Curso: Para entrar en el discurso del psicoanálisis - Numero 1 - 21/04/06

Buenas noches. Vamos entonces a comenzar con el segundo año de este curso que lleva como título ‘Para entrar al discurso del psicoanálisis’.

- 21 de abril de 2006 -

Para entrar al discurso del psicoanálisis, el año pasado trabajamos con algunos textos de Freud teniendo como referencia fundamental el seminario I de Lacan sobre ‘Los escritos técnicos de Freud’. El año pasado hicimos un desarrollo para seguirlo respecto de las leyes que rigen el orden imaginario o el registro de lo imaginario, según como se quiera ver.

En este momento tenemos, en función del desarrollo que vamos a hacer este año, la intención de dar alguna precisión mayor del término ‘orden’, orden simbólico, orden imaginario; y nos proponemos trabajar teniendo como referencia el seminario II, un seminario dedicado al yo. Y lo que esto tiene de interesante es que Uds. podrían decir que ya hemos trabajado respecto del yo, cuando trabajamos el registro de lo imaginario y las leyes propias del registro de lo imaginario.

Muy bien, en este seminario se trata también de un desarrollo acerca del yo, pero del cual surge un trabajo que vamos a ver cuaninteresante y fundamental es acerca del orden simbólico. En realidad, si bien es un seminario acerca de cuestiones relativas al yo, es un seminario fundamentalmente respecto del orden simbólico, que nos va a dar mayores precisiones respecto del orden imaginario y nos va a permitir tener una aproximación mucho más clara con lo que es una estructura.

Es decir, este va a ser un trabajo especialmente centrado en cuestiones relativas a la estructura. ¿Qué quiere decir cuestiones relativas a la estructura? En primer término, se va a tratar de trabajar para poder reconocer la estructura de lo simbólico.

Una estructura es algo que supone un determinado orden y una ley en relación con la cual lo que llamamos estructura se organiza. Es algo que está en el fundamento de eso de lo que hablamos cuando hablamos de una ley y de una función simbólica de la ley. Vamos a ver que, en general, cuando se habla con respecto a la ley y a su carácter simbólico, a lo que es la deuda simbólica, no siempre está claro que es una estructura, es decir, que tiene un funcionamiento propio que obedece a una ley interna que es precisamente la que se trata de reconocer, digo que se trata de reconocer porque es sin ese reconocimiento de la ley que rige una estructura.

Podemos hablar de la estructura de un sueño, podemos hablar de la estructura simbólica de un sueño determinado; y siempre que se trate de una estructura, tendremos que despejar la ley que rige la organización de esa estructura como condición de posibilidad de una lectura.

Es decir, cuando se dice que en el análisis se trata de una lectura. ¿Que quiere decir? Esta lectura es imposible si no se reconoce, por ejemplo, en un sueño, lo que es su estructura simbólica y la ley en función de la cual ese sueño se organiza como tal. Es esa la condición de posibilidad de una lectura y, entonces, de una interpretación. La interpretación está referida a determinado sentido que pueda estar en juego en la estructura de un sueño, pero únicamente en la medida en que concierne al tratamiento de lo real por lo simbólico. Es la forma en que Lacan define la práctica del psicoanálisis, como una praxis, un tratamiento de lo real por lo simbólico o con lo simbólico.

El término praxis, en si mismo, en la lengua griega y particularmente en Aristóteles, se refiere a lo que es una práctica. Pero a lo que es una práctica que tiene un fin en sí mismo, una práctica independiente de que tenga un producto. Hay una diferencia con la acción de hacer algo y de producir algo, una obra cualquiera. A este ‘hacer’, los griegos lo llamaban poiesis, es otra cosa que lo que es la práctica.

Su definición es intrínsecamente ética. La práctica, la praxis, concierne al acto que se cumple como acto sin otra finalidad que su realización, que el cumplimiento de ese acto. Es algo que se cierra como acto, se cumple, se cierra, y es lo que nos aproxima a una concepción de lo que es una práctica, ya que hablamos, como dijo nuestra directora, Marta Nardi, de una práctica de discurso.

