‹‹ Febrero 2012 ››
L M M J V S D
    1 2 3 4 5
6 7 8 9 10 11 12
13 14 15 16 17 18 19
20 21 22 23 24 25 26
27 28 29        

Right menu


06. Clase correspondiente al dia 5 de junio, Jorge Liniestsky

Clase correspondiente al dia 5 Junio

Jorge Linietsky

Había pensado en principio desarrollar dos órdenes de cuestiones que Lacan plantea ya en la primera clase del Seminario de la Angustia. Una es esta formulación de Lacan - que en realidad no es de este Seminario de “La angustia” sino que pertenece al Seminario “La identificación”- : “La angustia es la sensación del deseo del gran Otro”.

Esta fórmula Lacan la explicita inmediatamente con el famoso apólogo de la Mantis Religiosa, ese es el tema del que voy a hablar hoy.
El otro tema, no voy a llegar pero va a quedar pendiente, y concierne a por qué la angustia tiene un lugar topológico en la estructura que es el lugar del fantasma.Luego vemos en la planificación si en una segunda reunión puedo desarrollar esta cuestión del lugar topológico de la angustia que es un problema importante porque eso está en relación al hecho de que la angustia, dice Lacan, “está elidida”.Es decir, no se trata de que “el fin de semana pasado tuve angustia pero venía bien, estuve bien todo el año, arranqué bárbaro de las vacaciones, pero no sé, tuve angustia y no sé, y bueno, a veces uno tiene angustia, puede suceder.” Sí, puede pasar pero nunca se trata de una contingencia casual, azarosa, sino que se trata de un lugar en la estructura. Por eso que “está elidida” quiere decir, en primer lugar, que la angustia “está”, a titulo de “elidida”. Esto quiere decir que si se dan las condiciones en las que el fantasma puede estar afectado, comprometido - ya sea del lado del objeto o del lado del sujeto - y esto va a producir una vacilación - es la palabra que usa Lacan - una vacilación del fantasma, bueno, en ese punto va a irrumpir inevitablemente la angustia. En ese sentido la angustia está, como “elidida” está en la estructura, nos está esperando siempre a la vuelta de la esquina.
Comentario: Entonces no salgo de acá (risas).
Jorge Linietsky: Bueno, ese sería otro tema que dejo planteado. El tema en que vamos a centrarnos en el rato que tenemos hoy es este que está planteado; es decir, yo voy a retomar la clase I del Seminario de “La angustia”. Estos dos temas están planteados en la clase I y encontramos que era el momento de abordar esta definición de que “La angustia es la sensación... – Lacan dice “la sensación” en el Seminario de “La identificación”, en la clase XIV, XV – ...la sensación del deseo del Otro”. Nosotros no podemos entender respecto de la angustia la sensación en el sentido de la sensación térmica; es insuficiente como algo que te viene y que sentís...
Comentario: De frío.
Comentario: (Inaudible)
Jorge Linietsky: Pero en este hilo de joda Lacan tira un chiste prácticamente en los primeros minutos del Seminario cuando él presenta el grafo para ubicar justamente eso de que la angustia está en el lugar del fantasma, él dice “...este grafo en forma de pera es el plexo solar”; cuando se refiere al Grafo del Deseo.
El plexo solar - acá tengo a mi estimada colega Alicia Russ con la que nos divertimos porque somos médicos - el plexo solar es un conjunto de ganglios nerviosos neurovegetativos que están a la altura del abdomen, entre el tórax y el abdomen, que clásicamente en la medicina se lo refiere como el lugar anatómico de la angustia. Entonces para explicar esta relación entre la angustia y el deseo del gran Otro Lacan va a recurrir al ejemplo de la Mantis Religiosa. Es un apólogo. Un apólogo es algo que muestra, que presenta algo, que enseña algo.
Ustedes saben que la Mantis Religiosa para nosotros es el Mamboretá o Tata Dios, que es un bicho parecido a la langosta que tiene una posición orante, como si estuviera orando, de allí que se la designe como Mantis Religiosa. Este bicho tiene una particularidad que consiste en que en la cópula sexual la hembra recibe la materia seminal, vamos a decir, del macho y lo descabeza, es decir el macho muere en el intento. Este ejemplo de la mantis religiosa también está citado en “Tomas el oscuro” de Blanchot que hace una referencia de pasada a la mantis religiosa.Lacan propone la siguiente escena. Yo me encuentro en una gruta cerrada sin salida y aparece este bicho gigante, como tres veces más grande que yo, está ahí, no tengo escapatoria, pero el problema es que me han puesto un disfraz, una máscara que yo ignoro, yo no sé que disfraz llevo puesto. Digamos, mientras estaba solo yo solo en la gruta con el disfraz que me pusieron que no puedo ver o la máscara que me han puesto y no puedo ver, no hay ningún problema, pero en el momento en que aparece este monstruo el problema que se presenta es que yo no sé si en una de esas no me han puesto el disfraz del partenaire, del macho de la Mantis Religiosa.
Podría ser que me hubieran puesto el disfraz del partenaire y si yo supiera que me han puesto el disfraz del partenaire ya que me lo dijeron, sé que estoy perdido. En ese punto voy a tener miedo, voy a tener terror y yo sé que mi fin se aproxima porque me va a tomar, es tres veces más grande que yo, y me va a descabezar como al macho.
Pero para ubicar este problema de la angustia Lacan dice que el personaje - en este caso sería yo con el disfraz ese - el personaje no sabe qué disfraz le han puesto-, entonces ven que en este caso hay un no saber acerca de mi identidad en el campo del gran Otro, desde el campo del Otro que viene a encarnar la Mantis Religiosa. Entonces en ese punto yo empiezo a sufrir la angustia.
