Clase 25 de abril, Anabel Salafia
Anabel Salafia: Bueno, entonces si se escucha vamos a empezar, o vamos a continuar mejor dicho. Ustedes creo que recordarán que la clase pasada habíamos quedado sobre un punto que dije que tenía un particular interés, por una parte, y una cierta complejidad por lo que no quise tomarlo al final de la clase.
Y es un punto, efectivamente, donde hay en juego una fórmula sumamente interesante, la fórmula es esta que vamos a ir viendo a partir de hoy porque es una fórmula que es retomada, que Lacan la saca sobre el último momento del desarrollo que esta haciendo y la retoma en clases posteriores. Pero hay, con esta formulita, ciertas cosas de un interés que me parece que no están directamente como está dicho en el Seminario pero que nosotros tratamos de desprender las consecuencias que son interesantes y que se pueden desplegar a partir de lo que Lacan dice. Este punto, siempre estamos sobre la base, tenemos como cuestión, como base, como referencia primera, esta relación que está expresada en el fantasma y que es el conjunto de las funciones imaginarias que son soporte del deseo en la medida en que allí se expresa todo eso que la clase pasada yo decía y hoy vamos a insistir sobre esto, sobre todo eso que es el temor inmanente a la relación del sujeto con el deseo. El por qué de ese temor inmanente en la relación del sujeto con el deseo es algo que Freud expresa a través de algo que tiene una formulación como fantasma también que es la castración. La castración, digo, en su dimensión fantasmática es algo que vamos a ir distinguiendo de lo que es propiamente dicho el complejo de castración. Pero es porque efectivamente una relación al falo está en juego que hay este temor, como decía, inmanente, propio, no trascendente sino inmanente, en la relación del sujeto con el deseo y con lo que es el objeto. Siendo que habíamos dicho que el objeto, lo que allí en esta fórmula viene al lugar del a, el objeto es, justamente, lo que permite expresar mejor la relación que tiene el objeto humano con el Eros narcisista. Esa relación al objeto es importante, interesante entenderlo desde ahora, porque esa relación al objeto, sea el orden de objeto que se plantee, pone siempre en juego esa relación al Eros narcisista, al Eros que tiene una relación con el cuerpo propio como objeto y a la imagen del cuerpo propio.¿Por qué digo cualquier objeto?, porque puede tratarse de un objeto de conocimiento, por ejemplo. Y en el objeto, en la relación del sujeto en lo que se pretendería formular como una relación correlativa sujeto-objeto, esa relación está cuestionada, está siendo interrogada en todo lo que estamos trabajando, que haya una relación unívoca del sujeto con el objeto. Precisamente, como el objeto está marcado por esto que es el Eros narcisístico, sea el objeto que fuere, como decía, un objeto de conocimiento, la relación al conocimiento es una relación que al menos que intervengan otros factores, se establece en una dimensión especular, en una dimensión que lejos de afirmar el conocimiento funda lo que vamos a ver con el transcurso del desarrollo, funda una función de desconocimiento propia del yo.
El yo tiene una función no de conocimiento por esta cuestión relativa a su relación con el cuerpo y con la imagen, con el hecho de esta relación eso funda una relación de un tipo de alienación, vamos a decir así, que plantea todo lo que se plantea en el orden del conocimiento integrable al narcisismo del sujeto. Y en ese sentido vamos a ver, como decía en algún momento, esto que funda esa función desconocimiento del yo. Una función que, por otra parte, es muy mostrable a partir de la paranoia, pero esto quiere decir que lo que estamos hablando, lo que estoy diciendo, se refiere a una cierta estructura paranoide del yo sin que necesariamente se trate de una paranoia, es la función. Esto es para darles a ustedes ciertas referencias más generales respecto de cómo ir entendiendo esta relación del sujeto con el objeto, es una relación equívoca, no es una relación unívoca. Ese objeto, como decía, en el lugar de ese objeto si se quiere poner una correlación con el yo del objeto, cualquiera que sea, nos va a dar una relación especular. En algún momento, no muy lejano sino muy próximo, vamos a hablar de qué es esta relación especular, del estadio del espejo y de su relación con la estructura narcisista del yo. Es allí donde esto puede establecerse más claramente.
