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Clase 4 de abril 2008 Anabel Salafia

Anabel Salafia: Buenas tardes. Quiero, antes de comenzar a trabajar, darles a todos la bienvenida a este curso, al comienzo de este curso y del trabajo que vamos a desarrollar acá.

Me dicen si en algún momento no se escucha. Como saben, porque está anunciado en la cartilla, vamos a hacer un cierto recorrido teniendo como referencia este año, todos los años tenemos un seminario de referencia y este año tenemos como seminario de referencia un seminario que es “El deseo y su interpretación”, un seminario muy interesante, particularmente interesante. Todos tienen, cada seminario tiene su interés pero el interés de este Seminario, a mi entender, ustedes verán a medida que lo frecuenten, si es que ya no lo han hecho, la virtud de este seminario es la de ser probablemente el más freudiano de los seminarios de Lacan. Es una manera de verlo y por supuesto podrán algunos tener otra opinión, pero creo que difícilmente alguien dejaría de notar la impronta freudiana tan fuerte que tiene este seminario. Por supuesto que Lacan siempre hace desarrollos en relación con los de Freud, pero aquí hay algo que es justamente singular, algo de lo que no se puede decir que Lacan no haya hablado o mencionado, digamos, la cuestión del deseo antes de este seminario. Pero lo que sucede aquí es que por supuesto esto viene de un desarrollo, digamos, es el desembocar de un desarrollo particularmente el que Lacan llevó a cabo el año anterior que fue justamente nuestro seminario de referencia el año pasado. Digo, justamente porque no es que seguimos una cronología respecto a los seminarios de referencia, pero en este caso efectivamente el año pasado el seminario de referencia fue “Las formaciones del inconciente” y hay un desembocar, como decía, de las cuestiones que se desarrollaron allí y sobre las que trabajamos el año pasado en este seminario pero para poner en primer plano la cuestión del deseo y la cuestión de la interpretación.
Más adelante y en determinado momento vamos a ver, y lo vamos a ver acá porque va a venir al caso, que Lacan va a decir ya no el deseo y su interpretación sino el deseo es la interpretación. No vale la pena adelantarnos acerca del por qué de este descarte de la y, de la conjunción allí pero evidentemente es un tipo de operación que Lacan no hace únicamente con respecto a “El deseo y su interpretación”, lo hace con respecto también a “La significación del falo”, por ejemplo, en el momento en que Lacan dice no tiene caso hablar de la significación del falo porque siendo el falo lo que es evidente, es una conclusión a la que llega su trabajo, el organizador, sin duda, de lo que es la significación, todo lo que es del orden de la significación en el lenguaje ordinario está organizado con relación a ese significante que en este seminario va a tener un rol fundamental que es el falo como la significación. No hay significación que no sea del falo, Lacan dice esto es un pleonasmo, digamos, decir la significación del falo. La significación es del falo. Bueno, este tipo de operaciones son resultados, digamos, son resultados a los cuales Lacan va llegando. Aquí, por el momento, todavía plantea las cosas en términos de el deseo y su interpretación.
Decía, va a ser nuestro seminario de referencia, tenemos un cierto orden de cuestiones divididas en dos partes. La primera parte de este orden de cuestiones está en la cartilla, la segunda parte no está en la cartilla porque no venía al caso ponerla. Vamos a ver si podemos cumplir con esta primera parte, creo que sí, en una buena parte del año. La segunda parte es la parte del seminario, para quienes lo conocen, que está prácticamente, digamos así, o fundamentalmente dedicada a Hamlet. Entonces, hay un desarrollo hasta esta, podemos decir, mitad del seminario y es respecto de ese desarrollo que están esas puntuaciones en la cartilla. Un problema en relación con este seminario y con el hecho de que tomáramos para este curso este seminario como referencia fundamental y para seguirlo en nuestro trabajo, era el hecho de que la traducción al castellano con la que se cuenta de este seminario es una muy mala traducción y efectivamente faltaban capítulos, fundamentalmente faltaban los seis capítulos iniciales. Y entonces tenemos la suerte de que algunas personas durante el verano se dedicaron a llevar a cabo la traducción de esos seis capítulos que faltan en la traducción en castellano y es lo que tenemos con este tipo de presentación son estos seis capítulos que faltan en castellano, traducidos y corregidos por varias personas que integran, vamos a decirle así, este equipo de trabajo. De manera que ustedes pueden tener acceso a estos capítulos de esta manera. Efectivamente, representaba un gran problema que no lo estuvieran porque de la primera parte estos seis capítulos son fundamentales. Como les decía este seminario es una referencia y va a ser una referencia muy cercana y no dejo de pensar que efectivamente el trabajo que hagamos tiene que ser en gran medida una lectura del seminario. Muy bien, esto no quiere decir que vamos a seguirlo linealmente, yo por ejemplo tomé una reunión que corresponde a la clase 5 del seminario para comenzar hoy. Y tomé esta reunión porque es una clase clara que me pareció interesante para el comienzo y que tiene como base, como fundamento algo que es un mojón en el seminario.