Hay un elemento que se añade a este apólogo que es el hecho de que los ojos de este bicho son como celdas, no son ojos en los que yo si me acerco bien, podría ver reflejada mi imagen, sino que son ojos que no reflejan mi imagen, mi imagen especular, mi imagen narcisista. Ustedes van viendo el clima que va creando Lacan ante el encuentro con este bicho en semejantes condiciones. Entonces está el bicho y yo empiezo a sufrir una objetalización. El bicho jadea, me mira, jadea y está ahí inmóvil mirándome y jadeando. Yo no sé qué disfraz me han puesto y entonces empiezo a sufrir angustia. Empiezo a sufrir la dimensión de una objetalización en el deseo ignorado para mi, porque yo no sé qué quiere de mi, porque no sé quien soy para el bicho. Ahora vamos a ver cómo lo dice Lacan y vamos a analizarlo bien. Empiezo a sufrir un proceso de objetalización. Esto quiere decir que en el punto donde yo tengo mis parámetros identificatorios, mi nombre, además podría decir soy médico como la doctora Russ, soy lacaniano, miembro de la Escuela Freudiana, padre de familia, tengo todos los emblemas identificatorios pero en este punto todos los emblemas identificatorios van naufragando, los voy perdiendo y empiezo a sufrir una objetalización. La situación me precipita en una posición de objeto desidentificatoria.
Este punto es central. El ejemplo sirve para poder ubicar este problema de cómo respecto del deseo del Otro, en tanto que es un término desconocido, yo comienzo a sufrir una objetalización desidentificatoria. El deseo del Otro hace radicalmente a la alteridad del Otro; recuerden ustedes que en el Seminario VI Lacan decía que la Hilflosigkeit, el desamparo estructural, se pone en juego ante el encuentro del niño con el deseo del Otro en esa suerte de incertidumbre respecto del deseo, del enigma, de la oscuridad del deseo del Otro, en primer lugar el deseo de la madre. Es importante no confundir esta objetalización con la posición de objeto en el campo de la significación del falo. En el campo de las significaciones sexuales la posición de objeto se metaforiza como castración. Recuerdan que en “La organización genital infantil”, Freud refiere la posición de “castración” como polaridad de la vida sexual que resignifica a “objeto” y “pasivo” como “castrado”, en tanto “sujeto” y “activo” es “fálico”.
Bueno, no se trata del campo de la significación fálica, esta es una objetalización radical que está más allá del campo de las significaciones sexuales, es decir mas allá del campo de la significación del falo.Lacan lo va a decir de esta manera, “...Esta metáfora conserva hoy todo su valor y ella justifica que en el centro de los significantes que puse en el pizarrón vean ustedes la cuestión”. Él puso en el pizarrón el Grafo del Deseo, que no lo voy a escribir ahora porque no voy a poner el acento hoy en la estructura del grafo. Entonces dice que este apólogo pone en juego la función del “¿Che vuoi?”, del ¿qué quieres?Esta pregunta que viene del Otro, “¿Che vuoi?”, es una pregunta que va a ser retransformada por el sujeto, porque el sujeto no puede decir qué quiere, cuando está inquirido. Incluso Lacan toma el ejemplo de la novela “El diablo enamorado “ de Cazotte donde el diablo aparece en una caverna napolitana e intima al sujeto casi de un modo superyoico. Incluso podríamos decir, casi de la misma manera, que el genio de la lámpara de Aladino, cuando frotamos la lámpara aparece y nos pregunta “¿Qué quieres?”Esa pregunta tiene un color superyoico, un color de exigencia perentoria más en la medida en que jamás podríamos responder a esta pregunta. Lo que podemos hacer es invertir la pregunta, entonces el sujeto va a preguntar respecto de la Mantis “¿qué me quiere?”. Entonces Lacan dice, “con la ambigüedad que el francés permite en el “me” entre el complemento directo o indirecto”. El complemento directo, como complemento del verbo, es el que pone en juego la pregunta ¿qué cosa?, ¿qué cosa quieres?; el complemento indirecto es el que pone en juego la pregunta ¿a quién?, ¿para quién?. Entonces yo estoy ante la mantis religiosa, primero aparece un “¿Qué quieres?” pero esto se transforma en “¿Qué me quieres?”. Y Lacan dice que en ese “que me quieres” hay una suerte de ambigüedad que concierne no solamente al qué quiere él de mi, ¿de quién?, de mi – que esto seria el complemento indirecto.
El complemento indirecto en esta fórmula no daría angustia porque el complemento indirecto me identifica en tanto es a mi, ¿qué quiere de mi?, ¿qué espera de mi? y en ese “mi” hay una identificación. Estoy identificado y respecto de esta pregunta, el complemento indirecto no da angustia. Pero el complemento directo - que es directamente no ¿a quién? ni ¿de quién? sino ¿qué cosa?, ¿qué me quiere? - el complemento directo me pone en juego como el objeto mismo del verbo. Es ¿qué me quiere? y Lacan lo formula mejor todavía, ¿que quiere él...? –en este caso el gran Otro – ...en lo relativo a ese lugar, a ese lugar del moi?. No al moi, él dice a ese “lugar” del moi.
