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Clase 6 de Junio, Noemí Sirota

Noemí Sirota: (grabación comienza empezada) ... los grafos que necesitamos para trabajar son como dieciséis, hoy en esta ocasión vamos a trabajar con el grafo completo a pesar de que yo solamente voy a hablar del piso de abajo.

También le quiero agradecer a María del Rosario Tosso porque ya en la ocasión en que hicimos la otra vez la experiencia del ramillete invertido ella con otra persona, que no está en este momento en la Escuela pero que se llama creo que Graciela Pasini, proveyeron el espejo cóncavo que es re difícil de conseguir. Bueno, entonces tenemos también armado el artefacto, la experiencia del ramillete invertido, cosa que si hay tiempo les voy a pedir que al final de la clase, si puedo voy a dejar unos minutos para que se vayan acercando a ver porque realmente es interesante para tener una idea de lo que yo voy a hablar hoy que es la imagen real y la imagen virtual, cómo se constituyen, cómo se conforman, cómo se da forma.
Nosotros tenemos entonces hoy por un lado la experiencia armada, digamos, el artefacto, la experiencia óptica, y por otro lado yo lo que hice fue el esquema en plano porque es una perspectiva diferente que necesitamos, y ahora van a ver por qué, tener ubicados cuáles son las coordenadas, en qué campo se inscribe esta experiencia, qué es lo que cierne el espacio en el cual se produce la experiencia, ¿no?. En qué sentido necesitamos considerar las coordenadas simbólicas para poder hablar de la operatoria imaginario, la relación de las imágenes con el orden simbólico y con la experiencia real, con el espacio real. Entonces eso lo podemos ubicar como una escritura, como un esquema. Un esquema en el cual podemos leer las distintas dimensiones que en la experiencia las vemos pero no es escrito digamos, está en el espacio.
Nosotros hoy vamos a hablar de esto, Anabel Salafia dejó ubicadas, en términos del tratamiento que Lacan está haciendo aquí del sueño del paciente de Ella Sharpe, los dos órdenes, los dos modos de operar en la cadena significante respecto del grafo. Y hoy vamos a hacer una pequeña digresión para poder ubicar cómo tomamos en cuenta la dimensión imaginaria respecto del pasaje de la necesidad a la demanda, ese campo intermediario que Lacan va a plantear como del orden de la imagen, en qué sentido podemos sacar provecho de la conformación, de la constitución del cuerpo en relación a la imagen. Se me ocurre sintetizarlo con la pregunta ¿cómo nos hacemos de un cuerpo?, ¿cómo nos hacemos de un cuerpo respecto de la dimensión simbólica, la dimensión imaginaria, la articulación simbólico-imaginario, y la construcción de la realidad?.
Respecto del Seminario yo voy a partir de un punto preciso que ubica esta cuestión, digamos este problema y que es en la clase 7 donde dice: “ Retomemos ahora, después de estas indicaciones generales, el camino en el cual deseo introducirlos para mostrarles la medida común que tiene esta estructuración del deseo, y cómo efectivamente ella se encuentra implicada. Los elementos imaginarios, a pesar de que ellos debieran estar desviados, deben ser tomados en el juego necesario de la partida significante ya que este juego está comandado por la estructura doble, votiva y volitiva”. Ustedes recuerdan que Anabel Salafia había hablado de dos instancias, de dos cuestiones que había que distinguir y ella había hecho una búsqueda sobre los términos quesitivo y volitivo para distinguir lo que es del orden del anhelo, del deseo articulado y lo que es del orden de la localización, de la posición del sujeto respecto del discurso. Yo lo que entiendo es que cuando nos referimos a ese campo intermediario a través del cual se produce la constitución del cuerpo, de la imagen del cuerpo, en relación a lo simbólico nos estamos manejando dentro del orden quesitivo. Quesitivo, ustedes no sé si recuerdan, Anabel Salafia lo había ubicado respecto de lo que es la búsqueda y la localización, ¿no es cierto?. En ese sentido la dimensión imaginaria que se pone en juego, tanto en la relación i(a)-moi como en