Hay en el seminario algunos mojones. Unos el sueño que Freud presenta en “Los dos principios del suceder psíquico”. Digamos, hay razones muy importantes y es muy importante entender también por qué razón está este sueño elegido por Freud para mostrar la cuestión del deseo y no cualquier otro sueño de “La interpretación de los sueños”, digamos así, que Freud presenta en “La interpretación de los sueños”, cosa por la que efectivamente, digamos, puede hacerse y se ha hecho un desarrollo respecto de la cuestión del deseo en el sueño en relación con otros sueños. Pero el punto es por qué Lacan va a ponerlo en este seminario donde el propósito fundamental de Lacan es deslindar la cuestión de qué es el deseo. Lacan no da por supuesta ni por respondida la cuestión de qué es el deseo sino que la abre, la plantea. Bueno, vamos a tratar el deseo y ustedes van a ver que una de las cuestiones fundamentales también es, en principio, distinguir, establecer la diferencia entre lo que es un anhelo y lo que es el deseo como deseo inconciente. La relación, digamos así, la articulación inconciente - deseo es justamente eso a lo que Freud se refiere. No es que no exista una relación entre el anhelo y el inconciente pero esa relación que existe entre el anhelo y el inconciente puede únicamente expresarse a partir de establecer, de aclarar y de deslindar la articulación entre el deseo y el inconciente.
Bueno, vamos a ver, por ejemplo, que Lacan va a presentar la cuestión del anhelo en el orden de lo que es una, vamos a decirlo en otros términos que él lo dice en primer lugar, como una aspiración del ser. Es decir, la cuestión del anhelo se presenta como un voto, también es el otro término para poner en juego, el término voto como deseo es un término de interés bastante particular; un voto, un anhelo que se presenta en general o en particular para deslindar su estructura, que se presenta como un infinitivo: ser tal cosa. Lacan toma una pequeña poesía para dar un ejemplo de lo que está poniendo en juego como anhelo y en diferencia con respecto al deseo. Estos versos de esta poesía dicen, “ ser una chica bella, rubia y popular que pone la alegría en el aire...”, disculpen la traducción, es un poema y estoy traduciendo de manera directa; “...que pone la alegría en el aire cuando sonríe, que da apetito a los obreros de ¿?”. Muy bien, Lacan dice, esto ha sido escrito por una persona que es una poetiza, una poeta contemporánea, discreta pero de las cuales una de las características es ser pequeña y negra. Y que sin ninguna duda expresa su nostalgia, dice, de dar el apetito a los obreros de ¿?. El asunto es este ser que de lo que se presenta como anhelo es ser tal cosa o tal otra. Sin embargo vamos a encontrar en el transcurso del trabajo que en muchos momentos cuando Lacan trata este sueño, me refiero al sueño que nosotros conocemos, al que le damos una especie de título que es en realidad un enunciado del sueño, “él estaba muerto y no lo sabía”, ¿no es cierto? ; se dice, el sueño de “él estaba muerto y no lo sabía”. Bueno, tratando la cuestión de ese sueño, que como les decía espero darles una idea ahora, por lo menos aproximar a la idea de por qué Lacan lo toma como privilegiado con relación a lo que él quiere poner en juego respecto del deseo, en algunos momentos Lacan habla del anhelo, del anhelo del soñante y vamos a ver que se establece efectivamente una diferencia entre lo que es el deseo del sueño y muy sutil el deseo del sueño y lo que está allí como anhelo. La primera cuestión con la que Lacan introduce la cuestión de este sueño y de lo que va a estar referido a esos principios del suceder psíquico, la primera cuestión es algo que es una pregunta que es interesante destacar. Lacan lo pone en uno de los primeros lugares, dice, ¿por qué Freud cuando habla del deseo del sueño, por qué Freud dice que se trata de un deseo prestado, de un deseo que se toma prestado?. ¿En qué sentido se trata de un deseo que se toma prestado?, ¿qué quiere decir un deseo que se toma prestado?
El otro punto es que el sueño lleva la marca de la represión bajo la forma de la censura y bajo la forma de algo que podríamos decir es el título de este capítulo que es el yo no digo que. Yo no digo que es la cuestión que empieza a introducirse con esto. Es decir, ¿por qué el deseo de un sueño es un deseo prestado?, justamente es un deseo prestado con relación a este yo no digo que. Ustedes conocerán probablemente, espero que sí porque es magnífico, el discurso de Marco Antonio en Julio César de Shakespeare. El discurso de Marco Antonio, ojalá lo tuviéramos acá solamente para tomarlo como ejemplo porque lo acabo de recordar como gran ejemplo del yo no digo que; cuando Marco Antonio luego del asesinato de Cesar por parte de Bruto habla al pueblo, habla a los romanos, no lo hace, digamos, su función justamente es reivindicar a César, la función de este discurso. Ahora, la forma que toma esta reivindicación es la forma del yo no digo que, ¿no es cierto?. Es decir la cuestión se plantea en términos, no lo recuerdo con exactitud, pero la cuestión es respecto de los defectos de César, particularmente respecto de su ambición y aquello que justificaría el asesinato de César por parte de Bruto. Entonces el discurso de Marco Antonio va en el sentido de yo no digo que César no fuera ambicioso, Bruto lo dice, yo no digo que no fuera así pero tal cosa, pero tal otra, pero tal otra. Está este magnífico discurso, hay que verlo. En la versión de Marlon Brando, por ejemplo, se disfruta mucho más en Julio César de Marlon Brando porque efectivamente está allí magníficamente dicho en el ritmo que ésta enunciación en ningún momento, quiero aclarar, Marco Antonio dice yo no digo que, está todo dicho con afirmaciones y dice en algún momento “yo no desmiento o no quiero desmentir”, si no recuerdo mal. Es un buen ejemplo de esta cuestión fundamental que es la función que cumple la negación en lo que tiene que ver con el deseo que se articula como deseo del sueño, la función que cumple la negación en algún sentido universalmente.
