07. Clase correspondiente al dia 12 de Junio,Jorge Liniestsky
Para entrar al discurso del psicoanálisis. Curso 2009La angustia y `su´ objeto en la dirección del análisis
Clase 12 Junio
Jorge Linietsky: Buenas tardes. Vamos a continuar el trabajo a propósito del tema de este curso introductorio que concierne al objeto de la angustia. En la clase anterior cercamos este objeto a través del apólogo que propone Lacan, que ya había propuesto en el Seminario anterior de “La identificación”. Justamente este apólogo pretende acercarnos a la dimensión - como decía Anabel en varias de las clases que ha dado - a la dimensión del gran Otro en relación al deseo, es decir, como deseo del Otro, y cómo esta relación al deseo del gran Otro para el sujeto, su aproximación, su encuentro representa el lugar de la angustia, de la angustia en su emergencia en tanto angustia. Los ejemplos que presenté a continuación del apólogo, el caso de la prostituta, el caso del paciente de la kinesióloga, la angustia del analista, la angustia del caso de Safouan; apuntaban a presentar distintas variaciones en un sentido sobre el mismo tema. Este tema de la variación es un tema muy importante. En música hay bastantes maestros de la variación; los grandes maestros son Bach, Mozart y Beethoven. Entonces estos ejemplos aparecían como variaciones sobre el tema. No se trata de la mantis religiosa, se trata de la dimensión del gran Otro en tanto tal. No se trata tampoco de un encuentro del yo con el deseo del gran Otro, sino de un encuentro a nivel del sujeto y el gran Otro. Este encuentro pone en función las dimensiones de lo simbólico y lo real, por eso vamos a ver cómo en esta operación de división que vamos a comentar en un ratito se trata de estas dos dimensiones, del sujeto y el gran Otro; es decir, que pone en juego la dimensión de lo simbólico y lo real.Esta dependencia estructural del sujeto y del Otro - del gran Otro en tanto tal y que diferenciamos del pequeño otro, del semejante, del que pone en juego la función de la imagen especular, que ha sido tratada exhaustivamente en las clases por Anabel - conciernen a que el gran Otro es un lugar. En primer lugar, es el lugar de la alteridad radical de los efectos del lenguaje sobre el sujeto, es decir, es el lugar del significante; el gran Otro, podríamos decir, es el pulmotor simbólico que respira el suejto.Esta dimensión del gran Otro es la que está presente en todos los modos en lo que se puede producir la angustia , que ya vamos a trabajar en este curso. Tenemos la angustia ante el deseo del Otro, vamos a considerar otras formas como la angustia ante la demanda absoluta del Otro, la angustia ante el goce del Otro, la angustia ante ciertas configuraciones lógicas, la angustia ante los diversos objetos que se ponen en juego - el objeto anal, oral, escópico e invocante - y que van a dar lugar a angustias especificas; así vamos a tener una angustia oral, una angustia anal, una angustia escópica y una angustia invocante.A propósito de esta relación entre el suejto y el gran Otro Lacan dice algo muy interesante en la clase IX; dice, “...Observen que aquí vuelvo a encontrar lo que en mi discurso ya señaló al comienzo una interrogación esencial; si entre el sujeto y el gran Otro la angustia no será un modo de comunicación tan absoluto que, a decir verdad, cabria preguntarse si ella no es para el sujeto y para el gran Otro, hablando con propiedad, lo común”; la angustia como lo común entre el sujeto y el gran Otro. Hay un antecedente de esta fórmula o de esta indicación de Lacan, la angustia como lo común entre el sujeto y el gran Otro en el Seminario de “La transferencia”, el Seminario 8, en la antepenúltima clase que Miller tituló “La angustia y el deseo”. Ahí Lacan dice que “...La angustia tiene una estructura de vasos comunicantes”. Se entiende qué quiere decir, ¿no?. que se trata de esta comunicación entre el sujeto y el gran Otro. Lacan da un ejemplo interesante. Él dice que puede suceder que un analizante tenga una angustia inesperada donde nada del contexto actual del analizante podría dar a pensar en la emergencia de una angustia semejante, entonces sin duda, dice, ustedes tienen que pensar que muy probablemente esta angustia sea la angustia del Otro; esto es, que está en relación a la angustia de Otro, de un Otro real que viene al lugar del gran Otro del sujeto. Por ejemplo, vieron que habitualmente cuando se trata de ir a visitar a un enfermo con cáncer hay una dificultad, hay una suerte de evitación fóbica. Uno se hace el boludo, se demora. Sin duda el problema no es el cáncer, el problema es la angustia del Otro; el cáncer es la señal de angustia, es el significante de la señal de angustia. Es decir, que el problema que tengo con el Otro es la angustia del Otro que se vuelve mi angustia, porque Lacan dice lo común entre el sujeto y el Otro. La angustia misma ya es una presentación de la falta, por eso incluso en el Seminario de “La transferencia” Lacan plantea la necesidad de pasar de lo que él llama un estado de Hilflosigkeit,, de situación de desesperación catastrófica, caótica, cómo pasar de una situación subjetiva semejante a la angustia, porque la angustia ya va a posibilitar un marco, la angustia enmarcada, la angustia enmarcada en lo simbólico va a permitir presentar un marco para la angustia; va a poder articular una función de la falta en la angustia que en tanto el sujeto está en esta posición más de reacción catastrófica o de Hilflosigkeit donde todo es posible no va a poder articular como falta. Hay otra fórmula a propósito de este común entre el Otro y el sujeto que es la angustia en la clase XIV del Seminario de “La angustia”. Lacan dice, “... Lo que el gran Otro quiere necesariamente, lo que él quiere aunque no sepa en absoluto que quiere es sin embargo, necesariamente, mi angustia”. Es una formulación