punto donde el falo es el pene y no es el pene. ¿Por qué digo que es el pene y no es el pene?, porque bueno, por un lado es el pene que la madre no tiene pero, justamente, por ser el pene que la madre no tiene no es el pene, porque a la madre no le falta ningún pene. Entonces, la pregunta es ¿qué es lo que le falta a la madre que hay que adjudicarle este falo?, ¿por qué es imprescindible para el niño, la niña, adjudicarle este falo? Bueno, esa adjudicación es imprescindible porque es condición de existencia. Es condición de existencia, mamá tiene lo que yo soy; mamá debe tener porque si no, yo no soy; yo existo por lo que mamá tiene. Entonces se dan cuenta que en este sentido el significante fálico tiene una cuestión fundamental, tiene un papel fundamental en la constitución del sujeto. Este lugar respecto del deseo del Otro es lo que subraya Freud con la importancia del deseo de los padres y es por eso, también, que Lacan señala que el significante fálico atañe fundamentalmente al ser del sujeto, es decir, este ser que no es sustancial. Quiero decir, no es que yo soy algo en particular, soy lo que mamá tiene. Eso no dice qué sustancia, de qué se trata, lo que si define es una relación de mi ser con el deseo del Otro, ¿si?, con lo que el Otro tiene porque lo ha deseado, eso soy yo.
Bueno, justamente, el problema que viene después de todo es que uno siempre es traicionado, ¿no? Quiero decir, uno nace, eso es lo que implica de promesa el plano del deseo, el plano de promesa y de frustración. Es decir, de ruptura de promesa como dice... ¿cómo?
Comentario: ¿Por qué te fuiste mamá? (risas)
Osvaldo Arribas: Entonces lo que plantea esa promesa que implica el deseo y esa ruptura es la cuestión de la legitimidad del deseo. Legitimidad del deseo que Lacan subraya en el ejemplo del impotente del que habla donde el impotente, dice, plantea el problema de que deseando y amando mucho a su mujer, ha sufrido algunos períodos de impotencia, episodios de impotencia que han frustrado, obviamente, a la mujer y a él también, con lo cual él se plantea la legitimidad de volver a exponer a la mujer a un nuevo fracaso. El temor, obviamente..., se dan cuenta que esto tiene que ver con el desarrollo de Jones, el temor es la desaparición del deseo. El temor es que él desea a la mujer en los momentos previos, eso implica una promesa y es que ese deseo se va a sostener cuando lleve a su mujer a la cama, pero esa promesa se puede...
Comentario: No eludas la palabra. (risas)
Osvaldo Arribas: Ustedes entienden (risas). Entonces el tema es que eso plantea la legitimidad respecto del deseo. Es una legitimidad que está en juego respecto de cualquier cosa. Quiero decir, uno se puede plantear, te pueden invitar a hablar a algún lado y uno tener todo el deseo de hacerlo, comprometerse y después darse cuenta que ese día el deseo no está, ¿no?, hay que cruzar los dedos y esperar que esté. Lo mismo que con una mina en una cama, en cualquier situación donde es el deseo que a uno lo lleva a esa situación.
Entonces la afanisis tiene todo que ver con esta cuestión. Es decir, en un punto Lacan dice cuál es el problema de este tipo que sufrió situaciones de impotencia y teme llevar a la mujer a una situación nuevamente de fracaso y entonces quiere alguna garantía. Y bueno, la única garantía sería un arma absoluta, un arma que uno haga así y funcione.
Comentario: Hay.
Osvaldo Arribas: ¿Hay? Bueno, el punto es que si esta arma absoluta existiera, eso sería que el falo no fuera un significante, quiero decir que el falo fuera un falo absoluto. Este arma absoluta no sería otra cosa que un falo absoluto, es decir un falo que no fuera significante. ¿Qué quiere decir que es significante?, que el falo puede significar cualquier cosa.