Muy bien, lo que habíamos dicho, entonces, era que al lugar del objeto, hablando en términos del objeto del deseo, al lugar del objeto se produce, en este punto habíamos quedado la clase pasada, respecto del objeto tomando como base, como referencia el fantasma que se enuncia como “pegan a un niño” o “se pega a un niño”, de las dos maneras puede enunciarse eso, sobre esto teníamos que éste es un ejemplo de la transferencia. ¿La transferencia de qué?, la transferencia del afecto que el sujeto hace sobre el objeto, esto era lo que veníamos viendo con el sueño, ¿no es cierto?, la transferencia que el sujeto hace con el objeto; con el sueño veíamos transfiere la cuestión de “él no sabe, él no sabía, estaba muerto y no lo sabía”. El dolor queda del lado del sujeto y la ignorancia es transferida al objeto. Muy bien, cuando hablamos del fantasma de “pegan a un niño”, la transferencia del afecto, la transferencia del afecto del sujeto frente, digamos, en la presencia de lo que es el objeto de su deseo, esa transferencia se hace sobre el objeto. La transferencia del objeto, como creo que dije también la clase pasada pero no está mal repetirlo, ese afecto, que se utilice acá el término afecto es importante de aclarar porque el afecto es el amor y el odio pero no sólo el amor y el odio, es el temor, es la aprehensión, es la hostilidad si ustedes quieren, y es la angustia fundamentalmente. Entonces hay una transferencia sobre el objeto de ese afecto del sujeto como sujeto, porque es en la medida en que es sujeto de la palabra que hay esta relación con el objeto, digamos, que esta relación con el objeto se manifiesta muy compleja, como es muy compleja de fundamentar la relación del hombre con la mujer. Si decimos relación de objeto y el objeto se supone que es para cada uno el otro, vemos que es allí donde se presentaron, cuando se trató para Freud de explicar esto, digamos de cómo se constituye el objeto del deseo ó de cómo una mujer se constituye en objeto del deseo, ó cómo un hombre se constituye en objeto del deseo para una mujer, si es que esto pudiera plantearse en estos términos que lo estoy diciendo, bueno, es allí que las cuestiones empezaron a presentarse con una cierta complejidad porque la función del falo hizo allí una aparición, una aparición y una parición porque esto nunca había sido tratado así, ¿no es cierto?, esa función del falo, ¿no?, que la función del falo no fuera reconocida en épocas casi prehistóricas. El falo como velo, el falo como misterio, el falo, esto lo tenemos en Pompeya, lo tenemos en Grecia, lo tenemos por donde sea que se busque en lo que es una cultura; hay siempre una representación del falo. En Egipto, en Grecia, elegantísimas presentaciones del falo. Esto es reconocido pero esta función no tiene nunca en algún discurso antes de Freud ningún tipo de inscripción, ¿se entiende?. Esto no tiene inscripción alguna en la filosofía, en la psicología o lo que pueda llamarse anterior, o sociología, o economía, o lo que fuera, no tiene antes de Freud ninguna inscripción, no se ve que esto represente algún tipo de problema. Fue Freud el que empieza a descubrir, junto con la sexualidad infantil, una llamada por él fase fálica a la edad de aproximadamente cinco años del niño. Y Freud lo descubre a partir de una suerte de paciente en una relación muy particular con él que es Juanito. Cuando descubre esta fobia, digamos, le llega esta fobia en el niño, eso permite reconocer una función del falo, el hecho de que algo funciona para el niño como una premisa universal de que todo tiene falo y Freud se da cuenta de que esta premisa universal es universal, es decir, está en el discurso. Hay que reconocerla pero está en el discurso de los que hablamos, de todo ser hablante. Pero bueno, es así que comienza una cuestión a presentarse como esta llamada fase fálica. Y es con relación a esta cuestión relativa a la función del falo y al punto al que, supuestamente, se debería llegar en términos de una maduracion genital que permitiera explicar la relación del sujeto con el objeto, por ejemplo como relación del sujeto con el otro del otro sexo, en la medida en que esta maduracion genital que a su vez permitiría o hubiera debido permitir establecer una relación entre esa maduración genital y el amor, y la función del amor, muy bien, este punto resulta problemático de resolver. Resulta problemático de resolver por muchas razones. Entre otras razones una razón básica es el hecho de que las pulsiones parciales se interponen con relación a lo que sería esta maduracion genital. Una pulsión genital no hay, hay una pulsión oral, una pulsión anal, hay una pulsión escópica que tiene que ver con la mirada y que a su vez se relaciona con la pulsión oral, porque se puede decir que se devora con los ojos, por ejemplo, ¿no es cierto?. Hay verdaderas bulimias escópicas, digamos. La erotomanía es una cierta bulimia escópica, si ustedes quieren. Y lo mismo cuestiones que tienen que ver con la voz, es decir con ese otro objeto, nombré a la mirada como objeto, la voz es otro objeto que hace a lo que se llama la pulsión invocante que tiene que ver con algo fundamental porque es algo que tiene que ver con el llamado. Y en ese sentido es algo que tiene que ver con la demanda, pero estamos hablando de la voz en términos de un objeto pulsional.
Bueno, vamos a encontrar algo referido a esto posiblemente en el desarrollo que vamos a hacer hoy que corresponde con la última parte de la clase VI del Seminario de El deseo y sui interpretación y la clase VII, que no sé si terminaremos de ver, evidentemente va a ser un poco difícil. Pero sí hemos terminado con la clase V de una manera completa y con la clase VI. Quiere decir que ustedes, esto a parte, con la desgrabación de las clases deben poder seguir la lectura de esas dos clases del Seminario. Doy estas indicaciones prácticas para orientar.