aforística de la clase XIV donde él presenta ocho aforismos a propósito del sujeto, el Otro y la angustia. “Lo que el gran Otro quiere es necesariamente mi angustia”, ven que Lacan está diciendo que no se trata de la perversión sino que la relación al gran Otro va a poner inevitablemente en juego la función de la angustia.Incluso Lacan va a insistir varias veces en el Seminario de “La angustia” cómo la dimensión del gran Otro puede contar por ejemplo para los anímales, cómo se puede llevar a un animal a una reacción desesperada justamente por la dimensión del gran Otro que va a poner en juego el experimentador. Respecto a esta relación del sujeto con el pequeño otro y con el gran Otro, estas relaciones no se encuentran separadas ni desarticuladas. El esquema del espejo cóncavo que hemos dibujado en el pizarrón una versión más simplificada permite ordenar - y es todo el trabajo que ha venido haciendo Anabel las reuniones precedentes, cómo ordenar estos campos, estas dimensiones, estas relaciones. Vemos en el esquema cómo la dimensión imaginaria de i(a) e i’(a) - es decir la imagen narcisista y su reflejo especular como yo ideal, vemos el ideal del yo en el esquema - cómo todo va tomando su lugar y dependen en forma absoluta de cómo el sujeto se constituye en el lugar del gran Otro, cómo estas relaciones dependen de la relación al significante y en el inicio, en particular, de la relación al rasgo unario que va a constituir el soporte - como dice Lacan en el Seminario de “La identificación” - el rasgo unario como soporte del significante. Cada golpe del significante vuelve a repetir un Uno. Hay un desarrollo importante que hizo Anabel a propósito del papel fundante del gran Otro en la experiencia del infans respecto del espejo, cómo el niño busca la mirada del gran Otro - tenemos el gran Otro en este lugar - bajo la forma de un asentimiento. Un asentimiento, una sonrisa, una mueca, una palabrita “mi nene”, una palabrita cualquiera que ratifique el valor de la imagen para que el infans pueda volver a la imagen y reconocerla. Sin el gran Otro esta operación no se va a poder fundar. Recuerdo un caso de autismo que escuché en una ocasión donde un niño de tres años es llevado al consultorio de una analista y se lleva las cosas por delante, tropieza con los objetos y balbucea algunas palabras en forma repetitiva. Lo interesante de este caso, lo dramáticamente interesante, se refiere al hecho de que cuando este chico tenía siete, ocho meses la madre descubre a su marido en la habitación de la empleada doméstica con la empleada doméstica (risas).
Comentario: No había que aclararlo (risas)
Jorge Linietsky: Sí, había que aclara eso porque si no queda como que ella pone la ropa lavada en un canasto que tiene en su habitación y fue a buscar las medias y no habría ninguna cuestión. Resulta que la madre los descubre y el odio que despierta este descubrimiento hace que en razón de que el bebé es muy parecido al padre, ella desarrolla un rechazo de manera tal que cada vez que le bebé busca la mirada, ella da vuelta la cara. Es decir que la madre le deniega este asentimiento. El asentimiento en este punto es un asentimiento que no tiene ningún sentido, es un corte, es una nada, pero es una marca que va a poner en juego justamente la constitución del rasgo unario. El rasgo unario concierne, Anabel trabajó esto, la función del Uno contable; este punto de la mirada simbólica de la madre que va a ser fundante del sujeto. Ven que es interesante porque no está presentado por Lacan a nivel de la palabra, vamos a decir, sino el rasgo unario es a nivel de la mirada, es escópica la entronización de la función del rasgo. Tenemos la función del ideal del yo en el campo del Otro que va a ser la sede de esta mirada en el campo del Otro pero va a representar el lugar de la primera identificación del sujeto, porque en ese punto va a haber un trazo fundante del sujeto que va a abrir la posibilidad del mundo simbólico y de la función significante. Pero no sólo eso. Este trazo unario que va a permitir la función de la cuenta, de contar unos - uno chupete, uno biberón, uno pulgar - esta función que permite un recorte de los unos - es decir, va a permitir el desarrollo de una mirada discriminativa - este rasgo unario va a permitir al mismo tiempo que la imagen especular que el niño encuentra en el Otro, en la madre, sea contada como una. Esa función del Uno es fundamental, es imprescindible para que el niño realice la experiencia del estadio del espejo; es decir, encuentre esta función de la imagen en tanto tal. Lacan va a hablar precisamente de la “unaimagen”. La “unaimagen” – todo junto – él va a decir a la altura del clase XVIII, XIX del Seminario de “La angustia”.Yo hago todo este desarrollo justamente para ubicar la dimensión del gran Otro. Ahora bien, voy a comentar hoy una operación podríamos decir estructurante que Lacan presenta al final de la clase II, que es la que he escrito en el pizarrón. Esta operación va a jugarse entre lo simbólico y lo real y esta operación en verdad es una escritura matemática de algo que no se puede decir que sea experenciable por el niño, no hay experiencia de esto; es decir, son operaciones de la estructura. Esta operación va a dar cuenta de esto que está en juego entre el sujeto y el gran Otro y que de ahí vamos a poder extraer el objeto de la angustia - el surgimiento, cómo surge este objeto de la angustia que es el objeto a - Lacan va a recurrir a una escritura matemática.Los franceses no escriben como nosotros la división o cociente o razón en matemática. Nosotros escribimos así. Si tenemos por ejemplo 8 / 2 da 4, 4 x 2=8 y al 8, 0. Es con esta colita porque si no escribo la colita falta algo (risas).
82 0 4 ?
(Nota: símbolo más parecido que encontré a “la colita”)
Muy bien, los franceses la escribirían así.
8 2 0 4
Comentario: Sin colita.