En este sueño, “él estaba muerto y no lo sabía” es claro que es muy evidente la función que cumple esta partícula no, esta partícula negación en el enunciado y en lo que hace a lo que justamente Lacan nos va a ir enseñando a reconocer como es una fundamental diferencia entre enunciado y enunciación. Una diferencia que es una división, que es un clivaje, ¿no es cierto? y está muy relacionado con este clivaje enunciado - enunciación esa función que tiene la negación. En este sueño, como les decía, es algo muy evidente pero es algo que podríamos perfectamente, y sería interesante hacerlo, probar que encontraríamos esta función de la negación en cualquiera de los sueños de “La interpretación de los sueños”. Vamos a ver por qué digo esto, lo encontraríamos aunque no estuviera la cuestión de la partícula no. Tiene que ver, justamente, con esta función que tiene la represión y la censura en relación con el sueño. ¿Por qué es un deseo prestado el deseo del sueño?, ¿en qué sentido?. Porque el sueño opera de la misma manera que aquél que dice, voy a tomar un ejemplo clásico, “el que diga que el rey es un asno se las verá conmigo”. Que es un deseo prestado quiere decir que es algo que es dicho sin que sea dicho y que, sin embargo, digamos hay una burla de la censura que permite decir de esta manera, es decir, como refiriéndose a un tercero, yo no lo digo. El sueño implica un “yo no lo digo”. El que diga, aquél que diga tal cosa va a tener que vérselas conmigo, supongamos. Esto quiere decir es un deseo prestado. Hay una, llamémosle así, una terceridad en relación con el sueño. ¿Pero qué quiere decir esto?, algo fundamental. Que esta cuestión de lo que va a articularse como el deseo del sueño está en relación con el no dicho. Tenemos la negación y la negación bajo la forma del no dicho o lo no dicho, si ustedes quieren para que no haya esta no obstante interesante cuestión entre el no dicho y el dicho que no, que son dos cosas diferentes. Uno podría decir, lo no dicho, el no dicho en este sentido que lo estamos diciendo, es diferente del dicho que no. El no dicho, podríamos decir, lo no dicho, pero es el no dicho. ¿Por qué es el no dicho así en singular y subrayado?, porque, efectivamente, es una cuestión intrínseca de la estructura. ¿De la estructura de qué?. De la estructura, de la relación que el sujeto, en lo que se refiere al saber, mantiene con el gran Otro del lenguaje. Es decir, entre el sujeto y el gran Otro hay algo que se planeta y es allí donde efectivamente entra la cuestión del inconciente como no saber. ¿O acaso no pensamos que el inconciente, o en la palabra misma del inconciente, no diría algo justamente a propósito del no saber?. De hecho inconciente quiere decir sin ciencia, nosotros heredamos el inconciente de la ¿?, la ciencia, ¿no es cierto?. Muy bien, el inconciente supone, lleva implícita esta cuestión del no saber. Pero qué es el no saber si al mismo tiempo todo en lo que tiene que ver con los sueños y con el deseo nos revela que hay un tipo particular de saber que podemos llamar el saber inconciente. Digamos, qué relación entre el saber inconciente y esa función del no saber por la que está afectado el que habla, el sujeto, por su relación al lenguaje y se plantea respecto al Otro del lenguaje una necesaria barrera en lo que tiene que ver con el saber. Lacan destaca como ejemplo de la función de esta barrera que el chico cree que el otro conoce sus pensamientos y esta función del no dicho es correlativa del otro no sabe, digamos, cuando se establece esta barrera y el chico se da cuenta que el otro no conoce sus pensamientos. El otro ejemplo, la otra referencia que ustedes la van a encontrar en esta reunión es la que Lacan toma de Binet de “ tengo tres hermanos. Pablo, Ernesto y yo”. Esta diferencia entre el ser y el haber, digamos allí, que tiene que ver con que el niño todavía no se descuenta. Esa función de descuento es la función introductoria de esa dimensión que entra en juego precisamente a partir de que se establece el no saber.