¿Qué quiere decir y qué relación tiene con lo que llamamos estructura? Hablamos de estructura en términos de Lacan, y vamos a ver que en el desarrollo que vamos a hacer será necesario considerar articulaciones fundamentales que están en Freud, desde ‘La interpretación de los sueños’ hasta ‘Más allá del principio del placer’.

En el momento que podemos decir que a Freud se le hace necesario hablar, aunque no utilice el término, de algo que funciona como una estructura, es decir, una organización debida a una ley interna, es a partir de 1920. A partir de que Freud descubre, se le impone, lo que él va a llamar, en este texto que es 'Más allá del principio del placer’, automatismo de repetición.

El automatismo de repetición, no podemos decir que no estaba presente en textos anteriores, y vamos a ver cómo está presente desde La interpretación de los sueños, pero desde de 1895 hasta 1920, ciertos resortes que están presentes en ‘La interpretación de los sueños’, no revelan plenamente su potencia de articulación. Esto ocurre únicamente cuando a Freud se le impone, y en este sentido, descubre —porque a veces un descubrimiento es una imposición surgida desde una praxis—. Hay una praxis, este tratamiento de lo real por lo simbólico, que es lo que Freud hacia cuando interpretaba un sueño, un lapsus, un acto fallido o un síntoma; y es esta praxis la que lleva, vamos a ver cómo, a esta imposición de reconocer que hay la necesidad de una repetición que no es repetición de ninguna necesidad.

No es un juego de palabras. Se puede jugar con las palabras para poder producir el efecto de tener que pensar qué es lo que se está diciendo. Digo: la necesidad de una repetición que no es repetición de alguna necesidad que provenga de algún tipo de orden biológico, por ejemplo, de alguna necesidad que podamos considerar una necesidad vital, sino un orden de repetición que, si Uds. quieren, se relaciona con lo que podría ser el acto gratuito.

Hay una pequeña obra de André Gide que se llama ‘El acto gratuito’, donde el personaje intenta producir, practicar y ejercer un acto gratuito. El acto gratuito, no recuerdo bien, tiene que ver con golpear a alguien, darle una especie de bofetada a alguien en la calle sin ningún motivo que la justifique. El hecho es que el acto no tiene absolutamente ninguna motivación.

Tenemos que pensar en este mismo sentido lo que está en juego con la repetición como repetición simbólica. Tenemos que pensar a qué se dirige, qué es lo que busca, cómo se le ocurre a Gide que es una cuestión crear un acto gratuito, y que es algo así como una necesidad de orden ético. Porque así está planteado, como una necesidad de orden ético la producción de este acto gratuito. Es como si este acto gratuito, por su gratuidad, fuera eminentemente intrínseco a un orden simbólico.

Es decir, una forma de presentación de la violencia propia de la existencia de un orden simbólico. El acto gratuito es la pretención de presentar, ejercer, simbolizar, el sin motivo de la repetición, sin motivo. Me gusta en este caso usar la palabra ‘motivo’. Antes dije ‘sin necesidad’, quiere decir que es gratuito porque no se puede explicar con qué necesidad se cometió este acto completamente absurdo, no hay beneficio a la vista. Cualquiera puede encontrarse realizando un acto que por lo menos en apariencia es gratuito, y se dice: ¿con qué necesidad? Es esa “necesidad” la que está en juego en lo que Freud llama automatismo de repetición. Una necesidad de la que, desde este punto de vista, no habría ninguna necesidad. He aquí el acto sin motivo, y es muy importante porque nos indica al mismo tiempo que hay un punto de ruptura con cualquier orden que podamos considerar psicológico.

Es aquí donde se plantea una división absolutamente tajante entre lo que es una psicología y el psicoanálisis como práctica, como praxis de lo real por lo simbólico. A partir de esto se le impone a Freud reconocer en la repetición un ‘sin motivo’. Es decir, no hay algo que se pueda considerar allí como una motivación de orden psicológico para que se repita. Freud lo llama automatismo de repetición. El término automatismo está lleno de resonancias muy importantes, algunas de las cuales veremos en su momento, pero el término está para indicar el hecho de que esto se produce como repetición sin motivación, y sin ninguna necesidad biológica que lo justifique. Es decir, pone en juego un orden lógico —y no biológico o psicológico— de necesidad. Porque en la repetición hay una necesidad, si algo se repite revela una necesidad de repetición que exige que se encuentre su lógica. No su explicación sino su lógica, la explicación se derivará de la lógica y no la lógica de la explicación. No se explica el sentido de un sueño ni el de un lapsus. Si se explica hay algo que se pierde en lo fundamental de lo que es el acontecimiento. El acontecimiento es real, porque acontece, y simbólico, en cuanto que se trata de un lapsus.

