Curso: Para entrar en el discurso del psicoanálisis - Numero 2 - 28/04/06

Vamos a retomar el trabajo que comenzamos la clase pasada. Habíamos dicho que íbamos a considerar como núcleo de este trabajo una articulación que es central en el desarrollo que Lacan hace en el seminario II, que es un desarrollo amplio y que tiene un eje que vamos a trabajar.

- 28 de abril de 2006 -

Este núcleo está constituido por el sueño de la inyección de Irma en su articulación con la lectura que Lacan hace del seminario de ‘La carta robada’. Se trata de captar lo que articula esas dos cuestiones, esos dos textos y la cuestión en común que ponen en juego. La idea es trabajar en relación a permitir obtener un concepto de lo que es la estructura, qué es lo que llamamos estructura y qué de eso está en el texto de Freud, particularmente en La interpretación de los sueños, aunque en toda la obra de Freud hay referencias a la estructura.

Es justamente a partir del trabajo de Lacan con el cuento de Edgar Allan Poe, ‘La carta robada’, que se desprende esta noción de estructura, que puede empezar a considerarse como algo firme en Freud a partir de su descubrimiento del automatismo de repetición. Es decir, de su descubrimiento de lo que llama de esa manera paradojal con un oxímoron: la pulsión de muerte. Parecen términos contradictorios: pulsión y muerte, sin embargo, vamos a ver que no hay nada de contradictorio en esos términos, y que la pulsión de muerte es la responsable de una insistencia. Es retórico decir la “responsable”, pero es el fundamento de lo que insiste bajo la forma de lo que se llama repetición, y es al mismo tiempo el fundamento de lo que insiste en el síntoma, que tiene su fundamento en la repetición, y es una palabra.

Es una palabra en el sentido de una palabra en tanto mensaje, una palabra que concierne al sujeto sin que el sujeto tenga ninguna noticia, no sólo de cuál es esa palabra, sino del hecho de que esa palabra le concierne como sujeto. Y tenemos en cuenta desde el principio que el sujeto no es el yo, aunque no basta decirlo, tal como vamos a verlo a partir del sueño de la inyección de Irma. Vamos a ver que en el sueño podemos captar una estructura simbólica y una determinada inserción del imaginario del sujeto en esta estructura simbólica, que nos da la posibilidad de penetrar en la teoría que Freud construye del yo.

Freud, a partir de La interpretación de los sueños y de los textos que escribe hasta 1914, año de Introducción del narcisismo, constituye una teoría del yo que alcanza su acabamiento, si se quiere, en El yo y el ello, pero tiene su base fundamental, en lo que respecta a la inserción del imaginario del sujeto en la estructura simbólica del sueño, con ‘Introducción al narcisismo’. Decía que la pulsión de muerte es responsable de una insistencia que Freud encuentra en el síntoma, y también en lo que llama relación terapéutica negativa. La reacción terapéutica negativa es esa paradoja con la que se encuentra Freud cuando se pregunta por lo que sucede una vez resuelto el sentido de los síntomas, y tiene mucho que ver con el sueño de la inyección de Irma, que es muy anterior a su pregunta: ¿qué sucede cuando se supondría que los análisis deberían terminar porque se ha encontrado el sentido de de los síntomas?

Esta cuestion ya está presente cuando se trata del sueño de la inyección de Irma, que es muy importante, tanto como el análisis que Freud hace de todos los elemento del sueño. Y vamos a considerar también el tratamiento que Lacan le da al sueño, y ver lo que podemos decir acerca de la estructura de ese sueño y acerca de algunas cuestiones que aparecen en las asociaciones, y acerca de las preguntas que están presentes en la enunciación del sueño: ¿cuál es el sentido de las neurosis?, ¿cuál es el sentido de la cura?, ¿de qué forma se alcanzaría su solución, ¿cuál es el sentido de los sueños?, ¿efectivamente son una realización de deseos?
Una de las cuestiones dentro de el sueño es lo que Freud dice respecto de Irma. El sueño comienza con un reproche que le hace a Irma, que se queja de sus terribles dolores en la garganta. Freud le reprocha no haber aceptado la solución. Y aclara algo al respecto en las asociaciones, y dice: pienso al respecto que, una vez aclarados los sentidos de un síntoma, debería desaparecer, y si no desaparece es porque el sujeto no quiere aceptar el sentido encontrado.