Cuando se acusa a Freud de pansexualista, hubo una época donde eso era muy..., es una acusación en realidad al significante fálico, se podría decir. Se podría decir que esa acusación está justificada respecto del falo. El falo es pansexualista, es decir el falo sexualiza cualquier cosa. Eso es lo que hace que especialmente en los vestuarios de hombres, y no solamente, se pueda hablar de cualquier cosa y todo tome una connotación sexual, cualquier cosa. Los hombres que han ido a vestuarios lo saben, ¿no? Uno cree que las mujeres son más finas y recatadas pero no es así (risas), ellas lo saben, ¿no? Entonces, por eso la significación es fálica, porque todo, cualquier cosa, puede tomar esta connotación sexual y esto es producto de que el significante no se significa a sí mismo.
Esto se podría tomar como una falta de estructura del significante, en realidad no es ninguna falta. De la misma manera que no le falta nada a la madre, tampoco le falta nada al significante, el significante es así por definición, por estructura. También la madre es así por definición y por estructura, sin embargo en ambos casos se articula una falta, ahí funciona algo que hace de eso que es estructura una falta.
Bueno, me estoy perdiendo...estoy en afanisis. Ahí vuelvo...
Entonces, les decía que lo de nombrar como afanisis la desaparición del deseo, el temor a la desaparición del deseo como una cuestión común en ambos sexos, que es lo que hace Jones, tiene el problema de eludir la asimetría de los sexos, que ustedes saben es fundamental en el discurso freudiano. Ahora bien, la asimetría de los sexos se da, justamente, respecto del significante fálico. Es decir, el problema que hace a la sexuación y a la articulación de la diferencia sexual anatómica es que hay un sólo significante respecto del cual se reparten los sexos. Quiero decir, tanto la niña como el niño pasan su sexualización a través del significante fálico. Es por lo que tienen o lo que no tienen, o el valor de lo que tienen o de lo que no tienen que van a salir del complejo de edipo, ya sea como niña o niño, ¿no?, con una definición sexual.
Ahora, la posibilidad de la afanisis, la desaparición del deseo, ¿qué significa? Porque si en términos de Freud, ustedes saben que Freud termina “La interpretación de los sueños” afirmando que el deseo es indestructible, con lo cual una vez estructurado el sujeto, constituido el sujeto, el deseo es justamente aquello que no puede faltar, porque en algún sentido es justamente la falta misma. El deseo es un nombre de la falta y en este sentido es la falta misma. También recuerdan ustedes que, justamente, la falta de la falta es lo que Laca nombra como angustia.
Ahora bien, si el deseo es indestructible, ¿de qué se trata cuando hablamos del temor a la desaparición del deseo? Como les decía, Lacan vuelve una y otra vez sobre el término, siempre discutiendo con Jones, criticando la posición de Jones al respecto, porque el temor a la desaparición del deseo en realidad es más bien un síntoma, ¿no? Quiero decir, es un síntoma para cualquiera el temor a que el deseo desparezca en la situación en que uno necesite que esté presente. Y se dan cuenta que ahí ya hay un problema porque justamente si hay algo que va en contra del deseo es la necesidad o la obligación de que se presente. Quiero decir, el deseo es desobediente por definición y en este sentido es siempre aleatorio. El deseo nunca funciona por imposición, basta que a uno le ordenen que se divierta para que no pueda divertirse. Está muy claro, ¿no? que si a uno le ordenan divertirse, la dimensión de la falta y del deseo están completamente ausentes. Es por eso que, en general, a los chicos a los que se los quiere hacer divertir se los angustia, ¿no?
Entonces, sin embargo la dimensión del deseo implica una dificultad. Quiero decir no es falso lo que señala Jones, ese aspecto sintomático en cuanto al temor de que el deseo desaparezca es un temor constante y tiene todas sus razones de existir.
