08.Clase correspondiente al dia 19 de Junio, Anabel Salafia
Para entrar al discurso del psicoanálisis. Curso 2009 La angustia y `su´ objeto en la dirección del análisis Clase 19 Junio Comentario: Esto es para invitarlos a todos para el próximo viernes que vamos a hacer un brindis para festejar el 35° aniversario de la Escuela y en dicha ocasión se va a presentar el primer número de la revista de la Escuela que se llama “La carta del inconciente, el enigma del saber sobre el sexo”. Quedan todos invitados, es el viernes próximo a las 19.30 hs. (Aplausos)
Rita Chernicoff: Buenas tardes. Yo les quería hacer una invitación para el siguiente viernes, que es el viernes 3 y el sábado 4, o sea para las Jornadas de Cartel. El viernes 3 a partir de las 18.15 hs y el sábado 4 a partir de las 10.30 hs. Anabel Salafia: Vamos a comenzar. Quisiera retomar a partir de un punto, y digo retomar porque yo dije en algún momento al principio que en las clases de las que me hiciera cargo iba a seguir en lo posible el trabajo respecto de lo siniestro siempre como vía para llegara a la cuestión de la angustia, y esto es porque efectivamente, digo mi elección o mi decisión en ese sentido es porque efectivamenteme parece que es justamente la cuestión de lo siniestro lo que mejor permite abordar a la angustia como estructura. En algún momento en el Seminario de “La angustia” Lacan dice la angustia es ella misma una estructura. Si bien es ésta la cuestión que me interesa y el poder llegar a un comentario quizás no exhaustivo pero bastante detallado que me gustaría hacer respecto de “Los elixires del diablo”, esa obra de Hoffmann que Freud menciona y Lacan también. ¿Por qué?. Algunos yo sé que ya han leído el libro, esto no es un cuento, es una especie de novela aunque no exactamente, pero algo mucho más extenso que un cuento y un poco menos que una novela y además no tiene exactamente la estructura de lo que es una novela. Y tiene esa peculiaridad que tanto Freud como Lacan - retomando lo que dice Freud - destacan que es el hecho de que está siempre a punto de perderse uno en la lectura de este texto y esto es algo que si lo han intentado, lo han experimentado con toda seguridad. Hay razones por las que esto es así, razones que tiene que ver con la forma en que el libro fue escrito. Vacilo un poco cuando digo el libro porque fue escrito con un objetivo folletinesco, probablemente de publicaciones que iban a ser parciales, pero además está escrito en dos momentos muy diferentes. El primero está escrito – como creo que se puede leer en el prólogo – está escrito de corrido, vamos a decir así, Hoffmann está entusiasmado con la cuestión y en su mejor estado de ánimo lo cual es bastante difícil para Hoffmann, y el segundo en cambio está escrito con un estado de ánimo muy diferente y a Hoffmann parece costarle, es lo menos que se puede decir, esa segunda parte. Por otra parte en el libro mismo, quiero decir en lo que es la trama, la trama aparece escrita siempre como recompuesta a partir de algo que escribió otro antes. Hoy no voy a analizar el libro, estoy viendo la forma de hacerlo de una forma que no lleve demasiado tiempo y es un poco difícil porque hay muchos detalles muy interesantes y si uno quiere ahondar en la cuestión de lo siniestro es interesante destacarlo. Pero hoy todavía me parece que hay algunas cosas que hay que decir antes, que hay que ver antes de abordar esta cuestión y que hacen a esa relación entre estructura de la angustia y lo que es la estructura misma, podemos decir la estructura misma del sujeto o correlativamente a esto la estructura misma del significante. En todo caso lo que hoy quiero destacar es esta cuestión relativa a la continua o la permanente posibilidad de perderse respecto de la forma en que está construido el libro. ¿Por qué?, porque esa posibilidad de perderse es lo que hace que Lacan en el momento en que comenta esto diga que eso parece tener la forma justamente del laberinto que se trata de animar con la cuestión misma de la que se trata. Esa posibilidad de perderse y esta estructura del laberinto es algo que va muy acorde uno con el otro así como es inherente a la cuestión de lo siniestro no sólo la posibilidad de perderse, el hecho para el sujeto de perderse, de no encontrar una orientación, es eso un carácter importante de lo siniestro. Podemos tener un ejemplo de esto muy sucinto pero interesante como el que comenta Freud de esto que le pasó a él mismo en ese barrio de Roma donde da vueltas tratando de salir del lugar donde se ha metido que es una calle de prostitutas o donde hay una casa de prostitución y se encuentra allí, quiere salir de esa calle y no encuentra la salida de tal manera que buscándola vuelve siempre al mismo lugar. Esta reiteración hace también al carácter...