Lacan dice, “el sueño se articula como si eso que no debe ser dicho es justamente lo que el sueño tiene para decir, lo que él tiene para decir”. Ese no debe ser dicho, eso es precisamente lo que cada sueño, lo que siempre un sueño como función tiene, decir algo que no debe ser dicho. Eso es exactamente y ninguna otra cosa más lo que el sueño tiene para decir. Y es por eso que lo que sucede en el sueño es efectivamente algo dicho. Lo que sucede en el sueño está dicho, está dicho porque el sueño está hecho, digamos así, su función fundamental, la función fundamental del sueño es decir lo que está hecho para no ser dicho. Ese no dicho es lo que antes decía respecto de esta cuestión en relación con el no saber. Es decir que el deseo del sueño tiene esta articulación fundamental al no dicho. Y esto es lo que remite a lo que Lacan llama aquí la estructura más profunda del significante. Es decir, esta es una gran lección para entender si no se ha entendido de qué habla Lacan cuando habla de significante. Es decir, y para, justamente entender que si bien esta noción significante viene de la lingüística, cuando Lacan habla del significante, cuando introduce esta cuestión de la estructura del significante, la introduce a propósito de esto, a propósito de esto que estamos hablando, y esto es tomado de la lingüística pero no es lingüística. Efectivamente esto tiene que ver con la función del lenguaje, esto no quiere decir que tenga algo de particular que ver con la lingüística en el sentido en que Lacan habla de significante. Bueno, dice, “...esta cuestión de que el sueño este hecho para decir lo que no debe ser dicho, esto remite a lo que es la estructura más profunda del significante, es decir el resorte de la estructura del significante es el yo no digo que”. Vamos a ver por qué, por qué hay esta relación entre la negación, el significante y, podemos decir, el decir, pero esta relación entre la negación y el significante constituye lo que llamamos el decir. Sin la negación no habría esta profundidad de estructura, veamos por qué. Y aquí Lacan recuerda, hace presente y va directo a la cuestión, el artículo de Freud sobre la negación y dice “la negación está en la raíz misma de la frase en la cual el sujeto se constituye como inconciente”. Es decir que Lacan toma como referencia el ejemplo de la frase de la negación “usted pensará que es mi madre pero no es mi madre” como un ejemplo de la frase en la cual el sujeto se constituye como inconciente a partir de la negación. Y ¿por qué?. Lacan se refiere al significante como significante borrado, es decir se refiere a la función de huella del significante. Lacan toma el ejemplo de la huella del pie de Viernes, un ejemplo que Lacan toma en muchas oportunidades pero es interesante verlo acá. Dice, esta huella borrada, si Robinson borra esta huella, borra esta huella para hacer una cruz. La cruz es el ejemplo del significante y su dimensión de borramiento, es decir, hago un trazo y tacho el trazo que hago. Nada impide a partir de considerar de esta manera al significante considerar de esta misma manera la relación del sujeto a la existencia. El significante borrado se presenta, dice Lacan, con las propiedades de lo no dicho. No es por nada efectivamente que la cruz en sí misma sea un significante de enorme importancia. Y vamos a ver por qué, no creo que hoy pero seguramente la próxima vez porque es inminente la necesidad, vamos a ver qué relación entre esta función del significante, este borramiento que el significante en su función de significante introduce, esta función de borramiento de la huella que deja la marca de ese borramiento y que implica no sólo una dimensión de existencia sino una dimensión de subsistencia, de existencia y de subsistencia de esto que se quisiera borra. El significante impide, digamos así, por su función misma de significante introduce un borramiento e impide el borramiento que él mismo introduce. Vamos a verlo esto, vamos a ver entonces en relación con esto, como decía, por qué esa relación que se establece, esa articulación tan clara en un punto y tan importante entre lo que es la cruz como significante y el masoquismo. Vamos a ver esa relación entre subsistencia y masoquismo en lo que es una función articulada de la pulsión al significante. El masoquismo y el sadismo son funciones articuladas de la pulsión al significante. Vamos a ver lo que es la pulsión articulada al significante y no articulada al significante, es decir pasando a través del otro, pasando a través del semejante, pero vamos a verlo.
Esa función del borramiento que también tenemos, yo pensaba como ejemplo de esto lo que tiene que ver con la mancha. Bueno, es más, estamos hoy shakespeareanos, ¿no es cierto?. Es decir, esa función a su vez significante de la mancha en su relación con la falta por un lado, en su relación con la culpa por el otro lado.
Esta cuestión respecto del borramiento es precisamente introducida por Lacan porque es con relación a ese borramiento que el sujeto está bajo el significante. Es decir que la relación de coexistencia del sujeto y el significante implica un borramiento del sujeto. Hay un gran ejemplo que es otro mojón del seminario en la interpretación que hace Lacan del sueño y no solo del sueño, sino de lo que sucede en la transferencia con el paciente de una analista llamada Ella Sharp y su modo de aparecer desapareciendo. Todo el mundo sabe qué quiere decir aparecer desapareciendo de alguna manera, ¿no es cierto?, eso es algo que responde a una función del significante. No me refiero con esta apelación a todo el mundo sabe que no lo vamos a explicar, ¿no es cierto?, quiero decir que hay una intuición en relación con lo que tiene que ver con el borramiento.