Ahora bien, Lacan le va a dar muchas vueltas a esto porque en realidad de lo que se trata no es tanto..., Lacan va a ir afinando las cuestiones de distinto modo pero el punto es que la afanisis en cuestión tiene que ver con el sujeto, con la articulación misma del sujeto y en este sentido la afanisis atañe a la relación del sujeto con el deseo ó, en todo caso, al deseo sostenido en el fantasma, ¿si? Porque podríamos decir, yo les decía que el falo es el significante que articula la relación del sujeto con el Otro. Podemos decir que el sujeto se dirige al Otro y es acá que se constituye el sujeto y aparece la barra sobre el gran Otro. La barra ustedes saben que es el falo. Lo que barra al gran Otro como lo que barra al sujeto es el falo. ¿Eso qué quiere decir?, que no se significa a sí mismo. Por eso Lacan dice que no hay otro signo del sujeto que el signo de su abolición, ¿si? Eso nombra la afanisis. Es muy interesante porque la afanisis, y esto me parece que tiene que ver con la atracción que tiene ese término para Lacan y con la manera en que le insiste hasta llegar a articularlo, es que la afanisis respecto del sujeto y en su constitución por el significante es intrínseca. Quiero decir, el hecho de esto que yo les señalaba recién de que el significante no se significa a sí mismo implica que el significante es afanisico respecto de sí mismo.
Bien, entonces sintomáticamente podemos ver que aparezca este tema de este temor a la desaparición del deseo, pero también lo que se ve en los análisis muy seguido es que en realidad ese temor a la desaparición del deseo tiene mucho que ver con el temor a la satisfacción del deseo, que se dan cuenta que es una articulación de la desaparición del deseo distinta. Quiero decir, ahí hay una vuelta, uno puede temer que desaparezca el deseo en el momento en que lo necesite y otra cosa es que tema, justamente, la desaparición del deseo una vez que lo ha satisfecho. En ambos casos se trata de esta desaparición del deseo. Ahora, esto que yo les señalaba respecto del falo, ¿no?, que el falo viene a nombrar en tanto significante el hecho de que el significante no se signifique a sí mismo, es muy importante en este sentido que a nivel de la estructura implica la necesidad estructural, la necesidad lógica del Otro. El hecho de que un significante no se signifique a sí mismo implica que un significante remite necesariamente a otro. Que el falo nombre este hecho de estructura, que es que el significante no se signifique a sí mismo, hace necesariamente, introduce necesariamente al pequeño otro. ¿Por qué digo esto?, porque el falo como barra, como barra sobre el sujeto, como barra sobre el Otro, implica..., digámoslo en términos del fantasma. En términos del fantasma implica que si el falo no soy yo, es el otro; que si el falo no lo tengo yo, lo tiene el otro, ¿si? Esto es fundamental, tiene que ver con la articulación del deseo respecto del pequeño otro, tiene que ver con la articulación misma de la castración. ¿Por qué?, porque es aquello que funciona, digamos, ahí el ejemplo que da Lacan es el de San Agustín, ustedes lo recordarán. San Agustín comenta la situación de haber visto la mirada amarga de un chico viendo a su hermanito tomar el pecho, es decir viendo al hermanito tomar el lugar que hasta hace poco fue el de él, ¿si?. Es en esa sustitución y en esa mirada amarga que San Agustín nombra la envidia o el deseo, eso se puede tomar en las dos vías, ¿no?, ya sea de la envidia o de los celos, pero está articulado siempre respecto del pequeño otro. Es lo mismo que ocurre respecto del fantasma fundamental pegan a un niño. El niño pegado es el pequeño otro, puede ser el hermano odiado, el rival, pero el pegan impersonal remite al gran Otro. Quiero decir que esta elección de si el falo soy yo o el otro, está respecto de un tercero que es para el cual uno es el falo o el otro, ¿si?.
Ahora, esta dependencia del otro, del pequeño otro para la satisfacción, porque justamente si la cuestión es ser el falo o tenerlo, esto es siempre para otro y respecto de un tercero. Entonces la satisfacción exige, necesita de ese pequeño otro, lo cual da lugar a lo que es el capricho del Otro, estar a merced del capricho del Otro, lo cual, por supuesto, es siempre fuente de angustia.
Verónica Cohen: ¿Queres que de un ejemplo de eso?
Osvaldo Arribas: No, tengo uno. Quiero dar..., después dale.