¿Qué? Norberto Ferreyra: Que tendría que haber entrado en alguna. (risas) Anabel Salafia: Claro, acá Ferreyra dice que quizás tendría que haber entrado en algún lugar, en alguna de las casas del barrio para encontrar la salida y que es la misma lógica que dice Lacan que es la de los Escritos, ¿no es cierto?, que no hay otra salida de ellos que entrar en ellos; no se puede salir de ellos sin haber entrado y lejos. Ahí también uno se puede perder pero eso no tiene el carácter de lo siniestro porque no implica lo que sí está en el ejemplo de Freud que es esta cuestión relativa a la repetición. El asunto es qué relación vamos a ir estableciendo, vamos a establecer y vamos a ver que se revela entre el significante y la angustia, la relación al objeto y lo siniestro. Entonces yo retomaría en el punto este que creo que fue mencionado por mi y creo que por Jorge Linietsky también en su clase, no recuerdo exactamente esto, respecto de las tres cuestiones que Lacan señala como fundamentales en lo que tiene que ver con la angustia y la cuestión del significante y el objeto tratándose de la angustia; esas tres cuestiones que son la demanda del Otro, el goce del Otro – en realidad es en este orden – y el deseo del Otro. Efectivamente las últimas dos clases giraron en el desarrollo que hizo Jorge Linietsky respecto del deseo del Otro más particularmente. A veces es difícil deslindar la demanda del Otro y el deseo del Otro, el deseo del Otro y el goce del Otro. Precisamente es a lo largo del Seminario que Lacan va despejando un poco la cuestión pero podemos, además de despejarlo, encontrar interesantes relaciones. Cuando se trata del goce del Otro Lacan da como ejemplo la pesadilla. Lo da como un ejemplo fundamental pero no es indudablemente ni remotamente la única forma en que está en juego el goce del Otro. El goce del Otro es algo que en lo que tiene que ver con el fantasma está siempre en juego, es decir está siempre en juego respecto del fantasma y hay, por supuesto, una relación - digo por supuesto porque esto ha sido de alguna manera dicho - una relación muy próxima entre lo siniestro y el fantasma. Es muy propiamente la estructura del fantasma la que está en juego en lo siniestro. Digo, es la pesadilla lo que está dado como ejemplo del goce del Otro y en la pesadilla hay siempre una forma en particular en la cual el objeto se revela. Podemos dar seguramente muchos ejemplos de pesadilla, de la forma en que el objeto se revela en la pesadilla. Por ejemplo una pesadilla particularmente interesante es la de Descartes que le lleva, podríamos decir así, la que le lleva construir o llegar al cogito, al “pienso, luego existo” que es la salida de una pesadilla que parece haber durado más de una noche. Es Valery quien tiene un texto corto sobre Descartes que es la narración de esa pesadilla y es algo muy interesante. Esa es una pesadilla importante, una pesadilla de la que surge el cogito particularmente interesante de analizar. No conozco que se haya hecho un análisis de esa cuestión del cogito como pesadilla o como resultado de una pesadilla. La otra que me parece también especialmente interesante es la que aparece presentada por Maurice Blanchot como el texto que lleva por título “Tomás el oscuro”. Hay un fragmento de este texto que es bien mezcla de fantasma y pesadilla, un fragmento de este texto es presentado y comentado por Lacan en la última clase del seminario de “La identificación”, es decir en el momento en que Lacan anuncia que el año siguiente se va a ocupar de la angustia. Es precisamente porque esta cuestión de la angustia ha surgido en el transcurso del Seminario de “La identificación” - y se ve muy bien por qué ha surgido la cuestión de la angustia y ha ido tomando cada vez más importancia – que por eso yo creo que nosotros vamos a tener también que ir tomando muchas cuestiones del Seminario de “La identificación” para hablar de la angustia. Digo porque a propósito de la cuestión de la identificación se relaciona, se va presentando completamente, intrínsecamente