Entonces, hay esta transferencia, volvemos ahora al punto que tiene que ver con esta fórmula, y decía, esta transferencia sobre el objeto en “pegan a un niño”, esta transferencia del afecto en presencia del deseo del sujeto. Bueno, es decir, en este punto toda la naturaleza del fantasma está en transferir, piensen en “pegan a un niño”, ¿cuál es la naturaleza del fantasma?, no sólo de este fantasma pero ahí es muy claro. Es transferir el afecto al objeto. Ahí esto está expresado en términos de amor y odio, vamos a ver porque tenemos para hacer un desarrollo acerca de este fantasma pero ustedes recordarán, y si no lo hago presente, que el fantasma que se expresa en términos de “pegan a un niño”, en lo que se puede construir como la primera fase del fantasma ahí aparece un agente, un agente o un pseudoagente, vamos a ver por qué pero digamos un agente que es el que pega, que aparece la figura del padre. El padre pega a un niño, a un niño odiado por mí. Vemos ahí que hay una transferencia clara del afecto que en este caso es el odio, es el odio lo que es manifiesto. Eso va a tomar la significación de pega a un niño odiado por mí, eso significa él me ama. Pero no es esto lo que nos interesa en este momento, sólo nos interesa para marcar lo que es la cuestión del afecto que está traducido en ese signo de amor, que es uno de los aspectos de la cuestión, que es para el niño el hecho del padre pega a un niño odiado por él. Entonces eso muestra la transferencia del sujeto del afecto sobre el objeto. Ahora, hay un movimiento de vuelta, un movimiento de reenvío, un movimiento de vuelta del objeto al sujeto. Observarán que cuando yo decía que “Introducción al narcisismo” es el texto de base para ver esta estructuración del fantasma en lo que es la enseñanza de Freud que habla del pasaje de la libido del yo al objeto y del objeto al yo, este movimiento es conservado por Lacan, pero él utiliza como yo utilicé desde el principio, él dice transferencia, transferencia al objeto. Esto es muy, muy importante. ¿Por qué es muy importante?. Porque muestra que hay una cuestión del imaginario que está en juego, que se juega con el otro y con el otro real, con el semejante, ¿no es cierto?. Que es el semejante el que viene al lugar de la imagen narcisista y que lo que se juega en términos del fantasma se juega con el semejante. Hay gente que se la pasa pegando a un niño y de muchas maneras, u observando que pegan a un niño o siendo pegado. Es decir, el sujeto va a traducir según el fantasma de pegan a un niño diversas situaciones en las que, por ejemplo, sufre por alguna razón o experimenta algún tipo de sufrimiento. Esto es cuando esto es lineal pero el sujeto puede sufrir por x razón y crear un síntoma a propósito de esto y sufrir dolores en el cuerpo como si le hubieran pegado, no hay nadie a quien no le haya pasado, ¿no es cierto?. No hay nadie que un día no se levanta como si le hubieran pegado una paliza. Bueno, hay que preguntarse qué es lo que se soñó y qué es lo que sucedió el día anterior y cómo es que esto incidió en lo que tiene que ver con el fantasma, lo que incide en lo que tiene que ver con el afecto del sujeto en su fantasma. Bueno, entonces también hay un reenvío, decía, este es el otro punto. Uno es la transferencia al objeto y el otro punto es el reenvío del objeto hacia el sujeto, el reenvío de ese afecto del objeto hacia el sujeto. Y en ese sentido como el sujeto está estructurado como yo, usamos el término moi porque el término mi en castellano no es el yo del pronombre, ¿se entiende?, el que está ahí sino el yo corporal. En ese sentido ese yo corporal, ese yo del narcisismo es eso que en francés se llama el moi. Lacan tiene ese recurso para llamarlo y nosotros tendríamos que decir el mi, pero no es exactamente lo mismo porque no se trata de un pronombre. Entonces en realidad prefiero decir, cuando me refiero al yo como corporal, como narcisista, el moi, ¿no es cierto?. Entonces el moi es el objeto en este punto, en lo que tiene que ver con el retorno del afecto y de la libido del objeto al sujeto. En tanto decía el sujeto se estructura como moi, como yo y como Ideal, este reenvío que el objeto ha hecho sobre el sujeto se va a plantear en términos de imagen del objeto. Es por esto que yo he escrito acá i(a). La pequeña i, esto nos indica que se trata de una función. Ahora no vamos a entrar todavía en ese concepto de función con respecto a esto porque no podemos hacer todo al mismo tiempo. No sé por qué pero no se puede. Entonces nos conformamos, por el momento, con decir que estamos escribiendo i(a) como si escribiéramos f(x). Cualquier cosa puede ir al lugar de x, o sea del argumento. Supongamos a, supongamos el objeto. Estoy esquematizando muchísimo pero sirve como una referencia. El concepto de función o de relación, que es lo mismo, es un concepto matemático, es un concepto lógico, y como siempre digo Lacan trabaja con funciones, es decir función del Nombre del Padre, la función de la identificación. La identificación es una función, es más, es más función que nada la identificación porque todo lo que tiene que ver con una relación a la imagen se expresa en términos de, o relaciones de un término a un término correlativo en una relación dominio – codominio, ¿no es cierto?. Bueno, o como se habla de funciones también en el sentido óptico del término. Pero bueno, esta digresión para ubicar i. I es la pequeña i que se corresponde con el yo Ideal, con el moi en el sentido del yo Ideal, es decir, lo que tiene que ver con la imagen del yo, en este caso, con la imagen del otro que vuelve sobre el sujeto. Es el reenvío que viene del objeto en términos de imagen del otro. Entonces esa imagen del otro es lo que viene como reenvío, reenvío que se corresponde al yo y al moi, y el Ideal del yo. Pero ahí es todo uno, digamos, el yo y el Ideal. Es más bien yo y yo Ideal que Ideal del yo. Es yo y yo Ideal. Y bueno, hay este reenvío del objeto al sujeto y del otro lado se plantea la imagen del otro y esta imagen del otro está marcada. La imagen del otro es lo que teníamos como otro en el fantasma, pero ahora estamos hablando en término de imagen, ahora Lacan está hablando en términos de imagen, ya vamos a ver por qué. O sea no es el otro sino imagen del otro. Acá es la imagen del otro en el sujeto. Esto corresponde al yo y esto corresponde al sujeto correspondiente, si puede decirse así, con ese yo. Y esta es la imagen, la segunda forma del reenvío del objeto al sujeto, sigue acá este reenvío, ¿no es cierto?, es la imagen del otro y esto marcado sí por algo que es el Ideal del yo. El Ideal del yo en tanto que tiene que ver con el deseo pero no con el deseo del sujeto, sino con el deseo de la madre. Es la relación del sujeto con el deseo pero no el suyo sino el deseo de la madre. Es decir, el deseo de la madre en tanto eso hace de él, por ejemplo, un niño deseado o no. Es esa relación al Ideal del yo de la madre lo que establece esa relación entre el niño, es incluso lo que hace al niño ir al lugar de falo respecto del deseo de la madre, ¿se entiende?.