Bueno, les voy a comentar un ejemplo que me parece importante. Un paciente hace muchos años, un pibe joven, dieciocho, veinte años, no debutó todavía. Vive eso dramáticamente justamente porque para él eso cuestiona su condición, su condición sexual. Obviamente a partir de esto tiene temores de ser homosexual dado que si no ha debutado y va al gimnasio y mira a tipos potentes dice, bueno, ya evidentemente soy puto. Y repite un latiguillo, una frase que es “no soporto la idea de no haber estado nunca en la cama con una mujer”. Repite bastante seguido esa frase. En un momento yo quiero repetir esa frase y en lugar de decir, le digo “como usted dijo, usted siempre dice esto de no soporto la idea de no haber estado nunca en la cama con una mujer”, en lugar de una mujer yo digo otra, “no soporta la idea de no haber estado nunca en la cama con otra mujer”. El enseguida me corrige, salta y dice “yo no dije eso”, dice “yo dije con una, con una mujer”. Yo no digo nada y no digo nada además porque esa sustitución de una por otra yo no la hice a propósito, no la hice a sabiendas. Se produjo, me desconcierta a mi tanto como a él, nada más que yo no digo nada, él sí, ¿no?, y él se enoja. Entonces al rato, en la misma sesión, yo vuelvo a querer repetir la frase correctamente (risas) pero vuelvo a sustituir una por otra. Y ahí el tipo se enoja, directamente, se enoja, se sienta en el diván y dice “bueno, no sé por qué usted me quiere hacer decir una cosa que yo no dije”. Bueno, yo no digo nada e interrumpo la sesión hasta la próxima.
Comentario: Y pediste un turno para vos. (risas)
Osvaldo Arribas: Esto es muy interesante porque es una situación que tiene que ver con lo que, para los que estuvieron antes en el seminario de Norberto, respecto de la interpretación de la transferencia o la interpretación en la transferencia, ¿no? Esto de interpretar en la transferencia tiene que ver, justamente, con no dar la señal de angustia que implica denunciar la transferencia. Digo, denunciar la transferencia es dar la señal de angustia. Es decir, si esto tuvo un efecto de interpretación es porque yo no di la señal de angustia que hubiera sido decirle “perdón, no sé por qué le dije otra por una, ¿no?, discúlpeme, no se enoje” (risas). Es porque yo no doy esa señal de angustia que hay un efecto de interpretación que se traduce en que a la vez siguiente viene y me dice, “la verdad que usted siempre tan callado, tan delicado, tan fino para señalar alguna cosita que yo digo. Me pareció una cosa sumamente grosera la forma que tuvo de introducir a mi vieja en la cuestión” (risas). Brillante el flaco, ¿no?, casi le pago. (risas). Pero se dan cuenta, ¿no?, se dan cuenta cómo...Bueno, obviamente el efecto de esto es que pasa un tiempo más y debuta, con otra (risas), porque siempre estuvo con una (risas).
Quiero decir, se dan cuenta cómo se trata del movimiento que ordena el falo, el significante fálico. Quiero decir, cuando él repite “no soporto la idea de no haber estado nunca en la cama con una mujer” es porque está y siempre estuvo con una, que es la madre, donde él es uno, el falo, el falo de esa madre. Siendo el falo de esa madre no puede tenerlo, obviamente, no puede tener acceso a la mujer ni puede disponer de lo que tiene. Entonces esa sustitución del una por otra que lo enoja, lo enoja tanto, tiene que ver, justamente, con que se arme la posibilidad de una serie y que él salga de esta fijación, de este lugar referido al falo de la madre.
Esta persona, voy a comentar un pedacito más que me parece interesante. Esta persona, ya les digo, era un adolescente, después interrumpió...
Comentario: Se hizo hombre.
Osvaldo Arribas: Se fue del país, se hizo hombre, creció, todo eso. Y mucho tiempo después volvió a llamarme. Viene por otras cuestiones, nada que ver, y tiene una cierta problemática respecto, por supuesto, a cuestiones con lo sexual donde el problema que plantea es un problema muy común entre los hombres, es que piensa que tiene el pene muy chico. El tiene relaciones con muchas mujeres, todo va bárbaro, todo bien, pero siempre tiene ese estigma de pensar...
Comentario: Las mujeres dicen “qué chiquito, qué chiquito”. (risas)
Osvaldo Arribas: Las mujeres no dicen “qué chiquito, qué chiquito” pero... (risas).