Jorge Linietsky: La colita no sé, no me hago cargo de cómo ellos escriben o no escriben la colita. ¿Qué significa?, ¿Cómo entender por qué Lacan apela a esta escritura de una operación matemática?. Es una operación matemática y no es una operación matemática porque requiere un comentario. Una operación de división no requeriría en matemáticas del comentario.Entonces esta operación supone que – se puede decir de esta manera – el 2 quiere saber cuál es la medida de su unidad en el 8, cuántas veces cabe en el 8. Entonces el 2 en el 8 cabe 4 veces. Entonces el 4 es una dimensión de la unidad de cómo el 2 está contado en el 8 y está contado 4 veces. Si yo hago otra división, vamos a hacerla a la francesa. 10 3 10 3,3 10 3,3 1
Le está 3, 3 x 3 =9 al 10, 1. Bajo el 0, pongo una coma. 3 x 3=9 al 10, 1. Bajo el 0, etcétera. Ven que el problema que tengo acá es que esta operación no cierra en una medida unificante en cuanto a en qué proporción estoy en el Otro, sino que esta operación deja un resto, entonces no le puedo poner la colita porque queda un resto. Entonces, esta operación y su comentario, el comentario de esta fórmula, de esta escritura más bien está desarrollado por Lacan en otro Seminario, en una clase del Seminario 6 que es muy importante, que es la clase XXI. Esta es una clase que yo entiendo que hay que tener como referencia para trabajar más en las últimas clases del Seminario los modos en que Lacan va a presentar los cuatro objetos. Entonces esta escritura, esta operación de división va a dar cuenta de cómo a partir del gran Otro, de este gran Otro originario como lugar de significante, va a constituirse el sujeto determinado por el significante. Yo voy a hacer un comentario que me parece imprescindible de cómo Lacan presenta en la clase XXI de “El deseo y su interpretación” esta operación porque en “La angustia” es muy breve el comentario que hace, simplemente acá Lacan dice lo siguiente, “...Expreso aquí a partir de ese gran Otro originario como lugar del significante, de ese sujeto todavía no existente que tiene que situarse como determinado por el significante, bajo la forma de estas dos columnas con las cuales, como ustedes saben, puede escribirse la operación de la división”. “Con relación a ese gran Otro, dependiendo de ese gran Otro el sujeto se inscribe como un cociente y está marcado por el rasgo unario del significante en el campo del gran Otro. No por ello el gran Otro queda aniquilado, hay un resto en el sentido de la división, un residuo que es a”.Bueno, ahora vamos a comentar un poco más de qué se trata, cuál puede ser el comentario de esta escritura.
A S S A a
En el piso superior de esta división donde está planteado la razón o cociente del sujeto yo puse flechas para indicar el movimiento de cómo hay que entender lo que Lacan llama una generación lógica. Del sujeto – que incluso en el Seminario de “La angustia” va a designarlo como un sujeto mítico...
Comentario: Del goce
Jorge Linietsky: Del goce, exactamente. Él va a decir que del sujeto parte una demanda al gran Otro - ahí tenemos una flechita que va del sujeto al gran Otro - y esta demanda es la que va a dar lugar a la generación lógica.El gran Otro aquí en primer lugar está ubicado como un gran Otro real, real quiere decir un gran Otro que se encarna en la madre. Este gran Otro va a responder a la demanda del sujeto pero en la medida que este gran Otro es supuesto como un sujeto - por eso está sin barrar - a quien el sujeto lo interroga - a este gran Otro al que se supone un sujeto - en tanto él mismo, nuestro sujeto - es en razón de que el Otro es un sujeto, está apelado como un sujeto - respecto de este gran Otro él mismo es un sujeto. Es decir, nuestro sujeto es un sujeto. Cuando decimos sujeto en este caso lo decimos en el sentido del agente de la palabra, del agente de la demanda, del agente del decir.En esa relación, en la primera etapa, el lugar del sujeto - como sujeto que habla - precisamente se estructura en la dimensión del lenguaje. ¿Por qué?, porque el Otro está estructurado en el lenguaje y le habla, le dirige palabras. Entonces el sujeto en esta primera posición puede constituirse como sujeto reconocido por el gran Otro en tanto sujeto. Es decir, lo que está en juego en este primer piso es ser reconocido como sujeto para un sujeto. Ven la estructura hegeliana que tiene esta lógica, esta necesidad de pasar por el Otro, pero en este caso se trata de un reconocimiento de sujeto, de sujeto en posición de agente de las palabras, de generador de las palabras. El suejto primero se instituye como sujeto que habla. Ahora bien, Lacan va a decir en verdad no se trata del Otro real, de la madre, sino que se trata del gran Otro como lugar de la palabra. El niño apela a este lugar donde está la palabra, la sede de las palabras y esto va a dar lugar a que nuestro sujeto, el infans o el niño que ya articula porque se dirige al Otro, busque asirse como sujeto, busca ser tomado por el gran Otro como sujeto en el Otro en tanto se trate de que el gran Otro lo suponga a él también como un sujeto. Entonces, es ante el gran Otro - el gran Otro como sujeto y como sujeto de la palabra - es en relación a este gran Otro que el sujeto se va a constituir como sujeto que habla., como un sujeto que puede interpretar – es interesante cómo lo dice Lacan – un sujeto que puede interpretar todo lo que el gran Otro articula, sus intenciones, su buena o mala fe.Tenemos entonces un sujeto en el primer piso de arriba, un sujeto en estado naciente en presencia de la articulación del gran Otro en tanto el gran Otro le responde, va a responderle, en tanto es apelado el gran Otro como un sujeto. Lo que este sujeto incipiente va a encontrar como respuesta es una falta de respuesta, un vacío, un hueco. Va a ser la experiencia que es una experiencia que no se tramita en la subjetividad, es una experiencia de la estructura. Va a ser la experiencia, dice Lacan, que no hay gran Otro del gran Otro. Es decir, que no hay nada a nivel del gran Otro como significante que garantice, que reconozca, que autentifique, que nombre al sujeto en tanto sujeto. Es el encuentro con esta precariedad del Otro, esta ausencia de respuesta . La respuesta es precisamente que no hay respuesta, no hay significante, no hay signo absoluto que en el Otro permita que el suejto – como habíamos dicho el 2 en el 8 - pueda encontrar la medida de su unidad de sujeto. Entonces bajamos de nivel y el sujeto se encuentra con el barramiento