Ahora bien, esta formulita es particularmente interesante porque ahora la estamos viendo como la vuelta de la transferencia del afecto del sujeto sobre el objeto, como el retorno del sujeto, y vamos a ver, más adelante, que esta misma formula le sirve a Lacan para dar cuenta de los celos, para considerarla una metáfora de los celos. Lacan va a tomar el ejemplo de San Agustín, lo vamos a ver en su momento desarrollado, es un ejemplo que Lacan lo toma creo que en siete oportunidades y con muy leves variaciones pero siempre sobre la misma base. Y fíjense que es muy interesante porque lo toma, digo el ejemplo de San Agustín, que dice haber observado un niño de dos años empalidecer de celos ante la imagen de la madre amamantando al otro, la imagen del otro y amamantando a otro, y en un lugar, y esto es importante, en un lugar donde él ya no está pero no porque está el otro, no está porque ni siquiera le interesa estar. Y el hecho este de que ni siquiera le interesa estar no significa que no experimente esos celos, no porque quiera estar en ese lugar, es lo que nos dice Lacan, no porque quiera estar en ese lugar. ¿Es ante qué que es este afecto, podemos decir, que es el empalidecimiento?. Van a ver que Lacan cuando trate esto y cuando lo veamos vamos a ver que interesante es esto porque Lacan dice, acá a nivel de lo que es la imagen del yo, esto es sustituido por la palidez. Quiere decir esto reúne en esa formulita las identificaciones que forman al yo del sujeto. Todas esas identificaciones son conmovidas. ¿Ante qué?, ante la totalidad que representa esto, digamos esa imagen del niño amamantado por la madre. Y esta sustitución, esto donde el sujeto se ve sustituido, si el sujeto acepta, digamos así, esta sustitución, porque podría no aceptarla; si acepta esta es una metáfora, ¿no es cierto?. Es una metáfora porque hay allí ya una sustitución, es decir se deja sustituir por el otro. ¿Pero qué quiere decir entonces?, quiere decir que él es otro y eso hace al narcisismo extrínseco, eso hace al narcisismo no intrínseco sino extrínseco. El es otro en tanto se deja sustituir por el otro. El no es él mismo, es decir él zafa del encierro, por eso digo que es el que se produce cuando se trata de los celos como pasión, del encierro en él mismo en el que se esconde, digamos así, el sujeto en la pasión celosa. Es muy interesante, esto es un fantasma. Es muy claro que es un fantasma en lo que tiene que ver con los celos pero se ve que ese fantasma es el revés del fantasma de “pegan a un niño”, si lo consideramos como lo estamos viendo. Quiere decir que ahí donde está la pasión celosa eso se puede dar vuelta y sacar a la luz el fantasma de “pegan a un niño”. Por supuesto que hay muchas otras cosas en juego pero esto es muy interesante. Así como es muy interesante considerar, que no veo yo que se considere tanto y sin embargo es algo muy importante, tratándose siempre del fantasma está en juego la ausencia del sujeto. Es decir, la ausencia del sujeto quiere decir su elisión subjetiva, lo que Lacan llama su elisión subjetiva, el sujeto como ausente; vamos a decirlo así que es más claro que decir la ausencia del sujeto, aunque Lacan dice la ausencia del sujeto. Pero se refiere a esto, al sujeto como ausente, como haciendo la característica de la relación del deseo con el sujeto y con sus funciones imaginarias, y esto da lo que es la elisión del sujeto. Y decía que lo que a veces no se considera, o en general no lo he visto considerado, es el hecho de que en cuanto esto tiene que ver con los celos hay algo que tiene que ver al mismo tiempo con el vouyerismo, por ejemplo. Es decir, con el vouyerismo pero algo más particular aún que es que el sujeto se esconde. En este sentido digo o como se dice, esconde los celos o se esconde respecto de los celos. Y esto, por ejemplo, en una relación que puede perfectamente ser una relación, un tipo de relación que llevaría a saber, digo para poner en juego esta cuestión con el saber, que el otro sepa, que el otro no sepa. Que el otro no sepa, en muchos casos es que el otro no sepa, que yo sé algo que él tiene conmigo, un desprecio, supongamos. Que el otro no sepa que yo sé que él me desprecia, que no sepa que yo sé. Alguna vez he usado un ejemplo respecto de esto de una niña que escucha que la madre en otro lugar, en otra habitación de la casa, habla con una amiga, una vecina, lo que sea y le dice, mostrando los cuadernos de ella y de su hermano, que es evidente que si bien el cuaderno de ella está mejor, el hermano es más inteligente. Ella escucha esto, se encuentra detrás de la puerta, y no aparece, No aparece nunca más, digamos en este sentido, ante el otro en esta situación. Y se trata de que el otro no sepa que yo sé que tal cosa, que el falo es el hermano. E imagínense qué sucedería si se produjera esa confrontación que la niña aparece ahí en el momento en que la madre ha dicho esto. Es algo que hace, evidentemente, a la castración en la madre y que tendría un retorno que la libera, pero las cosas no ocurren de esa manera. Es así como se va armando un fantasma y como se ve que el saber tiene una función. Pero en ese sentido es una forma de elisión del sujeto, acá es una forma muy clara, ¿no es cierto?. La vez pasada hablamos de la elisión del sujeto como de la