¿Qué me quiere este bicho que me mira y jadea , yo no sé qué me han puesto de disfraz, y entonces qué quiere en lo relativo a ese lugar del moi?En este punto respecto del complemento directo yo mismo soy el objeto del verbo, pero sin ningún trazo identificatorio en “ese lugar del moi”. Por ejemplo, si yo digo “compré flores para Ana”, “flores” es el complemento directo: “¿qué cosa compré”, “flores”. Cuando yo digo “¿Qué me quiere?”, yo soy el objeto directo del complemento directo. Entonces es en ese punto, en el complemento directo que comienzo a sufrir esta objetalización desidentificatoria. Esta objetalización desidentificatoria tiene una letra en el álgebra de Lacan que es pequeño a.
Tenemos entonces en este apólogo, – que tenemos que analizarlo para ir bien al eje de lo que Lacan intenta transmitir como la sensación del deseo del Otro en términos de angustia-, que está claro entonces que no es miedo porque yo tendría miedo si supiera que tengo el disfraz o la máscara del macho. El problema acá es que no sé qué soy. Esto quiere decir, no hay duda que el deseo del bicho me implica, me concierne, me tiene como término; de eso no hay duda. El punto es que he perdido la identidad en cuanto a que en esta dimensión de la objetalización desidentificatoria ni siquiera su mirada - porque son celdas - me da algún indicio.
Supongamos que la Mantis Religiosa se pusiera mimosa y entonces me mira con carita de mimosa. Ven que allí me daría algún tipo de trazo identificatorio. O por ejemplo me mira con ira, con el ceño fruncido, ahí habría algún orden de indicador de reparo identificatorio; yo entonces sé que soy amigo si me mira con ternura o soy enemigo si me mira con odio. Ven que algún indicio respecto de la identificación puedo tener, pero el problema - justamente por eso es lo interesante del ejemplo -, es que se trata de una mirada que no me refleja, donde no hay ojos, se parece a la mirada de un ciego.
Entonces yo decía que el deseo de la Mantis me implica, esto quiere decir que estamos solos ella y yo, y el problema es que tampoco hay otro bicho con el que ella se distraiga. Es decir, yo tengo la certeza absoluta, sufro una división porque tengo la certeza de que se trata de mi pero no sé que soy “mi” en esta exposición ante el bicho. En este punto se trata del surgimiento de la angustia.
Eso quiere decir, respecto del deseo del gran Otro que uno se encuentra, hace esta experiencia de una objetalización desidentificatoria. Esto quiere decir que con el gran Otro de esta manera no puedo establecer ningún tipo de nexo subjetivo ni de reconocimiento. No hay duda de que ocupo un lugar en el deseo del Otro, ese lugar se llama a - que en las próximas clases, en los próximos desarrollos que haga el equipo del curso vamos a ver todos los modos de producción de este objeto y vamos a ver la operación de división del sujeto. Pero cómo me encuentro con este objeto, está claro que se trata de un objeto, este objeto es un real, está fuera de todo encuadramiento imaginario y de todo soporte significante. Este a es en lo que verdaderamente consisto; a es lo que soy en esencia va a decir Lacan. Cuando digo je en el fondo soy a.
Entonces tenemos ubicado el sentido de este esquema, de este apólogo, y voy a comentar algunos ejemplos que me parece que pueden ser interesantes para salir de esta ficción del apólogo.Antes de dar los ejemplos me interesaría citar a Jean Claude Millner que tiene un trabajo muy interesante, que es un trabajo de referencia, que se llama “El ejemplo y la ficción”. Es un trabajo sobre la lingüística pero es un trabajo muy aprovechable para ubicar nosotros cuál puede ser el estatuto del ejemplo, porque yo voy a dar algunos ejemplos. Millner dice, “...No existe razonamiento lingüístico más que sobre datos de la lengua y no hay datos de la lengua que no puedan presentarse en la forma del ejemplo”.
Es decir que entendemos que el ejemplo es una presentación de la estructura, es un modo mismo de presentación de la estructura.El ejemplo puede estar sujeto, dice Millner a la manipulación, hay algo que se puede hacer con el ejemplo. Hay distintos planos, hay distintos aspectos del ejemplo que pueden considerarse en el campo de la lingüística. Nosotros por ejemplo, tomemos el ejemplo de la escena del lago de Dora con el Sr. K, la famosa bofetada. Podemos tomar ese ejemplo desde los primeros seminarios de Lacan y lo podemos analizar en primer lugar - fíjense la manipulación de este ejemplo - podemos analizarlo como una respuesta agresiva, una vehiculización de la agresividad en la bofetada porque el Sr. K con su propuesta indecorosa “mi mujer no es nada para mi” le arrebata la unidad narcisística, entonces desencadena una reacción agresiva; justamente él que es el soporte de la identificación especular de Dora. Dora tiene una identificación viril al hermano, al padre, a Freud, al Sr. K. Entonces, muy bien, ahí tenemos una reacción agresiva. Ahora, hay otra lectura si manipulamos el ejemplo. Por ejemplo cuando nosotros decimos que el Sr. K ya no lo tomamos como soporte de la identificación narcisista sino que es un términos simbólico en una cadena que sostiene a la señora K como enigma, la propuesta indecorosa del Sr. K la sustrae de la cadena y deja a ella fuera de la cadena. Ven que ya es una manipulación, estamos leyendo otra cosa. Si le damos una nueva vuelta - que es la que vamos a ver probablemente hoy, la vamos a retomar más tarde en este ejemplo - por ejemplo cómo Lacan ordena el problema de la bofetada de Dora y él dice “de ahora en adelante la bofetada de todas las histéricas”, va a ser en relación del plano del pasaje al acto porque la propuesta indecorosa del Sr. K la pone súbitamente en relación al objeto a y entonces ella responde con un pasaje al acto. Ven que tenemos distintas lecturas y aspectos de una misma escena, de un mismo ejemplo en una manipulación del mismo.