del Otro, que lo entendemos aquí como no hay Otro del Otro, no hay respuesta, no hay palabra absoluta, no hay nada que nombre al sujeto en una identidad de sujeto.Esta dimensión de la precariedad del Otro podemos aproximarla, por ejemplo, en el estudio de la fobia. La fobia es una manera que nos permite acercarnos a este tipo de encuentro del sujeto. Si bien la fobia ya es una respuesta, ya es una solución, ya hay una articulación del sujeto, pero la fobia da cuenta de este encuentro con esta precariedad, con esta ausencia, esta falta de respuesta en el Otro. Esta falta de respuesta en el Otro es el deseo del Otro. Y Lacan lo dice en el Seminario de “La transferencia” de un modo muy interesante porque dice que lo que el sujeto en la fobia teme encontrar es cierta clase de deseo en el Otro. Fíjense, lo dice así y me parece muy interesante cómo lo dice, “...El peligro en la fobia es encontrar en el Otro un deseo que devolvería a la nada de antes de toda creación a todo el sistema significante”. Es decir, un hueco, un vacío que se aspira, se chupa a todo el sistema significante.Yo decía que en la fobia, por ejemplo me acordaba de una nena que atendí de cuatro años que el motivo de consulta era que no quería ir al jardín, no había manera de llevarla al jardín. Los padres acababan de separarse en una situación de disputa, peleas violentas, etcétera y la cuestión por la que la traen a esta nena es que no quiere, llora, se tira al piso, se agarra de lo que puede para no ser llevada al jardín. En la primera entrevista me cuenta que ella no quiere ir al jardín porque en el jardín hay un cobayo. Es interesante porque ya da una indicación significante, hay un cobayo que se asusta mucho cuando los chicos hablan fuerte. Bueno, no voy analizar la estructura de esta fobia pero si atendemos a que el objeto de esta fobia es el cobayo pero no es el cobayo. Digo, es el cobayo en esta dimensión que Lacan explica muy bien en cuanto a su función de significante fálico en el sentido del significante avanzado que el sujeto destaca ante el encuentro con el deseo del Otro, con el intervalo del Otro. Es decir, ¿este significante es fálico por qué?, porque pone en juego la precariedad del Otro. Ven que es un cobayo que se asusta simplemente de que los chicos hablen fuerte. Ven esta dimensión de esta precariedad del Otro que está indicando este significante pero además el ejemplo indica otra cuestión más que me parece interesante, que es que los chicos hablan sin saber que hablan fuerte; hablan sin saber y que hablando fuerte tampoco saben que asustan al cobayo, cosa de lo que sólo ella toma conocimiento. Yo traigo este ejemplo simplemente para aproximar esta dimensión de la precariedad del Otro. Ven la precariedad de los chicos que hablan sin saber que hablan y de este cobayo. Siempre el objeto fobígeno en su función de significante va a indicar la dimensión de la falta, por eso en la fobia de Juanito no se trata del caballo sino que la fobia es respecto de un caballo que se cae; no un caballo, o que se cae o que muerde. Ven la dimensión de la falta que está en juego presentificada en el objeto . Por ejemplo, en muchas fobias a las palomas el peligro de que si el sujeto se acerca la paloma se asusta como el cobayo, se asusta y hecha a volar de susto, etcétera, etcétera. Las fobias a los insectos que son seres que uno los pisa y ya está, son seres de una precariedad absoluta los insectos, las arañas, las cucarachas, etcétera.Entonces decía, ven que el sujeto se encuentra con esta precariedad de la estructura, con la falta de respuesta. “El sujeto sufre – dice muy bien Lacan – la virulencia del logos”. “...En este momento de alienación...” - y aquí ya hay un anticipo de esta operación de alienación que va a retomar en el Seminario 11 – “...en este momento de alienación en el logos sufre la virulencia del logos”.Este sujeto que quiere ser un sujeto con unidad de sujeto, que aspira a tomarse, a asirse más allá del significante, va a quedar marcado por algo que lo divide estructuralmente de sí mismo, en tanto suejto de la palabra. Va a devenir lo que aparece allí: un sujeto barrado, es decir, un sujeto que sólo va a poder ser representado por un significante ante otro significante. Por eso la correlación al Otro barrado como lugar de significante. No ha encontrado nada que lo autentifique y que lo garantice de un modo cierto, de un modo seguro. No ha encontrado nada que le permita nombrarse, designarse más allá del discurso del Otro. Ahora bien, esta división va a dejar un resto que Lacan escribe a. Este resto, vamos a hacer una corrección aquí en esta operación porque en el Seminario “El deseo y su interpretación” el resto que va a quedar es el objeto de corte como objeto de deseo, como objeto que va a aparecer para sostener al sujeto ante el riesgo de esta derrelicción en la metonimia eterna e infinita del significante, en la deriva del significante. El objeto del deseo va a detener esta deriva, lo va a fijar, va a funcionar como un índice respecto de un deseo que quede del lado del sujeto.Muy bien, pero nosotros vamos a estudiar este resto no como el objeto imaginario a nivel de este Seminario de “La angustia” sino como un resto de real. Este resto es el objeto a, es el objeto de la angustia. Y es algo - este objeto - que merece, dice Lacan, ser nombrado como del orden del ser, del ser del sujeto pero del ser que no puede alcanzarse, del ser en falta, del ser de real, si pudiéramos decirlo de alguna manera para articular el ser. Esto es impensable, es indecible. De hecho Lacan va a escribir este resto justamente con una letra para indicar que no se trata de un significante que pudiera entrar en algún orden de lazo metafórico o metonímico con otros significantes sino que lo va a designar con una letra en el sentido en que funcionan las letras en el álgebra, las letras funcionan en el lugar de los números. Es decir, este objeto no es metáfora de nada, indica este lugar, esta falta real del ser del sujeto, esto que Lacan en el Seminario de “La angustia” – y Anabel lo ha trabajado – constituye el Heim, el home. ¿Se acuerdan de ET cuando decía “home”? (risas). La casa del sujeto. Esta falta real, va a decir Lacan, es lo que somos en esencia – acá sí es una metáfora. El alma como si dijéramos es este real, en lo que el sujeto consiste como des-ser, como falta, como falta de ser. Lacan dice, cuando digo je soy a. Puedo decir je, puedo tener identificaciones justamente porque en