afanisis del sujeto, es decir la no aparición, quiere decir. Recuerdan que dije que fa es manifestación o aparición; la no aparición del sujeto. Bueno, en “pegan a un niño” está completamente en juego esta elisión del sujeto ya en el enunciado. El enunciado es “pegan a un niño” o “se pega a un niño”, en este impersonal, digamos. Y el momento que es la segunda fase del fantasma, esa fase que hay que construir, que hay que necesariamente construir donde el pegado es él, el sujeto, esa fase hay que construirla porque es prácticamente imposible de reconstruir, o sea de que el sujeto aparezca porque es de la naturaleza misma del fantasma que el sujeto no aparezca. Es eso lo que nos muestra que es propio del fantasma que el sujeto no aparezca, que el sujeto esté elidido. Vamos a ver esta forma de elisión del sujeto y de la forma en que el sujeto, en cuanto que se elide, se anuncia o no se anuncia. Lo vamos a ver cuando veamos el cuento de ¿?, el sujeto que se acerca al consultorio del analista y silva primero, o tose, hace un ruidito para advertir de su presencia, es decir para no sorprender en quién sabe qué, bueno, se supone hay una fantasía del analista masturbándose y se trata de disimularse, digamos así, no para sorprenderla sino para no sorprenderla; en este caso es al revés. Bueno, entonces dejamos acá este punto que retomamos en seguida después siguiendo el desarrollo del fantasma de “pegan a un niño”.
Fíjense, Lacan hace una diferencia entre lo que él llama el sujeto biológico elemental, vamos ahora a referirnos un poquito al grafo; el sujeto biológico elemental de lo que es el sujeto de la demanda. El sujeto de la demanda es el sujeto del que hablamos, es el sujeto en tanto el que habla. Es decir en tanto el que habla, en tanto está el lenguaje en juego, todo lo que se presentara o se presenta en términos de llamado, de demanda, de pedido, pasa por el lenguaje y al pasar por el lenguaje el objeto, lo que se está poniendo en juego respecto del otro es algo de un orden completamente simbólico. Puede haber en juego el pedido, la demanda de un objeto de la necesidad cualquiera sea, un objeto oral supongamos el pecho, pero Lacan lo que nos acentúa acá es el hecho de que ese pedido tiene un carácter simbólico en el sentido de que se dirige y se refiere a una presencia o a una ausencia, una relación presencia- ausencia. Y en este sentido el otro lo que da es una nada, una nada en lo que tiene que ver con el objeto de esa demanda, lo que da esa nada es el correlato, en términos de objeto, de lo que es su presencia. Es decir, el otro está allí en juego como presencia. Esta relación presencia-ausencia es una relación ya simbólica. ¿Por qué Lacan habla de esto?, porque él comienza diciendo que cuando se trata del síntoma no se trata de algo que está referido a algún tipo de frustración sino que se trata de algo que pone en juego un elemento de carácter simbólico o un elemento de carácter imaginario y real. En realidad lo que Lacan dice precisamente es que se trata de un nudo de real, simbólico e imaginario. Lacan va a hablar muchísimos años después de este nudo como el nudo borromeo, del nudo borromeo y el síntoma, pero ya aquí dice cuando se trata del síntoma hay un nudo real, simbólico e imaginario y que tiene un sentido, acá Lacan habla de sentido simbólico. Ese sentido simbólico quiere decir que estando en juego en el lenguaje este sujeto que podríamos decir no hay sujeto acá, es un punto de partida sin sujeto. Yo puse las dos cosas como si se partiera de nada, un simple signo, que se partiera de acá, un sujeto de la intencionalidad o un sujeto, como decía, biológico elemental llega a este punto, esta es la manera de graficarlo, en su relación con el lenguaje y es entonces que va a producirse un orden de llamado. Si se pensara en un objeto de extrema necesidad, se pensaría en términos del grito, el grito de ¿?, el grito de la multitud, digamos ¿?, o el grito de socorro. Es en ese punto, dice Lacan, que el sujeto coincide con la necesidad. No es que lo que es demandado es un objeto de la necesidad sino que el objeto de la necesidad coincide con el grito, coincide con el llamado, está ahí en juego esa pulsión invocante de la que hablé antes y aún en ese caso que se trata de un objeto de la necesidad hay esta identificación de ese sujeto con ese objeto formando esto que en rigor se llama una holofrase, es decir una frase completa en un sólo término. Vamos a ver después, en algún momento, que hay una relación entre lo que se establece para el sujeto, no en estos ejemplos que son holofrases bien formadas, digamos así, pero que hay una posibilidad de que en la relación del sujeto al significante algo funcione como holofrase y hay una cierta relación entre algo que no puede constituirse como síntoma analítico antes de que esa holofrase pueda ser desarmada y sea construible el fantasma. Digamos, esa distancia enunciado-enunciación en lo que es la holofrase no está funcionando. Hubo quien relacionó y de una manera que no deja de ser de algún modo acertada la holofrase con el síntoma, llamémosle así entre comillas síntoma, el fenómeno psicosomático, pero bueno, eso exigiría otro desarrollo en el que hoy no vamos a entrar pero son referencias para tener en relación con lo que es una palabra.