Yo voy a presentar algunos ejemplos. En primer lugar voy a tomar el comentario que hace Lacan en esta primera clase respecto de la angustia del analista. Podemos pensar que si el analista es alguien que está encerrado en la gruta con otro ser que va a proyectar sobre él una transferencia que el analista ignora – esto quiere decir ignora qué disfraz le proyecta el paciente - ¿no tiene la misma estructura que el apólogo de la Mantis Religiosa?
Es decir, que estructuralmente el dispositivo analítico es un dispositivo que puede resultar muy insalubre porque consiste en encerrarse ni más ni menos que con la Mantis Religiosa. Si para el analista el dispositivo está invertido, en tanto el analizante le presentifica él al Otro, no sabe qué clase de objeto es respecto de la Mantis. Esto quiere decir qué traje, qué máscara le ha sido puesto por la transferencia.
Esto es muy importante porque por eso Lacan dice que la angustia del analista es del mismo orden que la angustia del analizante. Es muy importante este punto. Digamos así, casi el primer ejemplo que Lacan da es el de la angustia del analista. Entonces ahora tenemos más elementos. ¿Qué el analista esté sufriendo una inversión del dispositivo qué quiere decir?, que el analizante le hace un gran Otro a él. En ese punto va a tener que responder con los modos habituales con los que en la neurosis se responde a la Mantis Religiosa; es decir al encuentro con el deseo del Otro. Por ejemplo un modo habitual de respuesta es la psicoterapia. La psicoterapia es un modo de arreglárselas con el bicho y entonces yo trato de...
Comentario: Que el bicho sea el analizante.(risas)
Jorge Linietsky: Sí, sí, pero en este caso no es el analizante, es el psicoterapeutizado. Lo digo así pero hay entenderlo crudamente. Entonces yo paternalizo, maternalizo, terapeutizo, es decir trato de instituir una imaginarización de este campo que la Mantis Religiosa como gran Otro cuyo deseo me es oscuro e inquietante, quiero reducir como sea. Entonces la psicoterapia es una solución a la angustia del analista, es decir la defección esperable - ¿por qué no? - la defección del analista de su posición y el viraje hacia la psicoterapia.
Por ejemplo otra respuesta posible a la Mantis Religiosa en el consultorio es la Psiquiatría. Entonces ante la Mantis yo me sostengo muy bien apuntalado, muy bien identificado en el discurso de la Ciencia y de su práctica aplicada que es la Medicina.Entonces yo tengo a la Mantis que me habla y no sé qué me proyecta pero yo estoy pensando en términos de neurotransmisores, estoy pensando en el espacio ínter sináptico, qué concentración de serotonina puede haber, voy a pedir un mapeo cerebral y entonces se acabó el peligro de la Mantis. Y luego voy a medicar para domesticar a la Mantis y lo único que me interesa es preguntarle luego si durmió bien, cómo está de ánimo; es decir que no siga hablando.
Yo pienso que la psiquiatría puede llegar a ser una práctica altamente iatrogénica para el psiquiatra por este grado de práctica mortificatoria que tiene sobre el sujeto. No es que yo estoy en contra de la Psiquiatría, no, soy psiquiatra, pero soy psiquiatra y nunca me he dedicado a la práctica de la psiquiatría. Lo que quiero decir es que no podemos pasar por alto que la Psiquiatría es un modo muy particular de vérselas con la Mantis Religiosa, es un modo de pretender domesticar a la Mantis Religiosa.
Voy a comentar otro ejemplo. Se trata de un material de supervisión. La analizante es una prostituta profesional, es decir trabaja, es una prostituta cara, digamos de avenida Libertador o de Figueroa Alcorta.
Comentario: Una verdadera Mantis.(risas)
Jorge Linietsky: Resulta que un día va a ver a su analista y le cuenta una situación por la que ha pasado en la cual ella iba caminando por la zona, por avenida Libertador, o sea una zona cara, y entonces de un edificio sale un hombre que ella lo ve y le resulta atractivo. Entonces el hombre ha percibido la mirada de ella y la aborda, entonces le habla y la invita a tomar algo. La lleva a tomar algo, ella cuenta a su analista que el hombre tenia una conversación interesante. Luego él la invita a su departamento, que parece que es un departamento muy importante ahí por esa zona, y ya en el departamento ella siente interés por el hombre. Él empieza a pretender iniciar los preliminares del encuentro sexual y ella tiene un brote de angustia muy intenso en ese momento, que es lo que le cuenta a su analista. Entonces desbordada por esta angustia le dice a él “pero yo cobro”, y entonces el hombre indignado, desilusionado, la echa a patadas del departamento, cosa que ella dice a su analista que entiende que es razonable la ira de este hombre porque ella misma dice y reconoce que había sido un levante en buena ley, es decir no era una cuestión que pasara por la prostitución.La analista le pregunta por esa angustia y ella dice que en esa situación y como venían las cosas ella sintió o se dio cuenta que en esa situación podía ser como cualquiera. Es muy interesante porque ven la diferencia que hay entre ser una cualquiera y ser una prostituta cara, que es otra cosa, que no es ninguna cualquiera.