Entonces, en el automatismo de repetición Freud encuentra, vamos a verlo con la lectura de ‘Más allá del principio del placer’, que hay algo que va más allá del principio del placer. Es decir, la repetición revela que no hay ninguna necesidad de que el fin sea la obtención de un placer para que algo se repita. Y que, además, es al revés: la repetición parece ligada, en los términos del principio del placer, al displacer; pero el displacer es algo que está dentro del principio del placer, de manera tal que lo que está en juego es la repetición más allá de este principio del placer, con toda independencia del principio del placer.

La repetición puede implicar lo displacentero, pero no por eso va más allá del principio del placer. Lo que va más allá del principio del placer es la repetición misma, independiente completamente de que lo repetido sea placentero o displacentero. La cuestión es la repetición misma.

Pero Freud nota que contraría el principio del placer, se le impone reconocer que determinadas cuestiones, como los sueños traumáticos que repiten un suceso para nada placentero, se repiten, y se repiten idénticos. Se reiteran idénticamente y es esa reiteración idéntica lo que produce lo que llamamos repetición. No es que la repetición que está en el sueño se reitere, sino la repetición está en que el sueño se reitera sin modificación alguna, en lo que respecta a las oportunidades en las que el sueño se reitera. Sin modificación alguna respecto de esto y sin modificación alguna respecto del acontecimiento traumático que dio lugar al sueño.

Es esa identidad que hay en la reiteración la que obedece a un orden de repetición. Decimos que hay un orden de repetición porque hay una identidad en lo que se reitera, no porque el sueño sea soñado todas las noches, o todos los jueves, o todos los 22 de septiembre. Digo esto porque vamos a ver que lo que hay de simbólico en el sueño traumático es que el sueño se repite idénticamente, se reitera idénticamente, y sin embargo, no en cualquier momento. Por eso el ejemplo del día de la semana o de una fecha que nunca es al azar. Y como nunca es al azar, nos da la posibilidad de leer esa repetición.

Si tenemos un suceso traumático, el sueño que reproduce ese suceso de una manera idéntica, y más de una vez soñado ese sueño, es la identidad lo que produce el efecto repetición. Independientemente de esto está el hecho que es al orden simbólico al que obedece la repetición de que eso se produzca en determinado momento, en determinado día, en determinada fecha y en relación con una misma cosa, es algo que constituye lo que Freud llama rememoración.

Tenemos el fenómeno de la reiteración de un suceso traumático, y su presentación en un sueño que aparece como ilegible para Freud, ininterpretable. La presentación de este tipo de sueños no parece responder a las leyes de la elaboración onírica, no parece responder al principio de condensación y de desplazamiento, a los mecanismos de desfiguración del sueño, etc., etc. Todo lo que parecía estar tan claro, respecto de los procesos oníricos, en ‘La interpretación de los sueños’. Por lo tanto, era a partir de estas leyes oníricas que él podía leer el sentido de un sueño y proceder a su interpretación.

El sueño traumático, si es idéntico al suceso que dio lugar al sueño traumático, parece excluirse de aquello a lo que se le pudiera dar un sentido, en principio. Es así como se presenta, y por la misma razón, como más allá del principio del placer, lo cual interroga la tesis de que el sueño es una realización de deseo. Vamos a ver cómo pone en cuestión el hecho de que el sueño es una realización de deseos, desde más allá del principio del placer a la interpretación de los sueños ¿Qué es entonces lo que podemos entender como realización de deseo en el sueño? ¿Qué es entonces lo que tenemos que entender como deseo?