Es como sujeto de la palabra, dice Lacan, que el sujeto al aproximarse al objeto se encuentra en ese impasse, en esa elisión, dice, esa elisión que lo deja en la noche del traumatismo. ¿Qué quiere decir esa elisión que lo deja en la noche del traumatismo?, ¿qué es la noche del traumatismo?. Es el hecho del nacimiento del sujeto al lenguaje, es el trauma de nacer al lenguaje. Es allí donde hay en juego, digamos así, una dimensión que podemos considerar que si no adquiere cierto borde es abismal. Y en ese sentido la fobia tiene una función, tiene la función de establecer respecto de ese traumatismo una función de anclaje, una función de borde, una función que permite cernir, ya sea, por ejemplo por la vía de un objeto, algo a lo que el sujeto se agarra, vamos a decir así, respecto de ese traumatismo. Uso el ejemplo de la fobia y no de otro síntoma porque la fobia tanto es un síntoma como es constitutiva de la estructura del sujeto, de la misma manera que el fetichismo, ¿no es cierto?, pero justamente eso se revela por la fobia como síntoma. Y la fobia como síntoma está muy ligada, muy relacionada con el fantasma en lo que tiene que ver con la elisión del sujeto porque dice en la fobia respecto del objeto, el sujeto se borra, el sujeto desaparece, el sujeto está en afanisis. Pensemos un ejemplo que se me ocurre en este momento, que recuerdo en este momento. Esto tiene siempre que ver con la aparición, con el hecho de aparecer para el sujeto. La aparición diciendo, quiero decir tal cosa, quiero hacer una pregunta o quiero entrar en un lugar. Y se me ocurría algo que creo que es un buen ejemplo. Es el ejemplo de alguien que toca el timbre para su sesión y hay algo que impide que el timbre sea escuchado por mi parte. Toca el timbre una segunda vez y subsiste el problema, entonces ¿qué es lo que esta persona dice después?. Se va, y hay un medio muy fácil de comunicarse por el teléfono o de otra manera pero no encuentra ningún medio. Y ¿qué es lo que dice después?, -“una tercera vez era una insistencia imposible”. ¿Por qué una tercera vez era una insistencia imposible?. Porque eso hubiera sido una aparición, ¿se entiende?. Tengo mi hora de sesión, voy a mi hora de sesión, mi analista me esta esperando, llego; es como que no pasa nada hasta ahí, no he aparecido para nada. Todo esta normal, todo bien, como se dice, ¿ no es cierto?, no pasa nada. Ahora, si hay algo que es anormal, que es una irregularidad y tengo que insistir, mi insistencia sale de esa regularidad, de esa normalidad y tengo que aparecer y tengo que manifestarme en el sentido de aparecer. Es un ejemplo de afanisis también interesante. ¿Y esto con qué es asociado?. Esta persona dice, - “siempre, yo no puedo insistir”. “Tal persona estaba dando una clase y no me parecía que las cosas eran como estaba diciendo y pregunté: ¿pero esto es así?. Me dijo que sí pero yo no estaba conforme pero no podía volver a insistir, yo siempre aborto – fue la expresión – siempre aborto lo que voy a manifestar como una insistencia y no llega a ser”. Silencio, silencio para que esto resuene y ¿cuál es la asociación?. “Nunca le dije que siempre pensé que mi madre no había querido tenerme”. Bueno, sea esto así o no sea así, lo que es así sin duda es que ella siempre pensó esto respecto del deseo de su madre, estaríamos allí respecto del Ideal del yo de su madre, del Ideal del yo como deseo de ella con el deseo de la madre. No soy yo, dice ella, el objeto de ese deseo, siempre pensé eso. Entonces es con relación a eso que no existo. Todo esto es un imaginario, más allá de que pueda haber un elemento real en lo que tiene que ver con el no deseo de la madre, tiene una estructura imaginaria que justamente muestra esa elisión del sujeto. Y ven ustedes cómo vienen los términos, la manera de expresar. En lugar de yo me cayo, en lugar de insistir y no termino de decir lo que quiero decir para no insistir, la expresión que viene se refiere precisamente a la noche del traumatismo, como habíamos dicho. No sólo o eventualmente no ser el objeto del deseo de la madre sino algo que concierne al nacer, al nacimiento, pero al nacimiento también y fundamentalmente al nacimiento al lenguaje. Hay esa relación entre la elisión del sujeto, el fantasma y el trauma. Y lo que es el trauma del sujeto en el sentido universal de por la entrada al lenguaje y en el sentido singular, particular, que tiene que ver con la forma en que se estructura el fantasma de cada sujeto. Por ejemplo en este caso con relación a esto de yo me cuido de aparecer porque lo que me van a preguntar de vuelta es qué estas haciendo ahí, digamos, ¿no es cierto?. Es decir, ¿qué podría decir el otro?, supongamos yo abriendo la puerta y ¿usted quién es?. Esto es lo que está en el fantasma del sujeto, en el sujeto está que el otro no lo va a reconocer, no va a saber que es él, ¿sí?.