Mucho después Freud va a decir por qué, aclarado el sentido de los síntomas e incluso habiéndose disuelto por este trabajo, cuando se supone que el análisis debería concluir, surgen nuevos síntomas. “Nuevos”, ¿qué quiere decir? Habría que decir “de nuevo”, porque es la repetición lo que está en juego: hace de nuevo síntomas que aparecen en una relación estructural de repetición con lo que era la estructura de los sueños que se presentaban al comienzo. Es una insistencia, que tiene su fundamento en un más allá del principio del placer, en la existencia de la pulsión de muerte y en la lógica de la repetición como repetición simbólica. ¿Por qué la repetición es simbólica? ¿Cómo está en juego en la estructura de cualquier sueño? Tenemos un ejemplo en el de la inyección de Irma, un ejemplo princeps, pero podemos encontrar lo mismo en la estructura de cualquier sueño. Por supuesto, hay sueños más complejos, pero que también revelan muy claramente esa estructura simbólica y esa inserción del imaginario y el yo en el sueño, como en cualquier sueño.

La repetición, la pulsión de muerte, son el fundamento de la estructura simbólica del sueño y ¿cómo aparece en el sueño de la inyección de Irma? Aparece con las mismas características que vamos a encontrar en el análisis que Lacan lleva a cabo del texto de La carta robada. Se puede construir una maqueta con el sueño de la inyección de Irma de la misma manera que se puede construir una maqueta con los personajes y los lugares de los personajes que se encuentran en el cuento de Allan Poe. Esta maqueta está organizada y presentada como tal en el libro de Masotta que les recomendé. Masotta arma los términos de la maqueta, y hay una cuestión referida al número tres. Empezamos a hablar de estructura cuando empezamos a hablar en estos términos, y esta cuestión del tres se repite en el sueño de la inyección de Irma.

Tenemos los tres personajes que están en el comienzo del sueño, el Dr. M., Otto y Leopoldo. A este trío, Lacan lo llama el trío ridículo, el trío payasesco. Es interesante, son figuras, incluso, en otro contexto, se podría decir que son marionetas. Son tres personajes que implican lugares. El Dr. M. tiene un lugar, es un lugar, es uno de los lugares en el que reside la formación del yo de Freud. Es más apropiado decirlo así porque se trata de algo que se forma y se descompone en el sueño mismo, en la estructura de lo que es el sueño. No quiere decir que Freud está identificado al Dr. M., no es eso de lo que se trata, es un lugar en el que reside la formación del yo de Freud.
El yo de Freud, en este caso, va a descomponerse, estructuralmente. Jugué con este término la clase pasada porque la trimetilamina es una sustancia fruto de la descomposición, pero digamos que en el centro del sueño hay esta misma repetición de la que hablamos.

Tenemos ese personaje que es un lugar. Es muy importante considerar que es un lugar porque al mismo lugar puede venir después otra cosa, otro elemento y vamos a ver qué es lo que rige el movimiento, lo que hace posible en la estructura que los elementos se muevan, y lo que está en un lugar —si pensamos en términos del complejo de Edipo—, lo que está como hermano en un lugar, está como hijo en otro lugar, y todo el movimiento que se produce en una estructura está regido, ordenado en función de un significante. Si hablamos del complejo de Edipo es apropiado decir que el significante que organiza los movimientos en la estructura es el falo, pero vamos a ver cómo funciona.
El Dr. M. es el que Freud llama para consultarlo sobre Irma, para pedirle su opinión, pero entra por un rasgo. Es el hecho de que, si bien no le ha hecho ningún daño a Freud, como por ahí dice Lacan, sin embargo, siempre presenta cierta oposición a las concepciones de Freud, y es con este carácter, con este rasgo que entra en el sueño. Otto es el amigo de la familia, Lacan dice el “amigo-enemigo” porque tiene esa función del amigo de la familia que de pronto se mete demasiado, por ejemplo, y que hace que algunos de la familia toman partido por él contra el padre, etc. Es el amigo enemigo de la familia. Y luego Leopoldo, que constituye un par con Otto. Leyendo el sueño y el análisis de Freud, tienen que poder decir por qué rasgo entró el Dr. M., por qué entró Otto por el rasgo de equivocarse, ser intrusivo, no mirar bien las cosas y equivocarse con frecuencia. Leopoldo está al lado de Otto, es menos inteligente pero más prudente, es más cuidadoso y está ahí para señalarle a Otto sus errores, sus precipitaciones, sin que parezca afectarle mucho a Otto.