Entonces está ésta articulación entre el no saber y la dimensión inconciente introducida, entonces, por la negación. Lacan dice, “el sujeto va a efectuar, a llevar a cabo el no dicho en su ser”. Lacan establece una diferencia entre el ser y el sujeto, es una cosa a la que me remito porque esta diferencia aparece más marcada en los primeros capítulos. Lacan considera que el sujeto está definitivamente por efecto del lenguaje separado de su ser. Es decir que hay una relación justamente al deseo como metonimia, como contigüidad de este ser que en la relación del sujeto al gran Otro o del sujeto al lenguaje con la cual el sujeto no puede encontrarse, ¿se entiende?. El deseo mismo es situado, es caracterizado por Lacan como esa metonimia del ser en el sujeto. Es decir esto que supone una relación de contigüidad, de desplazamiento que vamos a encontrar bajo la fórmula del deseo es siempre deseo de otra cosa, como lo revela la histeria, pero que el deseo es siempre deseo de otra cosa quiere decir es siempre deseo de otra cosa porque es metominia de un ser que como tal se presenta en términos de lo que sería el anhelo como inalcanzable. Y esto hace a la gran peculiaridad de lo que Lacan llega a llamar acá el objeto del deseo, el objeto del deseo y su relación con el anhelo, vamos a decir así. ¿Qué es lo que Lacan nos da como ejemplo del objeto del deseo?, el objeto del avaro. ¿Qué es lo que es el objeto que...?, iba a decir oculta porque efectivamente el objeto de la avaricia es un objeto oculto. No sólo es un objeto escatimado, digamos así, es un objeto oculto. Es un objeto oculto en realidad porque el anhelo en relación con ese objeto es algo del orden del secreto y del secreto, como dice Lacan tomando otro ejemplo, del secreto más íntimo. Lacan toma como otro ejemplo el de “Las reglas del juego”, la película de Jean Renoir donde el personaje tiene que en un momento mostrar una caja de música, objeto de una colección que él hace pero alguna muy especial y ante el hecho de mostrarla en público, Lacan dice allí algo que no puede ser más claro, se avergüenza, se pone rojo, se enoja y Lacan dice, “con lo que muestra, mostrando el objeto se muestra”. Se entiende esa relación entre la mostración, ahora en lo que tiene que ver porque es frente al objeto que el sujeto desaparece o frente a lo que se presenta como el objeto del deseo en relación con un anhelo íntimo, digamos así, que podría ser incluso inconfesable, digamos así, y que por lo mismo tiene una relación que vamos a encontrar después determinada con la relación del sujeto con sus funciones imaginarias, es decir, en el fantasma; tiene esto una relación con el objeto del fantasma. Por eso Lacan viene diciendo, digamos, esta cuestión del deseo es algo que podemos plantear en relación y respecto y apoyada en un fantasma. No hay algo que pueda plantearse como un deseo, digamos así, natural o que justamente que fuera un anhelo, unas ganas de, todo esto está en referencia, apoyado siempre en un determinado fantasma del sujeto. No hay ganas de algo, las ganas de algo que se pueden tener no dejan jamás de tener una relación con lo que es el fantasma del sujeto y la función del objeto que puede ser otra cosa que el que tiene que ver con esas ganas pero el que tiene que ver con esas ganas está en relación con esto. Por eso Lacan dice en un momento en una clase anterior a esta, y esto yo lo había tratado en una clase de fin del año pasado que para la próxima voy a tener corregida porque me han pasado ahora la desgrabación, que Lacan nos decía., bah!, nos dice porque aunque habláramos de eso el año pasado, que si alguien, una mujer es el objeto del deseo de un hombre por tal o cual cuestión, cualquiera, absolutamente cualquiera pero una determinada, algo que está en relación con lo que Freud cuando habla en “Psicología de la vida erótica” llama la condición erótica. Muy bien, la condición erótica, en este sentido, hace al objeto, incluso al objeto como fetiche si ustedes quieren, al objeto del deseo. Es esto, digamos, el brillo en la nariz, supongamos. Tomemos este rasgo que Freud utiliza para el fetichismo para considerarlo como condición erótica porque efectivamente lo es. Muy bien, eso es, a partir de ese rasgo el objeto entra en el fantasma del sujeto. Y si no entra en el fantasma no pasa absolutamente nada con este objeto, después vamos a ver cuál es el fundamento narcisista en lo que tiene que ver con el imaginario del deseo de lo que es la cuestión del objeto; pero, como digo, la cuestión es un objeto que entra en una determinada relación con el sujeto que es lo que va a constituir su fantasma, el objeto o los objetos. Lacan está diciendo, bueno, el sujeto del inconciente no es el sujeto de la filosofía, el sujeto del inconciente es este sujeto del fantasma. Es este sujeto al que hace referencia “Los domingos de la vida”, esta obrita de, el diminutivo no es para quitarle importancia sino porque es una obra pequeña de Raymond Queneau. Un texto que justamente toma la cuestión esta de los domingos de la vida. Como ustedes ven esto tiene una resonancia existencial muy fuerte. Y ¿qué tienen de particular los domingos de la vida?. Que no son los días del trabajo, los días de la semana y que son ese día en el que el sujeto se encuentra como tal, es decir, no como un sujeto que tiene una relación de conocimiento con los objetos, sino que en esa relación que el sujeto tiene de conocimiento con los objetos está en primer lugar siempre el deseo. En esa relación de conocimiento que tiene el sujeto con los objetos está el narcisismo, es decir, las formas narcisísticas en las que se modela su deseo. El narcisismo no es el amor a sí mismo sino el hecho que hace al Eros humano en el cual cuenta el tomar el propio cuerpo como objeto. Entre tomar el cuerpo como objeto y amarse a sí mismo hay una enorme diferencia, hay una diferencia que precisamente debe establecerse para el sujeto en determinado momento. Es decir, algo que hace a lo que se llama narcisismo intrínseco o extrínseco, el narcisismo ligado al autoerotismo ó el narcisismo que tiene una correspondencia con una imagen respecto de la cual hay una función de reconocimiento y justamente debida a que no todo se especulariza. Pero bueno, lo veremos.