Se entiende, espero, que estoy mostrando lo que va a producir lo que podríamos llamar un bucle que se cierra con el descubrimiento del automatismo de repetición, que se cierra respecto de lo que se abre en ‘La interpretación de los sueños’. Es lo que va a permitirnos entender, poder leer lo que es la estructura simbólica de un sueño. Y, ¿qué quiere decir ‘simbólico’ en este sentido? ¿Qué quiere decir cuando estamos diciendo que se refiere y se desprende de un orden de repetición? Porque sin este orden de repetición, lo digo como petición de principio, no podemos hablar de un orden simbólico. Podríamos preguntarnos dónde está la repetición en los sueños que no responden a sucesos traumáticos, porque hasta este momento parece entenderse dónde está la repetición en estos casos. Entonces, el asunto es dónde está. ¿Todo sueño es repetición? ¿Todo sueño tiene una relación intrínseca con el trauma, que no es evidente sino en los sueños que repiten sucesos traumáticos?

Es muy interesante, porque es al mismo tiempo poner en juego una cierta relación de los sueños o de las formaciones del inconsciente, con lo real. Un suceso traumático tiene una relación estrecha con lo real, entonces, si podemos encontrar el mismo carácter en un sueño no traumático, si lo hubiera, si hubiera un sueño no traumático. Porque hay sueños traumáticos, hay sueños que están en una relación con lo que Freud habla en Más allá del principio del placer, y hay sueños esencialmente traumáticos, donde el trauma está en el sueño mismo, es el sueño mismo.

Tenemos ejemplos de sueños que podemos considerar sueños traumáticos. Por ejemplo, el sueño de ‘El hombre de los lobos’, donde el sueño mismo es traumático. ¿Qué quiere decir que el sueño mismo es traumático? Quiere decir que lo que el sueño le presenta al sujeto es algo que no existía antes de que el sueño se produjera. Podrían objetarme que, sin embargo, cuando Freud hace su construcción respecto del hombre de los lobos diciendo que él habría presenciado la escena primitiva, dice que ese es el primer suceso y que el sueño lo reproduce. Se puede pensar de esa manera pero no parece que sea útil pensarlo de esa manera. Es al revés, es a partir del sueño que esa construcción es posible, de manera que el trauma, en sí mismo, es el sueño mismo.

Hay otros ejemplos, uno en particular sobre el que Lacan se extiende justamente en este seminario, respecto del cual vamos a trabajar, que es el sueño de Freud, el sueño de la inyección de Irma. Este sueño es especialmente interesante para revelarnos y enseñarnos cómo revelar la estructura simbólica de cualquier otro sueño, todo lo que está en juego en el sueño, no como formación del inconsciente, sino como estructura simbólica. Es decir, como estructura simbólica quiere decir que va a revelarnos lo que es inherente a la necesidad de repetición, la base de este orden simbólico.

¿Qué es el automatismo de repetición? En primer lugar, lo que introduce es este verdadero oxímoron que es la existencia de la pulsión de muerte. El automatismo de repetición lleva a Freud a la necesidad de postular que existe una pulsión de muerte. Y es prácticamente un oxímoron, porque la idea de la pulsión, incluso la idea del instinto, está de un modo inmanente ligada a la vida. Entonces, hablar de una pulsión de muerte es algo particularmente interesante destinado a despertar el grado más alto de resistencia. Si hay algo que el análisis debería permitir es no poner en duda la existencia de la pulsión de muerte. Es realmente muy difícil, por eso es algo especialmente resistido el admitir la existencia de una pulsión de muerte.

Personas enormemente capaces, que han hecho desarrollos muy importantes con un pensamiento original, como Deleuze por ejemplo, no pudieron admitir de ninguna manera la existencia de una pulsión de muerte. Es muy asombroso, muy chocante, ver desarrollos muy importantes, muy interesantes, de alguien muy capaz, muy brillante, y toparse con esta formidable resistencia que está en el fundamento de la resistencia al psicoanálisis. Por supuesto, nosotros, los psicoanalistas, siempre debemos preguntarnos cuánto creemos en la existencia de la pulsión de muerte. Deleuze se sirve de todo lo que puede, y lo bien que hace, respecto del psicoanálisis, pero cuando algo requiere reconocer la existencia de la pulsión de muerte, no puede dejar de decir que afirmar la existencia de una pulsión de muerte es ridículo, simplemente ridículo, más o menos. así se expresa. Es un ejemplo de esta dificultad.