Este seria el segundo ejemplo que me parece interesante que presenta muy bien la emergencia de la angustia en el punto del encuentro que es el encuentro con la Mantis Religiosa; es el encuentro con el deseo del Otro que ella desea. Ella encuentra el deseo, encuentra la respuesta, está este elemento de que el hombre le interesa, tiene una conversación interesante. Entonces podríamos decir que ella está convocada por el deseo en esa escena de un modo tal que pone en juego, vamos a decir, su condición femenina más allá del fantasma de prostitución.Por eso cuando ella introduce el tema del dinero, busca recrear las condiciones de la escena en las que ella está perfectamente identificada y en esa escena fantasmática ella puede reducir el deseo del Otro a una demanda puramente sexual a cambio de dinero. Esta es una demanda muy precisa, muy acotada y una demanda claramente identificatoria. Este sería el segundo ejemplo, el primero que yo plantee era la angustia del analista. Aquí tenemos el ejemplo de la angustia de la prostituta.
Voy a contar otra ejemplo.
Noemí Sirota: Claro, por eso el analista cobra (risas)
Jorge Linietsky: Acá dicen por eso el analista cobra. A ver,..
Noemí Sirota: Porque le da un marco. Decíamos que por eso el analista cobra, porque hay un punto ahí de acotamiento y de un marco respecto del deseo del Otro, de la angustia de estar en la mira del deseo el Otro.
Jorge Linietsky: ¿En qué sentido el marco?, porque el marco es el marco del fantasma, pero el fantasma es el fantasma del analizante.
Noemí Sirota: Bueno, es lo que le permite al analizante seguir hablando.
Jorge Linietsky: Claro, sí, si, en la medida en que el analizante paga no necesita poner en juego su masoquismo, su sacrificio al Otro, ¿En ese sentido decís?. Ahora está claro.
Comentario: El pago acota el “¿qué me quiere?”
Jorge Linietsky: Sí, el pago acota el “¿qué me quiere?” y Lacan dice muy bien, cuanto más mejor.
Comentario: Digo que el pago en todo caso, esto que planteaba Noemí, introduce una escansión, no es que va a desaparecer el “¿qué me quiere?” pero va a estar de otra manera. Me parece que va a ser posible que el analizante pueda seguir hablando.
Jorge Linietsky: Sí, pueda seguir hablando y sobre la base de la (...). Digamos, ¿por qué no es la Mantis Religiosa el analista para el paciente?, esta sería la cuestión.Porque lo damos vuelta y entonces efectivamente, perfectamente podría ser la Mantis Rreligiosa.Por ejemplo piensen ustedes una analizante fóbica viene al análisis pero tiene una fobia a los perros y viene por la calle esquivando y sorteando a los perros con los que se va cruzando. Esta claro que viene al encuentro con la Mantis Religiosa, es por eso que aparece el perro en el camino al encuentro con el deseo del Otro. El perro es el significante de la fobia que sostiene el deseo prevenido respecto del encuentro con el deseo del Otro, en ese caso el analista perfectamente encarna a la Mantis Religiosa. Ahora, podríamos decir que hay analistas antipáticos en el sentido que sostienen un orden de abstinencia que va generando las condiciones de la angustia. Esto se ve mucho por ejemplo en los kleinianos ortodoxos que son de un orden de abstinencia donde hay sesiones y sesiones donde pueden no hablar. Ahora bien, una cosa es el deseo del Otro en tanto el analista desde su lugar no demanda, la ausencia de la demanda hace aparecer el deseo del Otro. Es así de simple, la ausencia de la demanda es el deseo del Otro en acto.El analista no demanda y entonces tendría que llevar al analizante a la angustia. Efectivamente, por eso el analizante va a responder con las formas de respuestas ante el encuentro con el deseo del Otro. ¿Cuáles son?..Las escribimos en el grafo rápidamente:
S (A) (S D)
(S a) d
S (A) A
moi i(a)
I(A) S
Es en tanto que el analista no demanda, del lado de la izquierda del grafo ante la irrupción del deseo del Otro se van a poner en juego las respuestas del Sujeto. (Fin lado A de la grabación) (Lado B comienza así)Las respuestas son: el fantasma, el síntoma, el moi y el ideal del yo. Cualquiera de estos fenómenos se van a poner en juego, esto del campo del amor tiene que ver con la defensa del ideal del yo perfectamente, o las respuestas del fantasma, etcétera,. Ahora bien, hay otro deseo que el analista va a poner en juego como deseo del Otro, que es el deseo del analista que es el deseo que pone en juego la función de la legibilidad porque si no sólo se trataría de la Mantis Religiosa; no habría modo de diferenciar el lugar del analista de una suerte de perverso que busca la angustia de la victima, pero lo que está en juego en el análisis es otro deseo que es el deseo del analista. Es un deseo que pone en juego la función de la lectura, la función de la legibilidad que funciona en el analizante como deseo del Otro, va a hacer suyo el deseo del analista como el deseo del Otro. Entiendo que es en el decir del analizante donde hay que ir a constatar la dimensión del deseo del analista.
Por ejemplo un chico de nueve años en un trabajo de análisis interrumpe - interrumpe porque los chicos interrumpen en diciembre, entonces todo diciembre y enero no viene; en febrero estoy de vacaciones, tampoco viene la primer sesión de marzo porque los chicos mayormente vuelven a mediados de marzo – y este chico viene prácticamente tres meses después de la última sesión de Diciembre, y lo primero que me dice es “tuve un sueño”. “Soñé que me perseguía la muñeca de mi hermana con una tijera”. El corría, la muñeca lo perseguía con la tijera y entonces dice, “y no me vayas a decir que es porque es una mujer”.
Se ve que él ha hecho una lectura, está leyendo. Eso es el deseo del analista , se verifica como deseo del Otro en el analizante.