la estructura, en esencia, lo más especifico que me concierne es esta condición de la falta, por eso vamos a ver esto ahora, que este resto que es el objeto a, cuando este resto cae da cuenta de la transformación… digo, es el ser del sujeto, este ser de real en tanto perdido, en tanto no pudo ser alcanzado; pero en tanto cae da cuenta de la transformación también del gran Otro - del gran Otro sin barrar que teníamos en el primer piso - en un Otro barrado porque cae este resto del lugar de la falta en el gran Otro, esto quiere decir del lugar del deseo del Otro. Este resto a en esta operación de división no es sólo un resto del sujeto sino que es un resto que también concierne al Otro, viene del gran Otro y que está entre el gran Otro y el sujeto. Lacan cuando avance, seguramente esto lo vamos a ver más adelante, en los cuatro objetos va a decir que todos estos objetos son el mismo objeto en tanto amboceptor. Amboceptor quiere decir que tiene como dos valencias, una valencia que compromete al sujeto y otra valencia que compromete al gran Otro. Es un objeto que está entre el suejto y el Otro, es un objeto que está perdido por el sujeto, está perdido por el gran Otro. Entonces, al gran Otro en la medida en que se va a producir este objeto a algo le falta, si no el gran Otro no desearía nada. Es en este punto donde la barra cae sobre el Otro. Dice Lacan en el Seminario - para volver al Seminario – dice que “...Hay, en el sentido de la división, un resto, un residuo. Este resto, ese Otro último, ese irracional, esa prueba y única garantía de la alteridad del gran Otro, es el a”. “La única garantía de la alteridad del gran Otro”, esto quiere decir que lo que hace a ese lugar del gran Otro en tanto tal es este objeto, este resto que quedó cortado y que se ve en la fórmula que queda en el campo del Otro.Vemos que en el campo del Otro ha quedado en la columna del gran Otro el sujeto barrado y el objeto a y del lado del sujeto ha quedado el gran Otro barrado, porque el gran Otro barrado es el inconciente en tanto tal. No hay un sujeto agente, lo que queda del lado del sujeto es justamente el inconciente en tanto tal como lugar de la falta, como lugar de la articulación significante. Dice, “...Es el gran Otro en tanto no lo alcanzo”. Este objeto, este resido de real precisamente como hendidura va a constituir la dimensión de la causa del deseo. Esto ya lo veremos más adelante, esta causa de deseo va a jugar en la estructura del fantasma.Ahora bien, es en tanto el objeto ha quedado en el campo del Otro pero el objeto es mi ser…vamos a decir así, lo tengo que decir de esta manera para que podamos arrimar un poco a esta articulación. Es mi ser de real, es eso con lo que me encuentro y vuelvo a encontrarme cada vez que me encuentro con la mantis religiosa. La mantis religiosa pone en juego este encuentro con este lugar de objetalización desidentificatoria pero que sin embargo es eso que soy. Que soy está mal dicho, que soy como des-ser. Es esa dimensión de real que me concierne y esto lo encuentro en el campo del Otro. Este objeto que es mi falta como real, que está en el campo del Otro, me obliga a el rodeo por el deseo del Otro. Dice Lacan, “...A nivel de lo que al gran Otro le falta, que es a, ha perdido este objeto y él no lo sabe. No sabe que le falta, me encuentro interesado de la manera más absorbente - es decir, a nivel de lo que le falta al Otro y no lo sabe el Otro - ...me encuentro interesado de la manera más absorbente porque no hay para mí otro rodeo que permita encontrar lo que me falta, esta falta real como objeto de mi deseo”. Es interesante cómo está dicho esto, lo que me falta, lo que voy a encontrar en relación a lo que me falta como objeto. Es decir, lo que voy a encontrar lo voy a encontrar como objeto, no como sujeto sino como objeto mismo, como esta misma falta real de mi lado; ahí voy a encontrar mi deseo pero tengo que hacer este rodeo por el deseo del Otro. Por eso estoy obligado al deseo del Otro para encontrar mi falta como a. Es por eso que Lacan dice que el gran Otro solo quiere mi angustia, estoy obligado al Otro, a encontrar esta falta, mi casa, por el rodeo del deseo del Otro.Para terminar voy a comentar una formulita que presenta Lacan al final de la clase II que es una fórmula que él dice que tiene un efecto seductor contundente. Él opone dos fórmulas. Sin duda la primera va a conducir a lo peor y la primera fórmula es “Te amo, aunque tú no quieras”. Te amo y te llamo, y te mando mensajes de texto aunque no lo quieras (risas). Es así.Pero él dice que hay otra fórmula que es interesante para entender y voy a oponer esta nueva fórmula al apólogo de la mantis religiosa. Digo, me parece interesante poner en relación esta fórmula con el apólogo porque en el apólogo hay un encuentro con a, con el pequeño a. En esta fórmula también pero sin angustia, sino que hay un efecto seductor en el sentido de que, van a ver, es una fórmula que Lacan plantea de esta manera. Dice, “Te deseo, aunque no lo sepa”. Esta fórmula, dice, es una fórmula que no es articulable pero está articulada. Lo que no es articulable pero está articulado siempre en Lacan es la referencia al deseo en oposición a la demanda. La demanda es articulable, es decible, es plasmable en significantes; el deseo está articulado pero no es decible. Entonces, esta fórmula padece de lo mismo, está articulada pero no es decible, “Te deseo aunque no lo sepa”. Se dan cuenta que seria imposible poder ser el agente de esta fórmula, sin embargo dice, “...Allí donde ella, por inarticulable que sea, consigue hacerse oír, les aseguro que es irresistible”.Voy a dar un ejemplo para aproximar la enunciación de esta fórmula que no puede ser dicha pero puede ser articulada en la enunciación. Voy a recurrir a dos colegas de la primea fila para ilustrar esto. Me voy a referir a Juana y a Alicia. Supónganse que yo quiero decir “porque Juana tal cosa” y no me doy cuenta y cometo un lapsus queriendo decir “Juana” y digo “porque Alicia tal cosa”. Vieron que es posible uno haber dicho un lapsus y no haber escuchado el lapsus que uno cometió, entonces yo me quiero referir a Juana y digo Alicia.Ven que este ejemplo pone en acto en la enunciación esta fórmula, que evidentemente en tanto yo no sé lo que digo, sin embargo la mención a Alicia pone en juego algo - que indudablemente tiene que ver el orden del deseo y del deseo inconciente - pone algo que la concierne. (risas)
Comentario: (Inaudible) risas.