Tenemos esta primera triada. Aparte de entrar a partir de este rasgo el Dr. M. parece estar allí en tanto representa al hermano de Freud, que aparece en las asociaciones como fuente de una preocupación.

Es interesante porque Lacan lo trata a partir del número tres, que nos lleva al complejo de Edipo de Freud, y al tres respecto de sus dos hermanos. Lacan no hace referencia explícita al tres y a los dos hermanos, pero es evidente que se deduce. Sus dos hermanos por parte de su padre tienen edad para ser padres cuando Freud nace, y de esos dos, Philip es el que tiene exactamente la misma edad que la madre de Freud, y está señalado un cierto horror de Freud en relación con este hermano. Lacan lo menciona sin explayarse, pero poner en relación la edad de Philip con la edad de la madre permite presumir que tiene que ver con una cierta —para usar una expresión de Lacan— inmixión sexual que representan Philip y la madre, de la misma edad, lo que justificaría la aprensión de Freud en relación con Philip.

Pero lo que Lacan considera aquí es el hecho de que estos hermanos son padres constituidos como generación intermedia entre el padre de Freud y Freud. Estos hijos son jóvenes padres, que respecto de Freud, dice Lacan, permiten que opere una suerte de división en lo que respecta a la relación de Freud con su padre, donde las tensiones agresivas se ponen en juego en relación con estos padres hermanos de la generación intermedia, que representan una cierta protección del padre en su carácter de padre simbólico. Lacan lo considera, por esta circunstancia, como protegido de la tensión agresiva, y hay muchísimas cosas que podrían considerarse al respecto.

Pero de hecho, es posible plantearlo de esta manera, hay una división respecto del padre que supone que, estos tres padres (el padre y los dos hermanos, padres a su vez) no tienen el mismo estatuto, de la misma manera que cuando se trata del Dr. M. Es interesante notar que Leopoldo y Otto son un par, hacen un dos, y que en la tríada que tenemos, tenemos un dos y un tres, lo cual tiene una correspondencia con el Edipo de Freud. La forma, la estructura de ese Edipo se corresponde a que el dos de los hermanos se extiende al dos entre los hermanos y el padre. Cuando establecemos esto y consideramos acá un dos y acá un uno, en este tres hay una disimetría mucho más clara. Estamos descomponiendo el tres. Es mucho más clara esta disimetría cuando tenemos en cuenta esta división entre el padre y los hermanos, que serían: el padre, un hermano, otro hermano. Son tres, como en este caso, pero el padre queda en este estatuto de padre simbólico, intocado, y los hermanos forman un par que tienen la misma función que el dos que ubicamos allí.

Lo destaco porque Lacan no lo hace de esta manera, lo que estoy haciendo es utilizar lo mismo que Lacan pone en juego. Porque la cuestión es que, al descomponer el tres de esta manera, vemos, por un lado, la forma en que la repetición está en juego, y por otro lado, vemos distinguirse esta asimetría entre lo que es el uno y lo que es el dos. Y esta asimetría nos permite situar que dentro del tres se juega una función relativa al imaginario, un dos, por eso el par de Otto y Leopoldo y el par de los hermanos de Freud, que nos da una idea del estatuto imaginario del dos.

También en lo que se refiere a Irma. Es visible a partir de las asociaciones que está en relación con otras dos mujeres, o con otras tres, según como se cuente, pero hay nuevamente una tríada en cuestión. Respecto de esta tríada de las mujeres Lacan evoca las tres hermanas, los tres cofrecillos, la muerte. Siempre que aparece una tríada femenina está referida a la muerte.