Bueno, yo creo que podemos parar hoy aquí. Y como les dije, lean las clases con el Seminario de manera tal de poder formular las preguntas sobre cuestiones que a lo mejor ya están más firmes las dudas o lo que no esté claro ya está más firme apoyado sobre el papel y sobre la lectura. Sí, había una pregunta allí.
Comentario: No es una pregunta, es un comentario. Yo alguna vez hice la búsqueda de la escena de San Agustín, por supuesto orientada por vos en un trabajo de Cartel, y lo que me resultó absolutamente didáctico es que, en las siete veces no sé, por lo menos en la seis porque la séptima es en “Aún” y no recuerdo; antes de describir la escena de San Agustín Lacan ubica el transitivismo que me parece absolutamente didáctico respecto de que el sujeto se constituye como otro, ¿no?. En esto que vos estabas diciendo, el transitivismo es una experiencia que dice que se realiza en una escuela alemana con niños de menos de dos años, que también me parece importante que es antes de la toma de la palabra, está en el lenguaje pero aún no tomó la palabra, donde si se golpea uno llora el otro.
Anabel Salafia: Claro, exactamente. Bueno, justamente acá no se trata del transitivismo, se trata de una verdadera sustitución. Es por eso que Lacan habla del transitivismo porque en la paranoia o en el niño menor de dos años efectivamente se da este fenómeno propio de la tensión agresiva entre el niño y el otro, él pega al otro y llora él, digamos, esta cuestión. Ahora bien, cuando esto se constituye en este cuadrilátero, en estos cuatro términos, hay una elaboración por sustitución, es por eso que esto es una metáfora. Es una metáfora respecto de la agresividad y respecto del transitivismo, efectivamente. ¿Se entiende por qué hay allí sustitución?. Es decir, el fantasma de “pegan a un niño” no es un fantasma que tenga que ver con la agresividad, a ver si nos entendemos. El fantasma de “pegan a un niño” es un fantasma en primer lugar, quiere decir es una estructura que nos permite ver esta transferencia del afecto del sujeto al objeto y del objeto al sujeto y nos permite ver, fundamentalmente, la relación que el sujeto mantiene en relación con lo que él es marcado por el significante, con lo que él es en la cadena significante, es decir, con eso a lo que lo reduce el hecho de estar bajo un significante. Es decir, “pegan a un niño” es el correlato del efecto del significante sobre el sujeto. Entonces no es un fantasma que tiene que ver con la agresividad pero sí es un fantasma que tiene que ver con el sadismo y con el masoquismo. Digamos, es un fantasma sádico y cuando se trata del niño que es pegado, es masoquista. Pero olvidémonos de la psicología del masoquismo aquí y de pensar en términos de que él es el que sufre. No, no, lo que Lacan nos ha hecho comprender es que el niño pasa al lugar de ser pegado porque el que ha sido pegado ha sido abolido, abolido en lo que tiene que ver con su deseo, sobre todo abolido en relación con su subjetividad. ¿Pero Lacan qué nos dice?, que ahí él aprehende, el niño aprehende del otro que es rozando ese límite, el límite que tiene que ver con el dolor, digamos, el límite que tiene que ver con la humillación, el límite que tiene que ver con el sometimiento, si ustedes quieren, que ve que en eso, de eso y con eso sobrevive su deseo, sobrevive su ser tocando ese borde; que sin ese borde no hay deseo. O sea que esa relación masoquista es lo que tiene que ver con la esencia, lo que es intrínseco al masoquismo y lo que es el masoquismo intrínseco al sujeto bajo el significante y al sujeto que por lo tanto es el sujeto que habla. Ese masoquismo es intrínseco quiero decir en el sentido que da la relación con el deseo. Lo que el niño aprehende es que el otro subsiste en esa abolición. Es decir que hay una afirmación del ser a partir de este, esto para no psicologizar lo que se presenta como masoquismo que es siempre complejo y requiere ver muy bien de qué se trata. Pero, en todo caso, es algo que nos advierte bien que no es abordable sin que se construya el fantasma, sin que el análisis vaya construyendo el fantasma. Es decir, no hay interpretación del masoquismo que pueda hacerse de una manera directa, ¿se entiende?, porque el masoquismo está en esa propia relación del sujeto con el significante. Entonces es por eso que esto es un fantasma universal, digamos así. Iba a decir en occidente pero no creo que sea nada más que en occidente porque tenemos a Mishima, por ejemplo, y otros autores que ahora conocemos japoneses que nos dicen que en oriente esto parece, en lo que tiene que ver con el fantasma, en fin es arriesgado hasta cierto punto ya será porque oriente está muy tocado por el occidente probablemente, ¿no es cierto?. Pero así es como esto funciona.