Entonces él cuenta una situación, porque en un momento hace un viaje con unos amigos, y entonces a raíz de eso dice que siempre le da cosa, le da vergüenza estar desnudo frente a sus amigos que son amigos de la infancia, de toda la vida. ¿Por qué?, bueno, siente esta cuestión del pene chico y entonces trata de evitar la observación de estar desnudo con sus amigos. Entonces me dice, dice así, “me siento muy incómodo estando desnudo con otros hombres, no así con otras mujeres”
Comentario: Qué bárbaro, otra vez. Aguante ese significante.
Osvaldo Arribas: Esto es muchísimos años de por medio. Ahora, esto está abierto, digo, ¿no? Yo le señalo, digo “¿cómo?” y entonces enseguida me dice “no me siento una mujer”. Obviamente él no tiene nada de femenino ni nada por el estilo pero inmediatamente, por supuesto, al decir con otras mujeres él se está inscribiendo del otro lado, lo cual tiene varias lecturas. Yo nombraba este episodio pasado hace veinte años porque me parece que tiene todo que ver con esto. Quiero decir, en estas otras mujeres no se trata tanto de él como otra mujer, sino como con esta cuestión respecto de la madre. Lo cual tiene que ver con algo que Freud lo dice de una manera que a uno le puede parecer burda, ¿no?, hasta cuando la escucha en un análisis, pero Freud dice que obviamente el pene de cualquiera es muy chico respecto de uno como falo. Uno identificado al falo, bueno, no hay pene que valga respecto de eso. Y es respecto de eso que siempre un niño, el falo del niño como falo de la madre puede desplazar a un padre por más potente que sea, ¿no?, y es respecto de eso que cualquier pene es chico.
Pero entonces es interesante porque esta queja, esta rémora muy común, ya les digo, yo porque lo he escuchado, ¿no? (risas) de tener el pene muy chico, es una nostalgia de otra posición, de una posición donde uno no tenía que hacer valer eso, tuviera el tamaño que tuviera, sino que era, era lo que el Otro quería, lo que el Otro deseaba y no había que hacer nada al respecto, ¿se entiende?
Entonces, el tema respecto de la afanisis es importante, insisto, no tanto respecto de este aspecto sintomático que sería el temor a la desaparición del deseo, sino respecto de lo que implica a nivel de la estructura, tanto en lo que hace a la afanisis del sujeto, a la desaparición del sujeto que implica esto de, bueno, que todo lo que se dice, Lacan lo nombra como un punto, no sé si toma palabras de Ella Sharpe, como un punto de ausencia profunda de personas que es muy difícil que estén cuando hablan. Eso la misma persona lo puede enunciar muchas veces, ¿no? Digo, la misma persona puede enunciar lo que le cuesta estar en determinadas situaciones donde quiere estar y no lo logra. Eso tiene que ver con la afanisis. También tiene que ver con la afanisis el hecho de quedar en blanco o, como se dice más ahora con la actualidad informática, me tildé, ¿no?, estoy colgado, me tildé. Bueno, son todas situaciones que nombran la afanisis sintomáticamente, es decir puntos donde el sujeto cae bajo la abolición que lo constituye como tal, quiero decir, ¿no?, por eso les decía no hay otro signo del sujeto que el signo de su abolición, ¿si?. Quiero decir que el sujeto aparece en el mismo momento en que desaparece, eso es lo que tiene que ver con la dialéctica fálica. Es decir, un hombre desea a una mujer que tenga algo. Que ese que tenga algo es lo que va a sostener su deseo, pero que ese tenga algo se mantenga indeterminado porque si resulta ser un travesti ya no es muy lindo, ¿no?, puede asustar. Bueno, a algunos les puede gustar (risas), hay para todo.
Pero el tema es que el falo en tanto significante siempre implica una cierta latencia respecto del deseo y en ese sentido implica la afanisis, cierta aparición y desaparición que es lo que funciona como condición del deseo respecto de..., bah!, es lo que hace que una situación pueda ser erótica y al instante siguiente deserotizarse completamente, ¿no?, donde lo que estaba un instante antes desaparece completamente al instante siguiente, ¿si?.