relacionada con la cuestión del deseo que la cuestión de la angustia comienza a imponerse en la última parte del Seminario sobre “La identificación”. O sea que en la medida en que se establece esta relación - que ahora voy a decir así - entre la identificación, entre lo que es identificación a nivel de identificación del sujeto como tal (...). Creo que esto en algún momento lo comenté, esto que tiene que ver con la función del rasgo unario, creo que en algún momento también en la clase pasada esto fue dicho; esta función del rasgo unario que está plenamente desarrollada en el Seminario de “La identificación” donde prácticamente es en más de la mitad del seminario que va a desarrollándose esta cuestión del rasgo unario, desde la clase IV hasta la clase XXIV Lacan vuelve sobre esta cuestión y la identificación referida al rasgo unario es lo que está en relación también con la cuestión del deseo y ahí entra la angustia. Evidentemente la función del rasgo unario es una función que está en una particular relación con el objeto y esta es la otra vía. Lacan da varios ejemplos que se reiteran respecto del rasgo unario y da uno relativamente digamos simple de entender. Lacan define el rasgo unario como un palote o una serie de palotes, algo que no quiere decir ninguna otra cosa más que una marca, más que una marca que se cuenta y pone en relación a esta marca la forma en que el cazador marcaría el hecho de haber obtenido un presa y luego otra, y luego otra y cada vez una presa. El cazador es, si ustedes quieren, una metáfora de un sujeto aún no dividido, de un sujeto que podemos llamar un sujeto mítico, aún no dividido. Aún no dividido quiere decir no dividido hasta el momento en que hace el palote correspondiente a la primera presa obtenida. Es decir, en cuanto hace esa marca, el correlato de esa cuenta es su división; es decir podemos pensar en una cuestión como la del cazador - cazado una vez hecha esta marca. También Lacan da como ejemplo de esta marca o de estos palotes los que podrían ser los que Sade - el Marqués, ¿no?, por si cupiera alguna duda - hace en su celda contando los días, que lo hace cualquier preso, contando los días que faltan o los que ya pasaron según el palote sea una tachadura u otra cosa que quedan para salir. O bien los golpes del látigo que se da alguien, que bien podría ser un personaje de Hoffmann, como autocastigo. Digo porque la cuestión del autocastigo ustedes habrán visto - los que ya leyeron el libro - tiene ahí una importancia enorme y ahí tiene una importancia muy grande porque está en relación con el pecado. Pero está en relación con el pecado que no es el propio - y van a ver por qué digo esto - un pecado que no es el propio, que es el pecado del padre, que es de esto de lo que las generaciones que siguen tendrán que hacerse cargo. Entonces digo, allí la cuestión del autocastigo tiene que ver con las propias tentaciones, por ejemplo de Medardo, el personaje si se puede decir principal, pero siempre esto está en relación con una presentación de la tentación que puede estar representada por una mujer o lo que fuera pero que en verdad en la mujer que es la que ejerce la atracción está el demonio en juego y eso va a estar siempre en relación a esa deuda interminable que tiene que ver con el pecado del padre y que hace a lo que se podría considerar un destino. Un destino es siempre una cuestión fantasmática, la idea de destino es ya un fantasma. Entonces decía en relación con esta cuestión del rasgo unario lo que es la identificación del sujeto cuando no se trata de una identificación a un objeto de amor, es decir no es una identificación a un objeto de amor sino es una identificación que se produce sin que ninguna cuestión amorosa esté en juego respecto de la identificación. Y ven ustedes que la cuestión del objeto que está representada en el ejemplo que di por la presa, es decir por lo que es el objeto de la caza, es eso lo que representa al objeto y es algo que plantea de dónde va a surgir el sujeto. El sujeto va a surgir en un intervalo que se sitúa entre el objeto y el gran Otro donde se constituye el sujeto. Esto está escrito así. [$ a] A Es la forma en que Lacan escribe esto y lo hace en el Seminario de “La angustia” pero es algo que viene tratando desde el Seminario de “La identificación”. Es para señalar un agrupamiento entre el sujeto y el Otro pero el asunto es que el