Jorge Linietsky: Acá tenemos que pensar en la estructura, no hay que agregar ningún contenido (risas), si no no se entiende.Entonces, lo que le interesa a Lacan para demostrar esta estructura, este encuentro con la falta, es lo que va a suceder en Alicia que ha escuchado un deseo insabido por mí, porque yo ni registré el que la había mencionado. Entonces dice así, “...Si tal fórmula fuera decible, ¿qué diría yo con ella?...”. Quedó claro cómo puede plasmarse esta fórmula. “...Diría al otro... - en este caso interesa qué pasa en Alicia - ...diría al otro que deseándolo, sin duda siempre sin saberlo, lo tomo como el objeto de mi deseo por mi mismo desconocido”, porque ya ven que yo ni escuché, ni me dividió, ni me sorprendió porque yo no he escuchado esto que he dicho. Entonces, “...Le diría al otro que lo tomo como objeto de mi deseo por mi mismo desconocido”. “Es decir, en nuestra propia concepción del deseo yo te identifico – en este caso seria a Alicia – a ti, a quien yo hablo, tú mismo, con el objeto que a ti mismo te falta”. ¿Se entiende?, porque Alicia se encuentra en el campo del Otro con esta falta que está articulada por mí sin saberlo. Ella encuentra en el campo del Otro el objeto a.Ven que el tema es por qué es distinto de la mantis religiosa donde vuelvo a encontrar este objeto pero bajo la forma de la angustia. Entonces, yo te identifico – dice - con el objeto que a ti mismo te falta. Por ese circuito al que soy forzado para alcanzar el objeto de mi deseo necesito el rodeo obligado por la falta en el Otro, por este a en el campo del Otro. Para poder yo encontrar como objeto el deseo cumplo justamente para ese circuito, que pasa por el Otro, al que soy forzado para alcanzar el objeto de mi deseo. Cumplo justamente para él - en este caso sería para Alicia - dice, lo que él busca. Ella se encontró con el objeto en el campo del Otro. “...Es así como inocentemente o no si tomo ese rodeo el otro como tal, aquí objeto de mi amor, caerá forzosamente en mis redes”Es decir, que en esta operación si es la subjetividad de Alicia ella se encuentra con el objeto, es decir se encuentra con su falta, con el deseo en el campo del Otro pero sin angustia, porque en tanto yo no lo sé, no la intimo con mi deseo; como veíamos, por ejemplo, en el caso de la supervisión de Safouan donde él la desea y entonces ella está con un brote, un acceso de angustia terrible.
Comentario: Jorge, Juana te quiere decir algo. (risas)
Jorge Linietsky: Bueno, voy a parar acá así discutimos.
Preguntas y Comentarios
Comentario: Una pregunta. En relación a esto último, al ejemplo, cuando le pusiste el nombre Juana a Alicia yo no sabía acá cómo escribir cuando ponía otro, si poner Otro con mayúscula o con minúscula.
Jorge Linietsky: Muy bien. Lo que interesa acá es el encuentro de Alicia con el gran Otro, con el objeto, con la falta en el gran Otro, ¿se entiende? ¿Dónde hay que ubicar el gran Otro? porque esto quiere decir, esta fórmula es pronunciada - sin ser pronunciada- en el lugar del gran Otro para un sujeto que está obligado al Otro; porque tiene que hacer este rodeo por el deseo del Otro insabido por el Otro. ¿Se entiende dónde ubicar el gran Otro?. Es decir, que el gran Otro viene a estar encarnado en este caso, en el juego, por mí respecto del sujeto Alicia que va a encontrar en el campo del Otro la falta que ella precisa para encontrar su deseo, entonces va a afectar la subjetividad. Es interesante esto porque no se trata del narcisismo, no se trata del reconocimiento narcisista porque lo interesante, por lo menos en el ejemplo este que se me ocurre, no hay ninguna pista identificatoria. Por eso decía no hay contenidos, no pongan contenidos en esto porque los contenidos enseguida pondrían en juego algo más del orden de la demanda o de la identificación. En este caso justamente no hay trazo identificatorio, por eso se encuentra con el objeto, con su falta real y con una desidentificación pero sin angustia. Esto es lo interesante, que es un encuentro con el objeto en el campo del Otro sin angustia. No sé si te contesté.
Comentario: Sí, gracias.
Norberto Ferreyra: ¿Yo te podría hacer un comentario?. A mí me gustó mucho la exposición porque fueron claras muchas cosas y sobre todo esa parte tan importante, a mi entender, cuando vos explicabas esto de que el sujeto necesita suponer que el Otro es un sujeto, después viene el Sujeto Supuesto Saber y todo eso.El 2 diciembre del ´66 en una pequeña “Conferencia a los psiquiatras” Lacan compara el psicoanálisis con la física en un primer momento y creo, si no me acuerdo mal, en todo caso después se puede buscar la referencia, que en lo que se apoya para comparar en ese momento, en el año ´66, es que el gran Otro tiene una exterioridad. Es decir, que puede ser supuesto un sujeto el gran Otro porque hay cierta exterioridad que sería el lenguaje, lo que aparece en el ejemplo de los chicos, etcétera y me parece importante esto porque hace la diferencia luego con la psicosis donde esto es no es exterior. Porque alguien decía, ¿pero qué apoyo hay para que el sujeto suponga que el Otro es un sujeto?.