Bueno, es de ahí que una vertiente de las más comunes para preservarse de esa evanescencia del deseo, a la que sufre principalmente el obsesivo, es que hay una, como dice Freud, una regresión a la analidad y donde el deseo se transforma en el deseo de retener. Retener algo lo cual lo lleva al cofre y al avaro donde la cuestión es, justamente, que lo que retiene el avaro, lo que intenta retener el avaro en su cofre, o cualquiera con lo que guarda, lo que atesora, es un deseo para poder usarlo cuando lo necesite. Obviamente eso no funciona y eso se dice de muchas maneras, ¿no?. Uno guarda cosas que piensa que en algún momento le van a servir y cuando las necesita nunca las encuentra y después las compra cuando las necesita y es recién después que encuentra la que...bue! Eso es exactamente lo mismo que ocurre con el tema del deseo y la retención.
Bueno, me voy a detener acá. Si tienen alguna pregunta, algún comentario.
Verónica Cohen: ¿Puedo hacer un comentario?
Osvaldo Arribas: Puede hacer un comentario.
Verónica Cohen: ¿Dos comentarios?
Osvaldo Arribas: Dos.
Verónica Cohen: Bueno, uno es respecto del ejemplo que contaste que me parece ejemplar para pensar el analista formando parte del concepto de inconciente o formando parte de la realidad psíquica del sujeto, y la interpretación en la transferencia es desde esa posición, no denunciando esa posición, ¿no? Eso lo leemos en “Los cuatro conceptos...” que está desplegado ese tema. Y lo otro era el ejemplo que te decía respecto del falo que es el otro ó de la insuficiencia respecto del falo. Es un ejemplo que conté en otro espacio. Son dos nenitos, de más o menos dos años, jugando en un patio que hay un balcón que da a ese patio. En el balcón está el padre de uno y está mirando al otro nene, no a su hijo sino al otro nene. Entonces esa es la escena, la mirada como una línea de la mirada hacia el niño B y el niño A ve esa escena y va corriendo y lo tira al otro, lo empuja para que salga del eje de la mirada. A mi me parece ejemplar para esto porque además es como que uno lo puede dibujar, ¿no?, el cono de la mirada donde el nenito está a la vista del padre del otro.
Osvaldo Arribas: Bueno, sí, me haces acordar a un ejemplo similar respecto de un deseo de muerte en la rivalidad. Un pibe de veinte años más o menos, de padres separados, está con la madre. El padre se ha casado hace tiempo con otra mujer y acaba de tener un bebé. El tiene veinte años y ahora tiene un hermanito recién nacido. Entonces están charlando de eso con la madre, salen al balcón y ven hacia abajo una mujer cruzando un cochecito, entonces el pibe éste comenta enseguida, dice “imaginate que se cae una maceta, lo mata al bebé” (risas)
Verónica Cohen: Se ve que la mirada está en lo que brilla, ¿no?
Marta Nardi(¿?): Y él empujaba tímidamente una maceta que tenía a mano.
Osvaldo Arribas: Preocupado, ¿no?
Marta Nardi (¿?): Sí, claro, por supuesto.
Osvaldo, te quería hacer un comentario que me surgió mientras te escuchaba, porque la verdad que me resultó muy clara tu clase y quizás porque estoy media ya embuída con el tema de nuestras Jornadas, de paso invito a todo el mundo...
Verónica Cohen: 19 y 20 de Septiembre
Marta Nardi (¿?): 19 y 20 de Septiembre y se pueden presentar trabajos ¿hasta el...?
Verónica Cohen: 31 de Julio.
Marta Nardi: 31 de Julio. En relación a lo que decías del deseo, el desempeño sexual y la máquina perfecta, ¿verdad?