sujeto aparece en este intervalo entre el objeto y el Otro. Es por esto, es a partir de esta cuestión de la identificación que surge la cuestión del deseo y allí la cuestión de la angustia. Y lo que tiene que ver con lo que les decía respecto de la pesadilla, es decir lo que tiene que ver con el goce del Otro, es algo que se plantea también respecto de algo que funciona como una mantis. Por eso digo que si la mantis religiosa se puede poner en juego respecto del deseo del Otro, en términos de la angustia es la sensación del deseo del Otro y esto en relación con esa interrogación que hace la presencia de la mantis religiosa en la medida en que, ustedes recordarán, la angustia se produce en la medida en que en los ojos de la mantis el sujeto en cuestión - es Lacan el que se pone en esa función - no se ve, no hay nada que se refleje allí; la angustia tiene que ver allí con eso de que nada se refleje allí. Bueno, si esto tiene que ver con el deseo del Otro, si la sensación del deseo del Otro tiene que ver con esto que vuelve del Otro sobre el sujeto en términos de “¿qué quieres?”, lo que para el sujeto se transformará en esto de “¿qué me quiere el Otro?”; si esto tiene que ver con el deseo también tiene que ver, cuando se trata de la pesadilla, tiene que ver con el goce del Otro. En el texto de “Tomás el oscuro”, en lo que podría ser una pesadilla, es tan clara y tan importante la revelación de lo que es el objeto, que pensé que seria interesante tomar un momento para leer estos párrafos. Después ustedes pueden leer el trabajo completo pero esto da muy bien la idea. Dice así, “...Y en su pieza los que entraban, viendo su libro siempre abierto en la misma página, pensaban que fingía leer. Leía con una minuciosidad y una atención insuperables. Se hallaba ante cada signo en la situación en que se encuentra el macho cuando la mantis religiosa va a devorarlo. Uno y otro se miraban. Las palabras salidas de un libro tomaban una potencia mortal, ejercían en la mirada que las tocaba una atracción suave y afable. Cada uno como un ojo semi cerrado dejaba entrar la mirada viva en exceso que en otras circunstancias no hubiera padecido. Tomás se deslizaba, entonces, hacia esos corredores a los que se aproximaba sin defensa, hasta el momento en que fue percibido por lo íntimo de la palabra. No era aún horroroso, al contrario, era un momento casi agradable que le hubiera gustado prolongar. El lector consideraba felizmente esa pequeña chispa de vida que no dudaba haber encendido. Se veía con placer en ese ojo que lo vela. Su placer mismo se hizo grande, tan grande, tan implacable que lo padeció con una especie de horror y al pararse, momento insoportable, sin recibir de su interlocutor un signo cómplice percibió la extrañeza que había en ser observado por una palabra como por un ser viviente. Y no sólo por una palabra sino por todas aquellas que la acompañaban y que contenían, a su vez, en si mismas otras palabras como una serie de ángeles abriéndose hacia el infinito hasta el ojo de lo absoluto. Sus manos buscaron tocar un cuerpo impalpable e irreal. Era un esfuerzo tan horrible que esa cosa que se alejaba de él y que al alejarse trataba de atraerlo le pareció la misma que indeciblemente se aproximaba. Cayó al piso, tenia la sensación de estar cubierto de impurezas, cada parte de su cuerpo sufrita una agonía. Su cabeza estaba forzada a tocar el mal, sus pulmones a respirarlo. Él se hallaba allí sobre el parquet retorciéndose y después entrando en sí mismo y luego saliendo. Trepaba pesadamente apenas diferentemente de la serpiente que hubiera querido ser por creer en el veneno que sentía su boca. Fue en ese estado que se sintió mordido, golpeado. No podía saberlo, por lo que le pareció una palabra pero que se parecía más bien a una rata gigantesca de ojos penetrantes, dientes puros y que era un animal todopoderosos. Al verla pocos centímetros de su rostro no pudo escapar el deseo de devorarla, de llevarla a la intimidad más absoluta consigo mismo. Se arrojó sobre ella y hundiéndole las uñas en las entrañas trató de hacerla suya. Llegó el fin de la noche. La luz que brillaba a través de los postigos se apagó pero la lucha contra el monstruoso animal que se había revelado finalmente de una dignidad, de una magnificencia incomparables duró un tiempo que no se puede medir. Esta lucha era horrible para ser acostado en el piso que chirriaba los