la relación deseo-fantasma que son homólogas...Ustedes recuerdan que, esto lo ubicamos varias veces el año pasado, hay una homología respecto de las funciones entre esta línea y esta línea. Esta línea respecto de lo que llamamos el primer piso del grafo que es la articulación, el pasaje del orden de lo viviente al orden sexual en el campo de la demanda. Y este segundo piso, como lo llama Lacan, de la articulación significante respecto del pasaje de la demanda al deseo, digamos. Una cosa que ya hemos visto y que tengo que recordar es que el grafo representa, viene a querer graficar, valga la redundancia, qué hacemos cuando hablamos, qué ocurre, cuáles son los circuitos, cuáles son los movimientos, cuáles son los lugares y los términos que podemos articular que se dan en el momento de hablar. Que se dan en el momento de hablar y también qué distinción podemos hacer respecto de las articulaciones en relación a la experiencia del análisis. Cómo se ordenan los términos respecto de la demanda y cómo se ordenan los términos respecto del deseo y cuál es la articulación, cuál es el pasaje, cuál es la transformación que se produce en el trabajo del análisis.
Precisamente, una de las cosas que Lacan está ubicando en esta clase que yo les mencionaba y lo tomo como punto de partida, es decir ¿qué es lo que tomo como punto de partida?, qué tiene que ver lo imaginario, de qué modo lo imaginario se engancha en el desfiladero del significante.
El otro día en una reunión que hubo de la Convergencia Movimiento Lacaniano, en donde se trataba de la pregunta ¿qué es un cuerpo?, yo planteaba que hay un modo en que nos hacemos de un cuerpo que tiene que ver con este malentendido entre aquellos que nos enseñan a hablar, en esta discordancia y lo que ubicaba allí, y que me parece que es el punto que tenemos que desarrollar hoy y que voy a intentar desarrollarlo es, yo decía tenemos un cuerpo en la medida en que se vela y se refleja el accionar de las pulsiones. En la medida en que se vela y se refleja el accionar de las pulsiones es que podemos constituir un cuerpo a nivel de la dimensión imaginaria y en el camino, digamos, en el pasaje, en la transformación que se produce por la vía de la demanda del viviente al parlante, del orden de lo viviente al orden sexual. Y es en esa vía, nosotros trabajamos varias veces en la experiencia del ramillete invertido como se llama en óptica, la magia del ramillete también lo llaman en óptica, en relación, como corresponde, a lo que es el avance que Lacan hace respecto del estadio del espejo. Ustedes saben que Lacan plantea que él entra en el psicoanálisis, en el discurso del psicoanálisis con un espejo, ¿no?. El dice que ésta es su entrada y, efectivamente, hay esta metáfora que hace de su espejo es que El estadio del espejo es el primer escrito de Lacan que deja el discurso de la psiquiatría para, precisamente, ubicar los términos que le permiten entrar en el discurso del análisis, ¿no?. Es interesante, yo pensaba justamente en el curso en el que nos planteamos cómo se entra al discurso del psicoanálisis recordar cómo entra Lacan en el discurso del psicoanálisis. Y bueno, Lacan entra con un espejo. ¿Qué quiere decir que entra con un espejo?, ubica la experiencia del espejo, el estadio del espejo en relación a lo que es la formación del yo, en relación a qué valor tiene ese Otro que desde El Proyecto sabemos que es ese ajeno y extraño que asiste al niño prematuro, indefenso, inmaduro y que, justamente, porque hace falta esa asistencia de ese ajeno y extraño es que se puede constituir un cuerpo y se puede ordenar una demanda. Se puede articular una demanda a partir de esta asistencia del Otro que llamamos gran Otro. Y que cuando planteamos el orden de cuestiones y los términos que ponemos en juego respecto de qué ocurre cuando hablamos lo ubicamos, precisamente, en el encuentro del sujeto con la cadena significante, ¿no?, del viviente con la cadena significante, del viviente, digamos, con la cadena significante respecto de este momento de transformación de la necesidad a la demanda. Este momento de transformación de