La presencia de la muerte conlleva varias cuestiones, pero la cuestión más fundamental se presenta en este caso como la posibilidad de haber cometido un crimen. No es la muerte como amenaza, no tiene el mismo carácter que cuando se trata del olvido del nombre de Signorelli, donde Freud tenía la noticia de que en Bosnia un paciente suyo se había suicidado y olvida, en el diálogo con su compañero de viaje, el nombre de Signorelli llegando a Bosnia. Quiere decir una vez que está este significante donde una vez tuvo noticia de la muerte, en el curso de la conversación olvida el nombre de Signorelli, y si analizamos el ejemplo, se trata de la negación de la muerte.

Siempre es una escritura donde la repetición está en juego a partir de un significante, bajo el mismo significante la muerte es evocada y la represión se produce allí, un término es censurado y se produce el olvido de Signorelli, un nombre en el cual está la palabra signor, Herr, señor, el amo, el amo absoluto, la muerte. No es exactamente lo mismo en este caso, pero es siempre la misma cuestión, sexualidad y muerte es lo que está en juego en la estructura del sueño. Pero en este sueño la cuestión es el crimen. ¿Hubo crimen o no? Hay una cuestión relativa a la culpabilidad, y el sueño, en su segunda parte constituye —Lacan subraya el término—, una apelación, en el sentido jurídico del término. Dicha apelación se produce respecto de una culpabilidad que se trata de desmentir o de justificar. Y el término “apelación” es muy importante porque su culpabilidad está en relación con querer saber, en relación con una ambición que le habría hecho ir más allá de donde podía pretender llegar, a partir de lo cual habría descuidado lo que tiene que ver con su paciente, con Irma, y que se relaciona con otras preocupaciones de Freud, donde efectivamente la muerte tiene un pape central.
Se presenta, por un lado, respecto de las mujeres, lo cual es muy importante porque tiene que ver con lo que aparece en el sueño con el término ‘disentería’, que va a referirse a la difteria o a la difteritis que tuvieron las hijas de Freud, y a la muerte de una de sus pacientes. Entonces, son dos cuestiones referidas a la muerte, una es su presencia, otra es esa culpabilidad o responsabilidad que se trata de resolver.

Decíamos que el sueño se presenta como dos partes. La primera parte del sueño es hasta el momento en que Freud llama al Dr. M., y el momento culminante es el ego de Freud frente a la garganta de Irma. Ahí interviene el elemento sexual que está en juego, referido a la cavidad en la cual Freud detecta lo que propiamente puede llamarse el objeto de la angustia, ¿por qué? ¿En qué relación está el ego de Freud con ese objeto que es esa mancha que aparece en la garganta de Irma? Esa mancha es exactamente el correlato de su sentimiento de culpabilidad, hay una relación entre lo que él ve, frente a lo cual está, y este sentimiento de culpabilidad algo particular a establecer en el momento que él ve. El ver, la función escópica, está presente ahí, donde se le revela algo de horroroso que va más allá de lo que pueden ser remordimientos de conciencia o cosa por el estilo, va más allá y parece estar en relación con lo real, al mismo tiempo que se trata de algo que, por predominar una imagen, es imaginario.

Es la primera parte del sueño está en juego la angustia que le despierta a Freud la visión de las manchas en la garganta de Irma, a partir de lo cual Erikson se pregunta, con buen tino, porqué Freud no se despertó en ese momento, porque se podría suponer que Freud debiera haberse despertado en ese momento. Pero, sin embargo, no, sigue y todo comienza a darse vuelta en el sueño, y aparecen toda la serie de elementos que van a destruir la culpabilidad y, al mismo tiempo, el objeto.