Norberto Ferreyra: En la psicosis no es exterior el gran Otro, está hablado totalmente. Pero me pareció muy importante el punto que vos marcaste que es necesario para la constitución del sujeto que pueda suponer el sujeto en su relación al gran Otro que el gran Otro también es un sujeto, es decir, que es Otro pero en el sentido que estamos hablando, no del otro semejante; que es Otro por esa exterioridad del lenguaje respecto del sujeto. Esto me parece importante porque Lacan en ese momento lo compara a la física donde dice, la complejidad y la investigación o lo que fuera en psicoanálisis que tiene esta complejidad es tan exterior esta función del gran Otro y por eso le puede suponer un sujeto como en la física esa exterioridad con la cual se maneja. Me parece muy importante la precisión que hiciste porque esto es difícil de entender, el por qué de la suposición y la necesariedad que vos tan bien marcabas.
Jorge Linietsky: Sí, está claro. Me hacías recordar, para ubicar esto que vos planteas respecto de la exterioridad del gran Otro pero sin embargo podemos decir es el inconciente mismo, la estructura misma del inconciente como alteridad o como discurso del Otro, dice Lacan. Un ejemplo que me venia en este momento. Recuerdo una escena con uno de mis hijos. Íbamos en el auto por la avenida Paseo Colón, por la Boca, a la altura del hospital Argerich, mi hijo tenía cuatro años en ese momento. Entonces yo digo “allá está la cancha de Boca”, porque se ve desde Paseo Colón o Almirante Brown, creo. Bueno, entonces digo, “allá está la cancha de Boca”, y mi mujer dice “yo soy de Boca” y entonces yo digo “yo soy de River”. Y entonces a los pocos segundos mi hijo pregunta “y yo, ¿de quién soy?” (risas). Participante: Eso es porque siendo de River marcas la cancha de Boca (risas)
Jorge Linietsky: Ven que es interesante porque ahí se ve lo que vos llamas esta exterioridad que no es exterior. Nadie le preguntó nada a él, nadie se refirió a él en particular pero el gran Otro le dice “¿Y tú, qué quieres?. Es el gran Otro, ven que el gran Otro está operando en la estructura misma del lenguaje. En ese sentido doy este ejemplo, “¿y tú qué quieres?”, y lógicamente el sujeto, como dijimos el otro día, no puede, no tiene cómo responder entonces él devuelve la pregunta, “díganme, denme una identificación de quién soy. ¿De quién soy? no es sólo Boca o River, es la madre o el padre lo que está en juego ahí, pero ven que todo esto juega con esta instancia del lenguaje. Nadie le habló, nadie dijo nada pero es la dimensión del gran Otro la que está interpelando ahí al sujeto.
Diego: Pensaba un poco en esto de la exterioridad del Otro porque hubo un momento de la clase que vos estabas planteando esta relación, tomando el ejemplo del nene en donde queda como en el lugar del padre y la madre lo rechaza respecto de la mirada.
Jorge Linietsky: El chico autista, sí
Diego: Exactamente, y lo pensaba respecto de exterioridad o la no exterioridad del Otro. ¿En qué sentido?, en el sentido en donde en esto de lo escópico, la mirada y el rasgo unario, ahí es una madre que ve pero que no le da lugar. Porque pensaba en un caso, se me ocurría un caso hipotético de una madre ciega, ¿no?, que puede haber una madre ciega pero que dé lugar, digo para romper quizás imaginariamente la cuestión de...
Jorge Linietsky: Que ponga en juego el asentimiento
Diego: Claro, pero para romper con esta cuestión de que no se trata de un espejo sino de que el Otro como lugar donde las palabras pueden reflejar, en el sentido que se trata de una cuestión simbólica y de lenguaje y no de la mirada en términos de realidad, porque puede ser una madre que sea ciega pero que vea y sancione un lugar para ese chico. En ese sentido, simple, pero me parecía que aclaraba un poco.
Jorge Linietsky: Claro, por eso decía que puede ser “mi nene” que es palabra pero en verdad funciona en el campo escópico, por eso el sujeto, dice Lacan, gira la cabeza buscando ¿dónde?, en el campo del Otro un punto que no es de palabra. Por eso yo encuentro que tiene esta dificultad el problema del rasgo unario, que el rasgo unario ingresa en la estructura por la mirada, no por la palabra. Lo que se va a poner en juego por la palabra es el corte del fonema, el corte de la voz. El fonema va a cortar la voz como objeto a, esto lo veremos más adelante.
Diego: ¿Y si ponemos el ejemplo de la madre ciega cómo pensamos ese corte de la mirada?
Jorge Linietsky: Está muy bien la pregunta. Todo este tema está trabajado muy exhaustivamente por Lacan en el Seminario siguiente. En el Seminario 11 justamente él va a mostrar cómo por ejemplo la referencia al tratado de Diderot, “El tratado sobre los ciegos para uso de los que ven”, cómo los ciegos organizan el campo de la visión...
Anabel Salafia: A partir del tacto.
Jorge Linietsky: A partir del tacto, del sonido, de la profundidad. En ese sentido también se va a poner en juego la función del rasgo.
Diego: Claro, por eso me imaginaba la situación donde un chico a la noche que está en toda la oscuridad dice “dame la mano”, ese contacto...
Jorge Linietsky: Claro.
Anabel Salafia: Jorge, hay un momento, lo vamos a ver seguramente más adelante, hay un momento en que Lacan destaca que hay que tener en cuenta que también puede ocurrir que el chico no gira la cabeza, lo dice en otro momento. Digo porque vos estabas planteando un ejemplo interesante de autismo donde es muy claro lo que pasa respecto de esa función de sanción de la mirada de la madre. Lo que sucede es que también está el otro ejemplo del autismo que esté o no esté la mirada de la madre al chico le es completamente indiferente. Es mucho más difícil de explicar la cuestión, el chico no se vuelve hacia la madre a buscar la sanción, prescinde de la sanción, lo cual sería un autismo radical, ¿no?. Me parece que es una diferencia probablemente también de pronóstico en un caso o en el otro, esto como lo que vos decías algo que algo que uno puede pensar como un autismo “traumático”, entre comillas.
Jorge Linietsky: Sí, como del orden de un negativismo radical.