Dificultad que, por supuesto, existió para Freud, pero Freud triunfó sobre esta resistencia al no obedecer a lo que se le imponía en este sentido. Y está en juego en sus sueños, en los sueños que Freud presenta como suyos en La interpretación de los sueños. Diría que especialmente en esos sueños esto es muy claro, y por eso el desarrollo que hace Lacan en este seminario el sueño de la inyección de Irma.

El seminario tiene un eje, en mi opinión, en mi lectura, de acuerdo a lo que me parece es su estructura y la forma en que se organiza. Tiene un eje y tiene una parte central, que es su núcleo, que es precisamente lo que liga el trabajo de análisis del sueño de la inyección de Irma y lo que le sigue.

El sueño de la inyección de Irma, ¿qué se sigue de ahí? Se sigue un trabajo que se desliza hacia el análisis de la estructura del cuento de Poe, ‘La carta robada’. Cuento sobre el cual Lacan hizo un seminario aparte, que es el seminario sobre La carta robada, que forma parte de los Escritos. En este seminario el núcleo está conformado por el sueño de la inyección de Irma y el análisis que Lacan desarrolla de una manera más hablada, que lo que lo hace en el escrito.

Hay una cuestión también interesante aqui respecto de lo que es simbólico, porque dije ‘en una forma más hablada’, es la forma del seminario, y uno puede preguntarse qué quiere decir que el seminario es hablado. Digo que el seminario es hablado porque no estoy de acuerdo en decir que es oral. Hay una edición que en algún momento se hizo, de una parte de un seminario de Lacan, y se le puso como titulo ‘Lacan oral’. Siempre me pareció chocante, y se puede explicar, porque en efecto Lacan hablaba en todos los seminarios, no se porqué a alguien se le ocurrió ponerle ese titulo a esa edición que se hizo de esas clases: ‘Lacan Oral’.

Pero es interesante que a alguien se le haya ocurrido para llamar la atención sobre esto: el orden simbólico ¿es oral o es escrito? Decimos que en el análisis, en esta praxis que es el tratamiento de lo real por lo simbólico, es por lo simbólico porque está en juego la palabra. Puede entenderse que, como está en juego la palabra, el análisis es una práctica oral. Sin embargo, algo nos choca en este sentido, y nos choca por su relación con la pulsión correspondiente. Es indudable que hay una relación entre la palabra, el hablar y la pulsión oral, pero no es esa relación entre la palabra y la pulsión oral la que constituye el orden simbólico, por eso siempre podemos preguntar si lo que constituye el orden simbólico es oral o es escrito. Es lo que vamos a ver, que hay algo que tiene que ver, y de una manera fundamental, con lo que es la escritura, con lo que es el símbolo escrito en lo que tiene que ver con la estructura simbólica de un sueño, que cuando se trata de símbolos se trata de algo que concierne a las letras. Vamos a verlo tanto en el trabajo sobre la carta robada como cuando se trata del sueño de la inyección de Irma.

Cuando se trata del sueño de la inyección de Irma todo un desarrollo nos espera, un desarrollo que puede ser realmente muy interesante y que comenzaremos en la próxima clase. Pero para terminar voy a hacer una referencia a la función del símbolo en este sueño. Si alguna vez lo leyeron, vuelvan a hacerlo. Vuelvan a releerlo y releer el análisis que Freud hace de su propio sueño.

Vamos a ver que ese sueño, como cualquier otro, es el inconsciente. Es el inconsciente en el sentido en el que Lacan dice: el inconsciente es esa palabra que habla en mi, que está en mi más allá de mi. Es el más allá del sujeto que es el sujeto lo que el sueño nos presenta. El sueño nos presenta al sujeto y le presenta, a un sujeto, el sujeto. Un sujeto que él es más allá de él. Un sujeto que habla, en él, de algo que él no sabe, de algo que está en él y que él no sabe que está en él, y que habla en él a pesar de él.