la necesidad a la demanda que transita por un campo intermediario es el campo narcisista, el campo imaginario. O sea que este punto del grafo, este sub-piso, no sé como llamarlo, este recorte que hacemos en el grafo de esta zona va a tener que ver precisamente con la dimensión imaginaria, la dimensión narcisista, la identificación narcisista que se pone en juego como necesaria para que se constituya el pasaje entre la necesidad y la demanda. Ustedes saben que del mismo modo que Lacan se introduce al psicoanálisis con un espejo, a Freud se le hace necesario introducir el narcisismo para resolver ¿qué?, para resolver el problema del modelo pulsional respecto de las pulsiones del yo y las pulsiones de objeto. Precisamente es respecto de esta cuestión en Introducción al narcisismo que Lacan desarrolla y establece las condiciones que hacen al estadio del espejo. ¿Qué quiere decir?. Las condiciones que hacen a esa identificación que permite la constitución del yo.
Bueno, entonces vamos a ir a la articulación que vamos a hacer hoy. Nosotros, les decía antes, hemos tomado varias veces el esquema óptico. Lo hemos tomado respecto del Seminario 1 que es donde Lacan plantea que va a desarrollar esta experiencia del ramillete invertido para poder explicitar, para poder abrir y hacer entender lo que él planteó, precisamente, en El estadio del espejo, ¿no?. Esta constitución del yo en estado de enajenación, digamos, producto de la proyección imaginaria la conformación del yo a partir de considerar lo que Freud plantea de el yo como objeto. El yo como objeto y es a través, precisamente, de ese campo intermediario que es el imaginario que se pone en juego la imagen del yo, la posibilidad de hacer reconocer un deseo respecto de una imagen, una imagen del cuerpo, que se conforma en una dialéctica de anticipación de unidad y fragmentación. Anticipación de unidad y fragmentación y enajenación en una posición de desconocimiento e impostura radical que implica la propia conformación. Y es ahí respecto de la conformación enajenada, extraña digamos, que se conforma en la imagen allí donde no está, allí donde no es, es en esa imagen que el yo puede reconocerse como teniendo una forma. Entonces, el modo en que Lacan va a extender, digamos, lo que fue diciendo en El estadio del espejo situando estas cuestiones respecto de que es en relación a una imagen que el niño puede reconocer su forma, digamos, una imagen exterior, ajena; que esto ocurre en un momento en el que todavía no cuenta con el instrumento del lenguaje pero sí con la dependencia de este ajeno y extraño que lo asiste. Y que esta conformación y esta reacción de júbilo ante esta conformación y a este reconocimiento de la imagen es, Lacan plantea ahí, es similar, es del mismo orden que lo que ocurre en ciertos animales. Es decir que la conformación de la imagen respecto del espejo es todavía del orden de la reacción ante la unificación, que comparten esa experiencia respecto del espejo en cuanto a la unidad de la imagen, en cuanto al júbilo ante la imagen que ciertos animales, por ejemplo, los monos expresan. El hombre está en retardo respecto de esta experiencia pero, sin embargo, en la experiencia del niño respecto del espejo no es solamente un control, un dominio de la imagen. No es solamente un dominio de la imagen y de lo que nosotros tenemos que dar cuenta es de la transformación que se produce, precisamente, en la función de esa imagen. La transformación que se produce, que es del orden de una identificación, es respecto de la conformación de una matriz formal en la que el yo se precipita. Una matriz formal en la que el yo se precipita, Lacan ahí ubica ese momento de pasaje como el momento anterior a la posibilidad de decir “yo”. O sea, es simplemente..., es solamente, no simplemente porque no es simple, es solamente la posibilidad en esa primera instancia de reconocimiento de una imagen. No solamente de dominio sino además de precipitación respecto de esa unidad, de anticipación respecto de esa unidad en relación a lo que es la fragmentación que es el otro polo de esa dialéctica, digamos.