Voy a comentar otro ejemplo de la Mantis para desplegar esta propuesta de Millner a propósito de la función del ejemplo.Un analizante obsesivo un día viene a sesión y cuenta que está haciendo una gimnasia recuperatoria con una kinesióloga, y dice: “tengo una profesora excelente, es realmente una excelente profesional”. La elogia mucho y cuenta que casualmente en la última clase de gimnasia, de gimnasia individual, él se había olvidado de llevar el short y entonces ella le dice, “bueno, podés hacer la clase en calzoncillos”, entonces él acota cuando relata esto en la sesión “fíjese qué excelente profesional que no quiso interrumpir ni suspender la clase porque yo me había olvidado el short”.El había dicho que esta era una mujer muy atractiva, que incluso no entendía cómo su mujer le había conseguido esta profesora. Entonces yo le digo “¿pero usted estaba con slip o con boxer?” .
Me resulta interesante la escena, por eso la traigo como ejemplo, porque muestra la política del obsesivo con la Mantis Religiosa. El obsesivo dice Lacan - y lo trabaja muy bien esto en el Seminario de “La transferencia” - no ataca el deseo del Otro, ataca el significante del deseo del Otro que es el significante fálico.De manera tal que el “calzoncillo” que es el significante fálico - porque en calzoncillos y desnudo es lo mismo desde el punto de vista del falo-, porque es eso, además ella dice en calzoncillos - en este punto ven que él ataca el significante fálico del deseo del Otro para hacer de eso un elogio de esta profesora.
Piensen que este es el sentido de la política del obsesivo respecto de la Mantis Religiosa en la fórmula que da Lacan en el Seminario de “La transferencia”:
A <> -fi (a,a´,a´´,a´´´,…) disyunción
Esta fórmula es la que da Lacan en el seminario de “La transferencia” para el obsesivo. Los objetos a, a´, a´´, a´´´, son sus objetos. Puede ser su mujer, puede ser el analista, puede ser su profesora, son objetos que pueden tener un valor libidinal, un valor fálico, pero el problema es la disyunción con el deseo del Otro respecto de cada uno de estos objetos. Esto quiere decir, está en disyunción del deseo del Otro. Entonces él puede decir que es una mujer muy atractiva pero ven que está el “calzoncillo” pero la trama del deseo no se abre de ninguna manera porque él ataca la función del significante fálico en el discurso. Entonces no hay respuesta de angustia, o de excitación sexual, etc. De esta manera anula toda posibilidad de articulación del deseo del Otro, es decir de la puesta en juego de la Mantis. Por eso traigo este ejemplo, porque son ejemplos que tienen un algo de este encuentro, este encierro en la caverna con el bicho. Voy a dar un último ejemplo y charlamos, que es un material de supervisión de Safouan.Se trata de un trabajo presentado por Safouan en las Actas de la Escuela Freudiana de Paris en Roma 1974. El trabajo de Safouan se llama “Hacia una teoría del análisis de control”. Safouan comenta un caso que él lleva a la supervisión con Lacan y el caso es el siguiente. Dice, “...Cuando Lacan lanzó esta fórmula “la angustia es la sensación del deseo del Otro” – que es la fórmula de la que partimos - yo creí comprender - cosa que estaba admitida implícitamente por mi como algo obvio aunque en realidad no sé por qué me resultaba obvio - que el deseo del gran Otro es algo enigmático”. El deseo del gran Otro es enigmático, no había entendido mal Safouan; ahora vamos a ver. “...Ahora bien - dice - justo en aquél momento tuve que insistir a una angustia que se desencadenaba en una de mis analizantes como jamás había visto antes, ni después tampoco, y que se desencadenaba en circunstancias muy precisas. Mi analizante había sentido esa angustia inmediatamente después de que fuera pedida su mano, pedido que ella misma había deseado, o como suele decirse con bellas palabras, que ella había ansiado con todo su corazón”. “El demandante – es decir el novio de la analizante, - como diría Kierkegaard, decía que quería un príncipe heredero, lo decía tal cual. Decía: “quiero que me des un príncipe heredero”. “…y en mi analizante se fomentaba la angustia de ser tirada a la basura en cierta medida con los envoltorios - es decir con la placenta - una vez satisfecha esa demanda”. Ella pensaba así, el tipo le saca el príncipe y la tira a la basura. “...Inútil deciros que en ella esa angustia marchaba a la par con esta pregunta “¿y por qué yo?”; ¿Che vuoi? del lado de ella, ¿qué me quiere?, ¿por qué a mi? “Es una pregunta acertada, -dice Safouan-, porque después de todo no era ella la única que había para fabricar príncipes, es con ella la cuestión”.
Era esto que decíamos hoy, con el ejemplo de la Mantis tengo la convicción de que estoy concernido en cómo me está mirando o está jadeando y eso va conmigo. Entonces dice, “...Su demandante, es decir su novio, era su elegido. Lo único que ocurre es que el deseo está condenado al olvido y por consiguiente qué otra cosa puede hacer el deseante cuando el deseable se ve de pronto arrojado como un objeto entre tantos otros sino exclamar ¿por qué yo? y dejar que la angustia le indique que la otra mujer no existe”; porque no hay otra, es con ella. Entonces él dice así, él como analista y esto es lo que me interesa. “...Lo esencial es que tenia que vérmelas con una angustia que de ninguna manera podía vincular con alguna cosa oscura o ambigua o enigmática, todo lo contrario. Diré que la angustia se produjo cuando ya no quedaba lugar para la duda”; es decir que el deseo era con ella como término. Entonces, “...En mi perplejidad, ¿qué podía hacer?. Evidentemente se lo comuniqué a Lacan porque el control estaba allí para algo”. Es decir lleva este material a la supervisión, “...Entonces Lacan me dijo que en efecto la angustia en ese ejemplo estaba en relación con el deseo del gran Otro en cuanto sabido y no en cuanto no sabido. Creo que fue a partir de ese momento que comencé personalmente - dice Safouan - a penetrar seriamente en la estructura del deseo y en las aporías de sus relaciones con lo articulado y lo inarticulable”.Con este último ejemplo concluyo. Si hay preguntas, comentarios, aclaraciones.