Es decir que los domingos de la vida son esa hora de la existencia, vamos a decirlo de esta manera, esa hora de la existencia en la que el sujeto que no está trabajando se encuentra con su sombra o con que sus objetos son sus dobles. Es decir, lo que está en juego en la experiencia imaginaria del sujeto que está estructurada por las formas narcisísticas que regulan la relación con su propia imagen y con el semejante. Y entonces Lacan dice, efectivamente el sujeto olvidado de los filósofos es el sujeto que habla, es el sujeto en tanto habla. Y es por esto que la relación del sujeto con el objeto es una relación de deseo. Hay algo que sostiene al sujeto en la existencia, la existencia no es la vida, ¿no es cierto? y es justamente un punto fundamental en lo que tiene que ver con, bueno, yo decía, es la negación, es el significante. Es el significante en su borramiento lo que introduce una dimensión de subsistencia y una dimensión de existencia. Este sueño, justamente, muestra que lo que se produce en el sueño que el sujeto sueña que su padre estaba muerto y él no lo sabía. El, ustedes ven, es un buen ejemplo para marcar el clivaje que vuelve de la negación entre el enunciado y la enunciación. El no lo sabía; ¿quién no lo sabía?. Esta cuestión respecto de que el otro no lo sepa es algo fundamental en relación con el dolor que justamente está puesto esto en juego en el sueño. El dolor está relacionado con que él estaba muerto y no lo sabía. El dolor podría estar relacionado con cualquier otra cosa pero en una cierta relación con la muerte, con que el otro no debe saber, en este sentido. Me recuerda un sueño interesante que es un buen ejemplo, un sueño interesante que una persona decía y que justamente se refería al padre y el sueño era que, su padre ya había muerto en el momento en el que el sueño se produce, muchos años antes, pero es justamente en un determinado, no cualquiera, momento del análisis en que un sueño se produce, ¿no es cierto?. Y en este caso el sueño era que esta persona era informada que su padre había muerto y se daba cuenta de que su padre había muerto y ella no había estado junto a él, y se decía en el sueño “esto es irreparable, de esto no voy a poder recuperarme nunca”. El sueño es de una gran angustia que termina por despertarla, o empieza por despertarla. Y se despierta y cuando se despierta, ven ustedes ese momento tan particular, en algunos casos son momentos privilegiados de despertar de un sueño; se dice ah!, bueno, que suerte que era un sueño”, pero llega a captar que cuando se dice “qué suerte que era un sueño” es que no es un sueño que efectivamente su padre ha muerto y que hay un momento en el que dice “que suerte que era un sueño” en que su padre no había muerto, un punto muy interesante, ¿no es cierto?, muy impactante. Y luego viene la cuestión de a qué se debe este sueño ya que ella estuvo al lado de su padre en el momento en que él moría y estuvo presente en todo momento, no tendría nada que reprocharse como hija con relación a la forma en que estuvo y asistió a su padre en el curso de su enfermedad y hasta el momento de su muerte. Y entonces ¿cómo se explica esto de que el sueño dice que ella no estaba?, ¿qué quiere decir que no estaba?, es decir, en lo que se pone en juego como un borramiento. ¿Qué quiere decir que no estaba?, ¿cómo encontrar la cuestión?. Y la encuentra. La cuestión es que ella sabía que su padre en cierto modo y de una manera bastante acentuada quería saber qué era lo que tenía, qué era lo que podía esperar, qué era lo que le podía pasar y que ella no quería que él supiera. Y ¿por qué no quería que él supiera?, porque no podía tolerarlo por supuesto tiene que ver pero por eso decía es el punto del dolor, ¿no es cierto?. Incluso puede armar el pensamiento o la idea egoísta en relación con la cual venía el reproche y la culpabilidad en relación con el sueño porque se da cuenta que se decía, “¿pero por qué le tengo que hacer saber yo a él algo si él es mi padre?, yo soy menor, es él el que me tiene que cubrir”, sería. Es esta la cuestión, ¿no es cierto?, es la misma, vamos a verlo porque vamos a trabajar con este sueño de “él estaba muerto y no lo sabía”, pero vamos a ver que es equivalente a lo que yo acabo de decir. Es decir, y Lacan lo dice en algún momento de otra manera, dice, bueno el padre es la pantalla respecto de la castración y cuando no está él, hay algo que se descubre y es sobre el sujeto que esto vuelve. Pero ven que es un ejemplo interesante, es un buen ejemplo que nos muestra el mismo carácter de la cosa, el otro no tiene que saber, que no sepa. El que no sepa se presenta como un anhelo. Y entonces ven que efectivamente respecto del ejemplo que yo daba se confirma, se