Isabel ¿?: La pregunta tiene que ver, me parece que es lo que estuviste hablando recién Anabel. A mí me había quedado dando vueltas esta cuestión de que el niño ve amamantar al otro y lo cela no porque quiere estar en ese lugar. Y me parece que algo de esto está, no porque quiera estar en ese lugar que me parece que es otra manera de decir o de quitar, de separar este psicologismo que se armaría. De todas maneras sigo sin tener claro porque no deja de ser necesario que esté ese otro y no deja de ser necesario que él acepte esa sustitución. Entonces ¿de qué no quiere desprenderse?. ¿Se entiende la pregunta?.
Anabel Salafia: De verse fuera de la unidad que representa el otro, de la totalidad que representa el otro con la madre. Es ante esa totalidad, ¿no es cierto?. Es algo que tiene que ver con el objeto, por un lado, pero el objeto no es lo que le interesa, lo que le interesa es que esa totalidad es algo de la cual él está afuera. Quiere decir él cae como falo.
Isabel ¿?: El acento entonces no está en el objeto. Eso es lo que a mí me faltaba...
Anabel Salafia: Claro. Por supuesto que hay una oscilación siempre con relación a esto. Quiero decir, el sujeto lo acepta hasta determinado punto y a lo mejor en determinado momento no lo acepta en absoluto o en determinadas condiciones no lo acepta en absoluto. O en otras condiciones la condición del tercero se constituye en una condición erótica, lo tenemos en “Psicología de la vida erótica”, ¿no es cierto?. Vemos al revés, que otra vuelta de los celos, digamos, los celos son la condición de que el objeto entre en el fantasma, vamos a decir así. O sea que hay diversas consideraciones a hacer a partir de esta formulita. Vamos a ver que también es el fetiche lo que se obtiene a partir de esta fórmula. Pero sí, efectivamente tiene que ver con que tampoco lleva a nada psicologizar con respecto a los celos porque eso está dentro de una estructura. En realidad es más simple, digamos. Si se conoce la estructura y se manejan los términos de la estructura es más simple que estar adivinando de qué se trata a través de algo como la psicología del sujeto porque es el discurso mismo que lo va diciendo. El discurso va presentando los términos como en el ejemplo que yo daba, ¿no es cierto?.
El otro punto que vamos a ver la próxima vez que falta todavía para el desarrollo de este capítulo, no mucho pero falta terminar con el fantasma de “pegan a un niño” y sobre todo ver la cuestión de la diferencia entre demanda y deseo, de la diferencia y de la relación del deseo a la perversión.
Comentario: También va en el sentido de la pregunta que hacía Isabel. A mí me hacía pensar este punto, ¿no?, el hecho de que al niño no le interesa ese lugar y sin embargo empalidece al ver esa escena. ¿Cómo se toca esto de los celos con la envida?, porque me recordaba que Aristóteles, y Freud lo toma en ese sentido también, que precisamente la envidia se trata de que el otro no tenga algo y no por un interés propio sino sencillamente porque el otro no lo tenga. Entonces la pregunta va en ese sentido, si se podía hacer esa distinción entre los celos y la envidia en ese punto, ¿no?.
Anabel Salafia: Sí, efectivamente hay que hacer una distinción entre los celos y la envidia pero lo vamos a poder hacer cuando tratemos esta fórmula respecto del fetichismo, de manera más apropiada. Efectivamente, los celos no es lo mismo que la envidia. Cuando el sujeto dice que está celoso es que es la envidia lo que está en juego, cuando dice que envidia es que está celoso. Hay una de las dos cosas que no se admite, ¿no es cierto?, entonces en determinado momento es mejor no admitir los celos y decir que se tiene envidia y en otro momento es mejor decir que se está envidioso que.. ¿mejor en qué sentido?. Respecto de esta aparición, ¿se entiende?, respecto del aparecer o no aparecer. El asunto es la estrategia del sujeto, esta estrategia laberíntica como es el fantasma mismo de pegan a un niño, para sostener el deseo y que cada estrategia es una estrategia diferente de la diferente posición que cada sujeto tiene con respecto a la demanda y con respecto al deseo. En la neurosis predomina la demanda, pero una cosa es una demanda articulada, otra cosa es una demanda que no está articulada y que no se presenta como demanda. Y efectivamente por eso se establece una relación entre deseo y perversión, y demanda y neurosis. Vamos a ver un poco respecto de esto la próxima vez.