Preguntas y Comentarios
Comentario: Jorge, yo estaba pensando cuando decías esto de que le concierne al sujeto y en esto de que no cabe duda, cuando en un momento Lacan dice que no es la duda lo que causa la angustia, sino que es la angustia lo que causa la duda. Eso recordaba.
Osvaldo Arribas: Un comentario Jorge. Me gustó mucho el último ejemplo que dabas, me parece muy interesante este comentario de Lacan de la angustia frente al deseo del Otro en tanto sabido, porque en algún sentido el ejemplo de la Mantis, de estar frente a la Mantis con el que arranca el Seminario de “La angustia” yo diría que es un ejemplo más de horror que de angustia, porque es angustia cuando no sabemos si estamos frente a la Mantis. Quiero decir, si lo que tenemos delante es algo de apariencia humana que puede esconder una mantis, pero otra cosa es tener la mantis enfrente donde ahí sabemos quién es, sabemos que estamos frente a una mantis, ¿se entiende?. Entonces la angustia es la posibilidad de estar frente a una mantis sin saberlo, respecto de esta cuestión de la angustia frente al deseo del Otro no sabido pensaba.
Comentario: Quizás eso es respecto a cuando dice la sensación, me parece que es en ese sentido que tiene todo su peso la formulación de Lacan. No es la certeza de la presencia, es la sensación de la presencia del deseo del Otro.
Verónica Cohen: A mi me parece que la angustia no tiene que ver con si se está frente a la Mantis o no se está frente a la Mantis sino con el disfraz que se tiene. O sea si es el objeto, si está en el lugar del objeto o no, porque la sensación del deseo del Otro ¿qué implica?, en la banda el lugar de la hormiguita si queres o el lugar del objeto que tiene el sujeto frente al deseo del Otro. Eso es lo que me parece que está implicado en todo esto que decía Jorge, el profesor Jorge Linietsky. (risas)
Noemí Sirota: Yo lo que estaba pensando en esta misma línea, en realidad hay dos puntos, el enigma y la respuesta, que vos decís con qué se responde. En el ejemplo me parece que lo que produce angustia es la respuesta, es el “yo soy ese resto que va a tirar después que tenga el príncipe”; eso es lo que aparece donde no debería aparecer porque la angustia es sensación del deseo del Otro en el punto en el que aparece algo que no debiera aparecer. Si se mantiene la situación de enigma no es angustia, es lo que decía Osvaldo del horror, es el abismo digamos. La angustia me parece que tiene que ver con la respuesta que da el sujeto que tapa el enigma, que es una respuesta y falta la falta ahí. Digamos, si es enigma es la falta misma, pero si falta la falta entonces “¿yo, por qué yo?”, “ah!, porque yo soy eso que va a ir a la basura después de dar el príncipe, el a”.
Jorge Linietsky: Yo lo veo de otra manera. Eso es un fantasma, es un fantasma de abandono.
Noemí Sirota: Si, la angustia esta enmarcada ahí.
Jorge Linietsky: El fantasma es “no es conmigo, es con el príncipe heredero”. Es un recurso histérico frente a la angustia. ¿Él qué quiere?, quiere un niño y luego echarme, por lo tanto no se trata de “mi” en lo relativo al objeto que soy en el campo del Otro, en el deseo de él. El fantasma de abandono es un fantasma.Es decir, yo creo que está planteado en términos de que la angustia ante el deseo del Otro es en tanto sabido, en este caso, porque efectivamente, constatando el deseo del Otro resta, sin embargo el objeto que soy como causa real, siempre insabido. Por ejemplo en el caso que di del paciente obsesivo el deseo del Otro está en tanto no sabido, aparece como una virtud de esta profesora “sarmientina” que nunca va a dejar de lado a un alumno, a un paciente, etcétera. Ahí no hay angustia porque subyace como inconciente la dimensión del deseo.En el caso de esta mujer es el deseo del Otro en tanto sabido. Esto quiere decir, ¿qué se puede saber? Está lo que se puede saber y lo que no se puede saber de ninguna manera, porque el sujeto tiene la certeza del deseo, ella tiene la certeza del deseo de él. Se puede saber, se puede no saber pero el problema es que la salida de la angustia respecto del deseo del Otro pasa ¿por qué?, por la integración de la falta de mi lado.
La angustia está en relación a que el objeto a está en el campo del Otro, es lo que soy en el campo del Otro. Por eso en el cuadro de la angustia el objeto a, en todo el cuadro, está en el campo del Otro, esto es muy importante tenerlo presente.
(dibuja el cuadro de Inhibición, Síntoma, Angustia de la clase I del Seminario)
La realización del deseo, que podría ser el campo del acto, se juega fuera del cuadro, es cuando el sujeto puede integrar, hacer suya la falta real “a” y desea como objeto.Este punto se va a trabajar a lo largo de este año, y es lo que Lacan retoma al final del Seminario de “La angustia”, la cesión del objeto a al campo del Otro. Pero quiero decir, en tanto el objeto está en el campo del Otro como no integrado, como no asumido estoy en angustia o en sus epifenómenos.