dientes, desgarraba el rostro, se arrancaba los ojos para hacer entrar allí al animal que hubiera parecido un demonio si no hubiera parecido un hombre. Era casi bella para esa especie de ángel negro cubierto de pelos rojos cuyos ojos brillaban., Ya uno creía haber triunfado y veía descender en él con una náusea incoercible la palabra inocencia que lo deshonraba. Ya el otro lo devoraba a su vez, lo arrastraba por el agujero de donde había venido, lo soltaba como un cuerpo duro y vacío. Cada vez Tomás era empujado hasta el fondo de su ser por las palabras mismas que lo habían embrujado y que proseguía como una pesadilla y como la explicación de su pesadilla. Se encontraba cada vez más vacío y más pesado. No se movía más que con una fatiga infinita. Su cuerpo, después de tanta lucha, se puso completamente opaco y a los que lo miraban daba la impresión reposada del sueño aún cuando no hubiera cesado de estar despierto.” Imposible dar una idea de esta pesadilla sin leerlo, porque evidentemente ese objeto que es la rata pero que es la palabra y que es el ojo absoluto también, pero la palabra como ojo absoluto y como eso que iba acosándolo y atrayéndolo. Es muy importante el momento de la atracción, de la enorme atracción que está señalada al principio pero que persiste, me parece, hasta el último momento, de la misma manera que lo que ocurre con el cuerpo, con el desvanecimiento del cuerpo. Digamos que esto a lo que más podríamos decir que se parece es a algunos cuentos de Kafka que en particular tiene como muy especialmente incluso, a mi parecer, el ritmo de ese cuento de Kafka que se llama “La condena” y por supuesto que por otra parte el personaje de Gregorio está también evocado en las contorsiones del cuerpo y el tipo de lucha de la que se trata. Y es un ejemplo de fantasma que tiene que ver en ese sentido con el goce del Otro y donde está puesta en juego la mantis religiosa ya no desde el punto de vista del deseo del Otro sino del goce del Otro, que es por supuesto lo que tiene que ver con el fantasma ya que el goce del Otro como tal no existe. Efectivamente no existe pero en términos del fantasma se hace sentir particularmente pero no únicamente en la pesadilla; uno podría tomar ejemplos del goce del Otro donde en absoluto está en juego una pesadilla. Una persona por ejemplo (...), es tan difícil con los tiempos transmitir lo que puede pasar en una sesión pero se había sentido especialmente e intensamente angustiada, decía, una noche anterior sin encontrar hasta ese momento en que lo estaba diciendo con qué podía tener relación esa angustia. Claro que sucede muchísimas veces y es bueno que esto suceda que alguien no sabe por qué está angustiado y se da cuenta ni bien se tiende en el diván, no de por qué está angustiado a lo mejor pero sí de con qué puede tener relación esa angustia; o en el camino a la sesión o en un momento inmediatamente previo, en la espera por ejemplo. Y esta persona entonces se tiende en el diván y dice que estuvo muy angustiada y ya se ha dado cuenta, pero no comprende por qué, con qué puede tener relación esto aunque no le es transparente el hecho de haber estado muy angustiada y con sentimientos de desvalorización respecto de si misma, respecto de su trabajo y de su trayectoria - que es excelente en la materia en que se desempeña - pensando que hacia todo mal e incluso podemos decir con unos enredos de tipo pesadillesco. ¿Con qué lo había relacionado?, se da cuenta de que eso tiene relación con una conferencia que a propósito de la materia en que ella se desempeña había escuchado, una conferencia en la cual el expositor daba muestras de disponer de un alto nivel de información, algo que parecía resultar o haber resultado un tanto aplastante. Bueno, esto tiene que ver con la pesadilla, ¿no es cierto?, es esta cuestión del incubo y el súcubo propio de la pesadilla que tiene que ver con lo que oprime en la pesadilla, lo que va a encima y lo que va por debajo del que duerme. Y podía ser esta cuestión pero no era exactamente que esto hubiera sido aplastante sino que parece que según esta persona describía el disertante no terminaba completamente sus frases y aludía al saber de la audiencia al respecto, dando además por supuesto no sólo el saber de la audiencia sino “esto no voy a terminar de decirlo porque es obvio, todos conocen esta cuestión y concluirán conmigo en que...” y una conclusión. Este tipo