Todas las formas en las que en el sueño se ordenan los elementos tienen como resultado la disolución de la culpabilidad, es decir, la culpa la tiene Otto por haber utilizado una jeringa infectada para la inyección, etc. Freud señala todos estos enjuaques, estos tejes y manejes en el sueño, y vuelve sobre los restos diurnos que dan lugar al sueño. El famoso comentario del médico que le fue relatado a Freud por el Dr. M. justamente. El médico le dice que la paciente está mal, que hay albúmina en la orina, y el médico dice que la albúmina se eliminará. Es una de las grandes raíces del sueño. Las cosas se eliminan por la orina y si hay albúmina en la orina no hay porqué preocuparse porque se eliminará. Es un razonamiento absurdo que le sirve, no obstante, perfectamente para decir que no hay de qué preocuparse, no hay ninguna responsabilidad al respecto. Todos los argumentos tienen esta estructura. Al respecto, Freud comenta que tienen la estructura del cuento del caldero: estaba sano cuando lo devolví, ya estaba perforado cuando Ud. me lo prestó, y además, yo jamás le pedí un caldero. Esta es la estructura.

Es en ese momento cuando aparece en el sueño lo que tiene que ver con la supuesta culpabilidad de Otto en relación con la jeringa. En ese momento aparece la escritura de la fórmula de la trimetilamina como la solución. La solución al problema del sueño. Lacan dice que aparece como tres palabras que son: mane, thecel, phares, y que en algún caso puede cambiarse la última palabra, como esos tres términos de la Biblia.

Esas tres palabras remiten al anuncio que escribe, en el libro de Daniel, en la Biblia, una mano que apenas se vislumbra. Se le hace al rey Baltasar, rey de los caldeos, en medio de un banquete en el que está festejando fastuosamente. Aparece esta mano, furtiva, sólo una mano, como la mano de Dios que escribe en la muralla esas tres palabras. Ahora bien, resulta que Baltasar quiere saber, lógicamente inquieto por este anuncio, esta predicción, el significado de esas palabras, y para saberlo, la reina le aconseja llamar a Daniel, quien, le recuerda la reina, cuando su padre, Nabucodonosor, había tenido un sueño que le inquietaba de una manera extrema, como a Baltasar estas palabras, había llamado a los sabios de Babilonia para que descifraran su sueño y los sabios se declararon incapaces de descifrarlo. Para hacerlo breve, Nabucodonosor les dice que si no consiguen interpretar su sueño, va a matar a todos los sabios de Babilonia y a algunos más. He ahí, entonces, que Daniel, con su fe, se dirige a Dios y recibe de él la clave de esos sueños, se la transmite a Nabucodonosor y el rey deja a su cargo Babilonia. Su hijo festeja con las mismas copas del palacio del padre. El padre se habría humillado ante el Dios que le había provisto a Daniel la interpretación de su sueño, pero el hijo no se humilla, no recuerda que su padre se humilló ante la interpretación de este Dios, y es así como llama a Daniel y dice: “no te humillaste como tu padre lo hizo”, y el sentido de estas palabras es mane: “Dios ha decidido que los días de tu reino están contados y este es el último día”; la segunda palabra quiere decir: ”Dios te ha puesto en la balanza y tu peso no es mucho”; y la tercera palabra significa: ”tu reino se ha dividido entre los medos y los persas”, y esa misma noche, Baltasar muere.

El hecho es que se trata de estas tres palabras: mane, thecel, phares. La última palabra, todas son del hebreo, a veces se cambia y aparece otra palabra. La cuestión es que, de la misma manera, aparece esta fórmula escrita al final, en la segunda parte del sueño, y que es resolutoria. Es la solución, la que resuelve. ¿Qué es lo que está resuelto con la fórmula? La fórmula es una escritura que puede descomponerse. Habrán visto la escritura de la fórmula:

CH3
AZ CH 3
CH3

Tres son las moléculas de la trimetilamina y se descomponen de esta forma. ¿Qué aparece como solución del sueño? El símbolo, el símbolo en su escritura. Después Lacan va a descomponer esto a su vez en tres partes:

H
C H
H

H
AZ C H
H

H
C H
H

Lo que aparece es el símbolo, que acá es una escritura. Esa escritura, si tomamos al ejemplo de las palabras de la Biblia, son portadoras de un mensaje que se presenta, incluso, con carácter de escritura sagrada. ¿Qué quiere decir sagrado en este caso? Quiere decir que hay una cifra, un cifrado dado a descifrar. Es en esto que tenemos la escritura, la estructura de lo simbólico. Un escritura con letras que son símbolos, como podemos encontrarlo en una escritura matemática.
¿Cuál es el propósito del sueño? Lograr la absolución. Pero Freud lo sueña en el mismo momento en que trata de descubrir el enigma que presentan los sueños. Lo sueña en el momento en que está buscando resolver el enigma. Y habrán visto que Freud habla de sí en tercera persona, como si hablara de otro, es decir, del otro sujeto de él, del otro sujeto respecto del sujeto que él es. Con lo cual queda claro que el sujeto no coincide con el yo. El sujeto dice “yo” en tanto que se anuncia cuando habla, y en ese sentido decimos que el sujeto se anuncia como “yo”, lo que es relativo al shifter, al uso del pronombre. Pero el Ego nos sirve para ubicar la función imaginaria y el lugar que tiene el Yo en el aparato psíquico. En francés contamos con el Moi, que en castellano es difícil de traducir como el mí, el objeto, es decir, el yo en tanto es objeto, se toma como objeto, el yo del narcisismo.

Hablamos del Yo en estos tres sentidos muy diferentes, y decimos el Yo está descentrado respecto del sujeto. Es lo que tenemos que trabajar en las próximas clases. No hemos hecho más que una introducción aproximativa a lo que está en juego en la estructura de este sueño. El yo no coincide con el sujeto, está descentrado del sujeto y se descompone espectralmente en la estructura del sueño, en los lugares correspondientes a esos personajes, y en un punto el yo llega a diluirse: no hay más yo.

Qué puede decir este yo es lo que corresponde al sujeto que es Freud. Y hay un más allá del sujeto que es el sentido de la fórmula. La fórmula es el sujeto en este punto, un sujeto que no es Freud, un sujeto que es el otro sujeto de Freud, es el otro de Freud, no su semejante. Esté en el fundamento de todo lo relativo a la angustia y al miedo. Si hay algo a lo que el sujeto le puede temer es al otro sujeto. ¿Qué quiere decir? Se puede desplegar todo un imaginario al respecto. Puede ser lo que se llama temerle al destino, a lo que está escrito como destino prefijado. Y es así y no es así. ¿Por qué?

Porque es porque hay repetición que hay determinación, y no al revés, no es porque hay determinación que hay repetición. Es porque hay repetición que hay determinación. Decimos que algo está escrito de la determinación en el síntoma, por ejemplo; pero hay también una contingencia. Vamos a ver que determinación y contingencia, el azar y la necesidad, no son términos que se oponen, y lo vamos a ver con La carta robada.

La repetición es necesidad de repetición, y no repetición de una necesidad. En este sentido, podemos decir que la determinación es consecuencia de la repetición, y no al revés. Pensemos que no es lo mismo decir que ‘porque esto estaba determinado se repite’, que decir ‘porque esto se repite está determinado’. Porque entre una cosa y la otra está la estructura, que es el lenguaje y la palabra. Lacan dice, por ejemplo, que Kierkegaard estuvo muy acertado en fundar la existencia en la repetición, y no en la reminiscencia. Si captamos lo que es una estructura y cómo una estructura tiene una ley que funciona, lo que llamamos una reminiscencia responde al orden de la repetición. Y así se constituye como histérico un síntoma que está ligado a algo que funciona como una reminiscencia. Tiene que ser leído en un orden que corresponde a la repetición para que pueda interpretarse, es decir, en el orden de la palabra se constituye como repetición.

En este sentido decíamos al principio que la repetición es simbólica, porque hay símbolos en juego, porque implica una escritura que se presenta como incomprensible, tal como en la fórmula, porque supone un cifrado, y es lo que puede considerarse el inconsciente, lo que para el sujeto es el otro sujeto. En este sentido decía que es interesante reflexionar sobre: ¿a qué le teme el sujeto si no es al otro sujeto? Otro sujeto que aparece bajo la forma imaginaria de lo que está escrito, pero es en la medida que su Yo tiene una inserción en lo simbólico que este imaginario funciona, y es por su inserción en lo simbólico que se establece una relación entre el narcisismo y la muerte. Por lo cual es muy importante la lectura de Introducción del narcisismo para entender la estructura del sueño de Irma.

Las próximas clases vamos a ver otras cuestiones respecto del sueño. ¿Hay preguntas o comentarios?

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