confirma quiere decir tiene un sentido claro que ella no estaba en el momento en que, es en este sentido en que ella puede reprocharse, puede entenderse ese reproche de que ella no estaba ahí donde estaba, ¿no es cierto?, no estaba en relación a ese borramiento que implica la cuestión de que el otro no tiene que saber. Bueno, lo vemos a eso de muchas maneras, no solo, como decía, en relación con la muerte. Es frecuente que digamos, que se diga “pero date cuenta”, “date cuenta de tal cosa o de tal otra”, ó “él no se da cuenta”, ¿no es cierto?. El otro día una persona decía que le explicaba a otra persona que era su jefe que otro empleado que la había tratado mal, ella le explicaba a su jefe que esta persona era una persona manipuladora y que tenía muy malas intenciones, y le decía “date cuenta de que esto es así, te tenés que dar cuenta”. Y como no obtenía de su jefe la respuesta que quería obtener en ese momento, se enoja, lo amenaza con hacerle un juicio y le dice que se retira del trabajo y que renuncia al trabajo. Dice, “porque este tipo es un manipulador” y es evidente que es un manipulador, más allá de que sea o que no sea, en la cuestión estaba muy clara que ella estaba, si ese tipo era un manipulador, respondiendo admirablemente a la manipulación del tipo mientras le decía a un tercero “te tenés que dar cuenta”. En ese caso cuando en el mismo momento en que ella respondía bien masoquisticamente a la manipulación del tipo decía, clamaba y quería estrujar al otro diciéndole cómo puede ser que no te des cuenta. En ese caso el sujeto es el otro que no sabe, no es el otro, digo. Pero está siempre en juego en la relación del sujeto con el otro esta cuestión relativa al saber. Al otro que, ustedes ven, se da vuelta en el segundo ejemplo que tomé. El tiene que saber, pero la negación está en la función desconocimiento del yo ahí, esa es la relación imaginaria que el sujeto mantiene con sus objetos.
Bueno, vamos a seguir el trabajo lo que tiene que ver con esta reunión vamos a ver este clivaje del enunciado y la enunciación con el grafo como está aquí, vamos a introducir el grafo del deseo a partir de esto y vamos a seguir trabajando en lo que tiene que ver con la función de la represión en el sueño. Vamos a ver por qué Lacan nos muestra que la función de la represión no tiene que ver, no está relacionada con un determinado contenido. Lacan dice, y ustedes lo van a encontrar al principio del seminario, lo que se reprime son siempre significantes. Muy bien, vamos a ver qué quiere decir son siempre significantes. Por qué y referido a qué, en lo que tiene que ver con este sueño ejemplar, esto se presenta de esta manera. Después vamos a verlo con relación a otro mojón, como dije al principio del seminario, que tiene que ver donde siempre está en juego esta cuestión relativa al significante, al borramiento y ahí vamos a introducir la cuestión de la pulsión en el fantasma de “Pegan aun niño” que es el otro punto que tenemos acá. Y después vamos a ver que en Hamlet esta cuestión relativa al saber, a la relación del sujeto con el saber, la relación del sujeto con el saber es algo que acá aparece como particularmente desarrollado en este seminario y que es algo muy interesante porque es el fundamento en la estructura de la estructuración fóbica del sujeto. Así como la relación con la verdad tiene que ver con la estructuración fetichista del sujeto, la relación con el saber tiene que ver con la estructuración fóbica del sujeto y es allí donde juega esa función particular el objeto.
La próxima clase sería interesante que ustedes tuvieran bien presente el artículo de “Introducción del narcisismo” porque hay algunas cuestiones fundamentales, aparte de “Los dos principios de suceder psíquico” y el otro texto que mencioné, el de “Psicología de la vida erótica”. Los tres artículos.

Rafael: Estaba pensando que esto del borramiento en el sujeto con relación al sueño supongo que también se puede dar con relación a las otras formaciones del inconciente, porque estaba pensando en el chiste del redentor, ¿no?.

Anabel Salafia: Por supuesto. ¿En el chiste de?

Rafael Casajus: Del redentor, del redentor creo que dice Freud cuando invitan a alguien que se supone que sabe sobre un par de cuadros, gente que se hizo dinero dudosamente y entonces el hombre dice, ¿y el redentor?, como diciendo, bueno, ahí hay algo que falta. Y lo que falta es la palabra ladrón, bribón. Y era interesante porque me parece que tiene que ver también con eso, con que está el saber en juego, ¿no?. Invitan a un crítico de arte, a un renombrado crítico de arte un par de ladrones que se hicieron hacer unos retratos ellos y él todo lo que dice de los cuadros en la fiesta es “¿y el redentor?”.