Anabel Salafia: Hay un trauma, uno puede localizar un trauma. Siempre que uno puede localizar un trauma hay una posibilidad. En el autismo autismo no existe la posibilidad de localizar un trauma, ¿no?, por eso me parecía por todo lo que estábamos hablando respecto de la cuestión de la sanción y del rasgo unario y de todo eso.Y me acordaba también del ejemplo que da Freud del chico que tiene miedo a la oscuridad y ¿con qué se le va el miedo a la oscuridad?, no con que prendan la luz sino con que le hablen; el chico dice “háblame”.
Comentario: Cuando hablan hay más luz
Jorge Linietsky: Exactamente, sí.
Comentario: Me parece que tiene todo que ver lo que estaban diciendo con ese movimiento que va del sujeto al gran Otro en el primer piso porque es esta dirección del sujeto a la inscripción en el gran Otro, incluso en esto respecto de lo que vos habías dicho sujeto mítico y yo agregué del goce; pero es justamente como que el sujeto va a buscar su deseo, por decirlo así, en esa inscripción en el gran Otro. Quiero decir, que el sujeto, como decía Anabel, podría no estar buscando, no va en esa dirección.
Anabel Salafia: Es un poco más adelante en el Seminario que Lacan dice que también puede suceder esto y es a partir de eso que pensaba yo la cuestión de los distintos, digamos así muy esquemáticamente, distintos casos de autismo porque la cuestión es bastante compleja respecto de qué se dice cuando se dice autismo. Hay en este momento parece que en Europa, especialmente en Francia, una tendencia, una especie de corriente que habla de autismo por todos lados; todo, todo, todo, es autismo. Es una cuestión para analizar respecto de lo que ocurre a nivel del discurso, ¿no?, qué se justifica con esto de que todo es autismo.
Jorge Linietsky: Una cosa que quería agregar que me parece interesante del caso que yo comenté. Hay una cosa que no comenté y es que este chico autista en el consultorio tiene un tipo de conducta que no es lúdica, no es juego. El chico hacía lo siguiente, iba al botón de la luz y prendía y apagaba la luz, y prendía y apagaba y estaba un rato ahí prendiendo y apagando y en un momento ve un sapo en la canasta de juegos - porque la analista es una analista bioniana - ve un sapo con ojos muy saltones y entonces toma el sapo y quiere arrancarle con los dientes los ojos. A mí me parece que esto está en relación justamente a que, en la medida que no ha habido el asentimiento, la mirada como objeto a no ha caído, no se ha producido como falta entonces él es objeto. También es interesante porque no es lúdico, no es juego, no hay simbólico, es una operación en lo real. Él busca el corte pero el corte de la mirada, esta mirada que, podemos decir, lo objetiva incluso en el sentido de Merleau Ponty. Eso mira, eso muestra. Hay un goce de la mirada devastadora, aniquilante y él busca cortar. Es interesante porque tampoco se puede pensar en términos de la significación y del sentido porque está afuera del campo, podemos decir, no hay ninguna demanda en juego, pero se trata de negativizar la mirada, la mirada que no cae, que no se corta y justamente el asentimiento como mirada simbólica, simbolizante, como sede del ideal del yo va a producir el corte de la mirada. Ese es el corte de la mirada como objeto a y la mirada cae como objeto a en el momento del asentimiento.
Comentario: Yo quería hacer una pregunta de acuerdo a lo que comentó Anabel de que hay chicos que no miran a la mamá, es para pensar si quizás se puede producir eso porque ya desde antes de que nazca y simbólicamente esta mamá o esta mujer no ha podido alojar a esa gestación en un lugar subjetivo. O sea, no hay un recorte imaginario donde se manifieste imaginariamente no sé, fantaseando desde un sexo, un nombre, todo lo que puede pasar cuando hay un deseo. Si podría quizás estar relacionado desde ese lugar, es una pregunta para pensar digamos.
Jorge Linietsky: Si, sí y es difícil de responder. Así como vos lo planteas se puede tratar de un defecto en la significación fálica del niño; a nivel de Freud es una falla muy grave en la ecuación falo = niño. Ahora, el problema es cómo de allí llegar al autismo. Es decir, no es fácil explicar desde la subjetividad de la madre o de la estructura fantasmática cómo se produce el autismo, por eso este caso a mí me pareció interesante porque se ve este elemento que ni siquiera interesa en términos de la subjetividad de la madre. No interesa si va a haber forclusión del Nombre del Padre, nada de eso, acá simplemente hay una pieza decisiva que falta en esta estructura que es la función del asentimiento como sanción. Al denegar ese elemento hay algo que no se produce en la constitución del sujeto.
Ferreyra: Bueno, ahí lo que vos decís es cierto, es totalmente así porque si ella dice que es parecido el chico al padre, lo cual es lógico a veces, pero esto quiere decir que – digo por lo que vos decías claramente algo de la significación fálica para la madre – la madre ahí como mujer reacciona de un modo donde le hace tener al chico el pene del padre y lo rechaza como falo, este es el problema me parece. Si lo trata al chico como al padre es evidente que el chico no puede ser el falo en el sentido de que tiene un pene y no es el falo para la economía libidinal de la madre, entonces este rechazo como falo lo corta simbólicamente, no sé cómo decirlo. ¿Se entiende?, digo porque vos lo dijiste, hace una ecuación donde el chico es igual al padre, ¿es un bebé el chico no?...
Jorge Linietsky: Sí, ocho meses.
Ferreyra: Ocho meses y es igual al padre, es un delirio ya. Es igual al padre entonces tiene un pene como el padre, pero no que tiene un pene, como el padre, entonces ya chau, no puede ser el falo y es un rechazo que no aloja, como decía la señorita allá o la señora, no sé, no lo aloja como falo al chico.
Jorge Linietsky: Claro. En ese sentido no hay una significación fálica en el chico.
Ferreyra: Exactamente y lo que vos dijiste me hizo pensar eso.
Jorge Linietsky: Sí, sí. Muy bien, dejamos acá.