Alguna vez se habrán preguntado, por qué el hecho de que Freud analice sus sueños, si bien tiene un límite donde Freud dice que se detiene porque no desea comunicar nada más, ¿por qué esto no produce un efecto de obscenidad? Obscenidad en el sentido de falta de privacidad, o lo que podría considerarse una muestra de impudor ¿Por qué no produce ese efecto? Creo que vamos a encontrar la respuesta en el análisis que Lacan hace del sueño. Es la forma en que Freud presenta al sujeto. No es personal, no tiene nada que ver con el ego de Freud. Y Freud sabe transmitirnos, porque es algo que le sucede, algo que podemos leer sin ninguno de estos efectos porque no es el ego de Freud lo que está en juego. No es el ego del soñador lo que es el inconsciente. El inconsciente no coincide con el ego del soñador, es un sujeto que es otro sujeto que ese que lo ha soñado.

Así ocurre, que en el sueño de la inyección de Irma vamos a ver esa multiplicidad de personajes que constituyen un despliegue o una descomposición espectral del ego, que está en todas partes y en ninguna, porque el ego desaparece en esa descomposición espectral.

Es muy interesante, recordarán que lo que aparece como la solución es esta sustancia que es la trimetilamina. Es una sustancia que resulta de la descomposición del esperma, les digo esto porque hay una coincidencia que responde a un orden de repetición. En el sueño el yo se identifica a todo. Lacan dice que el yo se identifica a todoen su forma más inconstituida, quiere decir que se descompone, se desvanece. Vamos a ver que, en el seminario, Lacan descompone la fórmula de la trimetilamina, la repite, crea un diagrama con la fórmula en la que repite tres veces la fórmula como correspondiendo con esa descomposición espectral del ego en el sueño. Es decir, no hay yo en el sueño, se trata del yo y justamente no hay yo, el yo se descompone espectralmente y lo que aparece como la solución son las letras que se le presentan con toda nitidez como solución al problema de su responsabilidad o no en lo que le ocurre a Irma. Buscando una solución, lo que se le presenta como solución son las letras que, por la descomposición, componen esta fórmula.

¿Qué quiere decir? Que la solución no se presenta más que como la solución. La fórmula es la fórmula de una solución, en el sentido en que la química utiliza ese término. Es una solución en el sentido de una sustancia soluble en tal otra sustancia, representa la fórmula de una ‘solución’. Y esa ‘solución’ es la solución que Freud está buscando. Es una ironía, esta es la solución. La solución es la solución, dice el sueño, resuelve el sueño en esta identidad. Efectivamente, la solución es la solución, y ¿que quiere decir eso? La única solución a lo que estas buscando es la palabra, no la palabra ‘solución’, la solución a lo que estás buscando es la palabra.

Hay que ver en el sueño una cantidad de detalles. ¿Freud, qué busca, qué se reprocha? Busca encontrar la clave respecto del enigma que presentan los sueños. Recuerdan la placa con la que se presentaría: ‘Aquí Sigmund Freud descubrió el enigma de los sueños’, es el descubridor. Lo cual implica efectivamente un querer saber, una pulsión epistemofílica, un querer saber. Lacan dice que esta pulsión no existe, si existe la pulsión de ver, de buscar, de investigar, y esta pulsión está bien presente como escópica. En el sueño él está mirando, ‘escopiando’ la garganta de Irma. No hay mención en Lacan, en el análisis que hace del sueño, de esta cuestión, pero si de la cupabilidad en relación con el ir más lejos, ir más allá de donde se podría llegar, para descubrir, y es en esto que estaría su falta. Si hay errores, tiene que ver con la ambición de ese descubrimiento.

La ambición no es un término que utilizo al azar, la ambición es un término que se aplica de una manera muy propia a la pulsión urinaria, y precisamente Lacan menciona un episodio de la infancia de Freud: levantarse y de una manera medio sonámbula encontrarse orinando en la habitación de los padres. Bueno, entonces hay una falta, un sentimiento de falta y de culpabilidad muy importante con lo que se pone en juego respecto del sueño, pero es justamente lo contrario. Lacan dice que no hay una pulsión epistemofílica, en el sentido de que se quiera saber. El querer saber va en el sentido opuesto al querer saber. No se puede querer saber. Desde el punto de vista de la pulsión no se podría explicar el querer saber.