de cuestiones la habían llevado a sentirse en una situación de vacilación respecto de sí misma en relación con sus cuestiones de trabajo que se relacionaban con eso y dudas y una cierta molestia cada vez mayor en relación con esto que iba experimentando indudablemente como un cierto goce del Otro respecto de algo que se supondría que ella o las personas que estaban allí sabían y que no era así en el caso de ella. Entonces esto se transforma en justamente esto, en que el goce del Otro consistiría, habría consistido en el fantasma de ella. Por supuesto que nada se puede saber del goce del Otro en este sentido, quiero decir el goce del Otro en lo que tiene que ver con ella habría consistido en gozarla – esta sería la palabra - en gozarla en relación a algo que ella no sabia y como dando por supuesto que debía saber. Muy bien, para que esto produjera un alto grado de angustia esto tiene que ser una repetición de otra cosa indudablemente; de otra cosa quiero decir en la vida del sujeto, es decir algo que se relacione con algo que podemos considerar de carácter traumático en la vida del sujeto. En este caso ¿cuál es la cuestión evocada?. Es interesante porque se ve que no siempre es en la pesadilla que la cuestión del goce del Otro se pone en juego, es que aparece un recuerdo de su infancia y de un trayecto que ella hacia con su padre, con su papá, en el que atravesaban para ir a algún lugar un campo en el que había caballos y su papá cada vez que hacían este camino en determinado momento le decía “ahí vienen los caballos, los caballo te van a comer”, y en el mismo momento en que decía esto la abrazaba y decía “pero no porque acá está papá” y la levantaba en brazos. Ese juego es el que fue evocado en relación con esta situación de angustia. Era un juego del cual ella disfrutaba y que no tenia aparentemente nada particularmente angustiante hasta el momento en que ella se da cuenta de que el juego era muy afectuoso y tierno y hasta divertido pero implicaba qué pasaba si el papá no estaba, implicaba que el padre tenia que estar siempre para que no se la comieran los caballos. Esto tiene el mismo sentido de haber sido algo disfrutado sin saber qué es lo que esto significaba desde el punto de vista de esta cuestión que hacía que el padre tuviera que estar permanentemente; digamos, es el origen de una fobia. Esto que estoy describiendo es el origen de una fobia que se produce en la mayor inocencia podemos decir, pero que deja entrar cuando hay esta experiencia que tiene completamente otras características, es decir cuando ella asiste a esta disertación, la angustia se aclara en asociación con esta cuestión. Comentario: ¿Pero hay algún significante que conecta las dos escenas o simplemente por una cuestión económica de la cuestión de ser gozada? Anabel Salafia: Claro, sí, simplemente...; bueno, no sé si es tan simple pero efectivamente es por la cuestión de ser gozada respecto de algo que no sabe y que se supone que debería saber. Fundamentalmente es esa la cuestión significante que está en juego, no hay ninguna otra cuestión respecto de eso. Era sólo un ejemplo para mostrar por un lado lo que tiene que ver con la angustia y lo que es el origen de una fobia, y también parta mostrar cómo esta cuestión del goce del Otro puede ponerse en juego de una manera que no implica necesariamente una pesadilla pero si una relación muy importante con la angustia. Lo que hace a la cuestión más estructural en relación con lo que va a constituirse en fantasma o se transforma o adquiere el carácter de siniestro es algo inherente a la estructura misma, a lo que es la forma misma en que entra en juego el significante. El significante, dice Lacan en un momento en el Seminario de “La angustia”, entra en juego como huella pero - y dice pero - como huella borrada. Es decir que se presenta en este sentido como causa pero esta huella o huella borrada quiere decir que al lugar de la huella viene un significante y en el comienzo la huella - en lo que tiene que ver con la función de la causa - la huella es una huella vacía. “...Una huella que se presenta como vacía y que quiere hacerse tomar como una falsa huella...”, dice Lacan. El asunto es que el sujeto tiene que entrar, es decir tiene que insertarse en la cadena significante - que es la forma más radical de lo que es la racionalidad del gran Otro -, tiene que tomar un lugar en la cadena significante relativo