Cuando Lacan hace la experiencia del ramillete invertido se va a basar, precisamente, no solamente en la posibilidad de colocar al niño frente al espejo sino de encontrar las coordenadas que permiten ese reconocimiento en el espejo. Ese reconocimiento y a su vez esa enajenación, esa posibilidad de reconocerse ahí donde no es, ahí donde la imagen va al lugar de lo que no hay, de lo que falta, digamos. Y la experiencia la hace tomando un espejo cóncavo, enfrentando al espejo cóncavo un ramillete de flores que están sobre una caja en donde está escondido un jarrón. El resultado de este enfrentamiento con el espejo cóncavo, por las coordenada simbólicas que implican el modo de reflejar, de refractar la luz del espejo cóncavo, se va a producir en determinado ángulo en cuanto al espacio central del espejo cóncavo, colocado el jarrón en determinado ángulo se va a producir una inversión, respecto de este espejo, una inversión del jarrón y va a aparecer del jarrón una imagen real que nosotros miramos. Ustedes lo van a ver en la experiencia, si nosotros miramos el espejo cóncavo vamos a ver realizarse y realmente una imagen del jarrón aquí donde no está. O sea, lo que se va a producir allí es una imagen, un objeto real, va a decir Lacan, va a producir una imagen real que si le oponemos un espejo plano va a generar una imagen virtual en la profundidad del espejo plano. O sea que si yo la experiencia la miro de este lado y miro el espejo plano como está ahí, lo que voy a ver es que aparece el jarrón con las flores en su cuello. Hay una pequeña diferencia, Lacan ahí va a decir que van a aparecer adentro o al costado flores, efectivamente es así. Aparecen, se las puede enfocar en determinado ángulo en el cuello del jarrón pero las flores se proyectan delante. O sea que hay que mirar con un cierto ángulo para lograr la imagen ¿dónde qué?, donde Lacan esta representando ahí metafóricamente como el cuerpo, como el continente va a tener las flores en su cuello. Las flores donde esta representando lo que es la discordia pulsional, la acción de las pulsiones ¿que dan qué?, dan la idea de fragmentación, ¿no?. Este tiempo de constitución del narcisismo, de constitución de la imagen del cuerpo, lejos de ser la panacea de la unión madre-niño es de la discordia más absoluta y solamente puede lograr alguna concordancia la imagen del cuerpo en el espejo, en esa proyección imaginaria que produce unificación pero que no produce totalidad. Es decir, no es que el sujeto se unifica y se totaliza respecto de la experiencia imaginaria así como no se satisface ni se calma totalmente en el contacto con el objeto de la necesidad, digamos. Hay una discordancia fundamental entre lo que es esperado y lo que es encontrado, no solamente a nivel de la incorporación, de la alimentación o de la temperatura o de lo que fuera del orden de las necesidades del cuerpo, sino también en el orden de la imagen. Por eso decimos, hay unificación en la imagen pero no hay totalización. Digamos, no hay satisfacción justamente por esta discordancia, esta distancia, este destiempo que va a dar la posibilidad de articulación de la demanda. ¿Por qué?. La otra vez decíamos que, cuando Anabel estaba desarrollando la última parte de la clase surgió una pregunta respecto de esta proyección imaginaria del paciente de Ella Sharpe que planteaba convertirse en un perro, ¿no?, convertirse en un perro, ladrar como un perro. Lo que decíamos es que en ese nivel, en el nivel de la articulación que se produce en el primer piso del grafo en relación a la cadena significante lo que vamos a tener en el orden de la identificación narcisista va a ser una dimensión de atribuciones. ¿De atribuciones qué quiere decir?, de lo que apunta al ser y de lo que el sujeto va a creer en esta ilusión del espejo, en esta posibilidad de unificación del yo solamente a través del otro, digamos, lo que se da es en el orden de la atribución. La atribución, bueno, esto, digamos así, como ubicábamos la relación al gran Otro en referencia al Proyecto... freudiano y a la vivencia de satisfacción como lo plantea Freud, del mismo modo, cuando decimos que la identificación narcisista es del orden de la atribución nos estamos refiriendo al artículo de La negación de Freud. O sea, en el orden de la construcción de la realidad que se produce a partir de la identificación narcisista lo que se va a poner en juego es el orden de la atribución respecto de lo que después va a permitir el juicio de existencia, ¿si?.