Osvaldo Arribas: ¿Queres una dirección? (risas)
Marta Nardi: Me refiero a que es frecuente en la clínica, por lo menos en mi experiencia y supongo que en la de muchos de acá también, que el desempeño puede ser excelente, la máquina puede funcionar totalmente bien, con viagra o sin viagra o lo que quieran, pero hay anestesia psíquica, quiero decir no disfruta. Al hombre, crease o no, le pasa esto también, ¿no?, que por más que su máquina funcione, si el deseo no está en acción ahí, si hay algo por lo que sea, porque la mujer va al lugar del padre, porque va a lugar de la madre, por lo que sea que pase, se presenta este síntoma que es mucho más frecuente de lo que uno piensa, porque parece ser que hay una caída del deseo. Parece ser, digo, por lo que uno escucha, por lo que llega a la clínica, por esta cuestión de que gente muy joven toma determinados estimulantes o lo que fuera sin necesidad de hacerlo porque no tienen ninguna falla funcional, digo, ¿no?. No es que necesite una ayuda que bienvenida sea si es necesario, sino...Claro, si lo necesita macanudo, ¿cuál es el problema?, pero no es necesaria, digo, es una falla en el deseo que no sostiene ahí. Y la consecuencia es una anestesia. No están tampoco ahí, no disfrutan y no pasa nada por más que la máquina funcione, ¿no?
Osvaldo Arribas: Si, bueno, yo creo que son formas de evitar la angustia. Quiero decir, tomarse cinco viagras antes de, cinco no porque se pueden morir pero digo, tomarse viagra antes de entrar al hotel es el intento de garantizarse... ¿La paradoja cuál es?, es que en ese intento de garantizarse una erección que sostenga la realización del deseo, se apaga el deseo mismo que se quiere satisfacer. Quiero decir, que no hay forma de evitar esta paradoja del deseo, no hay forma. Esta paradoja del deseo, quiero decir el hecho de que no necesariamente sostiene su promesa, eso mismo es el complejo de castración. Quiero decir, no hay otra castración que esta contingencia que el deseo implica por definición, ¿si? Digo, es esa contingencia la que se quiere evitar el pibe, por ejemplo, cuando estudia una lección de memoria, ¿no? Tiene miedo de quedarse en blanco y no poder hablar entonces estudia de memoria, pero así no va a hablar, obviamente. O bueno, cuando uno lee un trabajo en lugar de hablarlo. Yo acá tenía muchas cosas escritas y no pude leerlas, pero no pude leerlas porque creo que necesitaba hablar, porque es una manera de estar presente muy distinta, ¿no? Quiero decir, uno escucha mucho más cuando alguien le habla que cuando alguien le lee, es así. ¿Alguna otra pregunta?
Esto también tiene que ver, ustedes recordarán, que una pregunta que subrayó Anabel la vez pasada y sobre la cual trabajó, que tiene que ver con el capítulo 12 y con el cierre respecto del análisis del sueño que hace Ella Sharpe, la pregunta era ¿dónde está el falo? La pregunta es dónde está el falo en esta situación en el sueño donde este hombre está con esta mujer voluptuosa y la mujer está presenciado toda esa escena, bueno, la pregunta es ¿dónde está el falo? que es una pregunta por el deseo. Digo, la pregunta por ¿dónde está el falo? es una pregunta por el deseo del sujeto en cuestión. Y esta misma pregunta está respecto de la transferencia, es decir dónde está el falo en la transferencia. Esto es muy importante porque eso es lo que va a hacer a la posibilidad misma de la interpretación. Quiero decir, cuando a mi me sucede sustituir una por otra, lo que está señalado ahí es el falo, el falo que él es para su madre, ¿si?
Noemí Sirota: (¿?): Pero que no podría haber estado si vos le aclaras...
Osvaldo Arribas: Por supuesto, exactamente. Acá dice Noemí que eso no hubiera funcionado si yo le aclaro algo. Quiero decir cualquier explicación en el análisis es una inversión de la demanda, ¿no? Obviamente cuando yo acá estoy explicando algo, eso implica la demanda de que entiendan, ¿no?, cuando uno explica está pidiendo que entiendan, automáticamente. En ese sentido es que en el análisis el analista nunca explica. No es que ocasionalmente no pueda hacerlo, lo que quiero decir es que su posición nunca es la de explicar. En todo caso el pedido de explicaciones es del lado del analizante, lo cual no quiere decir que el analista explique. Se entiende por qué, ¿no? Sí.
Bueno, seguimos la próxima. (Aplausos)