a significantes que tienen diferente origen, que pueden tener el mismo origen o que pueden tener un origen diferente. Es lo que sucede en la definición que por ejemplo Freud da del trauma; en el trauma puede haber en juego cadenas que tienen un origen diferente y el sujeto tiene que insertarse en la cadena. Pero el asunto de la huella es el hecho de que sólo el hombre – y en este sentido el ser hablante – es capaz, dice Lacan, es propio del ser hablante, sabemos que hay un ser hablante cuando hay una huella falsa que se quiere hacer tomar por verdadera o una huella verdadera que se quiere hacer tomar por falsa, por ejemplo. Es decir es esto lo que es propio del significante. Por ejemplo lo que es propio del sujeto y por ejemplo en particular del neurótico obsesivo es el querer buscar tras el significante el signo, o en este caso la huella. Hay una diferencia a establecer entre lo que es un signo y lo que es un significante. Un signo es lo que representa algo para alguien y un significante es lo que representa al sujeto para otro significante. Esta diferencia dice que el suejto busca siempre en el caso del obsesivo pero siempre hay algo de esto puesto en juego, como por ejemplo en el ejemplo de Lady Macbeth la imborrable huella del crimen, que allí es al revés. La huella del crimen es justamente lo que tiene la función del signo que Lady Macbeth quiere borrar y que ni uno sea no borraría, es decir eso que va a adquirir un carácter significante. De la misma manera el sujeto busca en lo que es la imagen especular - lo que teníamos cuando hacíamos el esquema óptico como i(a); ustedes recuerdan que escribíamos i(a)- i(a´) en los dos floreros - el sujeto busca y se guía y es llevado incluso por el significante a buscar el objeto en la vía de la imagen especular - iba a decir del objeto especular. Este es el camino del fantasma, este es el camino por el que va a constituirse el fantasma, el camino de buscar el objeto en la imagen especular. El objeto es algo que – lo vimos el otro día – el sujeto va a encontrar en el campo del Otro, no va a encontrar el objeto en esta vía que es la de la imagen especular pero en lo que tiene que ver con el engaño en el que induce la función propia del significante. Es en este sentido, es respecto de ese engaño que la angustia es lo que no engaña, es así definida por Lacan como lo que no engaña. Lo que no engaña cuando se está en la vía del engaño, en lo que es el camino en el que el sujeto se pierde, el camino que es el camino laberíntico o el camino de la pesadilla. Es el mismo camino en el que se encuentra el personaje o los personajes, porque los personajes de “Los elixires del diablo” van sustituyéndose a sus propios dobles y en este sentido es fácil ver allí la cuestión de la función de la imagen especular, es decir de una búsqueda que está desorientada porque está orientada a través de la imagen especular, de lo que guía la imagen especular. Es algo que presenta un interés particular respecto de lo que es la forma en que se presenta a través del significante la cuestión de la verdad. Ustedes seguramente recuerdan el chiste que comenta Freud dentro de lo que llama “Los chistes escépticos”, el de los dos judíos que en la estación ferroviaria se encuentran en la vagón y uno pregunta al otro “¿a dónde viajas?”, “a Cracovia”, es la respuesta. “Pero mira que mentiroso eres”, se encoleriza el otro; “cuando dices que viajas a Cracovia me quieres hacer creer que viajas a Lemberg pero yo sé bien que realmente viajas a Cracovia. ¿Por qué mientes entonces?” (risas). Freud dice que esto por la cuestión que presenta respecto de la verdad debería considerarse dentro de los chistes escépticos en relación con la verdad. Pero no es en verdad – hablando de la verdad – algo que tenga necesariamente ni mucho menos que ver con el escepticismo, sino es algo que tiene que ver con lo que induce e introduce la función misma del significante. Es un juego el que está en el chiste excelente respecto de lo que es esta función del significante. Es lo mismo que antes decía respecto de la huella falsamente verdadera, verdaderamente falsa, es decir algo que tiene que ver con esa posibilidad inminente de perderse que es propia, está propiamente en relación con lo que es la función del significante. Hay muchas referencias, muchas maneras de Lacan de volver a señalar esta cuestión del desvío al que lleva el significante