Les decía que, del mismo modo que respecto de la demanda, respecto del objeto de satisfacción hay un desencuentro y hay un acompañamiento, digamos, en la experiencia con el gran Otro respecto de esa privación, digamos, que permite la constitución de la demanda, en el mismo modo a nivel de la imagen el orden de la insatisfacción, el orden del no completamiento en relación al reconocimiento de la imagen tiene que ver precisamente con que respecto del espejo plano lo que se produce es una asimetría invertida; otro dato, otra cuestión a tener en cuenta en relación a lo que es la dimensión simbólica que se pone en juego en la constitución de la imagen. O sea, nosotros no vemos el cuerpo completo en el espejo, vemos solamente la fachada digamos. En ese sentido la relación con el otro no es simétrica y no es simétrica porque está determinado por el orden de la constitución de la imagen. No solamente porque no es recíproca sino porque no es simétrica en el orden de la imagen porque el cuerpo no se conforma simétricamente. Y justamente, por no lograr esa unidad, si esa unificación pero no la totalización, es que se va a producir esta discordancia a nivel de la imagen y esta enajenación respecto de la unidad del cuerpo. ¿Por qué?, porque no solamente la imagen aparece como extraña y enajenante en ese reconocimiento, sino por la captura de la imagen por el significante lo que se produce es la desaparición del sujeto. Lo que vamos a ubicar, y Lacan va a hacer un desarrollo importante respecto de esto, lo que va a llamar, criticando a Jones, el fading del sujeto.
Cuando nosotros el año pasado habíamos visto lo que en ese momento llamábamos en el Seminario 5 las funciones imaginarias esenciales, habíamos definido las funciones imaginarias esenciales como la captura de la imagen por el significante. Bueno, a esto me estoy refiriendo cuando hablo del fading del sujeto. El fading del sujeto, la desaparición respecto de la imagen y la conformación del fantasma va a estar dada por la captura de la imagen por el significante.
Hay un elemento, yo les hablaba en la experiencia del ramillete invertido de cómo ubicamos los términos, del jarrón, las flores, la imagen virtual, la imagen real que produce la imagen virtual. Esto es posible de ser visto de esta manera, de ser conformada esta imagen virtual respecto de un determinado ángulo en donde el sujeto se ubique, se localice digamos, no es de cualquier lugar. Este ángulo va a tener que ver con el extremo superior del espejo y va a implicar un determinado ángulo con el centro de la imagen. El hecho de que el jarrón se invierta y constituya la imagen real también va a tener que ver con un determinado ángulo en el eje de coordenadas que podemos leer a partir de la ubicación del espejo cóncavo. La relación, la proyección del rayo luminoso respecto del objeto que permite la refracción para que se constituya la imagen real también va a tener que ser determinada. ¿Qué quiero decir?, que hay una combinatoria, hay una combinatoria que es simbólica. Entonces mal puedo hablar, y a esto va la crítica que hace Lacan respecto de la dimensión que tomó la dimensión imaginaria, valga la redundancia, en la lectura que se hizo a partir de Freud y la corrección o el cuestionamiento a esa lectura que implica la consideración de las tres dimensiones. El aplastamiento imaginario que implicó la lectura el complejo