Anabel Salafia: Sí, por supuesto que en el chiste hay, por supuesto. En primer lugar es otra forma de poner en juego el yo no digo que pero ahí justamente también hay que ver al revés cuando esa estructura del yo no digo que es algo a lo cual el sujeto no tiene acceso. En la psicosis no hay yo no digo que, ¿se entiende?. La condición, a ver si entendemos, si el deseo está en eso en juego la condición de la interpretación es el yo no digo que. Si no hay ese clivaje que viene del yo no digo que, esa dimensión del inconciente esta aplastada, digamos así, y es por eso que la capacidad de la negación es una articulación fundamental del sujeto, ¿no es cierto?. Si no hay esa afirmación, esa ¿?.. que es la condición de la negación, no podemos establecer esa articulación donde el deseo es la interpretación. Vamos a ver algunos ejemplos de esto, de lo que yo llamo el fracaso de la negación.
Bueno, saben ustedes que hay constituidos varios grupos de trabajo que se llaman grupos de participación respecto del desarrollo que vamos haciendo en el seminario. Cada uno de esos grupos trabaja fundamentalmente un tema. Siempre la dinámica de los grupos es propia de cada grupo y la forma en que van orientando su trabajo se va dando diferente en cada caso pero estos grupos tienen como función trabajar en relación con lo que vamos desarrollando. Voy a ir desarrollando yo en algunas clases y otras personas en otras clases en el transcurso del curso. Bueno, ¿si hay otras preguntas?.

Enrique Banfi: Cuando ocurre esa situación de algo que no debe ser dicho y es dicho en el mismo momento, ¿no?, entonces yo no digo que y en el mismo momento que yo no digo que es dicho, ¿no?, que lo nombrabas como ese clivaje, creo.

Anabel Salafia: Es decir que me valgo del no digo que para decir.

Enrique Banfi: Claro, y en ese momento ¿el sujeto dónde está?. ¿De lo que no es dicho, digamos, de lo que es dicho o de ese clivaje?, porque ambas partes parecerían contradictorias, ¿no?. ¿Se entiende?.

Anabel Salafia: Claro. Acá Enrique dice, lo repito porque quizás no se oyó, que ambas partes parecerían contradictorias respecto de yo no digo que y lo digo. Por supuesto, se podría decir que ahí hay una contradicción, solamente que esa contradicción se debe a la forma en que la negación está ahí en juego. Es justamente a propósito de eso que Lacan se refiere a dos formas diferentes de la negación. La negación que, en realidad, esta forma de considerar la negación proviene de un gramático y psicoanalista francés, en realidad dos, Da Mourette y Pichon, esto es de Da Mourette, que percibieron esta función de la negación en lo que tiene que ver con la diferencia, con introducir esa división entre el enunciado y la enunciación. Con el sueño de “él estaba muerto y no lo sabía” vamos a ver cómo Lacan pone en dos niveles diferentes del grafo el enunciado y la enunciación y vamos a ver ese clivaje, esa división. A esa negación que Enrique decía parecía contradictoria se la llama negación; es el uso del ne, el no en castellano; discordancial, negación discordancial. Todos los ejemplos que utilizamos como el yo no digo que y donde hay esta relación respecto del clivaje enunciado – enunciación son ejemplos de negación discordancial; Hay una discordancia precisamente, no es una contradicción. Hay una discordancia en lo que hace precisamente al clivaje y la diferencia entre el enunciado y la enunciación. El sujeto está en esa división. El sujeto está oculto en el yo no digo que; el sujeto para decir entra en la zona de sombra. En verdad al sujeto lo descubrimos de su ocultamiento en el yo no digo que. ¿Quién lo dice?, ¿quién dice esto que estoy diciendo si no soy yo el que lo dice?, es justamente la cuestión que está en la negación, pero que tiene toda una relación con la función de identificación con la cual el yo se constituye. Yo no lo digo entonces ¿quién lo dice?, el que habla. Y el que habla es una tercera persona, ¿no es cierto?. Y el otro orden de negación es la negación llamada forclusiva que es la que tenemos cuando decimos “en absoluto”, “jamás” y otras formas por el estilo. En realidad la negación discordancial, ustedes van a ver ahí, está en el seminario y creo que está en esta misma clase a la que me refería hoy, tiene que ver con verbos de temer donde se utiliza la negación. Nosotros no la utilizamos tanto como se utiliza en otros idiomas. “Me temo que no venga”, que es lo mismo que decir “me temo que venga”. Bueno, esto tiene que ver con justamente la negación en latín. Bueno, vamos a ver un desarrollo mayor respecto de esta cuestión de la negación en algún momento, digo, de la negación discordancial y de la negación forclusiva porque hay ejemplos interesantes bastante más elaborados que los que estamos tomando ahora, ¿no?. Bueno.