al suejto. El cuento de Hansel y Gretel tiene que ver con este hilo de Ariadna que introduce la función del significante. Se acuerdan del cuento, es el de los chicos que van dejando las miguitas para saber cómo volver. Es eso lo que tiene que ver con lo que se pone en juego respecto de lo falso y de lo verdadero pero también respecto de lo real y lo irreal o lo fantástico. Esto sería cómo, podríamos decirlo de esta manera, cómo es posible - y en términos del fantasma esto es lo que ocurre y que Freud lo plantea respecto del complejo de castración que es la cuestión fundamental aquí - cómo es posible el chico o el sujeto crea que le puede suceder algo, por ejemplo la castración, que sabe que no le puede suceder, que no cree tampoco que pueda sucederle o no sabe que cree que puede sucederle. Y Freud dice por qué - lo dice en “Inhibición, síntoma y angustia” - cómo es que el chico puede creer en eso en lo que, no obstante, no cree o sabe que no le va a suceder de ninguna manera y esto es eficaz desde el punto de vista de lo que él encuentra como el miedo a la castración. Lacan sobre esto va a decir que en lo irreal - y esto va a merecer un análisis sin duda en las clases que vienen - que en lo irreal lo que el sujeto teme es lo real, que hay algo real que el sujeto teme en lo irreal. Quiere decir que podemos considerar que lo irreal está introducido por el significante, está tan puesto en juego por el significante como lo real. Es decir que lo irreal, en este sentido lo fantástico, está directamente en relación con lo que es la función significante, la función significante del falo. Alguien decía alguna vez, no entiendo para qué hablan del falo, quién puede creer en la necesidad si sabemos que el falo no existe, entonces por qué hablamos del falo. Hablamos del falo, Lacan dice el falo significante, es algo que es lo que hace que la castración, que lo que tiene que ver con la castración se ponga en juego como posible. Bueno, habrá que seguir desarrollando estos puntos pero ahora si hay preguntas... Preguntas y Comentarios Carola Oñate Muñoz: Una pregunta o un comentario en relación a esto que vos estabas situando respecto de la fobia de esta paciente o como vos entendías que la angustia comenzaba a dar paso al comienzo de la fobia, en este relato de esta paciente que vos en algún momento hablabas del paseo con el padre y pasas a decir que en realidad con el papá iba de paseo y que este mismo padre de alguna manera iba al lugar de agente, de provocar con lo que decía respecto de los caballos que la podían morder al tiempo que se propone como el protector respecto de eso mismo que él está provocando. Anabel Salafia: Exactamente, es algo que me pareció interesante porque es respecto de la estructura de la fobia muy clásicamente. Carola Oñate Muñoz: El encierro Anabel Salafia: Podríamos decir que esto nos dice qué papel, qué lugar tiene el padre en la fobia, ¿ no es cierto?, por qué en la fobia el padre es el padre protector el que está en juego. Carola Oñate Muñoz: Bueno, a mi me llamaba la atención que justamente apareciera este relato en relación a que aparezca en la escena el padre, ¿no? y pensaba por qué me estaría llamando la atención esto. Anabel Salafia: Claro, la angustia en el circunstancial que tiene que ver con esta situación da en un ejemplo breve pero me parece que claro lo que es el origen de la fobia, lo que es el síntoma del sujeto y eso que decía, es la cuestión del padre protector lo que hace en ese función faltar la falta. Es una forma de poner en juego la falta de la falta porque él haría falta siempre, ¿se entiende?. Comentario: Yo quería decir que respecto de este chiste de los dos judíos me resultó interesante la cuestión del engaño por la dimensión que da el encolerizamiento, cómo entra y entra completamente digamos, ¿no?, porque se encoleriza “¿por qué me dices...?” y es esta cuestión que da la dimensión de cómo entra en ese engaño, tomado por ese engaño el hecho de que esté ahí el encolerizamiento. Anabel Salafia: Sí y que no hay ningún engaño porque en realidad dice que el otro le miente cuando dice la verdad. Comentario: Claro, pero digamos desde el que escucha que le dice todo esto que le dice, él entra en este engaño que no es un engaño pero él entra en este engaño y me parece que lo que dimensiona bien de cómo entra en este engaño es el encolerizamiento. Anabel Salafia: Es la cólera, exactamente.