de edipo en términos imaginarios y la posibilidad de dimensionar y darle otro lugar a la estructura del edipo y la castración respecto de las coordenadas que hacen a nuestra experiencia. Entonces ¿a qué voy?, a que si hablamos de lo imaginario no es lo imaginativo, no es la analogía que yo puedo establecer entre los términos de una estructura familiar y los términos de una estructura del sujeto. Es la posibilidad, digamos, de introducir al sujeto en una combinatoria que es simbólica. Y la forma que tome la conformación del cuerpo que también implica el orden simbólico, ¿por qué?, porque un cuerpo se va a organizar, lo orgánico se va a organizar a partir de la relación con el otro, a partir de la relación de la demanda, digamos, a partir de lo que la articulación de la demanda implica, de atribuciones respecto de ese viviente que va a poder hablar en la medida en que se articule una demanda. Entonces por eso les decía antes que era importante distinguir lo que hace a la experiencia, que puede ser del orden de interés del discurso de la ciencia para demostrar cómo se constituye una imagen, cómo se conforma una imagen que eso tiene un orden de utilidad, digamos, respecto de lo que podemos entender viendo, y otra cuestión es la posibilidad de en un esquema producir una escritura y darse cuenta que la dimensión imaginaria conlleva en la estructuración de la realidad un orden simbólico que permite que la forma se forme de esa manera, ¿se entiende?. ¿Por qué?, porque si partimos de la hipótesis de existencia del inconsciente lo que se percibe es lo que no es ó es lo que no es en el sentido de que va al lugar de ser eso, pero no es eso. El cuerpo que yo puedo reconocer en el espejo y decir yo, no soy yo. Bueno, esto introduce la otra cuestión que hace al orden de perspectiva, al orden de determinación que a partir de espejo del otro podemos ubicar y que es el lugar del Ideal, el lugar del Ideal del yo que Lacan aquí lo va a poner en relación, en eje con el lugar del sujeto, con el lugar del ojo, digamos, ¿en qué sentido?, en el sentido que es respecto de la imagen una referencia. Una referencia que permite introducir, y esto es un desarrollo que en algún momento seguramente lo vamos a hacer, que permite introducir ¿qué cosa?, que hay un objeto que se transforma en significante. Nosotros lo hemos visto en algún sentido cuando hablamos de la tos de Dora, ese emblema, esa insignia del Ideal que podía ser un síntoma cuando Dora dice “toso como mi padre”. Ese objeto tomado del campo del otro que el sujeto transforma en significante porque hace una operación de metáfora. Ahí, digamos, tanto en estas clases como en el escrito del informe de Lagache donde Lacan también toma, en la contestación que hace a Lagache sobre el artículo “Los ideales de la persona” también va a tomar el esquema del ramillete invertido... En realidad este dibujo es de la respuesta a Daniel Lagache porque es el que encontré más completo. Lacan la va tomando en distintos momentos la experiencia, la toma en el Seminario 1...

Comentario: En La Angustia.

Noemí Sirota: En La Angustia después, la refiere en el Seminario que estamos viendo, precisamente en la clase 7 hace ese desarrollo a partir de esto que yo puntuaba, ¿no?, de cómo entra la dimensión imaginaria en los desfiladeros del significante, y después, creo que es un año después, en el informe de Lagache.