Sí hay una pulsión epistemofílica en el sentido de querer ver, pero el deseo de ver es al mismo tiempo el deseo de no ver, de manera que esta pulsión no existe. ¿Por qué? Porque cuando se presenta no hay otra solución que la solución, que, como dije, es una especie de ironía. Esto se presenta con determinadas letras, símbolos, que son los de la fórmula de la trimetilamina. Es allí, cuando aparece esta fórmula, cuando aparecen estas letras, que se revela la estructura propia de lo simbólico. Simbólico es: la solución es la solución, y la única solución es la palabra, no la palabra ‘solución’, sino la palabra. Es otro camino del saber, de lo que se pone en juego como posibilidad de saber, y de aquello a lo que se va a llegar como saber, el de la palabra.

Aparece con estos símbolos, con estas letras. Es de esa manera que lo simbólico está estructurado, permite leer porque hay una relación con la letra, una relación con el símbolo como letra, y en ese sentido, puede decirse que esto es escrito. ¿Qué es lo que se escribe? Lo que se escribe da como formula algo que responde a la función de la palabra en el campo del lenguaje, de manera que no estando en juego este orden simbólico, no podríamos decir , por ejemplo, que los seminarios de Lacan son orales, porque son legibles, porque son para leer. Es por esto que no son orales, porque son para leer, porque tienen una relación con la letra como símbolo, algo de lo cual se puede extraer una fórmula, se puede extraer una lectura, una frase cualquiera que sea la lectura del mensaje, la palabra del mensaje que el sueño hace pasar.

El sueño, el síntoma, tiene como función hacer pasar una palabra para algo que no se puede decir. Hacer pasar una palabra en relación a algo que no se puede decir. En otro sentido, podemos decir, nombrar. Nombrar es dar a algo una existencia simbólica. Cuando algo es nombrado, el objeto que es nombrado obtiene una permanencia, no solo existe sino que, si no está, sigue existiendo igual.

Cuando tratemos las cuestiones concernientes a la relación entre el sueño y la percepción, la conciencia y el inconsciente, vamos a ver que Lacan lo explica muy bien. Dice: de lo que se percibe, si no se nombra, no hay nada, no hay existencia simbólica relativa al hecho de percibir si no se nombra, y un nombre no da la concepción espacial del objeto sino la temporal, el hecho de que eso permanezca en el tiempo y que tenga una consistencia. Ahora bien, si el objeto en cuestión es un semblante del yo, si el objeto de que se trata es un doble del yo, una imagen del yo, se ve que entonces hay una función que tiene que ver con el nombre, con los nombres, no estoy hablando del nombre propio sino de que el primer objeto es el yo. Todos los objetos, en esa relación, son objetos porque están en relación con la imagen del yo. De manera que, donde falta el nombre, no hay ni esta permanencia ni esta consistencia del objeto, tampoco esta permanencia ni esta consistencia de ese objeto que es el doble del yo porque es la imagen del yo. Eso nos muestra de qué manera el yo puede descomponerse espectralmente y desaparecer en el sueño en esta descomposición espectral.

Vamos a verlo con detalles, por eso Lacan dice que el nombre es el tiempo del objeto. El objeto permanece, consiste, el sujeto mantiene su identificación, una determinada relación a la imagen del yo, su identificación como yo, donde el objeto no está nombrado el yo se diluye, no se sostiene. Eso pasa en el sueño, y no solamente en el sueño.

Estamos sobre la hora, la próxima clase vamos a entrar en detalle en el trabajo sobre el sueño. Lean el sueño de la inyección de Irma, el apartado sobre el olvido de los sueños y comiencen con ‘Más allá del principio del placer’.

Al mismo tiempo vamos a trabajar, a continuación del trabajo sobre el sueño, sobre el análisis de La carta robada. Nos va a permitir aprehender la estructura de lo simbólico, y les recomiendo la lectura del libro de Oscar Masotta ‘Introducción a la lectura de Jacques Lacan’, que es un trabajo respecto del seminario sobre La carta robada. Vamos a tratar el desarrollo completo que hace Lacan, también lean el cuento de Poe porque es muy importante y vamos a ver que tiene la misma estructura que encontramos en el sueño de la inyección de Irma.

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