En ese punto ella sabe que él la desea, lo que no sabe es qué se es en el campo del Otro, en tanto causa del deseo del Otro porque siempre el deseo, aunque sea el deseo sabido como tal, nunca me va a dar cuenta de la condición de objeto desidentificado en el que estoy situado respecto del deseo del Otro como causa.
Sólo en el punto donde yo puedo asumir la falta como objeto de mi lado, devengo un deseante.Esto quiere decir, no hay ninguna respuesta para esta mujer respecto de por qué con ella, la única respuesta posible es asumir la falta y asumir el deseo, el deseo y la elección y apostar a lo que venga con el hombre este. No hay nada a saber de por qué con ella, porque - como ya vamos a ver también aquí - él tampoco sabe por qué con ella. Entonces no es por la vía del saber que se resuelve el problema de la angustia respecto del deseo del Otro.
Y en ese punto tomando lo que decía Osvaldo, está en juego el saber en la angustia, es decir el saber en tanto en términos de no saber. Ahora el problema es, no saber de qué es respecto de no saber esto, qué objeto soy en el deseo del Otro cuando el deseo del Otro me concierne. Es lo que decía Verónica en el sentido de que yo puedo despejar el deseo del Otro como en el caso de esta mujer pero el problema es el punto donde ¿tiene solución qué objeto?, no, eso no tiene solución, la única solución posible es devenir esa falta, devenir ese objeto, por la vía del análisis asumir las posición de deseante como objeto.
Comentario: Gracias Jorge por tu exposición y por el tono, que creo que lo risueño tiene que ver con participarnos de tu recorrido. Lo agradezco. Lo que yo voy a decir no tiene nada que ver (risas), pero no voy a dejar de hacerlo. Cuando vos comenzaste hablar y dijiste la topología de la angustia recordé - y yo estoy retomando el “RSI” - que se me aparece ahí en lo imaginario la angustia y que si realmente lo retomaras me vendría bien. Y fue por ahí que se me iba imponiendo algo escuchándote, la gónada de la paloma, algunas cuestiones del menos phi que se estuvieron trabajando en las últimas clases, dijiste como un ciego, mirada sin ojos. Es una afirmación. Y que reiteraras, es complicado como un panóptico, pero vos dijiste celda, marcaste lo de la celda sin ojos. Digo esto que no puedo en ninguna sensación palpar, si en algún momento tuvieras la posibilidad de volver sobre lo que dijiste, de remarcar el sin ojos, el no sé qué ve cuando me mira....
Jorge Linietsky: Porque no me refleja
Comentario: Ah, porque recordé, perdón que te cuente como una especie asociación libre - entre comillas - los tiempos del tiempo lógico, no sé cómo el Otro me ve cuando me precipito, hablaste del pasaje al acto, de Dora, de este arrojarse, recién se habló de vacío, pero que a mi se me aparece por ahí. No se si se entiende algo de lo que me circula en este momento pero por si, sí...?
Jorge Linietsky: Te quería contestar. Respecto de lo que entiendo de tu referencia me parece que hay que recortar un poco el sentido del ejemplo y remarcar las limitaciones que tiene el apólogo de la Mantis Religiosa, en el sentido de que no está puesto tanto el acento en la función de la mirada. Yo dije como el ojo del un ciego porque son como celdillas que no te miran, pero esto está presentado por Lacan para denotar lo que decía Diego que es que no hay reparo identificatorio. Esto quiere decir que no hay reparo desde el semejante ni desde el ideal del yo, está al servicio de eso el elemento de los ojos como celdas.No está a los fines de presentar la dimensión de la angustia escópica porque la angustia escópica - que es un tema que seguramente vamos a ver más adelante en el trabajo del Seminario – es la angustia que pone en juegos los ojos del ciego, los ojos del muerto. No está en ese sentido, es más escueto el sentido del apólogo de la Mantis Religiosa.
Úrsula Kirsch: Me parece que hay una cuestión a tener en cuenta o volver a decir cuando uno presenta las cuestiones desde este ángulo que tiene que ver con cuál es la consistencia de este gran Otro. De repente la figuración por el lado de la Mantis le da una corporeidad y una consistencia a este campo del gran Otro que existe sólo por la demanda del sujeto, por la demanda del hablante. O sea que el campo del gran Otro está ahí...
Jorge Linietsky: En el inconciente del sujeto
Úrsula Kirsch: Claro, en el inconciente o el inconciente mismo lo es y o está ahí para no encontrarse con su deseo o esta ahí para no encontrarse con la castración, con la falta en el Otro. Porque si no puede pasar a veces que tome demasiada consistencia o tome una consistencia que no tiene, se pierde el anclaje en la pulsión desde donde parte. Bueno, eso.
Jorge Linietsky: Sí, el momento de la angustia es un tiempo preliminar al encuentro, es ya el encuentro con la castración del Otro aún no asumida, por eso decía estamos dentro del cuadro de “Inhibición, Sintoma, Angustia”, en el tiempo de la angustia, es un tiempo preliminar. En ese sentido me parece muy bien la advertencia que hace Úrsula porque estamos hablando de la función del gran Otro como un lugar. Es un lugar en el inconciente del sujeto, un lugar que se va a encarnar en todos estos personajes que yo he presentado a través de los ejemplos, pero se trata efectivamente del gran Otro en tanto no existe. En otro momento seguramente vamos a pensar por qué el objeto pequeño a es lo que va armar el lugar del deseo del Otro, es lo que le va a dar su lugar a esto que no vamos a decir su consistencia, sino su lugar reposa en el objeto a que tengo en el campo del Otro.Bueno, dejamos acá.
(Aplausos)