Les decía que esta cuestión del Ideal en relación a esa operación de metáfora es una de las cuestiones que Lacan, tomando en cuenta los problemas que el artículo Introducción al narcisismo plantea respecto de que no se entiende muy bien cuándo Freud está hablando del yo Ideal y cuándo está hablando del Ideal del yo entre otras cosas porque hay problemas con las traducciones, pero además hay problemas en entender de qué dimensión estamos hablando cuando hablamos del Ideal del yo y de qué dimensión estamos hablando cuando hablamos del yo Ideal, ¿no?, el yo Ideal que implica esa proyección imaginaria de una imagen que produce una unificación. Esa estructura formal, digamos, en donde el sujeto se va a precipitar ¿respecto de qué?, de lo que impera en este tiempo de transformación, les iba a decir antes y me fui para otro lado; lo que impera en ese tiempo de transformación y que es lo que Lacan llama en algún momento la tiranía del principio de placer. Digamos que en este punto de transformación estaríamos hablando de la oposición, de la lucha entre la tiranía del principio de placer y la imposición de la demanda del Otro. Es en ese juego, en esto que estoy diciendo ahora, en esa lucha es que se va a conformar el yo como otro, como objeto. Y se va a conformar el yo como función, precisamente, de desconocimiento. Es respecto del yo como desconocimiento que va a operar el Ideal en relación a la metáfora. Entonces lo que vemos es que la diferencia que primero, digamos así a pinceladas gruesas, que podemos hacer de dimensiones es que el yo Ideal lo podríamos ubicar en dimensión simbólico-imaginaria en donde lo imaginario impera, lo imaginario respecto de la unificación del cuerpo, y el Ideal del yo lo podríamos ubicar en dimensión simbólico-imaginaria pero en donde lo que impera, lo que hace operación es lo simbólico, es la operación de metáfora. O sea, en el yo Ideal lo que estaría en juego sería la otra operación respecto de la adquisición del lenguaje que es la metonimia, ¿si?, pero una de las primeras distinciones que podemos hacer entre yo Ideal e Ideal del yo es que el Ideal del yo opera metaforizando, haciendo de un objeto un significante, un emblema, una insignia. Y que es de eso, digamos, de esa orientación que el sujeto va a salir del complejo de edipo con los títulos en el bolsillo, dice en algún momento Lacan, o con, respecto de la niña, en relación a la identificación de sexo, digamos. Y ahí ustedes van a ver que en el Seminario 5, no sé si se acuerdan, que Lacan discute respecto de las insignias del Ideal con Karen Horney, con Helene Deutsch respecto de esta identificación masculinizante que ubica en ciertas mujeres. Hay una cuestión que hace falta ubicar y que es necesario hacer intervenir, y seguramente lo vamos a poder hacer en otra ocasión porque ya se me está yendo todo el tiempo pero quiero dejar ubicado, es la relación al falo, al falo simbólico que va a estar implicada en el Ideal del yo. O sea que respecto de este primer piso, vamos a decir, lo que vamos a tener en relación a la posibilidad de la articulación simbólico-imaginaria es la operatoria del falo imaginario en relación a la falta en el Otro, en relación a la falta en el Otro que recién la vamos a poder ubicar acá a partir de la articulación significante, ¿no?. Pero me parece que uno de los ejes o de las orientaciones que se pueden tomar aquí respecto de la constitución de la imagen, y precisamente de la imagen real, es cómo se produce el símbolo en referencia a lo que Lacan releva que Freud desarrolla en El fetichismo. Pero eso me parece que es para hacer otro desarrollo.
Entonces, retomando y para sintetizar. Esta experiencia del ramillete invertido, dando cuenta de lo que es la constitución de la imagen, de la inversión de la imagen, de la conformación de la imagen real respecto del objeto real y de la imagen virtual respecto del espejo del otro, esta experiencia yo entiendo que hay que pensarla respecto de la articulación que se produce entre el moi, lo mío, lo que es mío y la imagen del yo. Entre lo que queda no visto, no posible de percibir. ¿Por qué?, porque la dimensión inconsciente la tenemos que ubicar entre percepción y conciencia, entonces la conciencia no puede saber de cómo se unifica el cuerpo y solamente puede tener una imagen ajena, digamos, para poder reconocerse.
Bueno, yo voy a dejar acá. No sé si quieren hacer alguna pregunta. Los que puedan, después que demos por terminado, los invito a que vean la imagen real y la imagen virtual, cómo se produce en el espejo. Y bueno, si tienen preguntas...Si quieren ir pasando y mientras tanto se pueden ir haciendo las preguntas.